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Espero que tu estancia en mi blog sea placentera, Mis Fanfics están protagonizados por personajes de Stephenie Meyer, pero las historias me pertenecen a mí. Advertenciaa: Rated: +M (+18)

Corazón De Cristal

"-Pareces un ángel ¿te lo habían dicho? Quizá lo eres y nosotros no somos capaces de comprenderlo." -Isabella Swan.

Tirano

"Un hombre que no tenía la palabra DEBILIDAD en su vocabulario...y una mujer sencilla y sensible que demostrará que hasta el más insensible y frío es capaz de caer por amor"

Anhelo Desde La Oscuridad

"Serás mía por toda la eternidad..Lo quieras o nó" -Edward Cullen.

Sin Alternativas

"Solo una mirada bastó para dar un vuelco a mi vida." -Rachel Black.

lunes, 13 de junio de 2011

Corazón de Cristal - Séptimo Capítulo:





“ENFRENTAMIENTOS”

  • - Esto… - dije mientras señalaba mi pecho y luego el de él – de dormir juntos…se tiene que acabar. – él hizo el amago de una burla en su sonrisa. - ¡¿Te estás burlando de mí, ángel?! ¿Cómo te atreves? – siseé reprimiendo las carcajadas. Eran casi las tres de la madrugada y ninguno de los dos conseguíamos dormir.
Yacíamos en su cuarto, puesto que si nos descubría alguien, prefería que fuese allí para poder inventar algo “decentemente”, creíble.
Sus manos recorrieron mis facciones una y otra vez, quería cerrar los ojos pero su mirada de éxtasis me seducía de una forma totalmente irreal, simplemente deje que hiciera lo con ella lo que quisiera, después de todo, mi alma la manejaba a su antojo desde hace mucho tiempo, así que… ¿Qué más da lo que haga con el resto de mi?..
  • - Mañana hay cosas que hacer, ángel. Deberías dormir. – él siguió con su itinerario de caricias. Suspiré rindiéndome para disimular el fuego que se encendía en mi vientre y que pecaminosamente bajaba hasta…DESPIERTA BELLA - ¡Es en serio, Edward! Debes dormir. – le sujeté las manos y luego las coloqué debajo del edredón.
No pareció gustarle lo que hice pues toque me frunció el ceño en plan Eres–una–Egoísta, pero ni modo. Lo de la mañana estaba aún muy fresco. La sensación de pánico me tenía paranoica y descontrolada. Pero no podía pagar eso con él, ya le había hecho pasar suficientes escenarios horribles en un solo día.
Lo arropé hasta el cuello porque hacía muchísimo frío. Él se acurrucó aun más cerca de mi cuerpo-Siseé por lo bajo, y que Dios me ayudara– Él en su inocencia no sabía que estaba haciendo estragos con mi control. De pronto entre la baja temperatura…el huir de mis desenfrenadas sensaciones…y unas hormonas femeninas antojosas, decidí que un chocolate caliente nos vendría de maravilla en ese momento.
Me removí y traté de levantarme de la cama pero Edward tomó mi brazo entre sus manos.
  • - No te vayas. – musitó en voz baja, y que orgullo era escucharlo hablar así, hacia poco que apenas si dirigía una mirada y ahora mi Edward claramente podía expresarte algo con palabras.
- Voy abajo para hacernos un chocolate caliente o ¿no quieres? – le sonreí con ternura para tranquilizarlo.
Él asintió. Luego con movimientos medio torpes se puso de pie.
  • - Ahhh. ¿Vienes conmigo, eh? – me reí por lo bajo – No me voy a escapar, ángel. Te lo juro.
Aún así lo esperé en el marco de la puerta, extendí mi mano y estreché la suya para dirigirnos a la planta baja.
Atravesamos el pasillo del salón de estar y el comedor, pasando por un lado de un gabinete de madera de color negro; del cual desconocía su contenido; y que tenía encima un sencillo envase de cristal con unas ramas secas pintadas en plateadas; típicas de la decoración minimalista; unos portarretratos de plata…De pronto un golpe.
Me volví en seguida.
Al parecer Edward había rozado una de las fotos y está ahora estaba boca abajo en el frío suelo de mármol. Gracias al cielo no se partió el vidrio.
Esperé un minuto para ver si alguien bajaba a enterarse del motivo del estrépito, pero pasado ese tiempo nadie llegó. Así que procedí a recoger el objeto.
Era una foto del señor Carlisle.
Salía tan guapo como siempre. Estaba en esta con un traje sastre de color azul petróleo y una camisa blanca. La corbata era del mismo tono que el traje. Pero su mirada era fría…o tal vez sería más acertado decir que era vacía. Coloqué la imagen en donde correspondía y subí mi vista. Edward miraba la imagen sin parar.
