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Espero que tu estancia en mi blog sea placentera, Mis Fanfics están protagonizados por personajes de Stephenie Meyer, pero las historias me pertenecen a mí. Advertenciaa: Rated: +M (+18)

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"-Pareces un ángel ¿te lo habían dicho? Quizá lo eres y nosotros no somos capaces de comprenderlo." -Isabella Swan.

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"Un hombre que no tenía la palabra DEBILIDAD en su vocabulario...y una mujer sencilla y sensible que demostrará que hasta el más insensible y frío es capaz de caer por amor"

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"Serás mía por toda la eternidad..Lo quieras o nó" -Edward Cullen.

Sin Alternativas

"Solo una mirada bastó para dar un vuelco a mi vida." -Rachel Black.

viernes, 1 de febrero de 2013

SIN ALTERNATIVAS - Capítulo Décimo Quinto:


Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
“Heridas Abiertas”

Rachel POV:
El olor de laca de uñas O.P.I embargaba la no muy gran sala de estar de mi ahora casa. Mi casa…sí, dos meses y medio habían pasado desde que me había mudado con Paul luego de la inesperada y dolorosa pérdida que habíamos sufrido. Y digo “sufrimos” porque si bien fui yo la que había abortado espontáneamente a raíz de una caída, mi novio también se había visto afectado; incluso más de lo que creí que podría haberlo afectado toda esa condenada situación. Paul había tenido una infancia acompañado solo de su madre, puesto que su padre; un miembro de la comunidad Makah; había decidido no reconocerlo como su hijo jamás y su progenitora era demasiado orgullosa como para perdonar semejante afrenta. Así que nunca permitió que se encontraran nunca, aunque ninguno de los dos parecía haberse sentido compelido a buscarse entre ellos.
 En honor a la verdad debía admitir que en los planes de nosotros dos no estaba el ser padres, pero sobretodo en los míos. Aún así el haberme enterado que estaba perdiendo una vida que era mitad mía y mitad de la persona a la que más amaba en la vida me puso el mundo patas arriba, porque a pesar de que no sabía un demonio acerca de maternidad sentía como si se me estaba yendo algo precioso y puro entre la sangre que manaba de entre mis piernas y que jamás lo volvería a recuperar. Y así fue, no recuperaría a ese pequeño granito de vida. Ninguno de los dos. Podríamos tener más hijos pero jamás sabríamos como hubiese sido aquel. La duda nos acompañaba desde ese día. Aún así, cosas buenas habían ocurrido: Paul y yo nos habíamos apoyado en la pérdida, nos habíamos mudado juntos y ahora empezábamos esta especie familia Howe prácticamente desde cero. Como toda convivencia, a veces discutíamos por temas que hasta resultaban estúpidos como lo son que él bebiera la leche directamente del cartón en vez de un vaso o que yo utilizara la secadora de cabello justo antes de acostarnos e hiciera que el cuarto se sintiera caluroso por las noches. Pero todas estas disputas tenían un lado positivo: las reconciliaciones. En el momento en que alguno pronunciaba las palabras mágicas “lo siento mucho” se desataba un vendaval sexual que no paraba tras dos o tres satisfactorios orgasmos.
Así que si, podía decir que estaba muy feliz en mi nueva casa. Paul me ayudaba con los quehaceres del hogar, hacía esculturas con madera que serían vendidos por otros lugareños de la reserva en el malecón de la playa y luego repartían las ganancias. Ya que tenía que estar constantemente en alerta con la manada, y además de todo eso le quedaba tiempo para nosotros. Era absurdo decir que me sentía abandonada, cuando sabía que todo lo que hacía tenía una misma finalidad: el bienestar y la felicidad de ambos. Era un cliché sí, pero el más hermoso y perfecto cliché en nuestra historia en plena creación.
Y eso me traía al principio de nuevo, sentada en el sofá de la sala de estar de mi nueva casa, la cual ahora olía a pintura de uñas mientras que mis manos y ahora mis pies pasaban a ser de color rojo cereza. Solo llevaba dos dedos en mis pies cuando Paul entró en la estancia y se me acercó con una sonrisa tierna en sus labios.
No me hartaba de verlo. No podía. Simplemente era imposible que me fastidiara de ver ese cuerpo forrado de firmes músculos que lo hacían ver fuerte e intimidante ante los ojos de los demás, mientras que para mí transmitía una abrumadora sensación de protección. Su cabello negro como la noche y rebelde; sus puntas se negaban a domarse del todo por lo cual lucía como un niño; iba siempre en cortas puntas. Sus largas piernas adornadas con jeans largos que se amoldaban a su fornida forma o con viejos vaqueros recortados a la altura de la rodilla para cuando necesitaba salir de patrulla con la manada. Su pecho iba la mitad del tiempo tapado vilmente con camisetas que se pegaban a su bien trabajado abdomen y la otra mitad con su bíceps al aire exhibiendo en toda su gloria lo que debía ser el cuerpo de un guerrero quilleute. Estaba orgullosa de mi macho. Sí, señor.
—Hola, princesa. —me besó en los labios con delicadeza un momento, engañándome con una serenidad que luego fue reemplazado con un violento saqueo con su lengua que despertó cada una de mis hormonas femeninas.
—Creo que me extrañaste. —le dije contra sus labios, riendo.
—Siempre. —me apresó la nuca y volvió a besarme con ferocidad.
—Grrrr, no quiero que me hagas excitar…más de lo que ya estoy. Me arruinaré las uñas. —le reclamé.
Levantó mis piernas que estaban sobre el pequeño canapé de estilo rattan y las colocó sobre las suyas. Me quitó el pequeño botecito de vidrio que tenia entre mis dedos.
—Yo te las pintaré, princesa. Así harás menos desastre, terminarás más rápido y podremos ir a revisar “la resistencia de la cama”.
—Me gusta ese plan. —solté unas risitas tontas cuando me hizo cosquillas en las plantas de los pies y luego me relajé contra un cojín mientras comenzaba a pintarme cada uña con una destreza que me impresionó, tanto que no pude evitar comentárselo. —No pensé que el barniz de uña fuese algo que manejaras con tal facilidad. ¡En dónde aprendiste? O más importante aún... ¿Con quién?
El muy descarado se rió de manera siniestra y satisfecha.
—Eres tan territorial que pareciera que la loba fueses tú. ¡Ouch! ¡No me pellizques! No tengo la culpa de que saques conclusiones erradas. Además te dañarás las uñas de las manos.
—No me importaría hacerlo ya que luego te tocaría arreglarlas a ti. ¡Y no te desvíes del tema!
Su mirada se bajó a mis dedos que seguían estando absurdamente impolutos mientras que él pintaba cada pequeña uña con sumo cuidado. Su sonrisa se fue apagando hasta que solo fue una especie de mueca triste.
—Cuando mamá enfermó hasta el punto de no poder pararse de la cama, excepto para ir al baño, tuve que aprender a hacer muchas cosas para atendernos a ambos. Ella era muy coqueta, no le gustaba estar desarreglada; así que cada mañana luego de ayudarla a bañarse, la cambiaba de ropa y hasta le peinaba su cabellera… —una lágrima rodó por una de sus mejillas, agrietando mi fortaleza con cada milímetro que descendía. —…Era preciosa. Su cabello era de un castaño oscuro y tan largo como el tuyo. Anne, adoraba que la peinara, tanto que luego me enseñó cómo arreglarle las uñas…- se limpió el rastro de llanto con el antebrazo y siguió con la mirada clavada en mis pies, mientras que una sonrisa nostálgica pendía de sus labios. —Me acostumbré tanto a esos momentos de paz de ambos, que cuando estaba con ella en el hospital de Tacoma me sentía como un claustrofóbico con toda esa gente a nuestro alrededor.
Acaricié su hombro queriendo transmitirle fortaleza, pero dudo que él siquiera lo sintiese puesto que sus facciones cambiaron mostrando una pena absoluta.
—Solo seis meses, Rach. En solo seis meses esa maldita enfermedad me robó a Anne. No hubo radioterapia ni quimioterapia que combatiera a ese jodido cáncer de mama. Le hizo metástasis en la ingle y aunque le practicaron varias intervenciones en ese corto período de tiempo…nada pudo con él. —Paul lloró como si no fuese un hombre de veinte años, sino como lo haría un niño de diez. Lo atraje a mi hombro, a los cuales se aferró y mojó con su llanto. Los temblores lo estremecían por completo. —Recé, Rachel, recé cada condenado día en esas salas desoladoras llena de niños, jóvenes y adultos en los que les practicaban la terapia. Recé porque Anne se salvara, porque en algún momento pudiésemos despedirnos de esas personas con una sonrisa en la cara e insuflándoles esperanza. Pero no…a los cinco meses la desahuciaron y nos enviaron a la casa a esperar lo inevitable. ¿Y sabes algo? Ella estaba feliz de estar en su casa, en su cama, a pesar de que los dolores eran tan brutales que ni la maldita morfina le hacía efecto ya. La última semana fue sin duda la peor de todas. Estaba tan gris… —sorbió por la nariz mientras seguía aferrado a mí y yo acariciando su cabello a la par que no podía evitar llorar con él. Imaginando ese dolor por el cual había pasado solo…absoluta y tortuosamente solo. —…ya no era ella. Esa mujer que yacía lánguida en aquella habitación al final del pasillo, no parecía mi madre. Físicamente estaba sin ese brillo tan característico de ella, sin su cabellera lustrosa y sin aquella coquetería tan de ella. Emocionalmente tampoco parecía a la Anne que conocí durante mi vida, ya no sonreía ni me tomaba de la mano. Al final ese maldito cáncer le había ganado! Y ella lo sabía. En unos días…se quedó dormida y más nunca despertó.
