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Espero que tu estancia en mi blog sea placentera, Mis Fanfics están protagonizados por personajes de Stephenie Meyer, pero las historias me pertenecen a mí. Advertenciaa: Rated: +M (+18)

Corazón De Cristal

"-Pareces un ángel ¿te lo habían dicho? Quizá lo eres y nosotros no somos capaces de comprenderlo." -Isabella Swan.

Tirano

"Un hombre que no tenía la palabra DEBILIDAD en su vocabulario...y una mujer sencilla y sensible que demostrará que hasta el más insensible y frío es capaz de caer por amor"

Anhelo Desde La Oscuridad

"Serás mía por toda la eternidad..Lo quieras o nó" -Edward Cullen.

Sin Alternativas

"Solo una mirada bastó para dar un vuelco a mi vida." -Rachel Black.

domingo, 26 de junio de 2011

Tirano - Capítulo Segundo:



“QUEMADAS DE PIEL”

Edward POV:
Sus ondas color chocolate entre mis dedos, sus brazos alrededor de mi nuca evitando un escape que no estaba interesado en realizar, y sus labios demandando los míos.
Mentalmente.
Carnalmente.
Y yo estaba más que dispuesto a hacerlo. Hacía meses que la deseaba con todas mis jodidas fuerzas. Desde el mismo condenado momento en que mi padre me la presentó en su primer día de trabajo.
En el mismo infeliz día en que el bastardo de Jacob Black posó sus garras sobre ella. Y maldito fuera si eso no me enfureció.
El solo pensar en ellos juntos me arrancó un gruñido gutural que se introdujo en su boca, y le hizo restregar sus caderas contra las mías sintiendo la descarada erección que se erigió entre nosotros. Con un desespero insano la levanté de la encimera de la cocina y la recosté contra la pared aprisionándola con mi cuerpo provocando en ella una reacción producto de una mezcla de frenesí con deseo inmediatamente abrió mas sus muslos y me aferro con sus piernas, yo solo hice lo que quería y me pegue completamente en la entrada de su intimidad, mierda, esta mujer me estaba volviendo un desquiciado...¡Que demonios!, en realidad...mi cordura se fue volando muy lejos desde que cruce la primer mirada con Isabella Swan.
- Bella... – gemí entre sus labios, posteriormente volví a arremeter contra ellos.
- A… la cama…- logro exhalar entre algún respiro que le di a su boca.
Me separé; no de muy buena gana, para dejarla que me guiara a su cuarto.
Cuando llegamos a este, solo noté que había una cama, lo demás no importaba. El mobiliario que no sirviera para tenderla y poseerla fue simplemente ignorado por mi vista. Necesitaba un lecho, sus muslos abiertos y su intimidad preparada.
Nada más.
Isabella comenzó a desabrochar su blusa lentamente. La urgencia de repente se disipó y dio paso a la expectativa de ese dichoso baile de seducción que me propiciaba, esta espera solo me decía que al terminar, vería la gloria. Tenerla desnuda y bajo mi cuerpo debía ser eso y más. Mis continuos sueños despiertos me lo indicaban. Deseaba a esta mujer como no había deseado nada más en la vida ¿pero era solo eso, cierto? Puro y recalcitrante deseo.
Pero ese no era momento de cuestionamientos mentales, tan solo de ver, sentir, explorar y saborear. Las preguntas y dudas existenciales nos esperaban pacientemente a las puertas de salida de su cuarto.
Se deshizo poco a poco de sus prendas. Blusa fuera…pantalones fuera… ¡hola, señora Erección palpitante! Pero la detuve de pronto.
- Para, Bella… – dije dando los dos únicos pasos que me separaban de ella. Coloqué una mano en su espalda, a la altura del broche de su sujetador. Mi voz fue ronca cuando volví a hablar. – De esto me encargo yo. – y sin más la despojé de ese estorboso obstáculo.
Oh joder, sí… el cielo existía y estaba plasmado en forma de dos pechos perfectamente calibrados frente a mí.
