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Espero que tu estancia en mi blog sea placentera, Mis Fanfics están protagonizados por personajes de Stephenie Meyer, pero las historias me pertenecen a mí. Advertenciaa: Rated: +M (+18)

Corazón De Cristal

"-Pareces un ángel ¿te lo habían dicho? Quizá lo eres y nosotros no somos capaces de comprenderlo." -Isabella Swan.

Tirano

"Un hombre que no tenía la palabra DEBILIDAD en su vocabulario...y una mujer sencilla y sensible que demostrará que hasta el más insensible y frío es capaz de caer por amor"

Anhelo Desde La Oscuridad

"Serás mía por toda la eternidad..Lo quieras o nó" -Edward Cullen.

Sin Alternativas

"Solo una mirada bastó para dar un vuelco a mi vida." -Rachel Black.

miércoles, 23 de enero de 2013

CORAZÓN DE CRISTAL - Vigésimo Primer Capítulo:


Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
“Desafíos”

Emmett POV:
¡Viernes de mierda! ¡día de mierda!
No había logrado concentrarme ni en un cincuenta por ciento frente a las litigaciones que tenía en mis narices. Nada que no fuesen las palabras “Rosalie” y “Padre” podían llamar mi atención lo suficiente. Es que ¿Qué clase de padre podría resultar ser para una criatura inocente? Era especialista en disputas legales y llevando la perfecta vida de un playboy…bueno…no tenía una puta idea pero…ya no había vuelta atrás. Rose estaba embarazada de “mi” bebé y no dejaría que ella recorriera ese camino sola. Aunque ella se empeñase en ello con toda esa tenacidad que le pertenecía.
—Y más te vale que no lo intentes, Rosalie. No sabes lo obstinado que puedo ser cuando algo me importa.
Las palabras que le había dicho más temprano en su casa no dejaban de resonarme en la cabeza una y otra vez.
Ella era terca. Yo era terco. Menuda combinación de padres seríamos. Pobre bebé.
Hacia el final de la tarde le dije a Lauren que cancelara el resto de mis compromisos. Necesitaba escapar con urgencia de esas cuatro paredes blanquísimas que comenzaban a hacerme sentir claustrofóbico.
—¿Te sientes mal, Emmett? —me preguntó solícita cuando le dije que me iría temprano de la oficina ese viernes.
—Tanto como mal, no. Pero necesito centrarme y hoy no lo he podido hacer aquí. Llama a la señora Spencer y dile que nuestra reunión sobre la manutención será aplazada para el lunes.
—El lunes tienes el día repleto en tu agenda. Tienes la primera presentación en el tribunal por el caso Green, luego un almuerzo con el fiscal de Portland: el doctor Jameson y finalmente dos reuniones con nuevos clientes. No hay forma de acomodarla a ella ese día.
Lauren era tan eficiente que a veces se me parecía más a una máquina organizadora o un calendario de actividades parlante en vez de una asistente personal.
Asentí extenuado de nada más escuchar la agenda.
—Entonces consíguele puesto lo más cercano posible.
Tecleó en la computadora y me miró por encima de sus gafas.
—El martes hacia el final de la tarde…
—Bien. Que sea el martes. —la corté y me dirigí a la puerta.
Sé que la había dejado confundida pero no tenía más ganas de conversar.
—Emmett ¿Ocurre algo grave? —su voz sonaba sinceramente preocupada.
Me giré y la encaré para tranquilizarla lo máximo posible. Al fin y al cabo, se lo merecía. Era demasiado eficiente y considerada como para dejarle pensando que podía haber cometido algún error que pondría su trabajo en peligro o algo por el estilo.
—Es algo importante, Lauren. Algo que yo no esperaba… —y me sorprendí a mí mismo cuando mi voz se dulcificó. —pero no puedo decir que es algo “grave”. Eso sería tildarlo de algo malo.
No le di chance para que se hiciera más conjeturas, así que solo me despedí y cerré la puerta antes de que cualquier pregunta saliera de su boca.
Manejé hasta mi casa con prisa y cuando llegué a esta, traté de no encontrarme con nadie. Me encerré en mi habitación, dejé el maletín al lado de la puerta, me deshice de la corbata en dos tirones y la tiré a quién-coño-sabe-donde. Sentí el impacto del colchón mi espalda cuando me dejé caer como un tablón en la cama y me coloqué un brazo sobre los ojos.
El sonido de mi respiración me estaba comenzando a parecer demasiado insoportable como para concentrarme en esta y relajarme. ¿A quién engañaba? No me podría relajar hasta que no supiese en qué iba a parar mi situación con Rosalie. Todo era demasiado tirante entre ambos y sabía que eso no podía ser bueno ni para ella ni para el-la-bebé. ¿Qué sería? ¿Si era una pequeña…? ¡Basta!
Mi cerebro no paraba de vomitar situaciones para agobiarme con el espectro del futuro al que no sabía si podría enfrentar. Sabía que lo haría, lo que en realidad ignoraba era si saldría victorioso de ello.
Entonces mi subconsciente comenzó a reprocharme sin parar: ¿Ves lo que pasa cuando no usas la cabeza? ¿Valió la pena haber pasado un segundo de placer con Rosalie cuando el resultado era tan desastroso?
—¡Claro que lo valió! —gruñí en voz baja. Luego me quedé estupefacto ante mi reacción tan visceral. Pero lo más abrumador es que era cierto.
Sí, todo había ocurrido de una manera errónea; pero muy contrario a lo que pensé en aquella noche en que pasó todo; Rosalie había hecho que me sintiera como si le importara a alguien. Como si fuese único. Aunque después me había dado a la tarea de destrozar todo a puñetazos incluido su corazón en el proceso. La verdad es que cuando estaba con ella me sentía en paz mientras que con Bella siempre había en mi interior una guerra de sentimientos: el deseo de tenerla para mí, el remordimiento al saber que Edward la amaba más allá de lo racional, la envidia porque Isabella prefería a mi hermano menor antes que a mí…en fin. Con ella nunca había podido sentir realmente sosiego.
Entonces unos débiles golpes resonaron en mi puerta interrumpiendo mi hilo de pensamientos. Esme asomó su cabeza y me miró con preocupación maternal.
—¿Pasa algo malo, cariño?
Negué con la cabeza.
—¿Entonces por qué has llegado directo a tu habitación, sin tan siquiera avisarnos que estabas en casa? ¿Te sientes mal?
—No, mamá. Solo fue un día difícil.
Se paró en el umbral respetando mi espacio personal. No la había invitado a pasar.
—¿Quieres hablar de eso…?
Ni siquiera la dejé terminar.
—No. Solo necesito pensar.
Su mirada se volvió triste más sus labios se esforzaron en hacer aparecer una sonrisa tranquilizadora en ellos. Cuando hubo cerrado la puerta tras de sí, me sentí fatal. Últimamente me estaba haciendo un especialista en hacer sentir mal a las mujeres. ¿Me estaba volviendo un bullyn emocional? No era de manera intencional pero dudaba que eso fuese una justificación.
Cansado de tanta diatriba mental decidí darme una ducha para despejarme, más el agua y el shampoo no limpian rastros de preocupación. Solo de suciedad y un poco de cansancio pero más nada. Aún bajo la alcachofa de mi baño no podía dejar de pensar sobre lo que estaba pasando y para completar el puzle mental que tenía en ese momento me vio la imagen de Esme tristona.
No pude evitar compara esa expresión cuando de adolescente me metía en problemas en la escuela por el simple placer de hacerme notar. No es algo fácil cuando se tiene un hermano autista que demanda tanta atención y cuidados de parte tanto de padres como de médicos y hasta enfermeras. Varios años de psicoterapeutas después entendí que mi comportamiento era debido a mi necesidad ávida de atención.
Finalmente y después de todas las reprimendas de mis padres, de los profesores y de las orientaciones del psicólogo de la preparatoria; conseguí corregir mi camino y hacerme con una carrera. El prestigio que envuelve a un abogado Cullen; mucho de este heredado gracias a la trayectoria de Carlisle; suele atraer tanto dinero como mujeres. Pero a diferencia de mi padre yo no me resistí a los encantos de ninguno de los dos. Así que mi vida fluctuaba entre trabajar como un burro, parrandear como un universitario en vacaciones de primavera y follar como una máquina. Pura necesidad de desfogue, nada de sentimientos de por medio.
La vida en Portland había sido bastante buena conmigo. Pero después de un tiempo, ese placer vacío que durante años me sedujo con bastante éxito, se me tornó aburrido. Así que volví a casa solo con lo necesario. Un poco de ropa y mi inseparable laptop. En Portland seguían esperando por mí varios trajes de diseñadores, un apartamento de soltero espectacular y una colección de numerosos revolcones entre las sábanas de mi inmensa cama. Antes me aterraba volver a esa rutina vacía. Ahora simplemente me parecía que estaba a años luz de poder volverme un adultolescente como lo había sido allá.
Iba a ser padre.
Mi vida había dado un giro de 360° y no estaba seguro de que todo fuese a estar bien. Ni siquiera estaba seguro de si iba a ser capaz de ser un buen padre alguna vez.
 Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.

