Páginas

Bienvenidos

Espero que tu estancia en mi blog sea placentera, Mis Fanfics están protagonizados por personajes de Stephenie Meyer, pero las historias me pertenecen a mí. Advertenciaa: Rated: +M (+18)

Corazón De Cristal

"-Pareces un ángel ¿te lo habían dicho? Quizá lo eres y nosotros no somos capaces de comprenderlo." -Isabella Swan.

Tirano

"Un hombre que no tenía la palabra DEBILIDAD en su vocabulario...y una mujer sencilla y sensible que demostrará que hasta el más insensible y frío es capaz de caer por amor"

Anhelo Desde La Oscuridad

"Serás mía por toda la eternidad..Lo quieras o nó" -Edward Cullen.

Sin Alternativas

"Solo una mirada bastó para dar un vuelco a mi vida." -Rachel Black.

El Primer Amanacer

Te amé más allá de la razón. Te entregué todo: mi niñez, mi cuerpo y alma; incluso mi voluntad. Pero ya no más. No pienso seguir viviendo de tus migajas. Aunque te ame con todas mis fuerza; me voy para siempre.

sábado, 9 de febrero de 2013

CORAZÓN DE CRISTAL - Vigésimo Segundo Capítulo:


 Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
“Miedos”

Bella POV:

El hecho de ser personas con el cien por ciento de nuestras facultades o “normales”; como algunos dirían;  no nos hacía capaces de entender como trabajaba la mente de alguien como Edward, quien veía al mundo a su manera. La cual parecía ser tan sencilla que como nosotros estamos acostumbrados a complicarlo todo; no podíamos comprenderla.

A falta de una respuesta satisfactoria para él de cualquiera de los lados implicados, Rose decidió comenzar a hablar sobre sus clases de piano. Noté que aunque algo le inquietaba; tenía el ceño fruncido como cuando está preocupado por algo; siguió el ritmo de la conversación con su profesora…ahora…no sabía que calificativo darle así que mejor lo dejaba en profesora y listo. Entonces decidí darles su espacio e irme hacia otro punto de la casa. Me dirigí a la biblioteca y seleccioné unos cuantos títulos para que Edward leyera e hiciera análisis de los mismos. Necesitaba aunque sea tener un atisbo de cómo funcionaba su capacidad de análisis con respecto a la comprensión lectora. Y allí fue cuando un pensamiento que tenía tiempo rondando en mi mente me golpeó en la cara sin que pudiese evadirlo: Mi ángel pronto necesitaría más una profesora que una enfermera.

Me estremecí de terror y casi dejo caer al suelo “Cumbres Borrascosas”. Lo atrapé contra mi pecho como si así pudiera exorcizar mi miedo. Mi misión en casa de los Cullen estaba cerca de su fin. Demasiado cerca como para que me fuese grato.

—¿Bella, estás bien? —Emmett cortó el hilo de mis pensamientos tan abruptamente que hizo que respingara del susto. —Lo siento no quería asustarte.

¿A dónde se había ido el galán que siempre tenía un brillo de picardía en su mirada? Ante mí solo tenía a un hombre con tormento en sus ojos. Se notaba en las ojeras que ahora los rodeaban que no estaba descansando bien…y no era para extrañarse en lo absoluto. Por lo visto su relación con Rosalie no era lo que se podía decir “normal” si es que había algo entre ellos a estas alturas, y lo que era más grave; ahora había un embarazo que de alguna manera los iba a vincular para toda la vida por medio de ese hijo…¡Mierda, pobre Emmett!

Le sonreí con ternura.

—Tranquilo, Em. Es solo que estaba perdida en mis pensamientos. —señalé un sofá de cuero que pegado a una pared a mi espalda con mi pulgar. —¿Quieres hablar un poco?

—¿De qué? —sonrió con sorna. —Sinceramente ahorita no tengo nada positivo que conversar con nadie, Bella. No soy una compañía estimulante.

—Quizá necesitas hablar… —seguía tengo así que dudé. —o no.

Me encogí de hombros y clavé la vista de nuevo en los libros. No quería que Emmett pensara que andaba de chismosa, interesada en todos los últimos detalles morbosos de su vida.

