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viernes, 23 de julio de 2010

TRANSICIÓN


Prólogo: Todas las leyendas eran ciertas. Ya había conocido lo bueno y lo malo de esta nueva vida. Disfrutaba de cada aspecto que mi naturaleza me permitía. Solo un hecho no se había dado; y no la extrañaba para nada. “La Imprimación”.




PRIMER CAPÍTULO: “De niño a hombre”



- ¡Con un demonio, Seth. Quédate quieto! – dijo Jacob molesto.

- Estoy aburrido. Tenemos casi dos horas esperando a Nessie y a su fulana amiguita. ¡Hoy es la final de la Champion League! ¡Y si gana el Barcelona me muero!

Puso los ojos en blanco.

- Puedes ver la reposición luego. – comentó como si no tuviese importancia.

- No es lo mismo…- dije exasperado. – Ya no tiene emoción. Quiero ver la cara de Puyol cuando pierdan. – dije con maldad en la voz.

- ¡Me tienes al borde de entrar en fase! – se tocó la frente con irritación. - Si quieres te vas. No hay nada peor que un adolescente atorrante.

<<¡Otra vez la etiqueta del niño. Estoy harto de eso>>

- ¿Preadolescente? Ya no soy un niño, Jacob ¿Cuándo lo entenderán? – estaba irritado.

- Cuando te deje de infantilismos. – se cruzó de brazos al lado de mí.

Quise largarme de allí y dejarlo solo. Pero era un maldito cobarde; que ponía a los amigos antes que a nada. Y consideraba a Jacob más que eso; un hermano. Por eso decidí callarme la boca y tragarme mi molestia.

Sin querer lo imité y crucé los brazos al darle la espalda.

De repente vi a Nessie acercarse caminando con una chica al lado. No les presté demasiada atención. Para ser exactos casi nada. Estaba muy molesto todavía. Me volteé antes de que advirtieran que las estaba ignorando a propósito.

Contemplando hacia la nada trataba de encontrar un motivo a mi enojo: si era porque Jacob me dijo niño de nuevo, porque me estaba perdiendo la final de la Champion, o porque yo era un imbécil debilucho que no fue capaz de irse a pesar de que no quería estar ahí.

- ¡Hola, Seth! – dijo Reneesme demasiado alto, por lo que salí de mis pensamientos absorbentes. Ya estaba en brazos de Jake

Estuve tan sumido en mis reflexiones que ni siquiera la vi u oí llegar. Y eso era difícil considerando el hecho de que yo era un metamorfo.

- Eh…Hola, Nessie. ¿Cómo has estado?

- Bien. Y por lo visto, más alerta que tú. – me sonrió con dulzura.

Ella era una buena chica; así que avergonzado de mi proceder; le devolvía la sonrisa.

- Creo que tienes razón. – acoté.

Se carcajeó musicalmente.

- Conoce a mi amiga Thamara. Es nueva en Forks. – me la señaló con la mano. Volteé por compromiso y con fastidio.

Pero entonces algo cambió. Todo cambió.

Mi cuerpo experimentó un extraño calor que nada tenía que ver con mis corrientes cuarenta y tres grados de temperatura. La gravedad dejó de ser atrayente hacia el suelo; ahora una nueva fuerza, que nuca había experimentado, me empujaba en dirección a ella: Thamara.

Pudo haber pasado un largo rato, pero no lo noté. Solo veía a los hermosos ojos miel que no me quitaban la vista de encima.

De pronto sentí un fuerte apretón en el hombro. Era Jake que me miraba con ojos desorbitados.

- Viejo ¿Estás bien? – no sabía que contestarle. Así que volví los ojos a la hermosa chica de cabello castaño claro. Su sedosa melena le llegaba un poco más debajo de los hombros. Un hermoso cuerpo torneado y con forma de reloj de arena. Sus labios eran llenos y perfectos para su estructura facial. Que era canela clara.

Ella se encontraba con Nessie un poico más lejos de lo que estaba hace un momento atrás.

- ¡Seth, mírame! – ordenó Jacob. Pero no como lo haría un alpha; sino como lo haría un hermano mayor.

Le obedecí.

- ¿Qué sientes? – me preguntó con gesto analítico.

- Un calor por todo el cuerpo. No lo sé. – volví a verla, para encontrarme con esos deslumbrantes ojos miel. – Estoy confundido. Siento como si…tomo me halara en dirección a ella.

- Sabía que esto iba a pasar. Pero no tan temprano. Y menos con la amiga nueva de Reneesme. – estaba desconcertado.

De pronto todo encajó. ¿Me había pasado lo mismo que a él con Nessie? ¿Acaso yo estaba…

- Imprimado, Seth. Estás imprimado. – dijo Jake con incredulidad, como si estuviese leyendo mis pensamientos. Aunque hablaba consigo. – Pero si apenas eres…

La ira subió a mi cabeza sin darme tiempo a nada.

