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Espero que tu estancia en mi blog sea placentera, Mis Fanfics están protagonizados por personajes de Stephenie Meyer, pero las historias me pertenecen a mí. Advertenciaa: Rated: +M (+18)

Corazón De Cristal

"-Pareces un ángel ¿te lo habían dicho? Quizá lo eres y nosotros no somos capaces de comprenderlo." -Isabella Swan.

Tirano

"Un hombre que no tenía la palabra DEBILIDAD en su vocabulario...y una mujer sencilla y sensible que demostrará que hasta el más insensible y frío es capaz de caer por amor"

Anhelo Desde La Oscuridad

"Serás mía por toda la eternidad..Lo quieras o nó" -Edward Cullen.

Sin Alternativas

"Solo una mirada bastó para dar un vuelco a mi vida." -Rachel Black.

El Primer Amanacer

Te amé más allá de la razón. Te entregué todo: mi niñez, mi cuerpo y alma; incluso mi voluntad. Pero ya no más. No pienso seguir viviendo de tus migajas. Aunque te ame con todas mis fuerza; me voy para siempre.

jueves, 27 de diciembre de 2012

CORAZÓN DE CRISTAL - Vigésimo Capítulo:


Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
 “Vuelta de Página”

Bella POV: 

Las relaciones de pareja son cosas bastante complejas tanto de explicar como de llevar día con día. No puedes definirlas exactamente porque siempre habrá alguien con un punto de vista diferente al tuyo y el cual también será válido. Demandan atenciones de los lados involucrados y cuando uno de ellos no se dedica tanto como el otro entonces los problemas hacen acto de presencia.
La falta de comunicación, poca dedicación en la relación, escasez de detalles entre muchas otras razones son los motivos más frecuentes de los rompimientos. Si me preguntaban por los que yo creía a los que tendríamos que hacer frente Edward y yo, la repuesta sería simple…no lo sé y no me interesa. Dejaría que las cosas tomaran su curso, tal cual habíamos hecho hasta ahora.
Nuestra primera cita había sido…muy “normal”. Fuimos al cine y vimos Capitán América. Edward no era precisamente fan de los comics; de hecho creo que no lo era de otra cosa que no fuesen las galletas de canela de Alice y la música; el caso es que si bien no le gustó nada que yo quedase flechada con Chris Evans, le encantó la película. Y es que hay algo en los films de este tipo que casi cualquiera con cromosoma XY las ame. Aunque en realidad los fans de Marvel no salieron muy satisfecho que se diga. Por mi parte fue entretenida. Y hasta ahí termina mi emoción con ella. Pero lo que si captó mi atención fue ese six pack perfecto en el abdomen de Chris; y por supuesto que eso no hizo feliz a mi repentinamente posesivo novio.
—¿Qué te llamó la atención de ese hombre? —gruñó.
Fingí suspirar como una niña enamorada solo para molestarlo.
—Me gustaron sus ojos azules…
—¡Yo tengo los ojos azules!
—Y su abdomen fornido…
—¡Era horrible! Eso parecía una barriga hinchada y deforme.
Contuve la risa y continué:
—Y me gustó su heroísmo.
Harto de mis comentarios se adelantó resoplando cuando salíamos del cine en Port Angeles. Lo dejé hacer su pataleta unos cuantos metros más, hasta que llegó a un cruce que nos llevaría lejos de donde yo quería que fuésemos.
—¡Hey…—lo aferré por la cintura— McDonalds es hacia el lado contrario.
Me observó enfurruñado.
—¿A qué vamos a McDonalds?
—¡¿Cómo que a qué vamos, ángel? ¡A llenarnos de comida chatarra! ¿Qué sería de una noche de cine sin calorías?
Le sonreí pero él no me correspondió; así que lo apreté aún más a mi costado y echamos a andar.
—Ángel, no puedes ponerte celoso por un actor de cine. Casi todas las personas tienen un enamoramiento platónico con algún actor o cantante. Por ejemplo: yo tengo un enamoramiento con un actor británico de nombre un tanto largo, toca el piano y es un tanto desgarbado. Hay veces en que me los recuerdas pero tú eres mucho más guapo…en fin, la cosa es que aunque ame verlo en pantalla; no te cambiaría por él ni en un millón de años.
—¿Por qué si te gusta tanto? —aun seguía beligerante.
Lo encaré de forma momentánea, encerré su cara entre mis manos y lo vi fijamente cuando hablé:
—Porque solo hay una persona que me haría renunciar a lo que fuera sin titubear, porque solo unos ojos me persiguen cada vez que cierro mis párpados y son de color azul grisáceo y como si todo eso no fuera suficiente solo en un abdomen liso y algo blando es donde me fascina dormirme cada vez que hago el amor. Creo que tú eres el dueño de todo eso, ángel. Cuando te dije que te amaba no lo dije relativamente. Te amo por encima de todo y todos, y contra eso no hay británico que valga.
Él me besó en los labios con una traviesa sonrisa llena de satisfacción.
—Y porque eres mía ¿cierto?
Asentí.
—Como tú mío.
Volvimos a caminar. Acercándonos cada vez más a la escandalosa M amarilla.
—¿Yo puedo tener un amor platónico también?
—Sí, ángel. Pero no me digas quién es. Podría ser una actriz o una cantante que admire y no quiero tener deseos de arrancarle la melenacada vez que aparezca en la tv. —le guiñé un ojo.
—Porque estarías celosa…- era una aseveración no una pregunta. Edward me conocía más de lo que a veces recordaba.