—Lo siento. —el cuero del mueble se estremeció cuando se sentó. Me giré a verlo. —No sé donde tengo la cabeza, mucho menos los modales. —y por primera vez se mostró tímido. —Siéntate, Bella…eh…si quieres, claro está.

Caminé con la cuarta edición de mi libro favorito forrado en cuero y que seguramente costaba unos…mejor tomaba asiento sin pensar en tonterías “obscenamente costosas”. Me senté con un puesto de por medio pero con el cuerpo en dirección a él. Esperé en silencio a que comenzara a hablar sobre lo que quisiera cuando estuviese listo.

—¿Sabes una cosa, Bella? Cuando volví a la casa fue porque quería paz. Deseaba tener esa tranquilidad que transmite el estar en familia y no con el ajetreo de un playboy adicto al trabajo. Definitivamente no fue eso lo que conseguí: Me encapriché contigo a la misma vez que tuve que lidiar con un hermano menor sorprendentemente territorial y en mi intento por apartarme de ambos y sin saber muy bien  que hacía…—Emmett se sonrojó. ¡Ay Dios mío que no diga lo que creo que va a…! —me…estuve con Rosalie y me comporté terrible. Nunca fui un caballero, Bella; pero jamás había utilizado a una mujer como la utilicé a ella. Y eso me pesa en la conciencia cada maldito día y cada maldita noche.

Con razón Rosalie estaba tan molesta con él. Con razón Emmett estaba tan atribulado. Con razón yo estaba inquieta por su situación tan tensa, de alguna manera mi subconsciente presentía que tenía algo de culpa en todo eso.

—Emmett, yo…—a ver ¿Qué iba a decirle? >>Emmett, lamento que hayas embarazado a Rosalie por mi culpa<< o peor aún >>Emmett, no debiste acostarte con ella mientras pensabas en otra. Específicamente en mí.<< Aparte de ególatra me parecía algo completamente innecesario e inadecuado. Al final terminé diciendo algo tonto, aunque no por eso menos cierto. —Nunca quise causarte ningún tipo de problema.

Medio sonrió tristón.

—Lo sé, Bells. No es tu culpa nada de esto…fue mi desastre de mi vida o que trajo hasta aquí. Y quizá un poco de soberbia también. Muchas veces creemos que podemos comernos la vida sin ninguna responsabilidad, y son golpes de realidad lo que nos devuelven los pies a la tierra.

—¿Qué es lo que te tiene tan preocupado? Si quieres hablar de eso, claro está. ¿Es el bebé?

Sacudió la cabeza frenético.

—Es todo. Es por cómo está la situación entre Rosalie y yo. Es por no saber qué haré con un niño a estas alturas del partido…son muchas cosas, Bella.

Puso sus codos sobre sus rodillas y su cabeza sobre las manos. Su vista estaba clavada en el suelo desesperada. Sentí el irracional deseo de colocar una mano en su espalda para infundirle ánimos pero al final pensé que sería muy fuera de lugar ese gesto entre nosotros. Preferí quedarme sentada con las manos entrelazadas en el regazo.

—Solo…quererlos. —giró su cuello para poder verme. Estaba confundido. —Se nota que Rose tiene importancia para t, más allá de que vaya a tener un hijo tuyo. Quizá lo que necesites hacer es tratar de entender cuán especial es para ti, y al margen de lo que decidas deberías quererla. Ahora tienen un magnífico lazo que los unirá de por vida aunque indistintamente no terminen juntos y creo que ese es motivo suficiente para eso. Ella es una magnífica mujer de carácter fuerte y decidido. Cualquier hombre sería afortunado de tenerla a su lado como compañera. Y con respecto al bebé…también quererlo. A partir de ese cariño las decisiones las tomaras más por instinto e impulso…como cualquier padre. —le guiñé con complicidad. —Serás un papá maravilloso y seguramente muy divertido. Ese niño o niña tiene mucha suerte por quienes lo traerán a este mundo.

Una sonrisa tierna se fue extendiendo en sus labios lentamente. Quizá hasta algo temerosa aunque no podía explicarme el porqué de una reacción así.

—De todas las personas de las que podía haber esperado escuchar palabras reconfortantes, tú eras la última en mi lista.

Fingí indignación.

—¡Eso es ofensivo! —luego me puse seria —Tomando en cuenta todo lo que has hecho por Edward y por mí, es lo mínimo que puedo darte. Puede ser que más adelante seamos buenos amigos.