La besé profundamente mientras tendía su cuerpo en la cama. Fui deslizando la palma de mi mano por su espalda a medida que su cuerpo se iba acostando de a poco, acariciando así toda la extensión de su columna vertebral. Suave, increíblemente suave y tersa. Mi boca vagó de la suya a su cuello, a su esternón, al medio de sus senos, a su estómago, luego erguí mi tronco solo un poco mientras me arrodillaba frente a ella para terminar de despojarla de su braga blanca de seda.
Jamás la ropa femenina me había parecido tan fuera de lugar como en ese cuerpo. Sencillamente una rosa no debe de ser cubierta con nada. E Isabella Swan era exactamente eso, una exquisita e inocente rosa; a la cual yo estaba más que perversamente dispuesto a poseer.
- ¿Edward? – masculló ella entre susurros.
- ¿Hmmm?
- Desnúdate para mí. – me congelé al escuchar sus palabras. – Deseo verte.
Al posar mi vista en su cara me percaté de que tenía una buena parte de su sangre capturada debajo de esas hermosas y definidas mejillas de porcelana. Se notaba a leguas que no estaba acostumbrada a pedir lo que quería, haciéndome sentir curiosamente extasiado de que lo hiciera conmigo.
Despacio me coloqué de pie, me saqué de un tirón su camisa de los Yankees y dejé que cayera a donde la gravedad lo determinase, mi cinturón y pantalón no corrieron mejor suerte, finalmente coloqué mis dos dedos pulgares entre la cinturilla de mis bóxers azul marino de Calvin Klein; de un solo bajón llegaron a mis tobillos y de un puntapié me terminé de deshacer de ellos.
Su respiración pareció detenerse por unos segundos, lo que me arrancó una sonrisa torcida. Me cerní de a poco en su cuerpo para acostumbrarla a mi roce aunque me moría por poseerla como un salvaje. Pero no…con Bella simplemente no podía ser así la primera vez.
Primero presioné nuestros torsos, gruñendo mientras sus prietos pezones acariciaban mis pectorales. Luego nuestras pelvis se acariciaron con delicadeza, mi miembro se estremeció al notar su roce al igual que el cuerpo de ella. De pronto sentí sus manos bajar mi nuca para apresar mi boca en un beso apasionado y profundo.
- Eres…hermoso… - me susurro suavemente.
Sonreí entre sus labios.
- No me gustan que me mientan en medio del sexo, pierdo la emoción. – bromeé. Pero ella se arqueó permitiendo que mi pene se posicionase más profundo contra su entrada.
- ¿Esto…te parece…una mentira? – definitivamente no. La humedad procedente de su interior bañaba mi sensible punta, lo que me indicaba que no solo decía eso para halagarme.
Un medio rugido salió de mi boca y ella sonrió satisfecha. Deslicé una mano entre nuestros cuerpos. Acaricié primero sus labios inferiores que ya estaban bañados de sus jugos, y ella en un arrebato sumamente sensual se mordió el labio inferior para acallar un gemido. No tuvo éxito, pude escuchar claramente como este se escurría por su garganta.
- Deja que te escuche, Bella…- dije en su oído mientras con el dedo pulgar de la otra mano liberaba su labio de la presa de sus dientes – deja que oiga cada ruido que haces por mí. – dicho esto le lamí un lado del cuello y entonces sí que gimió alto.
Introduje dos dedos a lo largo de su intimidad, lubricándolos aún más y luego los adentré en su sexo, haciendo que se restregase contra mi mano. Vaya escena erótica que me estaba brindando mi vista, Bella con la cabeza echada hacia tras con los ojos bien cerrados y el tronco arqueado.
Jadeé ante lo exquisito de la escena y las pulsaciones de su intimidad apretándome con fuerza los dedos. La incité durante unos minutos que nos resultaron infinitamente largos a ambos ¿pero para qué adelantar lo que de seguro vendría a nosotros? Mejor que el éxtasis se hiciese esperar…así sería más desgarrador.
- Edward…por…por favor… - jadeó en suplica.
- ¿Por favor, qué? – le incité desde la vista privilegiada que tenía entre sus muslos.