Los gemidos se volvieron horribles. Cada sonido desgarrado lo sentía como si lo estuviese sufriendo en mi propia carne, puesto que sabía; aunque él no me hubiese dicho nada; que la pérdida del bebé le estaba removiendo los fantasmas de la muerte de su madre. Yo la había visto muchísimas veces antes de irme a la universidad en Washington, y siempre había desprendido esa aura de mujer independiente y fuerte. Era desgarrador escuchar como se había ido apagando como una luz por culpa de una terrible enfermedad.
—¿Por qué, Rach? ¿Por qué Anne no fue capaz de curarse como los hacen tantas personas? ¿Por qué ella no pudo ser una de ellas? ¿Por qué los ancestros no pudieron ayudarla? ¿Por qué tuvieron que hacerme perder todo cuanto tenía? Nunca fui tan malo. Nunca…lo fui…
—Shhhh, amor…lo sé. —¿Qué palabras le decías a alguien en esa situación? Cuando perdí a Sarah apenas tenía ocho años. Un accidente de tránsito de arrebató a la que debía ser la mujer que me enseñara todo en la vida, pero las cosas no habían resultado de esa manera. En cambio fue Billy quien tuvo que lidiar con toda la vergüenza del mundo con mi primera menstruación, la primera charla sexual y hasta la primera conversación del “noviecito” en la escuela. Solo había tenido a Billy, quien aunque hizo todo lo que tuvo a su alcance, no fue suficiente. La necesitaba a ella…y con Paul era lo mismo, aunque hubiese tenido dieciocho años cuando su madre murió, él la había necesitado y aún lo seguía haciendo. Quizás su dolor era incluso más profundo que el mío puesto que él había tenido mucho más tiempo para amar a su mamá que yo y también tuvo que verla como se le escapaba de las manos. Mi pobre lobito…Tan fuerte pero tan débil. —¿Nadie estuvo contigo en esos días, amor? —acaricié su cara como si pudiese romperse con el más nimio roce. Negó con la cabeza y no pude evitar sentirme indignada. —¿Nadie te visitó, te acompañó en la ceremonia de la liberación de las cenizas?
Se encogió de hombros.
—Unos cuantos fueron, Billy entre esos. Estuvieron en la ceremonia y luego se despidieron. Uno que otro me visitó, pero prefería que no lo hicieran, no soportaba sus caras de lástima que parecían decirme que no lograría sobrevivir sin ella. En ese momento creía precisamente eso. —recuperó un poco la compostura, se limpió las mejillas con el antebrazo y vio al vacío. Rememorando. —Dos días después de que cumpliese seis meses de muerta Anne, me convertí. Allí mismo en el patio trasero. Era tanta la ira, el dolor, la confusión de no saber qué era lo que pasaba…que después de varios días sintiéndome extraño, terminé explotando y entrando en fase por primera vez. Pasé tres días completos como lobo. Aullando como un desquiciado y corriendo en plena histeria. Sam me encontró pasadas las veinticuatro horas de haberme transformado, pero no pudo sacarme hasta dos días después. Era horrible, princesa. Nunca podrás imaginar cómo era ese dolor de tus músculos mutando mientras que peleas con tu interior intentando volver a ser el de antes. Desde ese momento Sam se convirtió en una especie de hermano mayor para mí ambos sabíamos lo que era estar solo y valernos por nosotros mismos. —de pronto me dirigió una sonrisa que pugnaba por salir detrás de semejantes experiencias devastadoras. —Pero todo esto de ser lobo no ha sido del todo malo, mírate, nos ató de por vida y eso sí que no puedo reprochárselo a los ancestros guerreros.
Tomé su cara entre mis manos y lo besé con ternura, tratando de minimizar su dolor dentro de lo posible.
Was ho, Paul Howe, no tendrás que perder a nadie. Nunca más. Si fui la destinada para acabar con tu soledad y tu ira, cumpliré a cabalidad con mi papel. No porque me lo impusieron los dioses, sino porque te amo más allá de lo verosímil. Havli chuh, mi guerrero. (De ninguna manera) (Soy tuya)
-          Havhli chid, mi princesa. (Soy tuyo)
Y entonces no me pudieron importar menos las uñas, pues mis manos y mis pies estaban desesperados por encontrar el lugar perfecto para anclarse en Paul. Mi bote salvavidas y mi despertar a un mundo místico lleno de magia ancestral.
Adiós sudadera, adiós camisetas, adiós panties y brassier, adiós calzoncillos, adiós franela sin mangas y vaqueros recortados. Adiós cualquier estorbo que se interpusiera entre su cuerpo y el mío para acoplarnos. No solo sexualmente, sino emocionalmente, buscando sanar en los brazos del otro las heridas infligidas por eso que la gente suele llamar destino a lo largo de los años.
—Rachel… —gimió en mi boca mientras acariciaba entre mis labios y sentía mi humedad, esa que solo se derramaba por las caricias de él. Coloqué una de mis manos sobre la suya mientras Paul trazaba círculos sobre mi clítoris.
Jadeé y me retorcí buscando una liberación que sus dedos se negaban a darme con  tortuosa lentitud. Introdujo el índice en mi interior y luego el dedo medio ensanchándome y preparándome para su invasión. Sus yemas se curvearon y tocaron ese punto rugoso que logra que casi cualquier mujer se desarme en los brazos de cualquiera.
Lo atraje de la nuca hasta mis labios y lo devoré hasta que me dolieron las comisuras, su lengua rozaba la mía mientras que la punta de su miembro tanteaba buscando mi entrada, y en cuanto la encontró, en una lenta y apasionada una sola estocada se deslizó en mí.
Ssh havh… —siseé. (Tan bueno)
Me garré a sus hombros y recibí sus embestidas que pasaron de ser tiernas a desesperadas y potentes. Su miembro golpeaba con fuerza en mi interior mientras que mis paredes luchaban por atraparlo entre ellas. Sus manos amasaban mi trasero con tanta fuerza que sabía que a la noche de seguro tendría cardenales en ellos, pero eso no me pudo importar menos en ese momento. Solo existíamos Paul y yo con nuestro placer. Entrando y saliendo por turnos.
Cuando comencé a sentir los espasmos arrollándome, curvé la espalda sobre el cojín donde seguía recostada y grité sin tapujo alguno. Me aferré a su miembro con desespero en busca de disfrutar hasta del más mínimo segundo de ese delicioso orgasmo que él me regalaba. Paul se tensó y me penetró con más fuerza aún haciéndome remontar sensaciones y logrando que los dos estalláramos en un exquisito clímax.
Pasado el placer del momento, sentimos la incomodidad del mueble pequeño y nos fuimos hacia la habitación…bueno, en realidad él me llevó en brazos porque yó me negué a soltarme de su cintura. Nos llevó directo a la ducha y nos colocó bajo la alcachofa de esta cuando el agua caliente comenzó a salir después de unos segundos.
Me mordió el labio inferior con una sonrisa sombría:
—¿Qué me das a cambio de que te enjabone entera? —su mano con la pastilla ya se resbalaba por la curva de mi cintura hacia abajo.
Lo tomé de los glúteos acercándolo explícitamente contra mi entrepierna. Él gruñó y su miembro latió frente a mi vientre indicándome lo “dispuesto” que estaba.
—Un masaje de cuerpo entero antes de ir a dormir.
—¿Con “final feliz”? —sus cejas se enarcaron con diversión y deseo a la vez. Me carcajeé.
—Sí, con final feliz, amor. —lo besé con ternura, tomando su cara entre mis manos para consentirlo con mis caricias, tal como Paul estaba haciendo con mi cuerpo en ese momento.
—¿Rach? —susurró entre besos.
—¿Mmm?
—Gracias. —abrí los ojos y me percaté que él me estaba mirando con una adoración abrumadora. No hizo falta preguntarle el porqué, él respondió antes de que pudiese preguntarle. Lo cual sería necio, puesto que sabía de qué hablaba. —Por llegar a mí y hacer que ganara cuando ya estaba harto de perder.
Tragué grueso al escuchar sus palabras. Palabras que me hacían sentir con una gran responsabilidad a cuestas: debía cuidar ese corazón tantas veces maltratado. Pero lo más inverosímil de la situación era que no me sentía en absoluto obligada, sino bendecida.