—O cuñados. —puntualizó y por Dios que sentí como el corazón daba un respingo antes de latir desaforado nada más de imaginarme llevando el apellido Cullen de la mano con el futuro de mi ángel.

Busqué algún signo de resentimiento en su cara más no pude encontrarlo. Le agradecí internamente por eso también. Sin tener más nada que decir me puse en pie y me despedí de él infundiéndole ánimos de nuevo.

Cerré la puerta de la biblioteca y lo dejé solo para que reflexionara, supuse que si se había regresado del trabajo no sería para hablar con cada uno de los que estábamos en la casa en ese momento.


Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.


Relativamente la mañana había pasado normalmente: Edward con sus clases de piano con Rosalie, Alice trasteando en la cocina y por la casa, y Esme leyendo y haciendo anotaciones aunque ignoraba sobre qué. Revisé el cuaderno donde llevaba registrado el ABA (Applied Behavior Analysis). Estaba sumamente orgullosa de hasta donde había llegado Edward hasta ahora.

Pasó de no poder articular una palabra a ser incapaz de quedarse con una duda en su boca. De gemir como único medio para expresar sus emociones a gritar cuando estallaba en el más profundo de los clímax. Sonreí a pesar de que lágrimas surcaban mis mejillas. Edward era una deliciosa ambigüedad entre la inocencia de un niño y la pasión de un hombre. El hijo menor de Esme, su pequeño inocente ahora era mi ángel no tan puro. El hombre al que amaba más que a nada en este mundo.

Cuando le había dicho que la relación sufriría unos cambios, este me había venido a la mente pero me negué a prestarle atención porque sabía que sería doloroso, lo que ignoraba era cuánto lo sería.

—¡Bella, Emmett y yo estábamos viendo Piratas del…! ¿Por qué lloras? —Edward entró en su cuarto como un bólido sin darse si quiera tiempo para disimular mis emociones y por supuesto que no podía mentirle. Él lo sabría. Se acercó hasta el escritorio en donde colocaba su amada laptop y se colocó entre mis piernas. Me miraba preocupado. —¿Qué pasa, Bella? ¿Por qué estás triste?

Acaricié el borde de su rostro con una mano y con la otra me limpié el rastro húmedo delator.

—Estoy llorando de alegría…y de orgullo.

—¿Por qué?

—Porque leía tu ABA y recordaba cuanto has avanzado desde entonces. Ya casi no me necesitas.

Sus ojos se abrieron sorprendidos.

—Te necesito, Bella. Sabes que te necesito…y mucho. Yo… —se estaba comenzando a alterar más de lo debido. Desde lo de su bradirritmia no quería que se alterara demasiado acerca de nada. De hecho trataba de mantener sus sobresaltos solo en materia sexual. —No te vayas…

Tomé su cara entre mis manos y lo miré intensamente: —Shhhh, tranquilo. Nadie habló nada sobre irse. —acaricié su cabello —Solo te comentaba que pronto necesitarás una profesora en vez de una enfermera, cosa que sabes que es cierta. Más sin embargo nunca dije que te dejaría. En caso de que tomase otro trabajo… —el terror se reflejó en sus ojos —eso no significaría que no te seguiría viendo. Tenemos una relación más allá de enfermera-paciente ¿Lo recuerdas?

Asintió.

 —¡Pero no estarías más aquí! —lo decía como si el mayor de sus terrores se estuviese haciendo realidad.

—¿Sabes una cosa, ángel? La mayoría de las parejas del mundo no trabajan juntos.

—Pero muchas terminan. —nuevamente su lógica me sorprendía.

—En efecto, pero no siempre es la distancia lo que se interpone entre ellos, sino cosas más grandes y menos fáciles de tolerar. Como por ejemplo: La pérdida de los detalles, que se les acabe el amor o que… en fin, hay demasiadas maneras de joder una relación sin que un poco de espacio sea el verdadero culpable.

Rascaba una pelusa invisible en mi pantalón.

—Pero ya estás en tu casa. Tienes tu espacio. ¿Por qué quieres más? —odiaba hacerle daño de cualquier manera. No lo soportaba, pero necesitaba que entendiera que ese sería un próximo paso en nuestra relación y definitivamente; una prueba a superar.

