Páginas

Bienvenidos

Espero que tu estancia en mi blog sea placentera, Mis Fanfics están protagonizados por personajes de Stephenie Meyer, pero las historias me pertenecen a mí. Advertenciaa: Rated: +M (+18)

Corazón De Cristal

"-Pareces un ángel ¿te lo habían dicho? Quizá lo eres y nosotros no somos capaces de comprenderlo." -Isabella Swan.

Tirano

"Un hombre que no tenía la palabra DEBILIDAD en su vocabulario...y una mujer sencilla y sensible que demostrará que hasta el más insensible y frío es capaz de caer por amor"

Anhelo Desde La Oscuridad

"Serás mía por toda la eternidad..Lo quieras o nó" -Edward Cullen.

Sin Alternativas

"Solo una mirada bastó para dar un vuelco a mi vida." -Rachel Black.

miércoles, 27 de julio de 2011

Puedes ser TÚ...

Hola, mis chicas, como nunca ando quieta y siempre ando inventando cosas que a veces sirven y otras no tanto XD...se me ha ocurrido ahora que talvez les gustaría tener un pequeño reconocimiento en mi Blogsito!

¿Cómo hacerlo? Pues fácil... Enviándome a mi correo becerrariveromaria@gmail.com una foto de ustedes con una pequeña reseña de por qué te gusta mis historias y cual es tu favorita. Entonces te podrás ver acá: 


Así que  espero por ustedes!!!!! Un beso para todas y gracias por apoyarme. 


*Marie Kikis Matthew*

Corazón de Cristal - Octavo Capítulo:




“AL DESCUBIERTO”