—En efecto. – concluí. —Oye, ángel, apura el paso. Estoy famélica por una Big Mac y una Coca Cola.
—¿Me darías tus papas?
—¡Por supuesto que no! — dije fingiéndome firme. A pesar de que sabía que en cuanto terminara con las suyas vendría a por las mías con todo el descaro del mundo.
****
Alice y yo estábamos en la cocina de la casa de los Cullen mirando entusiasmadas como una Esme muy pagada de sí misma nos enseñaba a hacer unos brownies. Era casi bizarro imaginarse a una dama como ella tras los fogones de una cocina, pero la verdad era que después de verla por un rato no podías evitar pensar que estaba en su elemento: partía huevos con una sola mano y separaba la yema de la clara, cernía la harina y derretía el chocolate a baño de María…
—Les daré mi ingrediente secreto. —alzó una botella marrón oscura con una etiqueta negra con detalles en dorado y rojo que gritaba Havana Club. Le agregó a su preparación. —Un chorrito de ron. Amo los dulces con un sabor sutil a licor. Los hace…muy interesante.
—¿No es un ron ilegal? —le pregunté.
—Sí. A partir del dos mil doce, pero este ya tiene aquí poco más de un año.
Cuarenta y cinco minutos, y dos vasos de limonada después la señora Esme sacaba del horno dos fragantes bandejas de brownies calientes.
—Y no los pueden tocar hasta que no estén tibios. —añadió sentándose con nosotras en el islote de la cocina.
—¡No hay derecho! —se quejó Alice —Yo dejo que se coman mis galletas calientes.
—Ehhh…—la corregí —De hecho, el único que se arriesga a perder los dedos es Edward. Y él no está aquí, así que tus argumentos son inválidos.
Todas reímos.
—Me recordaste a Jasper cuando hablaste así. —sus facciones pasaron de ser dulces a cautelosas en un parpadeo—…Hablando de él…me contó algo sobre él que yo no sabía. Y que no creo que ninguno lo sepa aquí.
Tanto Esme como yo la miramos sin molestarnos en disimular nuestro interés.
—Él tiene una hija de cuatro años. —la seguimos viendo a la espera de que concluyese pues se notaba a leguas que no era lo único que tenía por decir. Su titubeo así lo indicaba.—Y sufre de Cretinismo desde hace dos.
—¡Oh! – me quedé de piedra al oír la noticia. Y Esme nos miró a ambas en busca de alguna explicación anexa que pudiese darle a entender sobre qué se trataba el término. Fui yo quién se lo explicó. —El Cretinismo es una insuficiencia de la agenesia tiroidea y esta produce una especie de enanismo. —Pero eso tiene tratamiento.
Alice asintió.
-          Y ella lo está. pero igual se ve pequeña para su edad, según me dijo él. Solo tiene cuatro y no lo parece.
Esme permanecía con la boca abierta aún y con cierta pena en los ojos.
-          No me imagino que esa criatura ha tenido que pasar a su corta edad.
Por un momento todas nos quedamos calladas mientras las notas Turning Pages de Sleeping at Last sonaban en el piano interpretado por Edward que estaba en aquel momento en su clase con Rose.
Fue entonces cuando me permití la descortesía de perderme en la corriente musical que me atraía como el canto de las sirenas a los pescadores solitarios. Y me regodeé en mi propio egoísmo cuando de manera casi automática las estrofas venían a mi mente acompañadas de recuerdos que me habían marcado desde que había conocido a mi ángel.
I’ve waited a hundred years 
But id wait a million more for you…
La imagen de Edward de espalda a mí en medio del prado de su casa vino a mi mente lentamente, como en una especie de película romántica. ¿Qué era cursi? Si, y muuucho. Pero era mi mente así que nadie me iba a recriminar nada, además…me reservaba todo el derecho de ser casi ridícula cuando se trataba de Edward…
Nothing prepared me for 
The privilege of being yours 
If I had only felt the warmth within 
Your touch
También rememoré cuando un sentimiento desmesurado de protección se apoderó de mí cuando presencié su primera crisis nerviosa. La forma en la que lo abracé por la cintura cuando estuvo calmado, sus latidos desaforados y nuestra respiración entrecortada…aún así lo que más recuerdo en ese instante es el alivio que sentí cuando lo tuve a salvo conmigo…
If I had only seen how you smile when 
You blush 
Or how you curl your lip 
When you concentrate enough 
I would have known
Sus labios y su ceño fruncidos cuando hacía alguna rabieta también fueron parte de la película que se armó mi mente. Lo vi claramente como en una escena cuando se inclinó en su cama para tomarme de la muñeca para que no me fuese. Esa fue la primera vez que me habló.
What I was living for 
What ive been living for 
Your love is my turning page 
Only the sweetest words remain
Sí, su amor fue mi vuelta de página en todos los sentidos, los mismos que Edward me complementaba. Había sido para mí un cambio de trescientos sesenta grados. Una nueva Isabella Swan se había creado a partir de mi ángel: una egoísta cuando se trataba de compartirlo, una generosa cuando él necesitaba algo de mí, una territorial cuando necesitaba mostrarle que él era mío y una adicta cuando su cuerpo y caricias estaban de por medio.
Every kiss is a cursive line 
Every touch is a redefining phrase 
I surrender who I've been 
For who you are 