Me levanté sobresaltado por otros golpes en mi habitación. Carlisle estaba colocando una charola con comida en una de las mesitas de noche que flanqueaban mi cama. Tomó asiento al lado mío sin esperar ni pedir mi consentimiento. Era tan diferente a Esme…
—Como esto de no bajar a comer se te está haciendo un hábito, pensé en traerte la comida. Las soluciones a los problemas son más lógicas con el estómago lleno. —meneé la cabeza y hasta sonreí un poco.
Una deliciosa y humeante pechuga de pollo asada acompañada de ensalada fresca hacían retorcerse a mis tripas. Tenía hambre. Mucha.
—¿Según quien? —pregunté agarrando la charola, trozando un pedazo de pollo y metiéndomelo a la boca. ¡Bendita sea Alice y sus manos!
—Según yo. —bromeó.
—Me figuré que dirías eso.
Devoré la comida más que comí. El zumo de naranja me lo bebí en unos cuantos sorbos y durante lo que duró la comida Carlisle miró a mi alrededor esperando que rompiera mi silencio. Sabía que no se iría hasta que no rompiese mi mutismo. De alguien había heredado la terquedad y ahora sabía de quién.
—¿Sabes? Hoy fue un día terriblemente largo. Solo deseaba venirme a mi casa y descansar, por lo cual te pido que hables antes de medianoche. En serio necesito dormir. —me dijo él como si estuviese dando la hora.
—¿Qué quieres que te diga? —mi tono era mordaz.
—¿Qué pasó con Rosalie? Parece que ella es la única capaz de ponerte en este estado.
—¿Cuál estado?
—Taciturno, malhumorado, distante…¿Quieres que siga? —su mirada me sugería que tenía más apelativos bajo la manga.
Meneé la cabeza desesperado.
—No sé cómo lidiar con esto. Así que prefiero guardármelo hasta que encuentre una solución.
Se inclinó hasta que sus codos se posaron en sus rodillas y me vio a los ojos con toda esa sabiduría paternal que Carlisle poseía.
—Si no sabes cómo lidiar con lo que estás pasando es difícil que puedas conseguirle una solución, como dices querer hacer antes de hablar. Quizás si me dices lo que te preocupa entre los dos podamos buscarle una solución a tu problema. —la solemnidad de las palabras que me dijo a continuación me dejaron boquiabierto. —La paternidad concede cierto grado de sabiduría a través tanto de los años como de las experiencias vividas. Las buenas y malas. Ambas enseñan por igual solo que con diferentes cuotas de dolor.
Me repasé el cabello corto de delante atrás con brusquedad en una clara muestra de exasperación. Tenía ante la posibilidad de hablar…pero de repente me sentía como un adolescente que le diría a su viejo que acababa de meter la pata.
—Rosalie y yo…ella es… —susurré con voz temblorosa mientras me veía los dedos de la mano. No era capaz de mirarlo a los ojos. —Rose está embarazada. —mi padre respingó. No lo había visto pero sí lo había sentido en la cama. —De mí.
Y entonces…para mi propia vergüenza personal, hice algo que no hacía desde hacía demasiado tiempo…lloré con tanta desesperación que podía escuchar mis penosos jadeos como si fuese un niño de seis años.
Carlisle me dejó desahogarme todo lo que quise sin decir ni una palabra.
—¡¿Qué clase de padre voy a hacer?! Cuando mi hijo me pregunte acerca de cómo vino al mundo ¿debo decirle que por despecho? ¿Qué estaba enamorado de una mujer? La cual por cierto no me correspondía porque casualmente ¡Era la mujer de su tío! Si su madre me detesta…¿Cómo sé que no me odiará mi propio hijo?
Muuuuuchos respiro después levanté mis ojos hacia mi padre que me miraba impávido a pesar de lo que le había confesado.
Contrario a todo lo que creí posible que hiciera, Carlisle me haló de un hombro y me estrechó con fuerza entre sus brazos; como si fuese un niño pequeño que necesitara protección. De repente me encontré pensando que medía un metro con veinte en vez de un metro ochenta y cinco.
Pasado un momento se apartó de mí lo suficiente para poder mirarme directamente a los ojos y decirme con seguridad:
—Nadie conoce el futuro, hijo. Y la paternidad no es una de esas cosas que sea fácil de llevar ni aunque te leas todos los libros del mundo sobre el tema. Los niños no vienen con manuales que te indiquen como debes tratarles, alimentarles y cuidarles; eso debes de aprenderlo sobre la marcha. Es como toda experiencia en la vida. Ensayo y error. —apretó una de mis muñecas con fuerza. —Lo más importante es que no eludas tu responsabilidad como padre aunque se te presenten situaciones que sientes que te superan. Eso te dirá la clase de padre que eres.
—¿Por qué me miras así? —le cuestioné confundido.