¿Entonces, así era que se sentían los que estaban frente a un jurado esperando porque calificaran su desempeño?… Pues definitivamente comprendí que sentían los participantes de American Idol al pararse frente a Randy Jackson y Simon Cowell, sin una Paula Abdul que abogase por ti.
¡Aterrada!, ¡No!…Muertiiiiiisima de pánico estaba ante un Emmett y un Carlisle que me lanzaban miradas inquisidoras. Nos habíamos trasladado al estudio de la casa para tener mayor privacidad sobre lo que íbamos a hablar. Mejor dicho, lo que yo iba a confesar.
Mi corazón no parecía responder bien, y ni se diga de mis pulmones, porque definitivamente algo pasaba cuando me sentía ahogada pese a estar tomando todo el aire necesario para armarme de valor, y como si fuese poco mis nervios me delataban pues no dejaba de retorcer los dedos de las manos al mismo tiempo que trataba de encontrar las palabras adecuadas para hacerles comprender lo que sentía.
- Señorita Swan, estoy muy interesado en saber lo que tiene por contarnos, sin que tomase el día entero. – dijo el señor Cullen con cierto sarcasmo en la voz mientras se acomodaba en su silla ejecutiva. Reindicó con la mano para que prosiguiera. Realmente este hombre podía sacar mi lado más descortés en cuestión de segundos.
- Yo…Yo no sé por donde comenzar. – me giré a ver a Edward que estaba sentado a mí lago y jugaba plácidamente y adorablemente con unos bolígrafos y plumas que su padre tenía en una hermosa base de ónix.
Su inocencia lo hacía ajeno a la situación que giraba en su entorno; aunque sus juegos no parecían del todo relajados pues sus manos movían repetitivamente los artículos contra la mesa. Quizás Edward comprendía mucho mejor la situación de lo que cualquiera que hubiese en la sala lo lograra entender.
- Simplemente diga el tipo de afecto que realmente siente por mi hijo. Ese sería un buen punto de partida. – replicó Carlisle impertérrito.
Me armé de valor y encaré la situación lo mejor que pude. Que pase lo que tenga que pasar…pensé a mis adentros.
- Pues sí, señor Cullen y…Emmett…- el último lo dije con cierto resentimiento sin poder evitar una escrupulosa mirada contra él; no podía dejar de pensar que estaba en un aprieto por causa de Emmett. – Yo…si quiero muchísimo a Edward. – este levantó la vista y desde ese momento mis palabras salieron sin ninguna precaución. Fue como una clase de declaración; muy diferente a lo que me hubiese gustado; pero una declaración al fin. – Primero era solo mi paciente, pero desde el mismo momento en que lo vi, sentí una empatía muy grande hacia él. Es una persona excepcional que poco a poco va abriéndose al mundo y me siento más que orgullosa al ser yo quién le está trayendo de vuelta. – los ojos azul grisáceos brillaban infundiéndome extrañamente de ánimos para seguir hablando. Le hice frente a los dos Cullen interesados y erguí mis hombros en símbolo de mi fortaleza. – Sé que me pueden tildar de cualquier cosa negativa que se les pueda ocurrir, y no los culpo; pero les juro que mis sentimientos por Edward son totalmente honestos, aún así, comprendo que las condiciones en las que él se encuentra no son las adecuadas para que pueda haber algo entre nosotros. Pero más adelante…cuando él sea completamente capaz de discernir lo que quiere o lo que no, le haré entender mis intenciones. Su hijo me gusta y mucho. Y no pienso negar eso. –definitivamente Edward me dio más valor del que pude imaginar antes de citar estas últimas palabras
- ¿Entiende usted lo negativo que podría verse esto para su profesión? ¿Comprende usted que yo podría acusarla de aprovecharse de la vulnerabilidad que le confiere el autismo a mi hijo para quedarse con su fortuna? – Carlisle estaba arremetiendo contra mí como si estuviésemos en un juicio, y yo estaba intentando controlarme para no decir cualquier barbaridad que pudiese agravar la situación. - ¿Entiende usted, Señorita Swan que usted me ha conferido justo ahora una buena razón para despedirla y alejarla de él permanentemente? – me estremecí al pensar en esa “demasiado posible” opción.
Emmett permanecía callado e impasible detrás de su padre, quizás pensaba lo mismo que él pero pensaba contestarle a las dudas de ambos de una misma vez.
Pero justo en ese momento irrumpió la señora Esme en la habitación.
- ¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué están todos reunidos en privado? ¿y esas caras? ¿Ha pasado algo? ¿Edward hijo estas bien?– antelo equivocadamente viendo con preocupación a cada presente en la sala.