- Hazme…acabar…
- No. – dije brusco e incitador. – Me torturaste durante meses con una presencia que tenía que ver y no podía tener…y este es mi momento para una sutil venganza.
Ella se mordió el labio conteniendo la mezcla de placer y risa mientras se acomodó entre las almohadas, de pronto sus facciones mostraron una exquisita malicia.
Cuando comenzó a acariciarse los pechos sentí como mi pene dio un respingo ante la escena que Isabella estaba presentando solo para mí. – Entonces tú también te mereces una pequeña cuota de tortura.
Mierda…santa…no pude contener el gruñido que salió desde mi garganta y que amenazaba con tomarla a ella con agresividad, volviéndome el eslabón entre neandertal y cromañón en pleno siglo XXI. Su sexy indirecta – bien directa me dijo lo que mis oídos se morían por escuchar desde hacía tiempo atrás: Bella me deseaba.
Adiós plan de tortura…Bienvenidas, necesidades desmedidas.
Me impulsé y recoloqué hasta quedar posicionado contra su centro, con mi mano acomodé mi miembro en el lugar preciso y sin permitir ningún titubeo de ninguno, la penetré de un solo movimiento.
Ambos gemimos al mismo tiempo. Su centro, tan estrecho y cálido, abrazaba a mi sexo haciéndome borrosa la vista. Quise marcar el ritmo lentamente pero mi cuerpo me pedía otra cosa muy diferente, y al parecer el suyo estaba en sintonía puesto que sus uñas se encajaron en mi trasero urgiéndome a que intensificara el ritmo.
Y demonios, si no le di gusto…
Me aferré con una mano al cabecero de la cama y con la otra a su cintura. Bella bajó sus muslos de mi cintura, que era en donde se colocaron automáticamente en cuanto entré en ella y juntó con ellos, lo más que pudo bajo mi cuerpo. Un ramalazo de corriente se deslizó por mi columna, pasó por toda la extensión de mi pene y se introdujo en el cuerpo de ella.
Ambos nos arqueamos ante la sensación de estrechez.
Los latidos intro vaginales se intensificaron al igual que las pulsaciones de mi miembro, sentía el orgasmo de ambos tan cerca…pero no. Quería prologarlo un poco más. Necesitaba sentirla un poco más. Así que la embestí mucho más lento pero tan o más profundo que antes y me degusté en la sensación de cada pulgada de ella enguantando a la perfección todo lo que le ofrecía.
Un par de gemidos más y mucha fuerza de voluntad después comencé a moverme con necesidad de nuevo y entonces fue imposible dejar atrás el apremio.
Un lado animal que jamás había salido de mí, se apoderó de mis actos y cual si fuese un semental me arqueé para encajarme mejor en ella. Isabella arrastró sus uñas hasta la parte baja de mi espalda y las enterró allí lanzándome por un espiral de placer y dolor que me llevó al orgasmo más crudo que hubiese experimentado.
En medio de las pulsaciones del clímax me di cuenta de que Bella se estaba retorciendo contra mí, jadeando y consumiendo hasta el último rastro del orgasmo que se estaba vertiendo en ella.
Conmocionado ante la profundidad de lo que habíamos experimentado, me quedé justo en el sito en donde estaba: en su interior. Dejé que nuestras respiraciones volvieran a su cauce mientras que observaba como el brillo de un sutil sudor se repartía a lo largo de su cuerpo y la hacía brillar como si fuese una diosa etérea.
- ¿Qué miras? – dijo ella con timidez en cuanto pudo.
Eso me hizo entrar en razón. Había demasiada intimidad en cómo estaba encima de ella y más aún en los pocos deseos de salir de su interior, pero debía volver a la realidad ¿Acaso esperaba que todos mis problemas se resolviesen con una sesión de cama? por más cruel que sonase; no era así.
Simplemente mi mundo no era así.