Nothing makes me stronger than 
Your fragile heart 
If I had only felt how it feels to be yours 
I would have known
Momentos tensos en los que había tenido que defenderlo como una leona ante los demás también tenían cabida en ese instante, cuando recordaba cómo había atacado a Félix y a Claire por menospreciarle. Parecía que me estaba viendo desde un espejo completamente ajeno a mi persona y aún así en el que me reflejaba. Furiosa y frustrada, pero allí estaba defendiendo lo más delicado y frágil que había tenido alguna vez. El corazón de cristal inmaculado de mi ángel.
Were tethered 
To the story we must tell 
When I saw you 
Well I knew we'd tell it well 

With the whisper 
We will tame the vicious scenes 
Like a feather 
Bringing kingdoms to their knees.
Así finalizaba de divagar una mente ridículamente enamorada…pero la historia de una sencilla enfermera de pueblo que se había enamorado de su paciente apenas comenzaba a escribirse. Y sí que se podía asegurar que la guardiana estaba de rodillas frente a su ángel.
—Bella ¿Sabías que tienes rato sonriendo con cara de tonta? —Alice se había atravesado en mi campo visual con un gesto socarrón en sus facciones que me sacó de mi ensoñación al mismo tiempo que las últimas notas se iban apagando en los dedos que sabían muy bien serían los de mi Edward.
Entrecerré los ojos, fingiéndome indignada para no demostrar lo apenada que me sentía al saber que se me había notado tan claramente que no le estaba prestando la más mínima atención a mi amiga cuando ella nos confiaba a la señora Cullen y a mí una notica tan importante como era lo de la niña de Jasper y su enfermedad. Aunque para ser sinceras, Alice no se veía molesta sino por el contrario se regodeaba en mi momento de maleducado despiste.
—Edward te trae hasta las trancas ¿no? —la ironía que había en su sonrisa descarada discordaba totalmente con la ternura que sugerían sus ojos negros como la noche y como su cabello de duendecillo travieso.
—¡Eres una indiscreta! – le reñí.
Esme se limitaba a reírse por lo bajito de nuestras tonterías. Luego se levantó en dirección a la bandeja de brownies, colocó una mano por encima y al notar que estaban demasiado calientes aún se dirigió de nuevo al islote…fue entonces cuando un estruendo seco nos tensó a todas.
No pensé ni un segundo en salir corriendo en dirección al salón hasta que llegué y el corazón que me dio un vuelco desagradable.
Rosalie yacía en el suelo inconsciente, desmadejada de cualquier forma por la forma en la que quedó cuando cayó. El banco estaba en el piso volteado con el asiento en la misma orientación que el cuerpo de Rose y Edward estaba en pie mirando la escena petrificado con cara de espanto.
Me debato entre atenderlo a él o a ella pero a quién veo en peor condición es a la hermosa y pálida profesora de piano de mi ángel desmayada y sin ninguna intención de recobrarse. ¡Tamaño golpe se había dado en la cabeza!
Tomo sus signos vitales y descubro que su ritmo cardíaco está lento, su piel está fría al tacto y sus ojos están casi perdidos en sus párpados.
Esme ya había llamado a una ambulancia y Alice se había encargado de sentar a Edward en el sofá mientras yo trataba de reanimar a Rosalie de lo que parecía ser una bajada de tensión.
Me impresionó que los paramédicos llegaran en un santiamén y se dispusieran a atenderla con presteza. Mientras que ellos hacían lo suyo me acerqué a Edward que seguía tenso y sin hacer caso a Alice para que tomara un poco de agua para que se calmase aunque solo fuera un poco.
—Edward, toma el vaso que Alice te está ofreciendo bebe poco a poco.
Sus ojos me miraron desorbitados indicándome cuán asustado estaba por toda la situación que se estaba desarrollando en el salón.
—No tengo sed.
—Pero yo quiero que te la tomes, y tú necesitas hacerlo.
Frunció el ceño como cada vez que no estaba seguro de algo, pero igual me hizo caso. Tomé asiento a su lado y le tomé su mano entre las mías y noté que estaba sumamente frío.
—¿Qué le pasó a Rosalie, ángel?
Meneó la cabeza de forma frenética y volviéndose a tensar, me contestó:
—¡No lo sé! ¡No lo sé! Ella estaba sentada conmigo y…
—¡Hey! —enmarqué su cara obligándome a que me viese a mí y no a su profesora yaciendo lánguida en una estrecha camilla de emergencia. —Si hablas tan rápido y tan alterado no puedo comprenderte. Respira profundo como te he enseñado. Eso…muy bien. Ahora continuemos ¿Qué más pasó?
Se encogió de hombros y su mirada se perdió en mis vaqueros que usaba para trabajar.