—Oye… —tomé su cara entre mis manos nuevamente. —no me estoy refiriendo a nosotros. Hablaba en general, más necesito que comprendas que cuando llegue el momento; yo deberé dejar este trabajo e ir a ayudar a otra persona especial como tú. —Una lágrima se deslizó por un costado de su cara. Lo atraje a mi pecho y lo aferré con fuerza a mi pecho. —No soporto que llores, ángel. Me parte el alma.

—Tengo miedo. —se atrevió a decirme pegado a mi cuello.

—Miedo ¿de qué?

—De que me dejes. Que conozcas a una persona y que también te quiera a ti. Tú has dicho que no sé casi nada del mundo, pero lo que más necesito de él eres tú.

Oh, mi ángel. Tan niño y tan hombre a la vez. No perdía el toque a la hora de hacerme nudos en la garganta.

Lo alejé un poco de mí para poder verlo a los ojos y medir su reacción a mis palabras.

—Edward, lo que nosotros tenemos… —nos señalé con la mano. —no es algo que se consiga en todos lados. De hecho se da de un en un millón de relaciones, quizá más quizá menos. El hecho es que tú eres mi millón y no te dejaría por que otra persona se mostrara interesada en mí. Yo estoy comprometida en esta relación ¿y tú?

—¡Claro que sí! —casi sonaba ofendido lo que me causó risa.

—Bien. Entonces esto será solo una pequeña prueba para nosotros. Aunque creo que saldremos bien parados de todos modos.

Medio sonrío más no dijo nada. Estaba indeciso, y tan sincero como era no se mostraba de acuerdo cuando estaba reticente a una idea. Lo conocía demasiado.

—Te amo, ángel. Y no me voy a dar por vencida por nada. Eres demasiado importante para que mis fuerzas flaqueen.

Apoyó su cabeza sobre mis piernas y se acurrucó a mis pies.

—Te amo, Bella.

Y esas tres palabras significaban más que nada en el mundo. Podía no confiar en una situación determinada, pero definitivamente si lo hacía en mí.


Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.


Carlisle y Esme insistieron en que tanto Alice como yo cenáramos antes de irnos a casa. Momento que Edward no dejó pasar para comentar lo que habíamos hablado temprano.

Al principio los señores Cullen se mostraron sorprendidos con el comentario de su hijo. Luego esperaron a oír lo que tenía que  decir. Cuando hablé de que no se trataba de algo inmediato, Esme se relajó más Carlisle se mostró muy pensativo y silencioso.

—No es una renuncia y mucho menos un preaviso. Solo le explicaba a Edward que sus necesidades han cambiado. Ahora en vez de requerir una enfermera personal, necesita una profesora que le lleve al máximo de su potencial cognoscitivo. —alegué ante todos.

Emmett había llevado a una reticente Rosalie a su casa y aun no había vuelto.

—¿Y qué harás después de estar aquí? ¿Volverías a tu otro trabajo? —inquirió Esme.

Sacudí la cabeza.

—No. Lo más seguro es que trabaje con algún niño autista. Tenía varias opciones antes de decidirme por Edward. —me dirigió una sonrisa de chiquillo satisfecho que casi logra que le correspondiera. No podía durar enojada con él. Y parece que él también lo sabía. Astuto.

Fue hasta entonces cuando Carlisle intervino.

—¿Y quién se encargó de esos pequeños cuando tú aceptaste este empleo?

—No lo sé. Quizá sigan buscando…

¿Qué era esa determinación en su mirada? Tramaba algo.

—Lo cual indica que necesitan atención, no solo uno sino varios de ellos. Tengo entendido que cada uno de ocho niños desarrolla autismo.

—Así es…—respondí recelosa.

—Pues crea una fundación, Isabella.

—Bella, papá. —le corrigió Edward.

—Bueno, Bella. ¿Qué dices?

Parpadeé anonadada pero mi cerebro procesó rápido una respuesta.

—Una fundación demanda mucho dinero, señor Cullen. Y yo no lo tengo. Ni siquiera para empezarla.

—¿Y si mi bufete es tu principal beneficiario? Luego podrías conseguir varios más. Eres una mujer astuta.

Así que hacia esto me quería llevar. Si aceptaba seguiría con los Cullen de la mano en mi vida profesional y en la personal. No me extrañaba que Carlisle fuese abogado, era un viejo zorro sagaz.