—¿Cómo te veo, Emmett?
—Como si no te hubiese decepcionado?
—Porque no lo has hecho, hijo. —respondió seguro y antes de que pudiese preguntarle otra cosa me respondió: —En ningún momento me has dicho que le pedirás que aborte o que lo abandone. Que no lo reconocerás o que te niegas a responsabilizarte del bebé.
—Yo no haría eso. —le aseveré.
Asintió sonriendo.
—Lo sé. Por eso no tengo nada porqué decepcionarme de ti. Quizás ahora no es el mejor de los momentos, pero a veces las cosas pasan por una razón. Y en tu caso me parece que pasara ahora tiene mucho sentido.
Su comentario me pareció me pareció enigmático.
—¿Ah sí? ¿Y por qué?
Su reacción fue del tipo ¿en-serio-no-sabes-de-qué-te-estoy-hablando? Luego se encogió de hombros y me sonrió malicioso.
—Pensé que lo sabrías. O al menos lo habrías supuesto. —me dijo Carlisle.
—No, papá. No sé por qué lo dices.
—Entonces dejaré que lo averigües solo. —puso una mano al lado de su boca como si me dijera un secreto y habló en susurro como si alguien pudiese oírnos. —Suele causar más impacto cuando ocurre de esa manera.
¡Arg! ¡Que frustrante!
—Por cierto, hijo. Tu madre se ve bastante afligida. No me dijo que era por ti, pero la preocupación de ella en su voz cuando pregunté si bajarías a cenar me dejó claro que si lo era. Comprendo que este es un tema delicado y que lo debes manejar como te parezca mejor, pero creo que tu madre se siente dejada de lado. Habla con ella. —no fue una petición. Fue una orden.
Conocía lo suficiente a mi padre como para pensar que le mencionaría a la primera oportunidad algo de mi conversación a Esme, pero también lo conocía bastante como para creer que pasaría por debajo de la mesa algo que afectase a mi madre. La amaba y la protegía demasiado. Siempre había sido así.
—Hablaré con ella, papá. Te lo prometo. —aseguré.
Asintió complacido.
—Gracias, hijo. —insistió en tomar la charola pero no le dejé. Así que me vi forzado a salir de mi cuarto e ir a la cocina. Allí estaba Alice toda sonriente y envolviéndose en una mullida chaqueta porque ya casi era hora de irse. Antes de que poder ofrecerme a llevarla hasta su casa, me comentó que Jasper vendría a buscarla; así que me tragué mi oferta.
Luego recordé que Jasper era hermano de Rose ¿qué debía hacer? ¿Le diría de una buena vez? ¿Rosalie ya le habría dado la noticia? Más en un momento de celestial iluminación me vino a la mente una respuesta: debería preguntarle a ella. No podía inmiscuirme con su familia sin su autorización. Eso podría empeorar nuestra situación así que preferí no hacerlo.
Pasé por el salón de estar y vi a Edward repantigado en el sofá viendo  televisión. Tenía el volumen un poco alto y estaba boquiabierto. Miré hacia la pantalla y vi al Capitán Barbosa preguntándole a la señorita Elizabeth Swan si creía en fantasmas. Piratas del Caribe: La maldición del Perla Negra. Por su expresión y su ensimismamiento me di cuenta que de allí no lo levantaría ni Dios.
Aún así hice la prueba por mera curiosidad.
—Hola, Edward. —yyyyyyyyyyyyyyyyyyyy un pino hubiese sido más demostrativo de afecto. Levantó la mano en un gesto ausente y la sacudió en un intento de saludo.
Meneé la cabeza y crucé el espacio hasta llegar al patio buscando a…sí, allí estaba. Esme estaba sentada en un moderno mueble de mimbre teñido en marrón oscuro con un libro entre las manos  la expresión pensativa y triste. Al menos no lloraba. No sabía cómo lidiar con una mujer llorando, ¡yen mi oficina he visto muchas!, mucho menos con ella. ¡Demonios no sabía ni cómo actuar con las mías! Admiraba a Carlisle por saber llevar todo eso con tanto temple.
Toqué el vidrio del la puerta para alertarla de mi presencia. Ella volteó y se sorprendió de que fuese yo. Bueh…hoy parecía un buen día para sorprenderse.
—¿Interrumpo?
Ella meneó su cabeza de lado a lado y su exquisito cabello color caramelo se batió a la par de la brisa que pasó.
—¿Qué lees, mamá? —pregunté a falta de saber cómo comenzar la conversación.
—La saga Virgin River de Robyn Carr.
Como so sabía de quién coño me hablaba me limité a asentir y responderle con cara de idiota: —Ahhhhhhhh. Vale. —me toqueteé el cabello —Creo que no es muy interesante, pues estabas mirando al vacío.
Sonrió algo triste y me quise patear el culo a mí mismo en ese momento.
—Es muy bueno, pero me distraje un momento pensando.
—¿En qué pensabas? Pues te veías triste.
Abrió sus ojos desmesuradamente y luego volteó sonrojada hacia cualquier lado.
—Eh…pensaba en…