—Cuando terminé de tocar Turning Pages, Rose se sostenía la cabeza con una mano. Yo no la había visto porque estaba concentrado en la música y…y luego, cuando me puse en pie para estirarme ella se cayó del banquillo. —en su tono de voz se notaba torturado. —Fue mi culpa ¿cierto? No debí levantarme del banquillo para que ella no se cayera. Pero juro que no fue mi intención.
—Edward, mírame. Mírame, por favor. ¿Por qué no me ves?
—Porque estoy avergonzado.
—¿Por qué tendrías que estarlo?
—Yo la dejé caer.
Le levanté la cara a juro y lo obligué a verme fijamente.
—Escucha con atención lo que voy a decirte. Rose no se cayó del banquillo por tu culpa. No, no me mires así. Lo que te estoy diciendo es cierto. Ella se desmayó y por eso fue a dar al piso, no porque tú no la sostuvieses, ángel.
Su rostro se tornó vacilante.
—¿En serio?
—¿Cuándo te he mentido?
—Nunca. —aseveró.
Asentí conforme.
—Bien. —volteé al escuchar el chirrido de la camilla que era arrastrada por dos hombres musculosos uniformados de azul marino. —Déjame averiguar que va a ser de Rose y vuelvo contigo ¿vale?
Fue su turno de asentir, aunque aún se le notaba preocupado.
Los paramédicos nos hicieron saber a la señora Esme, Alice y a mí que Rosalie sería llevada al Hospital Central de Forks. Como había pensado, el causante del desvanecimiento fue una hipotensión ahora necesitaban encontrar a qué se había debido aquello. Como cosa típica en su trabajo nos instaron a tranquilizarnos; aspecto en el que solamente yo les había tomado la palabra mucho antes de que me indicaran y posteriormente también; y pidieron un acompañante para ella en la ambulancia. Alice se ofreció inmediatamente y yo le prometí que la seguiríamos inmediatamente.
Me acerqué a Edward y al verlo tan nervioso le pedí a la señora Cullen que se quedara con él mientras yo iba al hospital; más él me cortó de manera tajante con un:
—No, Bella. Si tú vas, yo voy.
Y no había fuerza humana sobre la tierra que hiciera que Edward Anthony Cullen cambiara de parecer si estaba determinado a hacer algo. Así que nos dejamos de intentos fútiles y salimos como alma que lleva el diablo en el Mercedes CLK de la señora Esme que casi nunca se movía del garaje. Yo iba manejando porque ella se sentía demasiado nerviosa como para hacerlo; además de que casi no le gustaba conducir.
Probablemente, si la situación no fuese tan tensa como era esta hubiese disfrutado mucho de estar manejando semejante sedan por las carreteras boscosas de Forks.
Cuando llegamos al hospital nos vimos obligados a aparcar en un sitio lejano a la puerta de emergencias puesto que el estacionamiento estaba prácticamente abarrotado. ¿Pero cómo diablos se podían tener tanta emergencias en un pueblo como este? Si el estacionamiento parecía tener más plaza que habitantes el pueblo.
Llegamos a la sala de espera y allí encontramos a Alice tranquila sentada en una banqueta de plástico. Al vernos se puso en pie y se acercó a nosotros.
—¿Cómo está? —preguntó una casi frenética Esme.
Al asintió tranquila.
—Está bien. De camino recuperó la consciencia aunque seguía mareada. Rosalie les dijo a los paramédicos que había comido en la mañana pero que no le había sentado demasiado bien el desayuno y lo devolvió. Así que prefirió pasar unas horas antes de volver a probar alimento… —se encogió de hombros en un gesto que la hizo lucir inocente e infantil. —pero no llegó a hacerlo.
Miré el reloj de mi celular; pues nunca usaba uno de pulsera. No me gustaban; y vi que las agujas indicaban que eran las cuatro de la tarde menos diez. Probablemente había sufrido de un caso de…
—Hipoglucemia. —dijo Alice, diciendo en voz alta la palabra que tenía en mente. Ella había seguido hablando con Esme, Edward y conmigo…al parecer ese día estaba haciendo gala de mi mala educación con mi pobre amiga y lo que tuviese por decirme.
Tomamos asiento. Mientras esperamos por el médico que debía salir a ponernos al tanto de la situación en cualquier momento. Más primero llegaron Jasper y Carlisle. El primero con una cara de espanto que le hacía parecer gris en vez de blanco. El segundo se remitió a mantenerse sosegado y serio hasta que le explicamos la situación. Jasper se calmó un poco más aún así se notaba nervioso.
Las puertas de emergencias se abrieron y un doctor bajito, gordo y calvo se acercó hasta nosotros acomodándose los lentes en su nariz aguileña.