Le acaricié un lado de la cara con las yemas.
—La que se despierta cada mañana envuelta en los brazos de un guerrero ancestral que se ha enfrentado a muchas vicisitudes, que me protege cada día y que me ama con mi infinidad de defectos más allá de lo racional; soy yo ¿y tú eres el premiado? Obviamente no te ves con claridad, amor. —rocé sus comisuras con la delicadeza de una mariposa.
Me abrazó con fuerza y suspiró contra mi hombro.
—¿Dios, te amo!
No, no soy Dios pero sí que te puedo enseñar el cielo por unos instantes… —sonreí arrastrando mis uñas por su espalda, haciendo que lo recorrieran escalofríos.
—¡Oh si, por favor!
—Con una condición.
—La que quieras. —ya se estaba colocando mis piernas en su cintura.
—Que luego del baño recojas el desastre de ropa que dejamos en la sala.
—Hecho.
Dicho eso le mordí en el hombro haciéndolo gruñir y reírse complacido.
—Entonces hazme tuya, mi lobo.
Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
Llegamos a la casa de Sam y Emily, que estaba a cinco minutos en carro desde la nuestra. Paul y yo llevábamos una botella de cerveza sin alcohol y un pie de limón como contribución con ellos que nos habían invitado para una parrillada. Toda la manada estaba allí: Jared con Kim quienes estaban alejados hablando muy cerca y dándose besos de tanto en tanto. Quil jugaba en el suelo con Claire quien le tenía las manos todas pintadas con los marcadores con los que coloreaba su libro que tenía apoyado en el suelo de grama recortada del patio, Brady y Collin; los más jóvenes de la manada; estaban pegados a Sam en las brazas robándole pedazos de la carne que se iba haciendo mientras que este repartía espatulazos a diestra y siniestra…eran una familia. Una loca y extraña familia unida por una leyenda que trascendía mucho más allá de lo que era comprensible para la mente humana. Compartían lo malo y lo bueno, como era en ese momento esa reunión en la que los lobos y sus mujeres estábamos compartiendo un mismo núcleo. En realidad no eran todos, me recordé a mí misma con pesar. Ni Jacob, ni Seth, ni Embry; pues hacía apenas unos días que habían seguido a mi hermano;  ni Leah pertenecían a este grupo ahora. Habían tomado su decisión de alejarse por diferencias que ahora ya habían sido salvadas pero aún así no habían regresado. La que me parecía que tenía los mejores motivos para apartarse era Leah, no podía ni imaginarme lo horrible que debía tener que soportar ver a la persona que amabas estando con otra. Paul me había aseverado en más de una ocasión que Sam lo pasaba casi igual de mal que ella pero no podía estar de acuerdo con él en ese punto, puesto que no era su amigo el que tenía que llegar a casa abatida y sola después de pasar el día al lado del hombre que amabas, tener que soportar sus órdenes sin rechistar y hacer como si él no fuese más que un integrante más de la manada, cuando todos en esta sabían que no era así al verse forzados a compartir sus pensamientos. No…era imposible que Sam pasara por el mismo dolor cuando al regresar por la tarde o por la noche tendría a su mujer esperándole para consagrarse a él y él a ella, como la imprimación lo demandaba.
Paul permanecía a mi lado, como era de esperarse, pero su postura no estaba del todo relajada. Suponía que eso se debía a que era la primera vez que compartiría con la manada y él tenía miedo acerca de algo. Quizá de que alguien sacara el tema de la pérdida del bebé y yo me sintiese mal, no es como si lo hubiese superado del todo pero tampoco era de cristal. No me iba a romper tan fácil, una esposa de un guerrero no podía darse ese lujo. Debíamos sobreponernos lo más pronto por nuestros machos, era lo mínimo que podíamos hacer por ellos. A mi modo de ver las cosas. Así que esa actitud de él me parecía un poco sobreprotectora pero aun así adorable, al fin y al cabo él siempre querría cuidarme de todo y de todos y yo tenía que aprender a lidiar con eso. Por eso le estreché la mano que tenía apretada con la mía y le sonreía con ternura.
—La pasaremos bien, cielo. —le di un corto beso en los labios y me separé cuando la voz de Sam se dejó escuchar.
—Rachel, bienvenida. —me dijo con una sonrisa educada y le tendió el antebrazo a Paul quién se lo estrechó antes de darle una palmada en la espalda. —Hermano, bienvenido. Pasen adelante.
—Gracias, hermano. ¿Y tu Emily en dónde está?
—Está en la cocina preparando la…aquí viene. —apareció por la puerta trasera con un bol transparente que dejaba ver claramente su contenido. Emily traía un enoooooorme tazón con ensalada y que colocaba en un largo mesón que tenía allí varias botellas de cerveza sin alcohol, vasos, algunas cosas para picar y una pila de platos y cubiertos. Pasó por el lado de Collin y Brady y les llamó la atención por según ella “no dejarle nada a sus hermanos”, aunque yo veía una bandeja inmensa con carne y salchichas esperando por ser las próximas en las brasas.
Cuando ella nos vio nos sonrió con educación; tal cual como lo había hecho su prometido; y su cara se deformó un poco por la tirante cicatriz que tenía de un lado de esta. Llegó al lado de Sam y este le besó la marca al tiempo que le estrechaba su cintura contra su cadera.
—¿Cómo están, chicos? Bienvenidos. Los estábamos esperando.
—Hola, Emmy. —dijo Paul, reteniéndome a su lado como lo hacía Sam con ella.
—Hola, muchas gracias por la invitación. Les trajimos más cerveza sin alcohol para su arsenal y un pie de limón para el postre. —le tendimos lo que llevábamos en las manos y el anfitrión tomó todo no sin antes invitarnos a formar parte del grupo.
—Pasen adelante y póngase cómodos. Bueno…a ti no tengo que decírtelo, Paul. Sé que te estás comportando con educación solo porque Rachel está aquí contigo. —le guiño un ojo y salió corriendo antes de que mi novio le acertara en el hombro con el puño en broma. Emily nos guió a la mesa para que nos sirviéramos pero preferimos pasar a saludar a los demás invitados.
Saludamos a Jared, a quién no veía desde hacía un tiempillo y le habíamos interrumpido un beso apasionado con su Kim; esto último con abierto regocijo de Paul. Acordamos quedar una noche para ver películas con ellos, pero Kim y yo nos complotamos para decidir poner alguna película bastante melosa y cursi para tenerlos aburridos. En resumidas cuentas, me pareció una chica muy graciosa y fácil de llevar. Luego saludamos a los más jóvenes presentes, Paul se mofó de Brady por llevar el cabello más largo. Según él cuando se transformara se parecía a un león que se hubiese aplicado un desriz. Collin no abogó por su amigo en cambio se unió a las burlas de Paul y le revolvió el cabello a Brady, a quien en mi opinión personal le quedaba precioso su cabello color castaño chocolate. Luego fue el turno de Quil quien no parecía cansado a pesar de que una enérgica Claire saltaba de aquí para allá con sus marcadores y le tenía los brazos como un mapa de carreteras. Me acerqué a la pequeña y le sonreí a manera juguetona mientras le tendía una mano:
—Oye, Claire ¿crees que me puedes prestar ese marcador? Es que quiero escribir algo.
La nena en vez de darme el marcador me tomó de la mano y men llevó hasta donde estaban los demás desparramados por el jardín.
Atí hay mash. Mida… —levantó unos cuantos y me los dio pero no soltó el que tenía en la manito. —Te osh peshto.
—¡Oh, que amable! La cosa es que…yo quería que me prestaras ese que tienes en la mano ¿no puedes? —le pregunté intentando ayudar a Quil que parecía una madre histérica, preocupado por que la niña se pudiese hacer daño pero que al estar lidiando con su objeto de imprimación se le hacía casi imposible negarle algo. Entendía que había varias maneras en las que la imprimación se llevaba a cabo y que no necesariamente tenía que ser algo sexual. De hecho lo de Claire y Quil no lo era en absoluto, él era como un hermano mayor para ella. En los próximos catorce o quince años probablemente la historia daría un gran vuelco.  Le sonreí a la pequeñita y le hice un patético intento de puchero. —¿Puedes prestármelo, Claire?
No. —dijo con naturalidad.
—¿Por qué?
Podque teno que pintad a mi Quil. —puso los ojos en blanco como si la cosa fuese obvia para todo el mundo.
Me carcajeé y me acerqué a Paul quien veía la situación con un brillo extraño en la mirada pero que cambió en cuanto su mirada se encontró con la mía. Me sonrió y me tomó de la cintura pegándome mucho a él. Dejé pasarlo por ese momento. Vi a Quil y me mofé de él:
—Lo siento mucho. Hice lo que estuvo en mis manos, así que es toda tuya.
El chico suspiró como si estuviese al límite de sus fuerzas:
—Muchas gracias, Rachel. Eres muy ama… ¡Claire, ya te dije que no corras con el marcador destapado! —se excusó mientras se levantaba como si tuviese un muelle en el trasero y salió detrás de la pequeña.
Comimos…Bueno, las mujeres comimos, los hombres en cambio “devoraron” la carne a la parrilla, la exquisita ensalada silvestre, unas divinas patatas asadas en el horno y finalmente el gran pie que llevamos además de una tarta de calabaza espectacular que Emily había preparado. Insistí en lavar los trastes pero de eso se quisieron encargar los machos y nosotras no nos esforzamos demasiado en hacerles cambiar de opinión. De hecho huimos antes de darles oportunidad a retractarse.
Así que allí estábamos Emily con su sobrina Claire en brazos, Kim y yo, sentada en el patio trasero. La pequeña estaba a punto de caerse desmayada de sueño después de tanto correr y comer, sus ojitos luchaban por permanecer abiertos pero su boquita formaba demasiadas O como para creer que le quedaba más energía.
—Me asusta que después de una patrulla Jared no llegue. —dijo Kim estremeciéndose al imaginarse esa situación. Todas allí comprendimos ese sentimiento porque era algo que en algún momento o en varios se nos había cruzado por la cabeza.
—Aunque es natural preocuparnos por ellos, debemos confiar en sus cualidades y habilidades. No son unos simples lobos, recordemos que son unos guerreros dotados con fuerza, velocidad e inteligencia. Ellos saben lo que hacen muy bien. Tenemos que transmitirles nuestra confianza. —respondió una muy sabia Emily. Ella de todas era la que más tiempo tenía de imprimada y conocía la dinámica de ser una “chica lobo”.
Yo solo respiraba profundo tratando de imaginarme sin Paul. ¿Cómo podía sobrevivir sin él, cuando este se había convertido en el centro mismo de mi universo? ¿Moriría con él la imprimación? Pero si esta moría dudaba que el amor lo hiciese. No, no podía imaginarme un escenario así. Era simplemente horrible. ¿Yo sin Paul? Imposible. Si los ancestros nos habían emparejado, era por algo.
Íbamos a estar juntos para siempre. Punto.
De pronto los hombres salieron con un alboroto por la puerta trasera. Estaban empujando a Paul hacia mí y este luchaba para resistirse a las bromas de sus hermanos. No entendía absolutamente nada.
Él se veía tenso de nuevo y cuando finalmente llegó hasta mí se acomodó su franela de manga corta gris oscura que se apretaba a sus músculos y se limpió sus manos en los vaqueros negros. Su mirada rabiosa se desvió de nuevo hasta los chicos que volvían a bromear y reírse a carcajada limpia.
—¿Pueden callarse? La cosa no es para reírse. Es más…lárguense de aquí que la cosa no es con ustedes. Este es un asunto serio.
—Ohhhh no. Eso no fue lo que dijiste en la cocina. —se mofó Quil ahora con los brazos cruzados al pecho y con cara de abierta malicia.
Sam intercedió con su innegable voz autoritaria:
—Ya basta, chicos. Dejemos que Paul diga lo que tiene que decir, ya luego habrá tiempo para que estén molestando. —y todos se callaron de inmediato pero sin duda alguna estaba conteniendo la risa. Aún así acataron la orden del alfa y ninguno volvió a hablar.
Me removí inquieta en la silla y miré a Paul, quién le dio la vuelta a mi puesto y se puso entre mis piernas y luego se bajó hasta posar ambas rodillas en la tierra, se metió la mano en el pantalón y sacó una bolsa rústica tejida y me la extendió con nerviosismo. Yo estaba temblando y también comenzaba a hiperventilar. No podía ser…no delante de sus hermanos…Los ojos me picaban.
Sacó un precioso anillo de oro reluciente con un hermoso zafiro de color azul y este estaba rodeado de pequeños brillantitos que hacían que el anillo se viera espectacular. Era viejo sin duda alguna, su diseño así me lo decía, pero estaba tan precioso y brillante que parecía como si nadie lo hubiese utilizado antes.
—Rachel Marie Black, aquí delante de mis hermanos y delante de sus mujeres. Delante de la única familia que he tenido desde Anne hasta que te encontré, te pregunto: ¿Te gustaría formar una nueva familia? ¿Convertirte en mi esposa? No te prometo que todo será fácil ni que seré perfecto, pero te prometo…no, te juro que todo lo malo que hay en mí luchará con todas sus fuerzas para merecer el honor de poder llamarte esposa. Dame esa oportunidad, princesa. Permíteme llamarte oficialmente mi mujer delante de mis hermanos y la reserva entera. ¿Lo deseas?
Jadeé quedándome sin aliento. Allí, en medio de un sencillo jardín, en una parrillada y con todos vestidos en vaqueros y franela había recibido la propuesta con la sueña toda mujer desde niña. No venía de un príncipe azul con armadura y corcel blanco, pero sí que venía de alguien fantástico y luchador. Alguien que había sorteado y se había levantado de los golpes que le había propinado el destino y también nuestros ancestros. A pesar de que él me había hablado de sus hermanos y sus mujeres me sentía incapaz de apartar mis ojos de él para ver si se estaban riendo de nosotros. Solo existíamos en ese momento  nosotros dos.
Extendí la mano hacia él, ya sin poder contener las lágrimas y asentí:
—Acepto el honor y el placer de convertirme en tu esposa delante de tus hermanos, sus mujeres y de la reserva entera, Paul. Si… —la voz se me estranguló cuando él deslizó el anillo en mi dedo anular. Me quedó un poco flojo pero no se me salía del dedo así que no me importó en lo absoluto. Él me podía haber dado un anillo salido de uno de los huevos Kinder, y mi emoción hubiese sido la misma.
Me abrazó y me atrajo contra su pecho para besarnos, nos colocó en pie y estalló el pandemoniun de gritos y silbidos en el patio. Después de un beso cargado de emoción por parte de ambos, Paul se alejó un poco y me vio a la cara mientras las bromas seguían a nuestras espaldas:
—¿En serio aceptas?
—Claro que sí. Me muero por ser llamada la “Señora Howe” de ahora en adelante. —le abracé con fuerza y entonces, por encima del hombro divisé a Jake que estaba parado detrás de Billy. El primero sonreía satisfecho, el segundo se mordía los labios tratando de tragarse las lágrimas que brillaban en sus ojos.
—Por cierto… —Paul me dijo al oído. —El anillo le perteneció a Sarah Black. Fue la condición de Billy para concederme tu mano. Y ya que él está aquí te doy esto… —volvió a meter la mano en el saquito y sacó un brazalete que tenía entretejido los colores aguamarina y marrón. Temblé de emoción nuevamente al reconocer eso… —Ya lo pedí al estilo habitual y ahora toca al estilo quilleute. ¿Te desposarás con este humilde guerrero kwoh lay or? (quilleute)
Fingí que lo pensaba con detenimiento.
Wqli rzcha. Déjame pensarlo. —me pellizcó suavemente el brazo riendo maligno. —¡Ouch! —me puse seria de nuevo y le respondí: —Fqfi te acepto, Paul. (No sé) (Aquí y ahora).
Volvimos a besarnos pero esta vez sin tanta efusiva más aún así se escapó uno que otro silbido.
Miré primero mi muñeca y finalmente me detuve en mi dedo y temblé al entender que de ahora en adelante, mi madre estaría conmigo de una manera tangible, haciéndome sentirme agradecida por la vida que tenía y por las personas que había en ella.
Una lágrima me rodó por un costado mientras veía mi hermano y a mi papá que se acercaban lentamente hasta nosotros.
—Lamentamos la tardanza… —dijo Jacob con desparpajo. Le estrechó el antebrazo a mi ahora prometido y este le respondió con una sonrisa complacida. Difícil era creer que hacía solo un par de meses no podían ni verse por cosas…de manadas y aquelarres. —Pero definitivamente no nos perdimos la atracción principal, que era ver a Paul suplicando de rodillas… —se carcajeó y Paul lo soltó para darle un puñetazo amistoso en el hombro. Me miró antes de darme un abrazo. —No sé si felicitarte o darte mi sentido pésame por quedarte con semejante ser tan borde. ¡Hey, Rach, no me golpees!
—Jacob, deja de ser tan pesado con tu hermana. —luego me miró a mí y sus ojos brillaron emocionados. —Felicitaciones, mi niña. Espero que seas muy feliz al lado de Paul. Él es un buen chico y sabrá protegerte de todo. Cuida  tú de su corazón que es lo más valioso que un guerrero puede encomendarle a su mujer.
Su mano estrechaba fuerte la mía más no me quejé en ningún momento. Estaba demasiado emocionada como para quejarme. Lo abracé con fuerza y deposité un sonoro beso en su mejilla ahora empapada de lágrimas.
—Gracias, papá. —le dije a falta de algo menos empalagoso de lo que tenía en mi cerebro en ese momento.
Los cuatro hablamos durante largo rato y luego se nos unió Sam quién participó en la conversación como si las manadas nunca se hubiesen roto. Sabía que los lazos entre él y mi hermano se habían estrechado tras eso pero fue allí cuando entendí que la hermandad de los lobos en realidad nunca se rompía.


Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.

Mil disculpas por ser tan descuidada con este fic…y mi más sincero agradecimiento para quienes a pesar del tiempo que pasa…aún continuán dándole una oportunidad.



         
Marie K. Matthew

TIRANO Décimo - Primer Capítulo:


 “El ganador se lleva todo

Bella POV:
Lo tenía a mis espaldas, respirando ahora tranquilo en mi oído. Sus labios fluctuaban con suavidad desde detrás de mi oreja hasta mi cabello y de nuevo a su punto de partida. Mi frente seguía recargada de la fría pared en medio de mis dos manos que de no estar allí, temblarían vergonzosamente. En mi cerebro mis neuronas se negaban a dejar de atormentarme con mis propias palabras.
“Jamás podría ser feliz viéndote sufrir tanto. Ese es el problema de los que nos enamoramos. Nos hacemos vulnerables frente a los que queremos.”
Necesitaba auto convencerme de haber hecho una estupidez. Al menos eso era por lo que gritaba el lado racional de mi cerebro, el cual me indicaba que mientras más rápido asumiera eso podría seguir adelante. Pero entonces el lado visceral se paraba de manera sublevada y le recriminaba su mezquindad al no querer reconocer que lo que había dicho era nada más que la verdad. Eso más su tacto revolviéndome las hormonas después de regalarse a sí mismo y a mí un orgasmo improvisado y delicioso en “La casa de los Espejos” en pleno evento de caridad a favor del orfanato Saint Gabriel´s, fue demasiado para mí que me removí para deshacerme de él. O al menos de la tortura que me estaban infligiendo él y mi divido cerebro.
Pero con un movimiento hábil me volvió a pegar a la pared solo que esta vez mis muñecas terminaron entre sus manos y su boca en mi oído:
—Shhhhh. Quiero limpiarte, Bella. Sé buena y quédate quieta mientras lo hago. —susurró con voz ronca y sexy.
Arrastró a mis extremidades por la pared con una deliberada lentitud y me separó de esta dejando mis caderas inclinadas hacia él todo cuanto pudo. Escuché el roce de lo que supuse que era su mano en el bolsillo trasero de sus jeans luego pasó la tela suave por la raja de mi trasero llevándose en este todo rastro del clímax que había dejado en mí. Con suma delicadeza deslizó sus yemas por el pedazo de mis muslos que había quedado desnudo, tomó mis bragas y subió haciendo lo mismo. Posteriormente hizo lo mismo con mis pantalones.
Y yo, como la tonta que era cuando su roce estaba de por medio en las situaciones me estremecí con cada caricia.
¿Cómo podía si quiera cuestionar mis sentimientos por ese hombre cuando con solo un toque ya me tenía bajo el dominio de su hechizo? Estaba en problemas…estaba en un jodido problema.
De golpe me separé de él cuando trataba de cerrarme la cremallera. Ya me encargué yo de hacer todo eso. Él hizo lo propio con su pantalón mientras me veía con el ceño fruncido. Yo solo clavé mi mirada en él, como si en algún momento pudiese leerle en la frente todo lo que estuviese pensando y que no me decía en ese momento.
—Sé lo que estás pensando. —dijo mientras se acomodaba la franela por fuera del jean. Me limité a seguirlo viendo esperando que siguiera hablando. Mi corazón latía desaforado y me amenaza con ponerse en paro por tanto sobresalto en un solo día. —Y la respuesta a eso es…no sé.
—¿No sabes? —no quise que el sarcasmo se me notara tanto pero por lo visto no tenía control sobre ninguna parte de mi cuerpo en aquel momento. Ni siquiera de mi lengua.
—No, Bella. No puedo darte una respuesta que te haga feliz ahora.
Meneé la cabeza de lado a lado y me di media vuelta para irme con una sonrisa amarga en los labios.
Una respuesta que me hiciera feliz…ja! Menuda mierda.
—Bella, por favor. ¿A dónde vas? —dijo detrás de mí pero sin moverse un centímetro de donde lo había dejado.
—Afuera hay un evento que no se supervisa solo y de este depende que tenga empleo. —comenté con falsa actitud indiferente.
—No seas ridícula, Isabella. Sabes que no perderás tu empleo si no…
Me giré solo lo necesario para que viese la irónica risa que pendía de mis labios.
—Esa soy yo hoy, Edward. Una muy ridícula Isabella Swan.
—No hagas de esto algo más grande de lo que en realidad es. Sabes que me importas demasiado.
Y tuve que caminar más rápido, dar golpes en la puerta para que la abriera el chico de la entrada y salir disparada a…a donde fuese mientras estuviese lejos del Cullen que más me importaba y el cual podía causarme más dolor.
En el camino me topé con Angela quien me informó sobre el estado de todo lo que teníamos para regalar. Éxito total tanto con los huérfanos como con las personalidades. Más adelante me encontré a Ben Chenney que con el inventario de lo recabado nada en comida. Seiscientos mil dólares. Otro objetivo alcanzado y aún no acababa la tarde. Posteriormente Esme se acercó a mí para felicitarme por la gestión y varios del cuerpo ejecutivo tanto de Le Madeimoselle como de otras empresas invitadas. El hecho es que parecía que había logrado alcanzar lo que quería…al menos en materia laboral.
Edward buscaba la forma de acercarse a hablar conmigo pero yo lo esquivaba  de manera efectiva hablando con las personas que tuviese más cerca. Se veía frustrado pero eso no me podía importar menos en aquel momento. No necesitaba ponerme a llorar delante de extraños y mucho menos de él. Así que continué con mis labores de evasión lo máximo que pude. O sea, hasta las ocho de la noche que fue cuando Carlisle nos hizo subir a ambos a la tarima en donde se encontraba el DJ para anunciar el monto alcanzado y hacer entrega del cheque simbólico (el real se lo haríamos llegar unos días después en el orfanato) a Mike. Quién posteriormente fue también solicitado en la tarima.
El presidente de Le Madeimoselle comenzó su emotivo discurso dando las gracias a todas las personalidades del espectáculo, diseñadores, ejecutivo y personal tanto de la empresa como del Saint Gabriel´s que habían acudido a aquella actividad. Le agradeció a su familia por ser la piedra angular de su vida (y en ese momento su mayor dolor de cabeza. Pero por supuesto que eso no lo dijo) luego pasó a Mike Newton quien según él hacía una labor sumamente loable en cuanto a la crianza de tanto niños desafortunados.
—Y como apoyo a esa fantástica tarea que has venido desarrollando, Mike. Tenemos el placer de entregarte este cheque por la suma… —Chenney y una chica que reconocí del departamento de RRHH; pero de la cual no pude recordar el nombre;  subieron al estrado con el estrambótico pedazo de cartón simbólico. —de ¡Tres millones de dólares!
Edward y yo nos giramos asombrados hacia el monto escrito en el cartel. ¿De dónde había salido el resto? Sabíamos que estamos cerca de los dos millones, lo cuales se alcanzaron y sobrepasaron por los seiscientos mil dólares lo que en total hubiese resultado en dos millones cuatrocientos mil ¿Así que de dónde había venido el resto? Dejé de darle vueltas a cosas innecesarias y me enfoqué en el aterrador micrófono que Carlisle me había tendido para hablar…
Diablos…
Tomé el aparato de porquería con un ligero temblor de manos y observé a la multitud (nunca había estado frente a más de diez personas frente a mí excepto en mi acto de grado de la universidad) que tenía prácticamente en mi cara. Los niños no me miraban muy interesados más sus cuidadores no le permitían moverse de donde los habían situado. Así que no me tomé como nada personal que algunos hurgaran en su nariz, otros susurraran a los oídos del que tenían al lado o más pendientes de los helados que tenían unos cuantos en las manos.