—¿En mí? —le interrumpí. Ella me miró y su sonrojo se acentuó, más no me contestó así que continué —¿En lo idiota que fui temprano?
Me acarició la mejilla mientras me miraba horrorizada.
—Yo nunca pensaría así de ninguno de mis hijos. Jamás.
—Cuando escuches lo que tengo que decirte quizá y cambies de opinión. —agregué con una sonrisa temerosa.
Giró su cabeza hacia un lado y frunció el ceño en un gesto de confusión.
—¿De qué hablas?
Tomé un laaaaaaaaaaaargo respiro y lo solté.
—Que lo que le pasa a Rose está estrechamente relacionado conmigo. —sacudió su cabeza aún más confundida que antes. —Vas a ser abuela. Ella está esperando un hijo mío.
Si, bueno…otra sorprendida más.
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Bella POV:
—¡Alice, llegó la pizza! —grité desde la puerta de la casa.
—¿Puedes pagarle tú, Bella? ¡Luego te doy el resto porque estoy llena de pintura hasta en los dientes!
—¡No! ¡Esta la pagas tú!
La pobre criatura bajó por las escaleras con todas las manos llenas de pintura rosa y unos salpicones en su cara de duende. Bajaba con cara de confusión pues yo nunca le había dicho nada así…y se le quitó justo cuando vio a Jasper en el umbral cargado con dos cajas inmensas de pizza. Sus ojos azabaches se iluminaron y corrió hasta él para besarle en los labios con ternura.
—Sí. Yo le pago a este chico la pizza. —dijo encantada.
Me encogí de hombros.
—Por eso te hice bajar. Si se la pagaba yo sería una deslealtad. —me carcajeé cuando ella me sacó la lengua en un gesto infantil.
Fui hasta el auto para sacar las botellas de coca cola y el sixpack de cerveza Corona que Jazz me había dicho que había comprado.
—¿Y cómo van, chicas? —preguntó el novio de mi amiga recargado en una de las encimeras de la cocina. Alice suspiró bruscamente y yo puse los ojos en blanco. —¿Tan mal?
Opté por responderle yo.
—Velo de esta manera y saca cuentas: Alice tiene más pintura en sus manos que el las paredes de su cuarto y yo solo he pintado una pared la cual quedó horriblemente veteada. Parece como si hubiese humedad en el cuarto.
Se carcajeó exquisitamente y se cruzó de brazos.
—O sea que esto de la pintura y el bricolaje no es lo suyo.
—No. —respondimos al unísono Alice y yo.
—Vaaaaaaaaaaaaaaya. —se impulsó hacia la mesa, en donde estaba la comida. —Pues son afortunadas por tenerme, pero primero comeremos.
En ese momento sonó la puerta y le dije que se adelantaran.
Debía ser mi ángel. No era como si esperaba que me ayudara demasiado pintando pero sí que quería pasar el fin de semana completo con él.
Abrí la puerta y me quedé boquiabierta.
¡Ahí estaba Paul! Cargado con unos rodillos y algo parecido a unas esponjas. Todo metido dentro de un balde de plástico en el que también había un pequeño frasco del que ignoraba completamente su contenido.
—¡Hola, Bella! —me saludó animadamente.
—Hola, Pa..Paul. ¿Qué haces aquí?
Su deslumbrante sonrisa contrastaba con su brillante piel bronceada. Típica de un quileutte.
—Cuando hablamos por teléfono esta mañana me dijiste que estarías pintando, así que pensé en pasar y echarte una mano. —un tenue rubor cubrió de rosa sus mejillas haciéndolo parecer más un niño avergonzado que un chico de casi dos metros de altura. —Ya sabes…tú me diste esos libros sin aceptar ni un centavo y…
—¡Oye, yo no —quiero que me los pagues!
Encogió uno de sus hombros y sonrió tímido.
—Lo sé. Pero quería hacer algo por ti. Y… —¡Ay Dios! ¿Ahora qué? —yyyy pedirte un consejo. Si no es demasiada molestia.
Lo dejé pasar pero no tenía ningún sitio en donde ofrecerle asiento pues tenía mi diminuta sala repleta de camas desarmadas, colchones, mesas de noches, cómodas, lámparas, etc.
—¿Un consejo sobre qué? —me recargué contra el colchón de la cama de Alice. Él se paró en frente de mí con expresión dudosa. —Dime, Paul. Puedes confiar en mí. ¿Tienes problemas con la carrera de enfermería? —se apresuró a negarlo —¿Entonces?
Su expresión se volvió una extraña mezcla de confusión y tristeza.
—Ella volvió, Bella. Rachel. Mi ex-novia volvió.
Vaaaaaaaaaaaya.
—Oh, Paul. ¿Quieres pasar y comer algo? —meneó la cabeza.
—Ya comí antes de venir.
—Bueno, igual acompáñame a la cocina porque yo no he almorzado.
Asintió y pasamos a la cocina. Presenté a Jasper, y noté como se relajó cuando después de unos minutos notó que Paul no miraba a Alice en lo absoluto. ¡Hombres! Lo cavernícola les viene en el ADN. Mi amiga por su lado fue un poco reacia a aceptarlo al principio, pero como su novio, pasados unos minutos se relajó y pareció no darle importancia a la presencia de Paul. O quizá su alivio se debió a que se dio cuenta de que hablábamos sin cesar sobre la ex de mi amigo. Edward tenía a una defensora leal en ella.