—¿Familiares de la señorita Rosalie Hale? —Jasper se puso en pie como hubiese tenido un resorte en el trasero y dejó bien claro que él era su hermano. —Bien, señor Hale, su hermana sufrió un caso de hipoglucemia, o una baja de azúcar lo  cuál le produjo el desmayo que la trajo hasta acá. Les estamos realizando las pruebas concernientes para determinar que no haya nada fuera de lo común en sus niveles de insulina y glicemia más allá de la baja. Mañana en la mañana podemos darle de alta luego de realizarle las pruebas que falten por realizarse hoy. —Jazz le agradeció sus atenciones y le estrechó la mano. El médico nos indicó el número de la habitación a la que la habían trasladado y se despidió de nosotros para luego atender a una pareja que preguntaba por su hijo el cual había ingresado por emergencia pediátrica al presentar una fiebre alta y dolor de garganta. <<Amigdalitis>> pronunció el doctor antes de pedirles un poco de paciencia y retirarse de nuevo a la sala.
Pues sí, parecía que era la tarde de los accidentes, aunque puestos a ver en el área de espera no había ni la mitad de gente que esperaba ver basados en el número de autos estacionados.
Subimos al ascensor, llegamos al segundo piso y ubicamos la habitación 215 casi al final de un pasillo. En el cuarto nos topamos con una Rosalie pálida pero sonriente.
—¡Nos has pegado un susto de muerte, señorita! —le riñó su hermano al tiempo que depositaba un beso en su frente. Y ni siquiera por eso le soltó la mano a Alice, la cual traía enganchada de la mano casi desde que había llegado. —¿Cómo es eso que dejaste de comer, Rose? Sabes que no puedes estar aguantando hambre. Sueles marearte con cierta frecuencia.
Ella le sonrió con un deje culpable en los labios…pero en su mirada había un tormento que parecía tener poco que ver con no haber almorzado. O quizá me —estaba volviendo paranoica.
—Vale…vale, pesado. Ha sido sin querer. El sándwich de pavo de esta mañana no me ha sentado muy bien en el estómago, por eso vomité. A lo mejor quedé algo débil después de eso y por eso hice hipoglucemia.
Esme se acercó a ella con esa hermosa sonrisa comprensiva a la que nos tiene habituados a todos y le estrechó la mano desde el otro lado de la cama. Edward y yo permanecíamos viendo todo en silencio desde los pies de la misma.
Rosalie nos agradeció a todos por atenderla y luego le indicó a mi ángel que se acercara. Cada uno de los demás presentes se había dirigido al típico y feo sofá de clínica que había en un rincón de la habitación. Le estrechó la mano a él y con una dulzura que casi me sobrecoge, le susurró:
—¿Te asusté mucho?
Él asintió sin titubeos.
—Sí. Pensé yo tenía la culpa de que te cayeras del sillón.
Rosalie abrió desmesuradamente sus ojos y negó de manera rotunda con la cabeza.
—Para nada, Edward. La responsabilidad de que esto ocurriese es mía y nada más, por no haber comido.
—¿Ves, ángel? —intervine —Te dije que no habías tenido nada que ver.
—¿Se asustó mucho? —esta vez se dirigió a mí.
—Algo. Ya sabes cómo es.
Asintió.
—¿Te golpeaste fuerte? —preguntó Edward, quien por cierto miraba frecuentemente a la vía intravenosa conectada al brazo de Rose.
—Sí. Se me hizo un chichón en la cabeza ¿Quieres tocarlo? —y mi ángel se acercó a ella con toda la delicadeza del mundo para sentir de primera mano lo que causaba un golpe de esa índole. Casi envidié la facilidad y la intimidad que con la que ambos se trataban, más estaba claro que a ella no la veía de la misma manera que a mí. La falta del brillo de la pasión, del deseo o de la posesividad me dejaba con una egoísta satisfacción que solo me era capaz de reconocer a mí misma. Así de mezquina era cuando se trataba de los sentimientos de él.
Y mientras que Rose le contaba a un muy curioso Edward sobre todo lo que le habían inyectado en “aquella manguerita” fue cuando Emmett hizo acto de presencia con una preocupación que era extraña en él. Entró y nos saludó a todos de manera escueta. Toda su atención estaba puesta en la rubia que aún convaleciente se veía despampanante en aquella camilla de hospital.
Más ella no se veía muy feliz de verlo. De hecho, me pareció que había palidecido un poco más. Entonces un hilo invisible tejió todos los acontecimientos en mi mente de manera rápida dejándome sin palabras. ¿Sería posible que Emmett y Rosalie…?
—¿Cómo te sientes? —le preguntó solicito. Acarició con delicadeza el antebrazo que tenía recargado en el colchón, más ella se apartó del toque casi en seguida y su expresión se volvió distante.
—Bien. Solo fue un desmayo.
Entonces fue cuando intervine. Esto dos necesitaban arreglar algo y Edward y yo solo estábamos haciendo el mal tercio.
—Ángel, acompáñame un segundo al cafetín. Necesito algo con chocolate urgentemente.