En cambio muchos de los VIP estaban clavados en sus smartphone y me ignoraban deliberadamente, como solo un adinerado idiota se cree con el derecho de hacer. A pesar de eso me aclaré la garganta y tirarme al abismo. No iba a fracasar en una cosa más en este día.
—Buenas noches a todos y muchas gracias por asistir tanto a las personalidades, ejecutivos como medios de comunicación. Les agradecemos mucho la colaboración prestada en este evento a favor del San Gabriel´s Children Orpham… —luego me dirigí a los que realmente importaban ese día… —Pero sobre todo quiero agradecerle a las personitas más importantes de hoy, que son todos ustedes niños. —ajá! Entonces obtuve su atención. —Gracias por acabar con todos esos hot dogs que pedían ser comidos y todos esos zumos y gaseosas que deseaban ser tomados por alguien. Ustedes salvaron el día al hacerlos felices a todos ellos. —los niños rieron de mi tontería y eso me infundió ánimos. —Si, pequeños hoy ustedes fueron los superhéroes de la jornada…así como lo han sido todos estos años en los que se han enfrentado a muchos obstáculos en su casa hogar. Por eso nos sentimos muy complacidos de decirles que este dinero es para que tengan camas nuevas… —gritaron y aplaudieron emocionados —escritorios nuevos, libros nuevos y mejores condiciones físicas en dónde viven. —sus brillantes ojitos me hicieron un nudo en la garganta pero me sentí orgullosa al ser capaz de tragármelo y hablar con entereza. —Hoy fue un día diferente para ustedes y si nos salimos con la nuestra sus vidas también serán diferente de ahora en adelante. Nos vemos pronto.
Me sentí abrumada por la ovación que recibí pero más por las caras de satisfacción de los dos hombres Cullen que me sonreían impresionados. Yo no entendí que era lo grandioso…solo me había limitado a ignorar a personas maleducadas y enfocarme en lo importante.
Tocó el turno de Edward. Este se mesó su cabello como cada vez que estaba nervioso…y yo que me quedaba como idiota como cada vez que lo hacía. Caminó al frente y habló. Dio gracias como su padre y se apegó más a la línea de Carlisle aunque de una forma más fresca y menos predecible. Me dije a mí misma que estos hombres eran más parecidos de lo que les gustaría admitir. Pasó por las diferentes actividades benéficas que había realizado la empresa y luego llegó a esta…
—Y es que nada de esto hubiese sido posible sin la aguda mente de Isabella Swan… —me señaló haciéndome el centro de atención de nuevo el muy maldi… —quien sugirió un día de feria en el que todos los involucrados disfrutaran de las atracciones. He tenido la oportunidad de trabajar aún más de cerca con ella… —que-carajos-iba-a-decir? —durante toda la elaboración de este evento y me he dado cuenta el gran valor que hay detrás de esa fachada de estratega que ella tiene. Los que hemos tenido la oportunidad de entrar en su vida somos sumamente afortunados. Y este evento es solo el comienzo de una carrera brillante…para una mujer excepcional.
¡Arg!!!! ¡Bastardo adulador! Me veía con esos ojos azul grisáceo con un brillo de arrepentimiento que estaba a punto de ponerme de rodillas. Como odiaba el poder de seducción de esa bestia llamada Edward Anthony Cullen.
Terminó su discurso…y no me di cuenta de que demonios dijo porque estaba perdida en sus palabras así que cuando vi que comenzaron a lanzarse los fuegos artificiales cerca de Long Island Beach me bajé del estrado.
Caminaba acelerada hacia el estacionamiento del parque. En el proceso aproveché para despedirme de varios invitados y felicitar a los trabajadores que estuvieron con nosotros trabajando todo el condenado día. Fue entonces cuando oí un llanto proveniente cerca del local de souvenir. Caminé apresuradamente hacia el ruido y detrás de este…es una esquina encontré a un pequeño hecho un ovillo. Con su carita metida entre sus piernas y se movía de atrás adelante en un ataque de nervios. Me acerqué a él con cuidado y cuando subió la carita pude ver que tenía unos preciosos ojos verdes que contrastaban exquisitamente con su cabello rubio rojizo. Unas diminutas pecas adornaban sus mejillas regordetas ahora surcada por lágrimas.
Sabía que era uno de los niños del orfanato porque lo había visto llegar con los demás, lo que ignoraba era cómo había llegado hasta allí y porqué lloraba.
Le tendí una mano pero él se limitó a mirarme temeroso. Pobre criatura.
—Hola, soy Bella ¿Cuál es tu nombre?
Nada. Solo sorbidos de nariz era lo que recibía en respuesta.
—¿No hablas? —insistí. En este caso él asintió.
—¿Te perdiste? ¿Por eso llorabas? —volvió a asentir.
Le sonreí con ternura porque era lo que ese pequeño me inspiraba en ese instante en el que temblaba como un cervatillo indefenso.
—Si quieres yo te puedo llevar con tus amigos. Soy alta y te puedo alzar para que los localicemos más rápido. ¿Te parece?
—Ajá. —habló por primera vez mientras asentía de nuevo.
Reí y abrí los brazos esperando que él se acercara a mí. Cuando lo cargué mis pies se quejaron. ¡Malditas Uggs nuevas! Se notaba que comía bien porque pesaba bastante.
Me causó risa que apenas lo alzara acomodó sus piernitas en torno a mis caderas y acomodó sus brazos en torno a mi cuello. Caminamos a través de la multitud que poco a poco iba saliendo, de los periodistas que terminaban de tomar fotos a las celebridades y socialités, a los encargados de la comida que recogían sus materiales de trabajo y cuando finalmente llegamos a donde se estaban agrupando los huérfanos me señaló emocionado hacia una joven algo robusta que parecía alterada, mirando en todas direcciones mientras trataba de mantener juntos a el grupo de niños que tenía a su cargo.
—¡Ifany!!!! —gritó el pequeño.
La chica que era blanca y rubia se puso pálida por un instante y luego salió corriendo a arrebatarme al pequeño de los brazos. Lo atrajo hacia sí y le dio un beso en la frente. Me pareció escuchar algo parecido a >>No vuelvas a hacerme eso jamás<< y luego lo soltó en el suelo para revisarlo. Constató que no tuviese ninguna herida, o al menos eso creía, y luego se puso en pie para encararme sumamente apenada.
—Lo siento mucho. Devon nunca se había apartado del grupo. Tuve que dejarla con una compañera porque necesitaba ir al baño y en ese interludio él se separó del resto. —me explicaba acelerada.
—Tranquila. Comprendo que no debe ser fácil cuidar a un niño, mucho menos a un grupo numeroso como el que ustedes manejan.
La chica sonrió aliviada al ver que no le reprochaba nada.
—¿Usted tiene hijos?
No. La verdad es que soy madrina parcial de una bebé de tres meses que el que es algo así como mi pareja sospecha que puede ser su padre. Ahhh y el que por cierto tampoco me quiere pero no se puede separar de mí. Supongo que es algo difícil de explicar.
Decidí guardar mi amargura y sarcasmo para mí misma y contestarle lo necesario.
—No. No lo soy.
—Por cierto ¿Dónde encontró a Devon? —preguntó la simpática chica.
El hábil pelirrojito señaló en dirección a mi espalda.
—Adá.
Ambas reímos y la chica volvió a cargarlo aunque se le notaba cansada. Por lo visto le tenía mucho cariño a ese niño.