—¿Te atreverías, Bella? Hace un mes que la idea me viene rondando la cabeza. Tú puedes conseguir al personal que se  requiere para desarrollar ese proyecto. No digo que sea algo macro, solo que atendamos a varios de esos jóvenes que no pueden costearse una enfermera personal o que sus padres y familiares no saben cómo tratar.

—Y a ellos también los podríamos enseñar a cómo lidiar con ese desafío de tener hijos autistas.

—¡Exacto!

Ambos estábamos tan emocionados y concentrados entre nuestras ideas que solo cuando Edward tosió porque el zumo de piña se le fue por un camino equivocado, nos dimos cuenta que el resto de comensales nos veían sorprendidos. Pasado el “ataque de tos” Carlisle volvió a mirarme con seriedad.

—¿Lo haremos?

Asentí más que feliz. Esto era mejor que cualquier trabajo que hubiese podido imaginarme. Sería arduo porque trabajaría con varios pacientes a la vez, pero conseguiría un buen grupo de trabajo. Carlisle me estaba confiando algo demasiado grande; aparte de a su propio hijo, cosa que no tenía parangón; y yo estaría a la altura de las expectativas.

—Lo haremos. Pero me gustaría que Edward estuviese involucrado… —me miró expectante. —Podría ayudar a otros a aprender a tocar el piano, si eso quiere.

Las cabezas giraron en su dirección curiosas de cuál sería su respuesta.

—La profesora de piano es Rosalie, no yo. —comentó confuso.

—Sí, así es pero creo que ella; de aceptar la propuesta; necesitará de un talentoso ayudante y creo que tú podrías ser el indicado. ¿Qué dices?

Se encogió de hombros.

—Si tú me necesitas, lo haré. —agregó como si apoyarme fuese lo más natural del mundo para él. Y lo amé aun más por eso. —Aunque no niego que me tranquiliza que Rosalie estará conmigo. —supuse que estaría imaginando cualquier posible escenario en el que tuviese que hacer frente a desconocidos, puesto que su ceño se pronunció haciendo evidente su preocupación.

Le estreché la mano para infundirle ánimos en silencio y le sonreí.

—Necesitaremos que Rose nos confirme su participación… —bajé la mirada a mi plato aun lleno. —sobre todo ahora.

Carlisle asintió en silencio y tomó un bocado más de sus zanahorias babys. Y esa misma reacción se esparció por toda la sala.

El embarazo de Rosalie era un tema tirante para todos… y mo tenía pinta de cambiar en un futuro cercano.


Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.


—¡Estás demente, Mary Alice Brandon! —dije en un grito ahogado. —Qué Esme y tú decidieron hacer…¿qué?

La muy descarada sonrió con descaro y me adentró en una sala completamente vacía y pintada a la perfección.

—Quisimos darte una sorpresa entre ambas. Ya sabes…por cómo te has comportado con ambas. Tú dijiste que no te gustaban esos muebles viejos y horribles y la señora Esme vio la oportunidad perfecta de devolverte algo a cambio.

—Pero no estas magnitudes! —susurré aun abrumada por la situación.

Alice se encogió de hombros y nos dirigió hasta nuestras alcobas que estaban perfectas y limpias. Con solo nuestros colchones en el suelo, puesto que el equipo que contrató la matriarca Cullen se había deshecho de todo el mobiliario de la casa para reemplazarlo por unos más modernos que combinaran mejor con el estilo zen que ahora tenía mi casa.

—Ayudar a mejorar a un hijo autista y alojar a una persona que no es tu familia cuando no tenía donde quedarse, es mucho… —siguió hablando mientras me dirigía al baño. ¡No teníamos retrete! ¿Dónde se supone que…? —Así que acepta esto en nombre de las dos…porque lo hacemos con mucho cariño para ti.

En el umbral de un cuarto de baño carente de grifería y hasta de inodoro, entendí que tenía mucho más de lo que alguna vez había podido llegado a creer que tendría. Sí, no había tenido una familia n el pasado pero el futuro se mostraba lleno de personas que de alguna manera extraña se habían aparecido para enseñarme diferentes tipos de lecciones. En este caso, Alice me enseñaba sobre lo grandioso que podía ser el agradecimiento y la amistad. Pero a pesar de eso, recordé un detalle demasiado importante como para pasarlo por debajo de la mesa.