- ¿Qué, un niño? ¿Eso ibas a decir, Jacob Black? – tomé un trago de aire – Ya me tienen obstinado con eso. Tengo diecisiete, casi dieciocho. Y todos siguen con la misma necedad. De los demás apena me importa. Pero de ti; que eres como mi hermano; me molesta más porque sé que me conoces bien.

Hice además de voltearme puesto que necesitaba respirar y a su vez hablar con Thamara; pero no sabía cómo explicarle todo.

- Espera un momento, Seth. – me volteé – Disculpa, no quise sacarte de tus casillas, solo me preocupo por ti. Y hablando de eso…creo que de acuerdo a la situación; deberíamos suspender la ida al cine. Tienes cosas de que hablar con esa chica.

- No sé qué decirle. Ni siquiera me dio tiempo para decir hola. – de repente estaba súbitamente nervioso.

- Entonces hola es un buen punto de partida. Y con respecto a lo otro; Nessie ya está preparan do el terreno. Deberíamos ir a la playa, creo que ahí tendrán un poco de privacidad.

Asentí.

- Gracias, Jake. Por apoyarme; de nuevo. – le dije sentidamente.

- Ni hablar, viejo. Para eso estamos los amigos.

Caminamos hasta las chicas. Sentía que el corazón me palpitaba más rápido de lo habitual.

- Estás nervioso ¿Cierto? – me preguntó Jacob – Tranquilo, todo saldrá bien. Lo mismo me pasó con Reneesme y míranos. Estamos juntos y felices.

Sus palabras me insuflaron valor.

Los ojos de la chica se posaron en mí ejerciendo toda la fuerza de su mirada.

- Hola, Thamara. Es un placer conocerte. – le sonreí con nerviosismo.

Ella me respondió con otra igual.

- Hola, Seth. – su voz era fina y sensual a la vez. Parecía extrajera. Una mezcla perfecta entre niña y mujer.

- ¿Te molestaría acompañarnos a la playa?. Es que no se me antoja nada el quedarme encerrado en una sala de cine esta noche.

- En eso te apoyo. Desde que llegué me he sentido como extraña. – su cara mostraba confusión.

<>, pensé.

- Sí que lo es. – la apoyé. - ¿Vamos?

Ella asintió.

Nos fuimos los cuatro en el Volkswagen rojo de Jacob. En el carro reinaba el silencio.

Thamara y yo intercambiábamos miradas cada cierto tiempo. No eran simples contemplaciones de quienes recién se conocen y se gustan. No; no era así. Nos veíamos con una mística fascinación. Como quién ha encontrado algo que le faltaba, a pesar de no estarlo buscando. Como quién sabe que daría su vida por el otro, si así lo ameritase.

Finalmente llegamos a La Push.

Jake se estacionó un lado de la carretera. Él le abrió la puerta a Nessie y yo a su ahora especial amiga.

- Nosotros los alcanzaremos en un momento, Seth. Pero primero debemos hablar de algo. – sus ojos me advirtieron que se mantendría alerta a cualquier eventualidad.

Asentí sin contestar.

Caminamos un poco para no quedar a la vista de nadie.

. Esta es la salida más rara que he tenido en mi vida. – dijo Thamara mientras reía nerviosa.

- ¿Hace cuanto conoces a Reneesme? – le cambié el tema.

- Hace un poco más de dos semanas. Me acabo de mudar a Forks. Vine con mis padres; somos españoles. De Sevilla, exactamente.

<>

- Que interesante. España parece un país fascinante, aunque nunca he ido a él. Solo conozco lo que he visto por la tele y en los libros. – me reí un tanto apenado – En realidad nunca he salido del país.

- ¿Nunca? – negué con la cabeza – No importa. Ya vendrá el momento apropiado. – de repente su semblante cambió. Se tornó nerviosa, haciendo que yo me alterara también – Eh…Nessie me dijo que ustedes son de una tribu o algo así. ¿Eso es cierto?

Me relajé. No comprendí el porqué de su reacción.

- Sí. Somos Quilleutes. – buen punto de partida - ¿Conoces nuestras leyendas?

- No, en realidad jamás había escuchado de ustedes y su gente. Cuéntamelas. – se mostró sumamente interesada. Cosa que me hizo reír; no sé si de nerviosismo o de otra cosa; porque ella ahora forma parte de ellas.

- ¿Por qué no nos sentamos aquí? – le señalé la arena – La historia es larga.

Ambos tomamos asiento uno al frente del otro.

Le conté acerca de los espíritus quereros. La tercera esposa, y todo aquello que le hiciese más fácil comprender lo que nos estaba pasando. Aunque todo era nuevo para mí también.

Se notaba tranquila pero fascinada por el misticismo y la magia que colmaban las historias. Así que me armé de valor y comencé a hablar de lo más importante para nosotros.

- ¿Qué pensarías si te dijera que las leyendas…son ciertas? – pregunté sintiéndome un completo idiota.

Me miró confundida.