  • - No le hiciste daño, ángel. Vamos. – intenté traerlo a mí de nuevo.
Nada…otro episodio de ensimismamiento.
Pero esta vez noté las emociones en sus ojos. Eran de anhelo…y tal vez tristeza.
  • - ¿Qué pasa, ángel…lo extrañas?
Él giró hacia mí y asintió tras un momento.
Sus ojos brillaban con pena.
  • - No llores. – le imploré. Tomé su rostro entre mis manos – Yo hablaré con él para que pasen más tiempo juntos ¿vale?
Él me sonrió y comenzó a caminar de nuevo junto a mí.
Y en eso recordé que Carlisle nunca había estado en sus crisis; al menos desde que yo estaba en su casa; solo la señora Esme, la arpía de Claire y en el episodio de hacía una noche atrás, su hermano Emmett.
Pero nunca él.
Así tomé la decisión de enfrentarlo y que Dios me protegiese el cargo. O si no…iba a hacer a Claire muy feliz con mi despido.
*******
  • - Señor Cullen ¿puedo hablar con usted? – dije mientras interceptaba al padre de Edward bajando las escaleras de la entrada. Se dirigía a su coche.
  • - Claro, Isabella. – miró su reloj de pulsera y luego a mí. Cosa que no me gustó. – Dime ¿necesitas algo para mi hijo?¿medicinas?...
  • - Necesito “su tiempo”.
  • - Lo...siento pero no le entiendo. – dijo él mientras me veía como si tuviese el pelo verde.
  • - Necesito que me regale un día para su hijo. Quiero hacerlo interactuar con la familia…
  • - Discúlpeme pero eso ahora es imposible. Tengo un caso…
  • - ¡Usted tiene un hijo autista que demanda su atención! – dije firmemente.
  • - Y tendré a otros demandándome si no atiendo a mis prioridades. – me enfrentó con molestia.
  • - Su hijo debería ser “su” prioridad.
  • - Y lo es. Por eso está usted aquí. ¿Lo recuerda?
Explosión número uno.
  • - ¿Dígame que esto es una broma? No puedo ser el suplente de “su padre”. Puedo ser su enfermera y su amiga, pero difícilmente me verá como una figura paterna.
  • - ¿Está cuestionando mi cariño por mi hijo?-abrió la puerta de su coche, tiró el maletín dentro de este y luego volvió a encararme. – No le conviene, señorita Swan.
Explosión número dos.
  • - ¿Qué hará, señor Cullen? ¿Me demandará o me despedirá? ¿o mejor las dos? Pues entérese, no me importa en lo absoluto si me hace algo de eso. Lo único que pretendo es ayudar a su hijo. Proveerlo de lo que necesita y para su información esta mañana me hizo entender que necesitaba a su padre. – me aparté un paso de él como rechazando su presencia. – Pero parece que él no conseguirá lo que necesita y “merece” de usted.
  • - ¡No me cuestione, Isabella!
Explosión final.
  • - Oh, ¡Claro que lo hago, señor Cullen! Dígame ¿Cuándo fue la última vez que usted ayudó a la señora Esme en una crisis nerviosa de Edward? – él tragó grueso y yo no pude sino seguir increpándolo -¿Cuándo fue la última vez que usted se presentó de manera voluntaria para ayudar en alguna de sus terapias? ¿Cuándo fue la última vez que usted se sentó con Edward y le preguntó cómo estaba? Es más… ¿Usted sabe que su hijo ya habla?– él se estremeció – Por lo visto nada ha cambiado. Tranquilo, señor Cullen. Cuando Edward pregunte por su padre, le diré que está haciendo algo importante, lo triste es que en algún momento él querrá saber qué es lo que significa más para usted que él mismo y yo no sabré que responderle. O tal vez no querré porque odio lastimarlo.
Me giré y lo dejé solo mientras entraba a la casa. De pronto escuché el motor rugir y las llantas chirriar.
Se había ido.
Como siempre, se había mantenido alejado.
********
  • - Ángel, hoy has estado genial. – dije mientras peinaba su cabello frente a la cómoda. La terapia ocupacional tenía como finque él recobrara la destreza en los movimientos de su cuerpo. Ese día él había realizado sus tareas sin dudar y fue más que gratificante ver su sonrisa cuando se divertía. E incluso cuando se aburrió me pude reír, al parecer ya no se guardaba sus emociones. Las estaba dejando salir.
Él se estaba recuperando.
  • - Deberíamos hacer terapia ocupacional por las mañanas, ya que estás más fresco y dispuesto. Y por las tardes, encargarnos de la terapia del lenguaje. ¿Te parece?