—¡Yo también! —dijo Alice oportunamente aunque era ajena a la situación. Carlisle quiso café y le pidió a Esme que lo acompañara. Así que dejamos solos a una pareja que necesitaba solucionar algo y por dentro recé que no fuese lo que yo estaba pensando.
Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.
Después de una buena ronda de moccas y capuccinos Alice, Jasper, Esme y Carlisle subieron de nuevo a la habitación de Rosalie. Edward y yo nos quedamos pues él se comía un brownie y tomaba su gingerale con toda la parsimonia del mundo. Obviamente no lo dejarían comer en el cuarto así que me quedé con él en la mesa. En mi vaso de cartón solo quedaba el fondo frío de mi moccaccino.
—Yo creo que Emmett se quedó con Rose para pedirle disculpas. —y se volvió a meter un pedazo del brownie en la boca.
Enarqué las cejas sumamente interesada en lo que tenía por decir.
—¿Por qué dices eso, ángel? ¿Por qué tendría que hacerlo?
—Porque… —otro trago de gingerale. —él se comportó como un idiota.
Abrí los ojos impactada por escucharlo hablar de esa manera de su hermano y luego no pude evitar reírme. Simplemente se me hizo imposible.
—No te burles. Mi hermano me dijo eso. —me censuró como si hubiese dicho una barbaridad. ¡Oh mierda! Podría ser verdad entonces lo que creía…
—Lo que me da risa es la novedad de escuchar esa palabra en tu boca, ángel. Nunca te has referido a nadie de esa manera y mucho menos de tu familia. Cosa que no debes hacer jamás ¿eh? Aunque con ciertos extraños puedes hacer esa excepción.
—¿Cómo quién?
—Como por ejemplo ese jodido idiota de Felix Vulturi ¿Lo recuerdas?
Sus ojos se perdieron en la mesa con una expresión triste. Una parte muy pequeña en mi interior me reprochó por no haberle sacado los ojos cuando había tenido oportunidad. Definitivamente una parte sociópata. Lo agarré de la nuca y le acaricié con el pulgar desde la base del cuello hasta el comienzo del cabello.
—El que me dijo que era un enfermo. —rechiné los labios con rabia. Sí, debí haberle arrancado algo al bastardo.
—¿Ves? Él es uno de esos extraños a los que me refiero. Es un idioooooooooota.
Me miró de soslayo con una media sonrisa.
—¿Con tantas O?
—Sí, porque es un idiota demasiado grande. Un soberano idiota. —lo acerqué a mis labios y deposité un beso casto allí. —No dejes que te afecte, ángel. Yo siempre estaré ahí para defenderte de personas así de malas y cabronas. Eh…no repitas esa palabra. Antes de que me preguntes porqué te aclaro que es muy muyyyyyy ofensiva.
—¿Y por qué la dices tú?
—Porque soy una deslenguada, ángel. En cambio tú no.
—Jmmm. ¿Felix es un cabrón? —me preguntó con la inocencia de un niño mientras se metía otro pedazo de brownie a la boca.
—Oooooooh sí. Claro que lo es, ángel. Y no te imaginas cuanto.
—pero me hago una idea. – susurró pensativo.
Traté de ahogar una carcajada pero fracasé de forma vergonzosa. Volví a besarlo pero esta vez con más intensidad y luego nos fuimos a la habitación de Rosalie.
Por dentro crucé los dedos para que alguna deidad les hiciese el favor a Emmett y a Rose para que arreglaran sus problemas, pues ambos se merecían ser felices. Y solo un reverendo ciego no se daría cuenta de lo cautivada que tenía el hermano mayor de los Cullen a la guapa profesora de piano.
Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.
—Espera un momento, Rosalie. Edward quiere hablar contigo y no me dejará en paz si no lo comunico contigo. —una melodiosa carcajada resonó desde el otro lado del teléfono. —Adiós, Rose. Recupérate pronto.
—Adiós, Bella. Gracias por llamar.
Le pasé el teléfono a Edward y este se guindó a hablar con Rose como si tuviese semanas sin saber de ella. La habían dado de alta en la maña y esperé hasta bien entrada la tarde para llamarla.
Recogí mi bolso y mi abrigo del armario de la entrada y cuando volví aún Edward hablaba por mi celular, así que pasé por la sala de estar a despedirme de la señora Esme y luego por la cocina a despedirme de Alice a quién Jasper vendría a buscar al salir del trabajo para salir.
Él se acercó hasta mí cuando me paré al final del vestíbulo y muy cerca de la puerta para esperar por mi teléfono e irme.
—No te vayas. —me suplicó.
—Hicimos un trato, ángel. Debemos respetarlo.
Apesadumbrado asintió y me acarició la mejilla con ternura.
—Duermo mejor cuando estás conmigo.
Mi corazón se ensanchó cinco tallas al oír esas palabras. Lo abracé por la cintura y le besé con ternura, demorándome en acariciar sus comisuras con las mías con lentitud.