- ¿Cómo que ciertas? – rió sin alegría, solo con consternación - ¿Los lobos y esa clase de cosas? ¿A eso te refieres?

- Sí. A eso. ¿Qué dirías? – insistí.

Parpadeó atónita.

- Que es imposible. Son historias hermosas y apasionantes; pero que no creo que puedan ser ciertas.

La miré con profundidad en un estéril intento de que creyera lo que le decía.

- Pues todas son verdaderas. Los espíritus son mis antepasados y yo…yo soy… - me costaba tanto decirle la verdad, sin sonar como un lunático – Yo soy un metamorfo más. Me tr4ansformo en lobo.

Ella sonrió incrédula.

- Ok. Ya puedes dar por sentado que me tragué tu broma ¿Estás en complicidad con Reneesme?

Negué con la cabeza.

- No es ninguna broma. Y para ser sinceros, no me avergüenzo de ello. Pero quiero saber si a ti te molesta.

- Es que…no entiendo de que…me estás hablando. Qué tu eres un… - sabía que no entendería hasta ver con sus propios ojos.

Sopesé la posibilidad que tenía de perderla. Que acaba de encontrarla y podría no volver a verla más; pero si quería tener algo con Thamara; ella debía saber la verdad. Y más importante aún: aceptarla.

- ¿Quieres que te lo demuestre? – le propuse tenso.

Asintió sin decir nada.

Tuve que ponerme en pie y dirigirme al bosque, despojarme de mis ropas y dejar que el fuego invadiera mi cuerpo.

Me transformé y salí.

Sus hermosos ojos topacio se desorbitaron. Y ella se puso de pie rápidamente. No tenía liento. Me miraba estupefacta. Dudé por un segundo en si debía acercarme o no. Luego me acerqué lentamente a ella y no retrocedió. Lo que me empujó a acermás más.

Ella jadeaba de asombro.

- ¿Eres tú, Seth?

Me acosté en la arena sin dejar de mirarla.

Estaba a más de tres metros.

- Esto no es posible. Siempre me dijeron que la magia y esa clase de cosas no existían. ¡Oh por Dios!

La miré y ví que el miedo iba remitiendo; que en su lugar solo dejaba curiosidad.

- ¿Te puedo tocar? – preguntó dudosa.

Asentí. Aún que quedaba una esperanza…

Estiró su brazo. Y deslizó su mano entre mi pelaje del mismo color de la playa. Sentí un millón de terminaciones nerviosas estremecerse ante su suave roce. Era placentero su cálido tacto.

- Eres hermoso. – dijo deslumbrada – Nunca había siquiera soñado con algo así.

Thamara sonreía mientras seguía acariciándome. Recargué con cuidado mi cabeza en su palma. Cerré los ojos para poder disfrutar del momento.

En ese instante entendí que todo había valido la pena. Las tediosas clases en casa. El obstinante y desmedido cuidado de los chicos para conmigo. La incertidumbre que produce el inicio de esta nueva vida, y los días aburridos en la reserva. Todo cobró sentido, porque en ese intervalo de tiempo comprendí que ella me complementaría. Que nació para ser “mi mujer” y que yo sería su hombre. Que yo debería ser quien la llenara y velara por ella hasta el final de los días. Y que debería complacerla en todos los sentidos que necesitara; incluso en aquellos que yo mismo desconocía.

Abrí los ojos lentamente y la ví. Se percibía gloriosa cuando la luz de la luna llena la bañaba. Su cara estaba seria. Entre expectante y deslumbrada.

Se sentó en la arena y yo me eché en frente de ella; esperando sus comentarios.

- ¿Qué es todo esto, Seth? – su suave voz me sedujo como ojos de serpiente – Siento algo extraño, como si tuviese una conexión contigo…o algo más fuerte. No lo puedo explicar. – se sonrojó tan inocentemente; que mi corazón golpeó fuerte contra mi pecho.

Era hora de dar explicaciones y la forma lobuna no era la adecuada. Me retraje para luego ponerme en pie. Caminé hasta adentrarme en el bosque y salí de fase. Me coloqué los pantalones y los zapatos, luego la camiseta.

Era muy práctico el no llevar ropa interior en momentos como estos.

Salí de entre los árboles para encontrarme con Thamara; quién me esperaba sentada frente al mar.

Definitivamente había cambiado, cuando la miraba sabía que ella era el centro de mi existencia. No como un simple enamoramiento inocente de niños. Ahora sentía también deseo.

Deseos de tomarla y hacerla mía. Deseos de fundirme en ella hasta que suspirar mi nombre en mi oído. Deseos de culminar mi transición de niño a hombre haciéndola mi mujer.



Solo Dios sabe cuánto me costó terminar este capítulo. Espero que les guste chic@s. debo confesar que esto es un regalo doble. Para mis sis Gabrii que quería leer una historia de Seth. Y para mi amii Tamara que es como mi terapeuta motivacional. Gracias por su apoyo; a ambas; las quiero un montón.


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