- Creo…que debería irme. – dije desviándome de su antigua pregunta. – De seguro se deben de estar preguntando en donde estamos ambos. – me pasé la mano por el cabello transpirado antes de hablar – Si quiere… puede quedarse en casa por hoy…- Isabella se tensó ante mis palabras con un expresión de frío desconcierto.
- “¿Si quiere puede quedarse en casa hoy?” – me citó indignada ¡Fabuloso! La había embarrado hasta lo imposible, típico de Edward Cullen, echar a perder hasta los mejores momentos. – Ahora entiendo de que iba ese repentino “bajón de muros defensivos” y hasta el tuteo. ¡Ja! Que ilusa fui. – dijo poniéndose en pie y arrancando la sábana que fue a dar a los pies de la cama. Se envolvió en esta y antes de encerrarse en su baño dijo: - Afuera por el corredor hay otro baño. Úselo si lo desea. Su camisa ya debe estar lista en la secadora; así que tome lo que necesite y salga de mi casa, señor Cullen. En una hora nos vemos en su oficina “como si nada hubiese pasado”.
Y esas cinco palabras me dolieron más que cualquier desplante que me hubiesen hecho hasta ese momento. Entonces mi jodido infierno se hizo peor de lo que había sido alguna vez.
*******
- Aquí tiene los balances de personal rectificados y verificados. Solo se necesita su firma para enviárselo al departamento de recursos humanos. Además le anexé una hoja con el itinerario de reuniones que tendrá mañana. Dos en la mañana: la primera con el director de “Le Mademoiselle” en Londres a primera hora, y la segunda con su padre a las diez y media de la mañana. A las doce en punto tiene un almuerzo con el departamento legal de la compañía para arreglar los detalles de la próxima apertura en Alemania y a las tres de la tarde tiene la última reunión con la gerente de publicidad. ¿Alguna duda, señor Cullen? – el frío trato de Bella me estaba consumiendo de a poco.
Sabía que me lo merecía pues me había comportado como una basura en su casa y justamente después de haber estado juntos. Maldita sean mi lengua y mis inseguridades por haberme dejado dañar el primer momento de verdadera intimidad que había tenido en quien sabe cuánto tiempo.
- Isabella, por favor… -
- ¡Señorita Swan! Usted me dejó claro que el llamarnos por nuestros nombres es demasiado personal. – ratificó con voz seca y mirada muerta.
- Yo no quise…
- Señor Cullen, no tiene porqué pedir disculpas. No le sume más bochorno a una situación que de por sí, ya es bastante vergonzosa.
- ¿Está hablando en serio? – dije con algo más que orgullo herido.
- Sí. Ahora si no necesita nada más, me retiro. Que tenga buenas tardes.
- Dicho desapareció tras la puerta de mi oficina con un cierre tranquilo y firme. Como siempre lo había hecho. O peor aún “como si nada hubiese pasado”.
El día siguiente fue igual a todos los demás. No. Peor que todos los demás; porque ahora tenía en mi mente y en mi cuerpo la sensación de la cercanía de Bella, pero su rechazo en mi cara haciéndome frente cada vez que ingresaba a mi oficina o cuando me notificaba algo por teléfono.
Pero no le dejaría ver cuánto me dolía sus desdenes, había dejado muy claro que el encuentro que para mí fue tan…íntimo para ella había resultado vergonzoso. No. Antes muerto que tirando mi orgullo a sus pies, era lo único que me quedaba; medio roto…pero era lo único a lo que me aferraba.
Me obligué a prestar atención en las reuniones, eso me servía de distracción de lo que sentía y me daba ánimos de seguir en pie “porque la empresa contaba conmigo”. Todo transcurrió de manera “habitual” hasta que se terminó la reunión con mi padre y la alta gerencia de Le Mademoiselle.
- ¿Qué pasa contigo, Edward? – dijo mi padre preocupado, a lo que la oficina se quedó vacía mientras yo recogía mis cosas.
- ¿Ahora que hice, padre? – agregué con tedio.
- No te lo digo que hayas hecho nada mal, Edward. ¿Por qué siempre estás a la defensiva conmigo, hijo?