—Alice, no puedo creer que estés gastando tu salario en esto…

Rompió a reí.

—¡Por supuesto que no gasté un centavo! La señora Cullen no me lo permitió. Mi contribución en esta misión encubierta fue la de engañarte. —me guiñó un ojo con complicidad.

—¡Gracias! —la abracé a falta de algo mejor que decir. —No sé como agradecerles por todo esto!

—Con seguir cuidando a Edward como lo has hecho hasta ahora, Esme quedará satisfecha… —se señaló al pecho con un aire aniñado. —y yo… pues…con que no me eches, tengo.

Le sonreí con dulzura.

—Por supuesto que no.

—Esme quería que nos quedásemos en un hotel…

Me encaminé a mi habitación y ni siquiera me giré a verla cuando dije: —Ni en sueños.

—Sí, eso mismo me figuré que dirías.

A la mañana siguiente desayunamos en el Starbucks del pueblo antes de seguir hasta la casa de los Cullen. Le agradecí a Esme por su sorpresa y luego me dirigí a la alcoba de Edward.

Vislumbré sus piernas guindando por el borde de la silla-hamaca del rincón y me dirigí hacia ella más permanecí de espaldas a él.

—Hola, ángel. Buenos días.

—Hola, Bella. Buenos días. –de inmediato noté su desaliento. Rodeé el mueble y me encontré con una mirada ceñuda y ausente.

—¿Qué va mal, Edward?

Negó con la cabeza pero no habló. Eso me preocupó aun más.

—¿Discutiste con Emmett? –volvió a negar. —¿Con tus padres? —no de nuevo —¿Alguien te insultó? ¿Leíste algo en internet que te haya afectado?

Todo fueron respuestas negativas.

—Ángel, me estás preocupando ¿Qué te tiene tan alicaído?

—No tengo ganas de conversar, Bella.

Me mordí el labio tratando de lidiar con la frustración que me producía que él se encerrase en sí mismo.

El resto del día se mantuvo igual y eso no le pasó desapercibido tanto a su madre como a Al. Todas hicimos recuento de lo que había hecho pero ninguna encontramos nada que pudiese haberle causado un malestar. Pero respetamos su decisión de permanecer en silencio, aunque si me mantuve al tanto de su estado emocional, pues si bien dejamos que se impusiera su independencia necesitaba monitorear cualquier posible alteración en el funcionamiento del marcapasos. Pero no lo hubo, para tranquilidad de todos, aunque igualmente fue sumamente frustrante verlo tan taciturno y retraído.

Tres días pasó Edward sumido en su silencio. En un intento de sacarle de su área de retraimiento; entiéndase por esta la silla-hamaca; decidí dar una vuelta con él por Port Angeles. Estacionamos el sedán de Esme; que me obligó a utilizar; y recorrimos sus calles por las aceras a pie. Con esto buscaba ganar tiempo para poder sonsacarle a Edward la razón de su estado de ánimo. Y para lograrlo hizo falta que paráramos en un lugar…la tienda de ropa para niños.

Mi ángel no pudo evitar detenerse delante de una vidriera que encerraba a uso pequeños maniquíes que exhibían cinco modelos distintos de mamelucos en colores variados. Todos en la gama de los tonos pasteles.

Fue entonces cuando una pequeña sospecha se coló en mi línea de pensamientos, pero preferí ignorarlo para no adelantarme  a los acontecimientos. Lo tomé de la mano y lo arrastré hacia dentro y lo obligué a enfrentar lo que lo estaba molestando. Tomamos varios modelos y noté que su mal genio se fue incrementando poco a poco. Una muy coqueta y dulce vendedora se acercó hacia nosotros con una sonrisa de oreja a oreja y un parpadeo insistente cuando posaba su mirada en mi ángel, más me tranquilizaba que él no la tomara en cuenta.

Le pregunté por un conjunto de mameluco, gorrito y manoplas en color verde agua estampada con un tierno gusanito bordado en el frente. Nos miró a ambos con abierta curiosidad a ambos.

--¿Es para un regalo o están esperando ustedes?

Ese fue el detonador. Edward salió de la tienda y re recostó a un lado de la puerta. Me excusé con la chica y le entregué las piezas de nuevo. Era ahora o nunca.