Él tardó en asentir. Las cosas no podían arreglarse de golpe. Pero yo tenía paciencia.
  • - Dime que sí.
  • - Sí. – respondió.
  • - Así me gusta. – sin pensarlo deposité un beso en su mejilla.
Ambos nos congelamos ante lo repentino de la acción. Luego él giró su cara despacio.
Oh por dios y todo lo que era sagrado.
Su mirada hipnótica…Su aliento…en mi boca…las comisuras a un milímetro de tocarse.
¿Qué hago?, me cuestioné mentalmente.
De golpe me separé. No podía.
No podía mancillar su pureza de golpe y porrazo. Menos cuando Edward aún no conocía lo que era el deseo.
No ahora.
Él se me acercó de a poco. Como temeroso. Y luego tocó mi cara…mis labios…
Oh, joder….me iba a morir esa misma noche. Un roce más y mi pobre conciencia que pendía de un borde…definitivamente caerían por el precipicio.
  • - Bella…- susurró de forma baja.
Los dos intercambios alientos y después le respondí casi en paroxismo.
  • - ¿Di…dime, ángel…?
  • - ¿Bella, estás por aquí? – escuché la voz de Emmett en la puerta del cuarto.
Me levanté de un tirón que sobresaltó un poco a Edward, luego escuché claramente como se entreabría el espacio de acceso a la habitación.
  • - ¿Se puede? – preguntó él con timidez.
  • - Pasa. Terminaba de peinar a tu hermano. –…y casi estaba por besarlo hasta que nos interrumpiste - ¿Se te ofrece algo?
Emmett se alisó la franela color beige cuello en v que llevaba a juego con un pantalón deportivo azul y unos tenis Lacoste. Se acercó a Edward y le tocó el hombro.
  • - ¿Cómo te fue hoy, campeón?
Subí una ceja con exasperación. ¿Evadía mi pregunta o a mí?
  • - Bastante…bien. – respondió tras un momento.
Me emocionó ver que contestaba cuando se le preguntaba algo. Pero más impacto me causó ver la cara estupefacta de Emmett, él sabía de los adelantos de su hermano, pero al parecer no estaba listo para que él le respondiese a alguna de sus preguntas.
  • - Creo que mejor los dejo solos. – dije dándomela vuelta no sin antes colocar el cepillo en la cómoda.
  • - ¡No te vayas! – me dijo él. Se levantó pero le costó un poco apartar la mirada de Edward.
  • - No creo que me necesiten para nada aquí. Además creo que voy a traerle algo caliente.- dije señalando en dirección a su hermano, quién no dejaba de mirarlo pero ya no de taaaaaan buena manera como antes. - Ya llevó suficiente frío el día de hoy.
El hijo mayor de los Cullen parecía sumamente tenso, como si quisiera decir algo pero no tenía las palabras exactas para expresarlas.
  • - Isabella, quédate. O mejor deja y te acompaño ¿vale? – asentí. Él se enderezó para seguirme. – Vamos pues.
Edward se puso en pie de la cómoda y caminó hacia mí. No pude evitar sonreír un poco.
  • - ¿Te nos unirás, ángel?
  • - Si. – dijo esta vez sin titubeos.
  • - Es impresionante… – dijo Emmett – Haz hecho maravillas por él. Verlo tan recuperado en tan poco tiempo es…- sus ojos se clavaron en mí con un algo que no sabía cómo manejar. ¿Devoción?, ¿Agradecimiento? quizás también un poco de deseo.
Los tres salimos de la habitación con rumbo a la cocina.
El trayecto silencioso hasta la estancia era tenso, incómodo y repleto de esas emociones que te dan ganas de decir “bueno…nos vemos mañana, Caballeros. Buenas noches”. Lástima que yo no tenía esa opción de escape.
Ambos hermanos tomaron asiento en la barra de mármol que formaba uno de los topes de la cocina. Emmett ayudando a Edward en su puesto. Era lindo verlos así, cooperando entre ellos. Era claro que ambos necesitaban de esa camaradería que solo dos hermanos pueden tener. En ese momento deseé que nada pudiese evitar eso, pero luego pensé ¿Qué podría hacerlo?
Coloqué la tetera de acero inoxidable en la estufa y me fui a uno de los anaqueles para conseguir algunas galletas de…sí, ahí estaban unas galletitas de canelas que me fascinaban. Coloqué un paquete entero en un plato y se los acerqué a los chicos.
Le di una a Edward en su mano y luego tomé una para mí.
  • - ¿Te gusta? – le pregunté.
  • - Si…están…- él buscaba una palabra.
  • - ¿Buenas? – le completé.
  • - Si. Buenas. Están buenas. – a lo que volví mi vista a hacia Emmett este me miraba fijamente.