Puse los ojos en blanco exasperado, no tenía ni ganas, ni tiempo de lidiar con esto justo ahora.
- Lo siento. Es que el día de hoy estoy un poco estresado…
- No. Hoy estás cetrino. Hijo. Al menos no estás desenfocado, pero me preocupa la indiferencia que denotan tus facciones hoy. – Ah, ahora resulta que notas mis emociones…
- No me pasa nada, padre. Ahora si me disculpa, tengo una reunión con el departamento legal.
- Espérame y nos vamos juntos. Yo también voy a ese almuerzo.
Lo miré confundido. – La señorita Swan no me dijo que estarías allí.
- Seguramente se le debe de haber olvidado. Ella es sumamente eficiente y de seguro tiene muchas cosas en la cabeza. Por cierto, haz que ella venga a la reunión. Necesitarás que tome nota de algunas de las decisiones que se tomen allí.
- Yo puedo recordar.
- No seas patán, Edward. – dijo cerrando su maletín. – Isabella es una excelente trabajadora. Haz el favor de ser menos mezquino con ella, no vaya a ser que se harte y pida transferencia o que se largue de la empresa. No estamos en el momento adecuado para buscarte una asistente que sea al menos lo mitad de eficiente que es ella.
Asentí en silencio y salí vía a mi oficina.
*******
El infierno. Eso era justamente ese maldito almuerzo con Isabella, Jacob y mi padre en un mismo sitio.
Isabella, con su frío desinterés.
Carlisle, viéndome como si esperara que yo saltara sobre las mesas e hiciera una exposición de motivos por los cuales Le Mademoiselle necesitaba ser expandida lo más rápidamente a Alemania.
Y Jacob, como si le debiese dinero.
Ese cabrón arrogante. Si alguien se había metido en territorio del otro primero ese había sido él, al decidir que quería salir con mi secretaria. Con mi Bell…con mi secretaria.
A diferencia de mis reuniones en la mañana no me podía centrar, y esta comida de porquería me sabía a cal o a cemento. Lo único que quería era que terminara y poder ir a encerrarme a mi oficina.
O mejor, no…recordé de golpe que tenía una reunión pendiente con la gerente de publicidad…Tanya Denali…Oh dios...
- ¿Por qué no nos da su opinión acerca de lo que estaba diciendo ahora, señor Cullen? – dijo el bastardo de Black con aparente profesionalidad refiriéndose a mí – Digo, usted es como el embajador de la compañía y necesitamos saber si está de acuerdo con los lineamientos que establecimos para la apertura en Berlín. - ¿Pero qué le pasa a este maldi…?
- Cierto, Edward. ¿Tú qué opinas? – dijo mi padre secundándolo sin notar el trasfondo de sus intenciones.
- Sus recomendaciones son pertinentes, señor Black… - noté el shock en su cara – pero las palabras se las lleva el viento. Así que espero dichas ideas por escrito en mi escritorio a más tardar mañana en la mañana, para darle prosecución a los conceptos propuestos. Si tengo algún cambio de parecer se lo haré saber por medio de un oficio para que haga las modificaciones que se ameriten y pueda ser puesta en marcha la construcción de la primera tienda en Berlín. - ¡Ja! Toma ese revendo hijo de perra.
El tipo me vio con cara al mejor estilo de El Padrino, lo que casi me hace soltar una carcajada. Después de eso no volvió a molestarme durante el resto de la comida infernal.
Lo que si me cabreó de lo lindo, fue el hecho de que Isabella tomase notas y comiese sin siquiera notar mi presencia al lado suyo. Cuando todo terminó los tres; ella, Carlisle y yo; nos fuimos en el BMW hacia la empresa de nuevo. Mi padre parecía satisfecho con la reunión aunque esperaba más participación de mi parte. La verdad es que me importó muy poco eso.
Bella no dejaba de contestar mensajes que le llegaban a su condenado blackberry, el hecho de sospechar con quién hablaba me daban ganas de agarra el estúpido aparato y tirarlo por la ventana.