Y hablando de Edward…
Mi ángel se apareció en el umbral de mi casa acompañado por Esme. Saludé a ambos con un beso…solo que en sitios y con efusividades distintas.
Esme nunca había estado en mi casa y me avergonzó que tuviese que verla cuando estaba patas arriba. Más a ella no pareció importarle en lo absoluto. Mi ángel por su parte…no se encontraba naaaaaaaada feliz al haber encontrado a Paul en la mesa de la cocina. No me soltaba la mano para nada y tenía el ceño fruncido. Lo miraba de reojo y trataba de no reír al verlo tan enfurruñado y territorial conmigo. Carlisle no tardó en unírseles, luego de aparcar el auto y traernos una exquisita cheesecake con fresas que habían comprado en alguna panadería del pueblo cuando venían de camino.
Maduro y rubísimo padre de mi novio me dijo que iría a almorzar con Esme y que harían unas compras, por lo cual no se quedaron demasiado en casa. Les ofrecí algo de beber pero lo rechazaron y posteriormente se fueron.
El teléfono de Alice sonó en su pantalón y ella salió de la cocina para hablar con comodidad. Nos quedamos Jasper, Paul, mi ángel y yo.
—¿Quieres pizza, ángel?
—Si. —seguía enojado.
Entonces pensé una pequeña estrategia para quitarle esa animadversión que sentía por mi pobre amigo Paul que en nada se merecía ser el blanco de los celos de Edward.
—Paul, creo que ya conocías a Edward Cullen. Mi novio.
Le sonrió cálido y le tendió una mano.
—Paul, hermano.
Mi ángel le estrechó la mano pero lo miró con el ceño aun más fruncido, esta vez por la confusión.
—Edward, y yo no soy tu hermano.
Traté de ahogar una risita tonta tras ver la cara descolocada de Paul por la respuesta de mi ángel. Así que procedí a explicarle.
—Edward, es un autista de alto rendimiento. —lo vio sorprendido. —O lo que muchos llamarían un ASPI. Depende del enfoque y del médico.
Entonces comprendió todo y se relajó en su silla. La incomodidad que pareció sentir por la presencia de Edward se disolvió en ese instante y me agradó ver que en ningún momento lo examinó como si fuese un bicho raro o le tuviese lástima. Se notaba que tenía muchas dudas pero lo admiré aún más por callárselas y limitarse a vernos interactuar.
Acaricié la mano de Edward con cariño y coloqué un plato delante de él y unos cubiertos mientras le explicaba la presencia de Paul allí. Pasaríamos muchas horas juntos así que no me convenía tener a un novio malgeniado pululando por la casa.
—Ángel, Paul es un amigo al que le regalé unos cuantos libros de enfermería. ¿Lo recuerdas?
—Sí. —ni más ni menos. No estaba de ánimos para mucho. Contuve la risa y continué.
—Bien. Pues él quiso venir a ayudarme a pintar la casa en agradecimiento por haberle dado los libros. —miré hacia Paul— cosa que no hace falta, pero es un bonito detalle. Además vino a pedirme ayuda para un problema que tiene. Solo eso.
Entonces Edward giró su cara hacia el otro lado de la mesa con preocupación.
—¿También estás enfermo y vienes para que Bella te ayude? —preguntó con inocencia.
Mi inesperada visita le sonrió con comprensión y algo de diversión en sus ojos.
—No, Edward. Vine a pedirle un consejo con un problema personal que tengo. La chica que amo volvió a mi pueblo y…es algo muy complicado.
—¿Es tu novia?
—Solía serlo. Pero rompimos.
—¿Por qué? ¿No te quería?
Y así, de una manera bizarra y algo desdichada, al menos para Paul, comenzó una extraña amistad. Edward se había metido a Paul en un bolsillo con sus preguntas llenas de una curiosidad casi infantil y el otro se ganó a Edward respondiendo a sus dudas con suma paciencia. Además de que le contó sobre todos los atractivos de La Push. Mi ángel se revolvía inquieto en la silla mientras picoteaba un pedazo de pizza mientras Paul se explayaba exaltando los encantos de su reserva, las leyendas de sus ancestros y lo divertido de lanzarse desde los acantilados.
Jasper que los escuchaba entretenidos conmigo se me acercó un poco y me susurró al oído: —Han creado un monstruo. Y este no te dejará en paz hasta que no lo lleves a la reserva para que constate todo con su propia vista.
Puse los ojos en blanco y mordí un pedazo de mi pizza.
—Lo sé. —respondí con la boca algo llena imaginándome lo difícil que sería entretenerlo en nuestras futuras citas en un pueblo tan aburrido como Forks.

 Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
Hay algo que los científicos nunca nos han explicado a las mujeres ¿Por qué los hombres cuando se trata de labores de reconstrucción-remodelación y afines en una casa son tan buenos? ¿Por qué ese talento nato que tienen se deriva en soberbia? ¿Y por qué no tienen suficiente paciencia con nosotras cuando nos inmiscuimos en estas?
No lo sabía. Así que Alice y yo tras casi lograr que tanto a  Jasper como a Paul ¡e incluso Edward! Les diese una úlcera por nuestra falta de aptitudes “como pintoras” decidimos emigrar hacia la cocina para mantener sus estómagos llenos con tentempiés exquisitos preparados por ambas. Yo guiada por Alice, por supuesto. Y mantener también su sed a raya. Nos turnábamos para subir a llevarles limonada bien fría, cervezas (a Edward no, por supuesto), coca colas, té helado y una variedad de comida para picar. Ellos no parecían necesitarnos y nosotras estábamos más que encantadas de no lidiar con esos ladinos rodillos que nos salpicaban toda la cara de pintura, los brazos, las manos…en fin ¡todas nosotras!
A la hora de la cena preparamos unos churrascos de carne en el grill de la cocina y lo acompañamos de una ensalada y puré de papas. Una botella de vino tinto fue el acompañante ideal. El postre constó de helado de chocolate con menta. y para mi ángel, también galletas de canela. Paul las robó y las amó, tanto que le tocó a Edward establecer su territorio sobre a quién le pertenecía el monopolio de galletas de canela preparadas por Alice:
—Dos y no más. Alice las hace para mí. —y dicho eso se quedó tan ancho como si hubiese estado hablando del clima.
Todos en cambio estallamos en carcajadas y un Paul risueño no pudo más que conformarse con las dos galletitas que Edward le había dejado comer de más.
A las nueve de la noche Paul se retiró, prometiéndonos que vendría al día siguiente para seguirnos ayudando. En mi fuero interno estaba segura que lo haría tanto para evadir a su Rachel como para disfrutar de la camaradería que había establecido con Jazz y Ed.
Hablando de nuestros hombres…nos fuimos a bañar cada pareja a un baño apenas terminaron de llevar los colchones a las habitaciones, sin las camas por supuesto, dormiríamos en el suelo. Y no sabía por qué eso emocionaba tanto a mi ángel. Alice y yo vestimos los huérfanos lechos y los alcanzamos en las duchas. Ella en la de la habitación secundaria que se empeñó en cambiarme y yo en la habitación principal a la que tuve que volver a mudarme. Encontré a Edward peleándose con una mancha de pintura sobre los vellos de su antebrazo izquierdo.
A pesar de encontrarse sumamente concentrado en su pegote cuando me vio totalmente desnuda se comenzó a empalmar. Sus pupilas se dilataron un poco y las aletas de su nariz se agitaban con más prisa que antes. Pasé, cerré la cortina de plástico, tomé una esponja, la llené de jabón líquido que tenía en un dispensador pegado a los azulejos de la ducha y procedí a lavarle. En cuatro pasadas ya le había retirado la mancha.
—Cierra los ojos, ángel. —lo hizo y proseguí a lavarle con delicados círculos los restos de pintura adheridos a su hermoso rostro. Me reí en silencio sin que él pudiese verme por lo tierno que se le veía frente a mí, un poco encorvado para que yo pudiese alcanzarle y confiando en mis cuidados. Suspiré cursi…mi dulce ángel pintor. No tenía la menor idea de cómo arreglar una casa más estaba allí para ayudarme con la mía.
Enjuagué su cara con mucho cuidado de que el jabón no entrase en sus ojos y antes de que abriera sus ojos ya estaba pegada a sus labios agradeciéndole en silencio que me cuidara a su manera.
Su lengua entró en mi boca y demandó atenciones que yo estuve más que dispuesta a darle. Mis manos enjabonadas paseaban por sus hombros pecosos lavando los restos de pintura, sudor y perfume que se había colocado más temprano. Clavé mi nariz en su cuello e inhalé ese exquisito olor masculino que se había quedado en su cuerpo. Sus dedos viajaron a mis pezones y los acariciaron con suma delicadeza. Como si de algodón se tratara. Me empujó hacia la alcachofa de la ducha e hizo que me empapara mientras que sus dedos seguían su sensual masaje. Cerré los ojos y me abandoné a la sensación de sus…¡oh benditos labios! En mis pechos. Empuñé sus cabellos y me aferré a ellos para no desvanecerme en el piso. Una humedad distinta a la del agua tibia se colaba de entre mis muslos. Una que me preparaba para la invasión que se avecinaba…una que disfrutaba más que cualquier otra cosa en el mundo.
Bajó su boca trazando un hilo de besos que pasaron por mi ombligo y que se detuvieron cuando llegaron a mi clítoris.
—¡Ángel! —susurré desesperada.
—Quiero besarte aquí. —me retorcí al sentir un círculo delicado sobre el pequeño capullo.
Lo miré con la mirada nublada de deseo.
—Puedes…hacerlo…ángel. Sabes que…soy…tuya.
Sus dedos índice y medio no dejaban su tortura. Además que había algo oscuramente erótico en tenerlo de rodillas queriendo darme placer a mí. Un ángel de rodillas frente a su profanadora…irónica y equivocadamente perfecto.
—Mía para hacer lo que quiera contigo. —sonrió satisfecho. Abrió mis labios y chupó.
El cielo realmente existía y estaba en la boca de Edward. Mi Edward.