- Sí…- me adelanté a responder. – Pasa algo, señora Cullen. Edward se encuentra en perfectas condiciones, lo que ocurre…-casi no salen las palabras de mi boca- es…que tanto su hijo como su esposo quieren saber la clase de sentimientos que le profeso a Edward. – dije mientras se infundía en mi un valor y señalaba a cada uno con la mano. Luego continué. – Les decía que yo sentía algo más que una simple relación de paciente–enfermera y les decía que ahora tienen todo el derecho de pensar mal de mí, pero no pienso negar lo que su hijo ha despertado en mí. Y que bueno, que está usted aquí, así se enterarán todos de una vez. Quiero a Edward, y más allá de lo que puedan creer yo no necesito “su dinero”... – remarqué delante de Carlisle. –…lo necesitarán sus hijos, pero yo no. Tengo mi trabajo, y si salgo de acá pues, conseguiré empleo en cualquier hospital, clínica o casa privada. – dirigí una fría mirada al padre de Edward y continué defendiéndome. – Conseguí graduarme y sostenerme sin problemas cuando murieron mis padres, tengo una casa en el pueblo, y me basto yo sola para conseguir los recursos para mantenerme. ¿Quiere despedirme y demandarme? Hágalo, está en su derecho, pero sepa usted que le faltarán argumentos para demostrar mi falta de profesionalismo puesto que el estado actual de su hijo es mi mejor defensa. ¿Quiere alejarlo de mí? Pues hágalo, ese también es su derecho como padre preocupado, pero me gustará saber a quién encontrará para suplantarme y que su hijo consiga lograr una relación la mitad de estrecha que tenemos Edward y yo. – sentencié.
Muy contrario a lo que demostraba, me sentía sumamente vulnerable. Como si una simple palabra pudiese quebrarme en mil pedazos que serían imposibles de pegar de nuevo. Si me alejaban de Edward no sabría que hacer, él era lo único que me importaba y si me lo quitaban…simplemente no sabría como hacer para empezar mi vida de nuevo.
- ¿Pretende conmoverme, señorita Swan? Porque le informo que he escuchado mejores y más inspiradoras defensas en los juzgados. – dijo Carlisle manteniendo una frialdad perfecta.
- ¿Y usted cree que esto es una telenovela, en la cual debo darle un discurso que le haga cambiar su forma de pensar para conmigo, señor Cullen? – dije imitando su talante – No soy una actriz, soy una enfermera a mucho honra. Y aunque al lado de un abogado de su renombre no pueda parecer nada, para mí es algo sumamente importante. Pues me ha unido a su hijo y a decenas de niños y jóvenes en diferentes lugares. No espero que me crea ni que cambie su forma de ser, ya sé muy bien como es usted y no estoy interesado en cambiarlo; pero algo si le digo, señor Carlisle. Tome la decisión que tome, prometo que la acataré; pero si Edward quiere en algún momento; cuando ya sea plenamente capaz de decidirlo; estar conmigo más allá de una relación profesional, pues estaré con él. Puede desheredarlo o lo que sea, yo seré plenamente capaz de velar por los dos…
- ¿Es eso una amenaza, señorita Isabella? – me interrumpió.
- No, señor. Es el planteamiento claro a una situación hipotéticamente posible.
La señora Esme se acercó por detrás y se colocó al lado de su esposo con una serie de conflictos emocionales plasmados en su mirada. Se cruzó de brazos y me interrogó también. - ¿Has sido completamente honesta, Bella? – Asentí - ¿Serías capaz de firmarnos un acuerdo en donde renunciarías al manejo del dinero correspondiente a Edward aunque llegases a ser su esposa?
En ese instante mi ángel levanto su mano apretando la mía fuertemente dirigiendo una mirada que evocaba tristeza, esto pasmo a todos, incluyéndome. La señora Esme cubrió su boca y pude detallar unos vidriosos ojos posados sobre nuestras manos entrelazadas.
- Así es, señora Cullen.
- ¿Qué le parecería firmarlo ahora? – habló Emmett por primera vez sin retirar la vista de mi unión con Edward.
Lo miré con frialdad. – Díganme en donde firmar. Y lo hago en este mismo instante.
El dueño y señor de la casa se irguió en su sitio y siguió mirándome fríamente.
- Esta misma noche le podría tener un acuerdo perfectamente elaborado, en el cual le haría renunciar a cualquier beneficio que pudiese recibir por estar unida mi hijo. Incluso aunque se encontrase en una mala situación financiera. – unió sus manos en un gesto que me recordó a un mafioso que tiraba las únicas cartas con las cuales se me permitiesen jugar.
Erguí mi barbilla en un gesto de orgullo frente a semejante ataque, me sentía sumamente humillada pero eso no dejaría estropear mi orgullo, que clase de personas podían ser tan hipócritas para practicante venerarme como a un santo y de momento tratarme como una prostituta cazafortunas.
- Pero puede que él no escoja estar con usted señorita Swan– sugirió la señora Esme, creando un enorme vacio en mi estomago, de igual forme contuve mi firmeza.
- Todos ustedes han dejado de lado lo más importante de todo. Cuando Edward salga de su estado; por que sé que lo hará; y sea capaz de elegir, quizás solo desee de mí una amistad o nada. Incluso así yo respetaré su decisión. – mi tono se estaba quebrando pero no permitiría quebrarme…no delante de una personas que parecían querer justamente eso. – Sin más, espero haber aclarado todas sus dudas y además me alegro de saber el concepto en el cual se me tiene en este hogar. Con su permiso, me retiraré por una hora, vendré cabalmente a recibir instrucciones de su parte, señor Carlisle.