—Ya casi es sábado, ángel. Podrías ir a mi casa. Alice y yo comenzaremos a pintarla y necesitamos manos extras. Además…—me removí descarada contra su entrepierna que comenzó a pulsar. —dejaría que pasaras el fin de semana completo conmigo ¿Qué dices?
Sonrió emocionado y asintió.
—Allí estaré. —me tomó de la mano y me haló hacia una puerta lateral. —Te acompañaré a tu camioneta.
Entramos en el inmaculado garaje de los Cullen en donde mi vieja Chevy desentonaba bastante con el ambiente. Ella era muy vieja y algo destartalada. El espacio y los coches que allí aparcaban eran de última tecnología y tendencia. Nada que ver con puertas rojas deslavadas y una que otra abolladura.
Abrí la puerta del piloto tiré mi bolso al interior y luego me giré para despedirme con un rápido beso. Más Edward me sorprendió avasallándome contra la carrocería. Su boca urgió a la mía a que le respondiera con la misma desesperación con que me besaba a mí. Y esta no corta ni perezosa salió a su encuentro con todas las ganas de darle guerra.
Una mano suya se coló bajo mi sudadera y aprisionó mi seno de manera sensual. Sentí los pezones erguirse y gemí vergonzosamente. Me arrastró hasta el asiento y contra este me aprisionó de nuevo. Subí a la camioneta dejando las piernas por fuera de manera que él pudiese quedarse en medio y sin pensar en nadie más que nosotros le desabotoné los vaqueros, le bajé la cremallera y colé mi mano por debajo de sus calzoncillos de algodón. Acaricié su erección hasta que se hinchó en todo su esplendor, y seguía acariciándole después de eso.
—¡Ah, Bella! —graznó con voz pastosa y volvió a besarme con desespero.
Dejé que él también colara su mano entre mis pantalones y ropa interior más sus caricias eran demasiado abrasivas, así que con mi mano le insté a hacerlo un poco más lento hasta que él mismo cogió el ritmo correcto y me hacía retorcerme en el asiento.
Tanteó y exploró mi sexo a su antojo e incluso se aventuró a introducirme un dedo a lo que respondí con una sexy ondulación. Me encantaba tenerlo en mi interior y en ese momento lo necesitaba furiosamente pero debía conformarme con lo que tenía. Así que lo insté a que introdujera otro dejo y moviese la mano más rápido. Edward obedeció como el chico bueno que era.
—¡Oh, mierda, ángel! —tocó ese punto glorioso que toda mujer tiene y al que no es fácil accesar y lo acarició varias veces sin ser consciente de que me estaba volviendo loca. Movió sus dedos de lugar en medio de la vorágine y dejó de presionarme allí. —Vuelve a curvar tus dedos…¡oh!
Un buen alumno. Edward era un excelente alumno.
La ola de placer fue arrasando lentamente por mi vientre, revolucionando cada órgano que tenía por dentro hasta que por fin el ramalazo de placer sacudió mi interior desde aquel núcleo exquisito que es el punto G.
Cuando terminé de correrme me di cuenta de que aún tenía su miembro en mi mano y volví a masturbarle con fuerza.
Edward desencajó la mandíbula y echó las caderas hacia adelante cada vez más rápido. Hasta que una exquisita y cremosa humedad me bañó los dedos y hasta salpicó mis jeans. Recargó su cabeza en mi pecho mientras ambos respirábamos como si hubiésemos corrido una maratón. Sonreí y acaricié ese cabello castaño dorado y luego lo separé para buscar en mi guantera una toallita húmeda. Respingó cuando sintió lo fría de esta pero se dejó limpiar.
Besé sus labios rápidamente y luego subí en la camioneta después de presionar un botón rojo en la pared que abrió la compuerta eléctrica.
—Eso es una pequeña muestra de lo que te espera el sábado en mi casa, ángel. —le guiñé un ojo y salí del garaje y posteriormente de la casa de los Cullen rogando al cielo que no hubiese cámaras allí.
Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.
Rosalie POV:
Yo esperaba este momento desde hacía mucho tiempo, y durante años pensé que en el momento en que me enterase de ello no habría nada que pudiese eclipsar esa dicha.
Pero en aquel comento la palabra POSITIVO seme antojaba más como una tragedia más que como una bendición. Estaba embarazada. Sola. Y de paso enamorada hasta las trancas de un hombre que lo estaba de otra mujer, la cual por cierto lo está de su talentoso hermano el cual es autista. Sonrío con sorna a mí misma.
¿Acaso no somos un cuadro de telenovela?
El timbre suena y yo escondo la insignificante hoja de papel que hoy me ha cambiado la vida de manera irremediable entre el pliegue del sofá entre el asiento y el espaldar. Corro hacia la puerta y veo por la mirilla. Mi corazón traidor se revoluciona al verlo en el umbral de mi puerta con expresión tensa.