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—¡Más fuerte! —gemí mientras mi ángel se movía dentro de mí.
Estábamos acostados ya en mi habitación aunque la ropa de dormir se había quedado sobre una silla al lado de la puerta, las toallas tiradas en algún lugar del suelo y el edredón a nuestros pies; en el piso; esperando a que terminásemos nuestra sexi maratón para poder darnos calor.
Edward jadeaba descontrolado en mi oído e incluso en algunas ocasiones escuché el chirrido de sus dientes mientras se movía rápido y profundo. Golpeando y tomando. La  unión de nuestros cuerpos desnudos se dejaba escuchar en el espacio de ese cuarto casi vacío y nos envolvía en un aura exquisita y sensual.
Clavé mis uñas en su trasero y lo moví aún más profundo. Él gruñó y embistió aun más fuerte. Sentí el nudo de calor formándose dentro de mí. Incitando a todo mi cuerpo a que se arqueara y recibiera todo lo que mi hombre tenía para mí. Y exploté de manera irremediable. Las convulsiones de mi interior extrajeron el placer de Edward y lo vertieron en mi interior dejando que su esencia me reclamase como suya. Siempre suya.

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—Tengo unos rasguños en mi trasero. —se quejó Edward contoneándose tanto como podía para verlos.
Sonreí recargada sobre mi mano.
—A ver, ángel, enséñame.
Tenía unas líneas rosas que surcaban sus blancas y prietas nalgas. Casi me sentí culpable al verlas. Casi, porque una parte de mí sonreía satisfecha al verlo marcado por mí.
—Me escuecen. —dijo sobándose.
—¿Mucho? ¿Quieres que te unte alguna crema?
Meneó la cabeza.
—Quiero dormir. Estoy… —bostezó formando una perfecta O con sus labios. Lo miré con ternura. —cansado.
Se apretujó a mi lado y nos cubrí a ambos con mi edredón.
—Buenas noche, ángel. —murmuré sobre su pelo.
—Buenas noches, mi Bella. —contestó antes de que sus ojos se terminaran de apagar.
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Sentí unos labios en la curva de la mandíbula. Me apretujé contra Edward…
—Que buen comienzo de domingo, ángel. —y en pocos minutos ya lo tenía de nuevo en mi interior.
Me estaba volviendo insaciable cuando de su cuerpo se trataba.