El desgraciado de Black había agarrado a Isabella y llevado aparte de todos para decirle algo en privado, y no saber de qué se trataba me tenía al borde de la locura.
- Edward, estaba esperando por ti. – dijo Tanya de manera disimuladamente seductora en cuanto llegamos a la oficina.
- Disculpa, Tanya. Pero el almuerzo se postergó un poco más de lo esperado, pasa adelante. – dije abriendo la puerta de mi oficina y ofreciéndole el paso con mi mano antes de entrar yo. - Ahora dime, ¿acerca de que necesitas hablar conmigo?
Bella permanecía en el umbral de la puerta viendo a la gerente de publicidad de pies a cabeza por encima del marco de sus lentes rectangulares. Al parecer ella no le agradaba demasiado. Pues mala suerte…a mí me tocó que aguantar a su ex por tres malditas horas, bien podía hacer ella lo mismo.
- Preferiría que fuese en privado. – se relamió los labios con aparente indiferencia – Es de índole personal. – acentuó.
Miré como mi secretaria de ponía tan roja como la bufanda que tenía la gerente en su cuello y que se metía dentro del escote en v de su blusa de seda color champagne.
- Si me necesita para algo Señor Cullen, puede llamarme por el teléfono. – se dio media vuelta y se largó.
No pude evitar sonreír un poco al ver su arranque de ira. Parecía… ¿celosa? Pues sí. Parecía justamente estar celosa y me encantaba.
- Me da gusto que te alegre verme a solas. – dijo Tanya confundiendo todo. O tornándolo a su beneficio; eso sería más típico de ella.
- Me da gusto verte, Tanya. Pero sinceramente me da igual si hay un batallón de mil marines detrás de ti.
- ¡Ouch! El viejo Edward no pierde su frialdad habitual. Eso me encanta…- dijo soltándose el pañuelo de seda roja que usaba como bufanda y lo colocaba en el escritorio. Tragué grueso al predecir su próximo movimiento – Nunca has dejado de parecerme lo más excitante que he tenido en mi cama alguna vez.
Se había abierto “accidentalmente” uno de los botones de su blusa dejando entrever su brassier de encaje color blanco.
- Me imagino que eso también se lo decías al tipo con el que te acostabas mientras éramos novios. Oh, que honor me confieres.
- ¿Celoso, Edward?
- Realista, Denali. Ahora, si no viniste a decirme algo que se relacione a la empresa haz el favor de tomar tu pañuelo de mi escritorio y dejarme trabajar en paz.
Ella rodeó el escritorio y se paró en el espacio entre mi mesa de trabajo y mi silla. Se inclinó sobre la superficie de madera pulida y musitó sensualmente:
- Uy, que genio, Cullen. Y yo que venía a darte un regalo de despedida. – un amago de puchero salió de esos labios color rojo carmín.
- ¿Te vas de la empresa, Tanya? – dije confundido.
Ella asintió con falso pesar mientras se sacaba de un tirón la camisa de los pantalones negros.
- Así que mejor aprovechar mis últimos momentos en Le Mademoiselle. – dicho esto se arrodilló con presteza en mi silla sentándose en mi regazo.
- ¿Acaso no te respetas? – le dije intentando bajarla lo más caballerosamente que me permitía la firmeza de mis acciones.
- Si, lo hago. Pero no me gustan las negativas. Y lo sabes. – dicho esto se lanzó contra mis labios y me besó con fiereza.
Imágenes de lo que había hecho con Bella en su casa aparecieron en mi mente. Sus labios demandantes y sus caderas siendo sacudidas por mis embates mientras la poseía… ¡maldito infeliz! Solo yo podía estar pensando en eso besando a otra…
De golpe la separé de mí, no sin antes notar que su boca tenía el labial corrido y la excitación brillando en su cara.
Algo se movió en la puerta, era Isabella que tenía una carpeta de manila en la mano derecha y una expresión estupefacta en la cara. Tanya volteó al ver mi expresión y cuando se percató de lo incómodo de la situación se levantó de mi regazo y se arregló la blusa delante de mi secretaria sin pudor alguno.