—¿Ya podemos hablar de lo que te pasa, ángel, o necesito desaparecerme de tu vida durante un tiempo para que medites sobre si quieres volver a verme?

Sabía que era bajo el recurso que estaba utilizando, pero se me agotaban las herramientas de acción con él.

Sus ojos de abrieron demostrando terror y tortura.

—No, Bella, por favor no te vayas.

—Entonces háblame, Edward.

Edward, no ángel. Hablaba con el carácter que demandaba una pareja cualquiera en una situación tensa.

Sus ojos se enfocaron en la nada y sus palabras empezaron a fluir porque ya no me enfrentaba a mí sino a su demonio interno.

—He pensado que…no sé si seré bueno con el bebé de Rosalie y Emmett. No puedo ser su tío.

¡Bingo! Lo que sospechaba, era miedo lo que estaba escondiendo y sabía por dónde venían los tiros.

—No puedes hacer nada contra eso, Edward. Serás su tío tanto como lo quieras como si no. Los unirá la sangre.

—¡No es que no quiera al niño! ¡No se trata de eso!

—Entonces ¿De qué?

Escondió el rostro en las manos y aunque el sonido era amortiguado aun así pude comprenderle con total claridad.

—Estoy enfermo, Bella… —y aunque estaba esperando que admitiera eso, no pude evitar que un nudo se atascara en mi garganta. Mi pobre ángel vulnerable. —Soy incapaz de poder cuidarlo. Tú eres la que cuida de mí. Mi sobrino pensará que tiene un tío estúpido.

Me abracé a él y lo dejé gemir hasta que pareció sosegarse.

—¿Ángel, qué harías si saliera en estado ahora mismo? —se apartó de mí con brusquedad y quedó pegado a la pared de nuevo mirándome entre aterrado y confundido. —¿Me dejarías porque llevo a tu hijo y tú tienes miedo? ¿Te alejarías de mí?

—¡No, por Dios! Yo…no sé… —miraba a los lados como si la respuesta pudiese llegarle de alguno de los transeúntes que se nos quedaban viendo al pasar. Tomé su cara entre mis manos y lo obligué a mirarme.

—Si tuvieras un hijo y resultara autista ¿Te gustaría que alguien se refiriera a él como estúpido? —negó—Pues imagina cuánto me entristece que te refieras a ti mismo de esa manera. Es como si menospreciaras los esfuerzos que he hecho para ayudarte durante todo este tiempo.

—¡No te quería insultar, Bella! Te lo juro.

—Shhhh, no te exaltes, recuerda que llevas un marcapasos. Edward, escucha con atención esto que te voy a decir: No eres y nunca has sido estúpido. El autismo no te hace menos capaz de ser protector con una familiar, recuerda la historia de Lorenzo. Puedes hacer lo que te propongas, aunque deberás trabajar un poco más que los demás. —acaricié la mejilla de él ahora con comprensión en la mirada. —Eres lo más valioso que alguna vez me han puesto en las manos.

Acurrucó su cabeza en mi mano y cerró los ojos torturados.

—¿Era eso? ¿Es eso lo que te tiene tan mal? –él asintió. —Ángel, aprende a confiar en mí. Necesito que te comuniques conmigo, así es como funcionan las parejas. No puedo ir siempre llevándote al límite para que me comentes tus miedos y dudas.

Tomé su mano y nos encaminé hacia La Bella Venecia, mientras que aprovechaba para contarle acerca de una de las personas que más admiraba.

—Temple Grandin era una científica, ángel y al igual que tú sufre de autismo. —escuchaba atento a lo que le decía —Ella pasó mucho trabajo durante su adolescencia porque los chicos de su escuela no comprendían su condición y se burlaban constantemente de ella. A raíz de eso ella presentó mala conducta durante su periodo académico y fue expulsada de su escuela. Temple tenía un problema que le causaba mucha ansiedad, era incapaz de soportar el contacto humano pero algo dentro de ella lo anhelaba. Imagina tener una necesidad desesperada y a la vez no ser capaz de tolerar lo que la aliviaría.

—Yo me sentía desesperado cuando no podía hablar. Cuando mamá lloraba delante de mí y yo no era capaz de hacerle sentir como me afectaba. —pero definitivamente estaba en sus ojos la pena cuando hablaba de esos momentos. Recordé el primer día que lo vi en aquel prado, incapaz de pronunciar una palabra o demostrar una emoción más allá de un gemido.