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El lunes Alice, Edward y yo salimos temprano para casa de los Cullen con normalidad. Jasper se había ido el domingo por la tarde porque tenía que ocuparse de su pequeña Charlotte. Paul volvió al día siguiente y la agenda se mantuvo más o menos igual al sábado, solo que también tuvo que volver temprano y aprovechó el aventón que Jasper le dio.
Así que esa mañana desayunamos y arrancamos en mi vieja Chevy. Edward se quejó porque el viejo equipo de sonido no agarraba bien la señal de las estaciones radiales y Alice se burlaba de mi pobre máquina.
—Digan lo que se les dé la gana. Pero esta vieja cafetera es lo que evita que se vayan a pie hasta la casa Cullen, par de malagradecidos… —protesté. Aunque fue en vano puesto que tanto mi ángel como mi amiga seguían despotricando de mi destartalada camioneta.
Cuando llegamos, nos encontramos a Esme en el islote de la cocina con una llorosa Rosalie. Ambas tenían una taza blanca de cerámica en la mano. Algo malo había pasado…¡Oh mierda!
Quise dar media vuelta e irme pero Rosalie nos llamó a todos e hizo que nos sentáramos. Hasta a Edward. Temí por lo que fuesen a decirle.
—No sé de qué vamos a hablar pero…creo que depende de que tan grave sea prefiero ser yo quién se lo comunique a Edward.
Él se giró preocupado hacia mí.
—¡No! Yo quiero saber porqué Rosalie está llorando.
Me coloqué detrás de él en menos de un suspiro. Puse mi mano en la parte baja de su cintura y escuché.
Rosalie intentó sonreír pero en sus ojos había tanta tristeza que no podía convencer aunque lo intentaba con todas sus fuerzas. Acercó su mano hacia Edward y le estrechó la de él.
—Lloro de felicidad, Edward, porque…hay un bebé creciendo en mi interior. —yyyyy la petrificada fui yo entonces. —Vas a ser tío.
Alice estaba boquiabierta, Esme solo se veía un poco tristona más sin embargo no podía disimular la risita de ilusión que pendía en sus labios. Yo…seguía con cara de no creer lo que escuchaba, aunque en el hospital lo hubiese sospechado. Edward estaba pensativo.
—Si va a ser mi sobrino es porque…¡Oh! —la miró con una ceja enarcada —¿Perdonaste a mi hermano por portarse mal contigo?
Rosalie sacudió su cabeza sin poder entender.
—¿De qué hablas, Ed? No lo comprendo. —su voz se volvió ronca por la expectación.
—Emmett ha estado muy triste por ser un idiota contigo. Él mismo me dijo eso. ¿Le perdonaste? ¿Por eso van a tener un bebé?
Una vez más, en la cocina de los Cullen donde se habían dado tantas situaciones diferentes, una persona ASPI. Mi Edward, nos dejaba totalmente pasmado con su forma de ver el mundo.
Quizá si viéramos las cosas desde su punto de vista se nos haría más fácil perdonar y seguir adelante con nuestras vidas…pero lamentablemente no éramos como ni ángel…
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Se tardó en llegar…pero lo prometido es deuda y me alegro en haberles cumplido! Les dije por facebook que el miércoles tenían al ángel…y Voilá! Aquí lo tienen.
Primera actualización del año…cuéntenme como les pareció ;)
Un Besote…
*Marie K. Matthew*









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