Nunca lo había visto entrar a mi casa con tranquilidad, siempre había algo que le preocupaba y esta vez me lamenté por ser yo quien lo inquietara.
—Rose, sé que estás allí. Por favor abre.
Giré el pomo y dejé que Emmett pasara a mi casa. Cerré la puerta y me recosté de ella.
—Estoy bien ¿Qué quieres? —le espeté.
Se tensó con incomodidad y se acercó un paso hacia donde yo estaba.
—Quiero que me digas lo que te dijeron los exámenes médicos, Rosalie. Necesito saber si… —Claro. De eso se trataba. Por eso estaba allí.
Se aflojó la corbata y esperó en silencio.
—¡Mírate, Emmett Cullen! Casi tiemblas a la espera de una respuesta, pero tranquilo. No necesito tu maldita manutención así que te puedes largar tranquilamente.
Abrió sus ojos sus ojos hasta tal punto que temí que se le salieran de las cuencas. El temor que se coló en ellos desboronó lo poco que quedaba intacto de mi corazón y amor propio, y cobarde como me sentía en ese momento, huí hasta la cocina en busca de un vaso con agua que justificara la evasión. Cuando dejé que el agua fría bajara por mi garganta calmando unas náuseas que comenzaban a hacerse en mi estómago y garganta estas se calmaron. Escuché sus pasos entrar hasta la cocina.
—Estás esperando un hijo mío. —no era una pregunta más aún así asentí antes de voltearme a encararlo con mi mejor máscara de frialdad. Él no podía enterarse de que por dentro todo esto me estaba matando.
—Sí, Emmett Cullen. Y si vienes a decirme que lo aborte te puedes ir a paseo. Tendré a mi hijo. Lo quieras o no. —me sorprendí a mí misma al darme cuenta que no era una simple aseveración. Defendería ese pequeño bultito; ahora impalpable; en mi vientre con garras y dientes. —Y como te dije, no necesito tu manutención. Así que despreocúpate, no te exigiré que lo reconozcas.
Emmett respingó como si le hubiese dado una bofetada y entrecerró los ojos furibundos. ¡OH MIERDA!
—¡¿Pero quién coños crees que soy, Rosalie Hale?! No el maldito cabrón que te has figurado que soy. Tampoco un príncipe, pero definitivamente no soy la basura que piensas.
Me recubrí con toda mi soberbia y le contesté:
—No creo en cuentos de hadas ni en príncipes, Emmett. Pero si lo hiciera, estoy segura que tu serías ahora mismo el villano de mi historia. —casi en el mismo instante en el que dije eso me arrepentí.
Me vio con una decepción abismal y entonces comprendí que le había hecho daño. Mucho daño. Eso a cualquier hombre le hubiese bastado para irse y más nunca regresar. Pero no a él, por supuesto.
Rodeó el islote de la cocina y me arrinconó entre este y su cuerpo. Su expresión era el de un depredador. Calculador y frío.
—Te permito que ahora digas lo que quieras porque estás sobrepasada por todo lo que ha pasado en estos días, Rosalie. Pero vas muy mal si crees que dejaré que mi hijo ande por allí como si no tuviese padre. Yo también tengo algo que decirte:Si crees que me vas a alejar de mi bebé porque ahora me odias, vas lista. Yo no planeaba tenerlo ahora. De hecho, no lo había planeado en absoluto pero no habrá una maldita fuerza sobre este planeta que me aleje de este niño a partir de ahora. —colocó su mano en mi vientre y luego caminó rabioso hacia la puerta.
—¡Yo nunca dije que haría algo así! —repliqué a falta de algo mejor que decirle.
Se giró solo lo suficiente para que viese su expresión impasible.
—Y más te vale que no lo intentes, Rosalie. No sabes lo obstinado que puedo ser cuando algo me importa.
Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.
Primero que nada: ¡Feliz Navidad, Chicas-Monstruas-Terroristas y lectoras nuevas! Espero que hayan pasado estas fiestas en compañía de sus seres queridos y que hayan recibido muchas cosas buenas.
Yo lamentablemente, perdí a un ser querido en vísperas de navidad más estoy tranquila porque sé que esa persona está en un lugar mucho mejor que en el que yo lo estoy. Para todas las que han pasado por algo así en estos días, las acompaño en sus sentimientos. Y esta no es mi primera si no la segunda vez que paso por algo así en estas fechas…en fin…dejemos de hablar de cosas tristes…
Gracias por acompañar al ángel durante estos dos años y tanto que ha durado Corazón de Cristal. Agradezco desde lo más profundo todas esas palabras de aliento que me han brindado desde mis comienzos y me siento feliz de poder desearles un feliz año nuevo por tercera vez…
Les agradezco encarecidamente que me acompañen en esta travesía que tiene momentos dulces y amargos…
Se les quiere…
*Marie K. Matthew*






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