Asentí comprensiva y continué mientras seguíamos caminando en vía al restaurant.

—Cuando conoció el sistema que se le aplicaba al ganado vacuno para lidiar con sus brotes de pánico, ella decidió construir lo mismo para ella. Así que el chuto de retención de los vacunos se convirtió en una especie de máquina de abrazos para ella. De hecho, cuando estaba bajo mucho estrés se metía dentro del chuto y se presionaba lo suficiente hasta que el sentimiento de pánico menguaba. Como buena autista, se obsesionó en el diseño de una máquina que permitiera un trato más humano para con los animales y así fue como se nació el “sistema de inmovilización central” que fue ampliamente usado en la ganadería. Más adelante se convirtió en conferencista ¡y hasta escribió un libro!

—Y ella estaba enferma como yo. —no era una pregunta.

—Sí, ángel. Ella padece de autismo más eso no la detenido para lograr lo que ha querido, solo se lo ha puesto un poco más difícil. Aunque Temple es grandiosa, hay algo que no puede hacer que tu sí. —su mirada se mostró expectante. —No puede tocar el piano y hacer que se paralice una casa entera solo para escucharle. Un talento que tú desarrollaste prácticamente de oído.

Sonrió tímido y continué.

—Ella dijo una vez algo que me marcó profundamente: “La naturaleza es cruel, pero nosotros no tenemos que formar parte de eso”. Me marcó porque era algo que no solo se aplicaba a lo que ella había ideado, sino a muchos ámbitos. Por ejemplo: la naturaleza fue cruel cuando hizo que persona tan especiales como tú tuviesen que esforzarse el doble o hasta más para lograr lo que se tracen. Más sin embargo ustedes los autistas se destacan por tener algún talento oculto a la espera de que alguien se las ayude a desarrollar.

Tenía a un hombre magnífico caminando de mi mano, y aunque mi relato le había parecido sumamente interesante, sabía que me costaría un poco más conseguir que volviese a su estado de ánimo habitual.

Y recordando mis propias palabras fue cuando la idea entró en mi cabeza: La música era la mejor manera de expresión de Edward. Pues esta vez sería también su refugio.

Era mi última herramienta disponible y por Dios santo que la iba a utilizar a mi favor.

Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.

Bien… el ángel se tardó un día y un poco más de lo esperaba pero aquí se los dejo. Cuando son la 1:12 a.m termino de escribir un capítulo que aunque esté falto de lemmon consideré importante porque destacaba ese nexo que Bella ha ido creando con las personas a su alrededor y los miedo a los que Edward y hasta ella misma se ven forzados a hacer frente. ¿El resultado será bueno? No siempre, pero deben sortear una serie de obstáculos como cada uno de nosotros durante toda nuestra existencia.

Quiero mencionar unas correcciones sumamente interesantes y válidas que recibí del capítulo anterior: Mary Pau me hizo notar que en cierto punto había escrito que había dado un giro de 360º cuando lo correcto hubiese sido que colocara 180º, porque de lo contrario que eso significaba que el personaje estaría en el mismo lugar de partida que antes.

La segunda opinión viene de Romy Cullen quien me explica que ha investigado sobre los pacientes ASPI y los autistas de alto rendimiento. Opinión que respeto y mantendré presente puesto que no quiero que se preste a confusión que me refiera a Edward como autista y luego como ASPI. Aunque me parece válido mencionar que también me he documentado sobre el tema y existen muchas opiniones sobre si el autismo de alto rendimiento y el síndrome de Asperger son lo mismo. Las conclusiones de esas investigaciones fueron que todo dependía del enfoque y la opinión del médico. Particularmente, como les dije antes me mantendré dentro de lo que he hablado desde el principio: autismo de alto rendimiento, y así me evito cometer algún error por mi falta de conocimientos y que esta se preste a confusiones.

Sin más nada que decir…perdonen a esta autora un tanto despistada y nos leemos pronto.

Un beso desde Venezuela.

PD: Gracias por tomarse ese tiempo para escribir esos preciosos reviews y por tenerme la confianza necesaria como para enviarme sus dudas y opiniones.


Marie K. Matthew








Followers

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More