-Ángel, debo subir a mi habitación, te veré en un rato ¿si?...-y con pesar solté su mano.
El señor Cullen me instó con un gesto a salir de la sala. Simplemente yo no estaba en condiciones de quedarme a ver lo que los otros dos querían que hiciese. Salí de la estancia sin decir nada más y me dirigí a la habitación que ocupaba en ese lugar, porque definitivamente no era mi cuarto. Nunca lo había sido, y justo ahora menos que nunca.
Al cerrar la puerta y echar el pestillo me tendí en la cama y ahogué mis paroxismos de llanto con la almohada. ¿Cómo era posible que después de cómo me había comportado con esa familia, se me viese como una cazafortunas? ¿En qué momento me comporté como una avara delante de ellos?
Me sentía perdida y desolada. Además de todo lo dicho en materia económica, ellos habían hecho que considerara la posibilidad de que Edward no me quisiese. Ni siquiera para amiga… ¿Y qué haría entonces?
Internamente lo sabía. Me iría, sin decir ni pedir más nada, asumiendo mi derrota pero con la tranquilidad de haberlo rescatado de ese mundo de aislamiento en el que estaba. Quizá alguien más sería capaz de quererlo…y él quería a esa persona. Inmediatamente sacudí mi cabeza intentando sacar esos pensamientos de mi mente. La posibilidad de que alguna otra pudiese tomar a Edward como yo quería hacerlo me robaba la respiración y hacía que me estremeciera de furia. De celos. ¿Cuán irracional era querer a una persona?, quería liberarlo de sus cadenas de ensimismamiento pero a la vez quería unirlo a mí.
Unos suaves golpes sonaron en mi puerta. De golpe me senté en la cama y me limpié los rastros de llanto del rostro para luego levantarme y abrir solo un poco la puerta de la alcoba.
Y fíjate que ironías de la vida…era Carlisle.
- ¿Dígame para qué me necesita, señor Cullen?
- Quería hablar con usted de ser posible, señorita Swan. – su habitual cortesía dominada ahora su tono. Pero no estaba de ánimos para lidiar con él.
- Claro que es posible. Usted es mi jefe actual, usted dirá.
- No me gustaría que las relaciones se deteriorasen después de lo hablado en mi estudio. No era esa mi intención.
Me erguí ante el marco de la habitación y me crucé de brazos. Y entonces…exploté.
- ¿Cómo quiere que sean la cosas, señor Cullen? ¿Todos felices y contentos? ¿Le gustaría que le acusasen de arribista, las personas a quienes usted le hubiese tenido respeto y afecto? ¿A quienes usted le hubiese demostrado día a día su manera de proceder y de actuar? Lo siento, señor, pero yo no soy de hierro. Y me niego a que se me trate con más descortesía de la que ya pasé abajo; creo que fui lo suficientemente sincera con ustedes. Ahora espero que se me deje una hora tranquila mientras que me refresco y luego reanudaré mis labores con Edward, ya que esa es la única razón por la que estoy en esta casa, salvo que usted venga a informarme de mi despido. –nuevamente me desplome en mi interior.
- Isabella, nosotros solo queríamos cuidar a Edward. Compréndanos, estamos frente a una situación a la cual no sabemos cómo hacerle frente. Quizá lo expresamos de mala manera; pero lo único que queremos es protegerlo. – la mirada del hombre se volvió atormentada. - ¿Qué haría usted si hubiese sido testigo de cómo a su hijo lo mirasen solo para tenerle lástima o para burlarse de él? Durante todos estos años hemos tenido que aprender a hacernos fuertes y revestirnos de acero para poder cuidar y defender a Edward. Si sirve de algo tanto Esme como yo estamos sumamente avergonzados por la manera en la que manejamos la situación allá abajo. Usted ha dejado en claro sus intenciones al abarcar por completo la recuperación de nuestro hijo, pero aún así, comprenda que es un poco complejo entender que…
- Que alguien pueda gustar de su hijo a pesar de su condición. – completé. – Puedo entenderlo…lamentablemente, pero puedo entenderlo. Para mí un impedimento físico o metal jamás ha representado una barrera para amar a alguien, y con lo especial que es Edward simplemente no fue necesario ni considerarlo, yo pude ver más allá de lo que nadie ha podido, ¿acaso es tan difícil de comprender? –trague hondo posicionándome nuevamente en el puesto del padre de mi ángel–mire señor Cullen, no se moleste en pedirme disculpas, sé que esta es una situación difícil de tragar para cualquier padre, pero le juro por la memoria de mis padres que yo nunca…
- No se excuse más. – me cortó él. Al parecer ambos sabíamos jugar muy bien al “interrumpe al que se está explicando” – Ya veremos como se van dando las cosas. Y quiero que sepa que esta tarde he vuelto temprano de la ofician porque su llamado de atención me hizo comprender la relevancia que tiene mi papel como padre en la recuperación de mi hijo, y la cual he relegado solo en sus manos y en las de mi esposa, le prometo contribuir en lo que pueda en este proceso de rehabilitación de Edward, aunque confieso que no sé prácticamente nada. Siempre he dejado actuar a sus anchas a los profesionales confiando en que solo ellos eran necesarios.