- Bien. Edward. Si quieres terminar…el negocio; tú sabes dónde encontrarme. – me guiñó un ojo y se fue.
Me aclaré la garganta y me puse de pie de manera derrotada.
- Isabella, yo…
Ella caminó hacia el escritorio con firmeza y colocó la carpeta en la mesa con rudeza.
- Su padre me dijo que le entregara esto con urgencia, por eso me atreví a interrumpirle lo siento…
- No, Bella…
- …mucho. Es algo que salió a último momento y que necesita que lea pues es un asunto que merece toda su atención ya que se realizará en las próximas semanas…- hacía como si no me estuviese escuchando.
- Isabella…
- ...así que aquí le dejo el itinerario de actividades para la fundación y ahora me retiro…
- ¡Isabella! – grité.
- ¡Vete al demonio! – explotó y me señaló a la cara con deliberado asco. – Tienes labial en la boca, deberías lavártelo. Sé que a ti no te molesta en nada debido al numerito que acabo de ver, pero su padre podría molestarse al verlo en tal estado.
Se dio la vuelta y la agarré por el antebrazo pero ella se sacudió de mí con rudeza y sin voltearse musitó: - Más nunca vuelva a ponerme una mano encima, señor Cullen. O que dios me ayude pero le voy a dar una bofetada que no le dejará olvidar que no soy su maldito juguete, buenas tardes.
Ahora sí, con un portazo estridente Isabella salió de mi oficina. En un arrebato de irá barrí mi escritorio de un manotazo; todos los papeles, bolígrafos, lámparas y cualquier cosa que estuviese en esa estúpida superficie fue a dar al suelo.
Me fui como un bólido hacia el baño y constaté con molestia que tenía los labios impregnados del labial de Tanya. En definitiva, esa mujer quería arruinar cualquier vestigio de tranquilidad que pudiese tener.
Cuando terminé de lavarme la cara, salí a la oficina de nuevo con la corbata en la mano y los tres primeros botones de mi camisa abierta, la mangas de estas dobladas casi hasta el codo. Había dejado el saco en el tope de mármol del baño.
El suelo alfombrado de mi oficina tenía papeles desperdigados por doquier y no me molesté en recogerlos. Solo un papel llamó mi atención cuando bajé la vista para advertir lo que había pisado.
Era la petición de un orfanato en la ciudad para que lo ayudáramos en lo que nos fuese posible, también decía que apelaban a nuestra ayuda puesto que se estaban quedando sin recursos con los cuales alimentar cerca de doscientas bocas de pequeños que habían sido abandonados.
Algo dentro de mí se aprisionó por el dolor que me influyó aquel triste oficio.
Y así fue como mi vida cambio desde entonces, en aquella tarde por dos quemadas de piel.
La más fuerte causada por la arruinada situación con Bella. Y la segunda, por el pedido de ayuda de los directivos de aquel orfanato.
Algo se había movido en mí…y tenía muchas cosas a las cuales hacerles frente. Sabía perfectamente que isabella no iba a perdonarme, y la piel me quemaba con solo tenerla cerca de mí, esa sensación de necesidad crecía minuto a minuto con mas furor en mi interior, podría jurar que yo…que demonios pasaba conmigo, jamás me permití sufrir por nadie, Bella no iba a ser la excepción…
Como se hizo esperar este dichoso capítulo. XD. En fin, aquí está espero que les guste.
Aprovecho y les comunico que en 15 días haré la presentación de mi tesis, por lo tanto no me tendrán por estos lados, a menos que me ponga a leer los comentarios dejados por ustedes. Después de esos días… ¡SOY LIBRE! Y podré actualizarles muchísimo más seguido.
Este capítulo está dedicado a dos personitas que no quiero sino que ADORO. A mi leelan: Ada y a mi nalla: Karen. Cada una de ellas ha tenido mucha influencia en lo que he plasmado y plasmaré de ahora en adelante en esta historia.
En fin…nos vemos Muyyyy pronto mis chicas… Marie Kikis.

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