Me incomodó un poco.
  • - No me mires así.
Le dije tras un momento.
  • - ¿Por qué?
  • - Porque me incomoda. No es educado quedársele viendo así a la gente. Los haces sentir cohibidos. – sentí el flujo de sangre apoderándose de mis mejillas.
  • - Te ves adorable cuando te sonrojas. Quizá es por eso por lo que te miro detenidamente. – su mirada se tornó sensual – Amover esas mejillas teñidas de rojo.
Escuché una respiración áspera de Edward. Oh no…no de nuevo…
  • - ¿Por qué no salimos? Creo que la otra vez la pasamos bien…y pensé que quizás quisieras repetir la ocasión. A lo mejor si dejas a Edward dormido…
  • - No. – una tajante negativa salió de mi ángel sin titubeo alguno.
Ambos lo miramos consternados. Emmett rió con displicencia…o como si intentase que su hermano comprendiera lo que él estaba diciendo. El pecho se me encogió dos tallas al darme cuenta de cuán bien lo había entendido.
Oh dios…
  • - Campeón ¿No, qué? No te la voy a quitar…solo saldremos y ni cuenta te vas a dar…
  • - No. No. No. – decía Edward chirriando los dientes.
  • - ¿No qué, Edward? – dijo su hermano empezando a exasperarse – Solo quiero salir con Isabella. Ella va a volver, no te va a dejar solo ¿No te parece bien que ella y yo salgamos un rato?
  • - ¡No! – espetó increíblemente molesto.
  • - ¿Por qué? – lo increpó de nuevo.
  • - ¡Mía! ¡Bella…es mía! – qué demonios…? Me quedé sin palabras solo por un instante.
La determinación de Edward era impresionante y su posesividad también.
  • - Emmett, lo estás alterando. – le dije temerosa de cualquier reacción que cualquiera de los dos pudiesen tomar de ahí en adelante. - Mejor, vamos a cambiar de tema…
  • - No.- él me interrumpió con repentino interés– Edward ¿Quieres a Bella? ¿Te…gusta?
  • - Emmett, no seas absurdo... – levantó una mano para hacerme callar.
  • - Esto quiero saberlo, Isabella. Quiero entender lo que le pasa… - clavó su mirada en mí de manera especulativa - …y con un poco de suerte a ti también.
Tragué grueso para tranquilizarme. Debía hacer lo correcto pero de manera inteligente.
  • - Mira, lo que necesites saber puedes preguntármelo directamente. No necesitas hacer el intento de analizar las reacciones o sentimientos de tu hermano por mí para obtener una respuesta. – él intentó replicarme pero no lo dejé. Ya había hablado más que suficiente. –¿Quieres saber si saldremos otra vez? Pues la verdad es que no. – él se estremeció y lamenté ser tan cruda, pero debía ser realista. – Eres súper atractivo, inteligente y divertido. Lo que las chicas llamamos “el paquete completo”, el problema es que yo no quiero más que una amistad contigo. Agradezco tus atenciones, pero no estoy interesada en tener una relación contigo de la manera en que tú pretendes. Gracias por cómo has sido conmigo hasta ahora, pero necesito enfocarme en tu hermano y no tengo tiempo para tener más nada afuera de estas paredes.
En ese momento temí haber dicho demasiado, y la cara de Emmett me indicó lo lejos que había ido. Dejé colarlo que pasaba. ¡Mierda! Merecía que me cortarán la lengua.
Emmett me miró con los ojos entrecerrados.
  • - ¿Tú…sientes algo por él? – dijo en tono incrédulo señalando en dirección a Edward.
En ese momento la tetera pitó anunciando que el agua hervía así que me fui hacia la estufa. Dándole la espalda, respondí. – No tienes derecho a inmiscuirte en mi vida personal. Asique me niego a responderte esa pregunta.
  • - ¿Y a mí, señorita Swan? – dijo el señor Carlisle que había escogido justamente ese día para llegar temprano a casa - ¿A mí no va a decirme que es lo que siente realmente por mi hijo?
Esto debía de ser el infierno en la tierra…tenía que serlo…
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AL FIN VOLVEMOS A LEERNOS CHIC@S!!! Todo un mes sin publicar, pero no crean que estaba de viaje ni nada.Estuve de vacaciones solo del mundo bloguero, en fin…me alegra regresar y tenerpara ustedes un capítulo más de esta historia…ojalá que les guste...y como siempre les digo…Sus comentarios me ayudan a encauzar la historia así que no se guarden sus opiniones.
Besos…

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