- Me alegro de saber eso. ¿Esto quiere decir que no está aquí para despedirme? – dije conteniendo una sonrisa.
Él negó solemnemente.
- No, señorita Swan. De hecho, cualquier mujer que tenga los pantalones para enfrentarme y retarme a que la demande, a sabiendas de que tiene las de perder…tiene mi respeto. – me guiñó un ojo y me sonrió.
Le correspondí la sonrisa.
- Gracias, señor Carlisle. No sabe lo mucho que significa que no me separe de Edward. No le faltaré a la confianza que me han brindado.
- Nuevamente Isabella, le pido disculpas en mi nombre y el de mi esposa. Hemos sido tajantes en juzgar sin adentrar más en la situación.
- Comprendo…-Unos orbes azules que fijaron su mirada en mi, me interrumpieron.
- Bueno-dijo el señor Carlisle-debo retirarme, usted puede continuar tranquilamente sus labores con mi hijo.
Edward hacia que el alma me volviera al cuerpo, sin evitarlo me abalance y lo abrace tan fuerte como pude. Ángel estoy tan feliz, no me iré a ningún lado… ¿sabes? Pensé que tendría que marcharme y dejarte para siempre, pero eso jamás ocurrirá, siempre que lo desees yo estaré contigo.-Mi sonrisa no cabía en mi pecho, y para mas Edward me correspondía el abrazo, sentía anhelo y felicidad, sin contar el orgullo que me brotaba cada vez que Edward realizaba cualquier acto por voluntad propia.
Luego lleve a Edward a su habitación prometiéndole que no me iba a demorar, era increíble como con una sola mirada de preocupación te ponía de rodillas, le dije que solo iba a buscar su cena y después poder prepararlo para ir a dormir.
Pude respirar con tranquilidad nuevamente, pues aclarado el conflicto, pude sentir un gran alivio, era como haber quitado un gran peso de encima, quería relajarme aunque ¿Cómo hacerlo si sabía que no se me reprobaba por lo que sentía por Edward? Al menos sus padres…su hermano aún representaba una incógnita; pero para ser sincera; eso no me quitaba el sueño.
******************
- Duérmete, ángel. – le susurré a Edward mientras acariciaba su cabello, pero al parecer él tenía un plan completamente distinto al mío.
Estábamos tendidos bajo las sábanas y cobertores, mientras yo esperaba que se durmiera. Cosa que se nos estaba haciendo rutina. Con sus manos tocaba mi cara o jugaba con mis dedos. A su favor debo añadir que no era demasiado firme en mis indicaciones, ya que cada vez que sus dedos rozaban alguna parte de mí era como un trazo de fuego que dejaba a su paso.
En un instante en que acariciaba mis pómulos con suave torpeza se me escapó un suspiro. Si, suena cursi y ridículo; pero nadie puede negar que el amor nos impulsa a hacer cosas que a los ojos de los demás pueden resultar necias. Atrapé su mano contra mi cara y me volví de lado para enfrentarlo.
- Hoy tuve miedo, ángel. Mucho miedo de que me exigieran que me alejase de ti. De forma permanente. – vi el pesar en sus ojos y comprendí que me seguía aunque no dijese nada. Me acurruqué más cerca de su calor y dejé a su mano vagar libre por mi rostro. Me prendé de su mirada, dejando que su brillo me absorbiera.
Nuestras respiraciones eran la música de la tranquila noche, mientras que una extraña pero agradable electricidad se hacía latente entre ambos. De pronto noté que mi vista estaba fija en sus labios y que una parte de mí deseaba salvar los escasos centímetros que había entre nuestras bocas…Pero no. No era correcto. Aún era muy pronto…
Al menos eso pensé yo, pero Edward se acercó lentamente, quizás solo examinándome de cerca, pero mi resistencia estaba llegando al límite. Llegados a un punto, él abrió su boca para respirar y sus comisuras rozaron levemente las mías haciendo que un fuego se encendiera en mí, el cual me impelía a reclamar más.
Luché contra mis ganas, pero allí seguía su tembloroso roce sumado a su respiración agitadamente tentadora, y yo humanamente débil sucumbí a la tentación de probar el gusto de los labios de un ángel.
Oh…cuan dulce era.


*****
Gracias por esperarme!!!! Bien, chicas. Todas estas semanas han pasado de manera rápida, disculpen no haber publicado antes. Prometo crearles un buzón de quejas para eso…jajaja.
En fin, este capítulo no es lo que yo quería hacer, pero consideré que debía darle preponderancia al tema de la discusión, no todos los días la gente se enamora de personas autistas y se los confiesa a sus padres…Y con respecto al beso…NO ME MATEEEEEEEEN, pero es que no me pude aguantar. Para la próxima actualización sabrán que más se sintió con aquel beso.
Quiero dedicar este capítulo a alguien a quien desconozco su nombre pero que sé que ha sido vejado por su misma familia por su condición de autista. Me gustaría que todos nos uniésemos en una misma campaña para repudiar cosas de esta clase. Espero saber más sobre él…Muy pronto.

Followers

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More