—Estaba por el punto de los souvenir.
—Ah.
Edward y Mike Newton vinieron caminando hacia donde estábamos ambas. Opté por ignorar a ese par y enfocarme en la mano que la chica me tendía.
—Tiffany.
—Isabella. —le respondí.
—Oh, yo sé quién es. Bonitas palabras en el estrado.
No pude evitar sonrojarme le di las gracias y para cuando me despedía de Tiffany y de Devon, Edward y Mike nos dieron alcance. El primero se aseguró de que no lo esquivase asiéndome de la cadera y el segundo se agachó a hablar con el pequeño. No pude escuchar lo que ambos se susurraban…o quizá sería que no podía prestarle demasiada atención cuando tenía a mi mayor torturador asiéndome de la cintura. No lo miré en ningún momento aunque podía sentir el peso de sus ojos sobre mí. Tiffany se sonrojó cuando lo vio y le sonreía tímida mientras contestaba a lo que él le preguntaba.
Finalmente nos despedimos y emprendimos la salida de The Cyclone.
—Me estuviste evadiendo el resto de la tarde. —¿De verdad estaba recriminándome?
—Necesitaba espacio. —me sacudí su mano de la cadera cuando ya nadie nos podía ver. —Como ahora.
Se colocó frente a mí, haciéndome detener.
Suspiré exasperada.
—¡Dios mío, Bella! ¡Nunca quise que se arruinara lo de nosotros…!
Entonces la vi. Venía hacia nosotros muy segura de sí misma en unos altísimos pumb color gris plomo, un skinny jean negro y una camisa suelta de gasa. ¡Maldije a Tanya por ser tan inoportuna!
A Edward no le pasó desapercibida mi reacción y se giró para ver a quién veía con tanta fijación. Se pasó una mano por su cabello y gruñó: —¡Coño! ¡simplemente fabuloso! Lo que me faltaba.
—Hola, Isabella. —Hola, zorra. —Edward, que bien te ves.
La muy desgraciada se atrevió a comérselo en mi cara  con la mirada.
Le negué a mi lengua el derecho a moverse para saludarla.
—Vaya…—rodó los ojos con tedio. —no esperaba tanta alegría por verme.
—La habitual. Acostúmbrate. —le contestó Edward finalmente.
Hizo un gesto como si la hubiese herido tocándose el pecho.
—¡Ouch! Pero que yo recuerde…antes te ponías… —dirigió una lasciva mirada a su pene. —bastante contento de verme.
¡Demasiado perra para ignorarla!
—Pero fue antes de que se enterase de que eras una zorra desvergonzada capaz de acostarte con un compañero de trabajo. —ataqué. —Claro que yo creo que tal vez te confundiste de protocolo al ser una mujer comprometida y pensaste que revolcarte en la oficina con una de las manos derechas del que sería tu futuro esposo no estaba mal. —musité con falsa inocencia.
De estar atónita pasó a estar furiosa. Entrecerró los ojos y nos fulminó a ambos con la vista. Finalmente fijó su desprecio en Edward.
—No puedo creer que estés diciendo esas cosas de mí. Eres un poco hombre.
—Como tú…que eres muy poca dama. —respondió en tono venenoso.
Mi lado mezquino se retorció de felicidad al escucharle hablar así con la que una vez fue parte de su pasado y le había hecho daño.
—Nunca creí que llegases a convertirte en esto… —luego me miró a mí con desdén —No cantes victoria. De seguro serás una calientacama más del montón. En algún momento él se cansará de ti…
—O yo me hartaré de él y lo dejaré. —vi de reojo como él dio un respingo. —pero te prometo que cuando eso suceda no me acostaré con Jacob. Eso de ser parte de un triángulo amoroso… —chasqueé la lengua —no es lo mío.
Su rostro se puso lívido de la rabia y dio un paso hacia mí pero tras pensárselo mejor respiró profundo y pareció tranquilizarse. Solo el pronunciamiento de la vena en su frente delataba su humor.
—Caramba…caramba con la asistente agazapada. ¿Quién diría que después de volverse “alguien” se pondría tan fiera?
—¡Ya basta, Tanya! —le gritó Edward. —Que yo sepa la empresa en la tú trabajas te mandó en representación al evento. No a jodernos después del cierre. Así que vete a la mierda de aquí.
—¡Eres un maldito engreído!
—Solo obtienes lo que te mereces. ¿Vienes a joderme a mí o a los míos? Pues atente a las consecuencias. Moraleja del cuento: No-me-jodas.
—Ahhhhhh ¿Así que ella es tuya? —contestó ninguneándome con un gesto de la mano —Por qué poco me has cambiado.
Noté como él rechinó los dientes y contraatacó:
—Si te refieres a lo poco mujerzuela que es. Tienes mucha razón, Bella no lo es. Tú sí. Ahora….que si hablamos de damas…mejor lo dejamos antes de que salgas perdiendo por goleada.
Cansada de tanto dime-que-yo-te-diré me situé frente a ella y le dije en tono cansino: —¿De verdad necesitamos seguir recalcándote tus pocas dotes de lealtad y monogamia durante más tiempo? Porque esto empieza a ser molesto. Así que te agradezco imperiosamente que si quieres reñir de nuevo, hazlo un día que no estemos cansados.
Le enseñé la salida del estacionamiento y ella se limitó a lanzarme una sonrisa de autosuficiencia antes de irse.
Respiré con cansancio y me dirigí a mi fiel Nissan. Ya estaba bien de actuar como arpía durante el día. Primero Jacob y ahora esta…indeseable. Eso sumado al cansancio, al rechazo de Edward, a mi confesión humillantemente cierta y todo lo ocurrido el resto del día era demasiado para el cuerpo de esta mortal. Necesitaba una cama, una manta y una almohada que abrazar con urgencia.
—¿Me vas a seguir ignorando o vamos a hablar como los adultos que somos?
Finalmente me detuve cuando llegué a mi auto y me giré con los brazos cruzados.
—Ya déjalo ¿si? —le dijje con un tono dulce que no planeaba emplear en lo absoluto. —Solo quiero irme a mi cama…
—¡No! ¡No quiero que lo nuestro quede así! Yo no puedo estar sin ti y lo sabes. —estaba desesperado. Su mirada desorbitada y llena de temor no mentía. Pero yo estaba demasiado turbada para tomar eso en cuenta.
—Lo nuestro… —agregué como si estuviese sopesando mis palabras. —Lo nuestro…La verdad es que ni tu ni yo sabes que es “Lo nuestro”, Edward. Solo que nos exigimos, más que pedirnos, exclusividad. Tú no ves a nadie y yo tampoco, pero puestos a ver las cosas con objetividad; nosotros no tenemos ningún status en el que encajemos. Más allá de que nos estamos acostando.
Apretó los labios en una línea fina.
—Es mucho más que eso…y lo sabes.
Negué con la cabeza.
—La verdad es que…ya no sé nada. Solo sé que en la casa de los espejos yo hice el papelón de mi vida…
—¡No!
—Sí. —aseveré tajante. —Lo hice y sinceramente ahora me siento lo suficientemente cobarde como para querer irme a mi casa y pedirte que me dejes espacio porque lo necesito más que nunca.
Se pasó una mano por la boca como si se estuviese limpiando los labios.
—Te vas a alejar, Bella. Lo sé. Eres tozuda y vas a hacerme todo cuesta arriba para recuperar lo que teníamos…
—Edward…Edward…Edward. Entiende algo: necesito sopesar mis opciones para saber si puedo seguir apostando por…esto.
Se pegó a mí hasta que solo unos milímetros separaban nuestros labios.
—Yo sigo apostando por nosotros, Bella. Y no estoy dispuesto a perderte.
No lo quería, pero mis ojos se llenaron de lágrimas así que opté por separarlo de mí lo más suave que pude.
—Solo déjame ¿sí? Déjame…bah. —sacudí la cabeza, lo empujé de nuevo y entré en el auto para encerrarme rápidamente.
Y lo dejé tras de mí. Parado en un plaza de estacionamiento vacía. Tan vacía como se habían quedado nuestras miradas. Y quizá algo más profundo que me negaba a reconocerme a mí misma por miedo a hundirme en la desesperación.

 Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.
Mamma Mia. ¡Como amaba esa película!
Normalmente no había forma de que perdiera ni siquiera los créditos con Waterloo como fondo  musical y a una Meryl Streep bailando graciosamente con sus amigas desquiciadas. Más esa madrugada fue la excepción a la regla.
Apenas había llegado a mi pequeño departamento cuando me quité las botas camino a la habitación, los calcines un poco más adelante en el suelo y una a una fueron cayendo el resto de las piezas hasta que me quedé solo en bragas y brassier. Dejé que mi edredón de rayas azules y blancas me abrazara a mi cama aunque lo que conseguí dormir solo fueron cinco horas. A la una y media de la madrugada me levanté sobresaltada sintiéndome más sola que de costumbre y frente a mí tuve la respuesta. Una almohada regordeta me indicaba que era porque las cosas no me habían salido como había planeado. En lo absoluto. Tomé mi celular y miré la hora. Ahí fue que me enteré que tan desordenado estaba mi reloj del sueño. Un circulito rojo sobre el ícono de un sobre me indicaba que tenía un mensaje de texto. Traté de pasarlo desapercibido más después de un rato sucumbí a la tentación de saber si era Él…
Y sí…lo era.
“Siento no poder decir lo que quieres oír, más sin embargo soy capaz de esforzarme más por conseguirlo y hacerte feliz. Te quiero conmigo.”
¡No! ¡No era “esfuerzo” lo que quería de Edward ¿Por qué no podía comprenderlo?
Dos horas después y muchas vueltas en el colchón también, decidí darme por vencida. El sueño se me había escapado por mi “diluvio óptico post-mensaje de Edward Cullen”, así que decidí dejar a mi patetismo arropado en mi cama y yo irme a preparar algo caliente y ver la primera película con la que me topase en mi colección de DVD´s .
Una buena taza de humeante té verde con miel y Mamma Mia fueron la compañía perfecta en mi madrugada solitaria. Y aunque sonreía como tonta por los extravagantes pasos de bailes de Meryl, Pierce Brosnan y Colin Firth al final de la película mis ojos se fueron apagándose antes de que todos los créditos terminaran de pasar.
Me desperté a pasadas las diez y media de la mañana como si me hubiesen caminado por encima la mitad de los niños presentes en el evento. Arrastré mi perezoso y lamentable trasero hasta la ducha para un energizante baño. Me preparé una rápida ensalada de frutas, un poco de zumo de naranja y una taza pequeña de yogurt. Me recogí mi cabello aún húmedo en una coleta, cambié mi bata de baño por un pantalón de chándal, una franela y unos tenis.
Ese domingo sería la cena con las personalidades y ejecutivos en Le Cirque, como cierre con broche de oro (y ostentación, que es lo que esa gente esperaba) del Evento Benéfico. Mike Newton estaría presente más era el único que asistiría en representación del orfanato pues no podía prescindir de la presencia de nadie para cuidar a los pequeños. Así de grave estaba la escasez de personal que tenía el Saint Gabriel´s. En fin…que esta era una noche en la que no podía aparecerme luciendo como cualquier día de oficina. Así que tomé mis cosas y me negué a ver a mi tarjeta de crédito la cual iba a llorar hoy entre una visita al salón de belleza y una larga vuelta en Saks Fith Avenue.

Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.
Llegué en taxi hasta el restaurant Le Cirque porque no había forma ni manera de que pudiese manejar mi amado Nissan con aquellas sandalias de plataforma altísimas de Louboutin. Uno de los chicos del personal me abrió la puerta y se quedó embelesado viéndome las piernas sin disimular su asombro. Me bajé lo máximo que pude el ruedo de mi vestido y me maldije por haberme antojado de uno que tuviese la falda tan corta.
El Stella Room, era una de las salas para eventos privados de Le Cirque. Con una capacidad de noventa personas en sus amplias mesas circulares que recibían a nueve invitados cómodamente sentados a los largo y ancho de la misma. Ventanales en forma de rombos permitían a los comensales admirar el paisaje de la noche neoyorkina. Predominaban los tonos blanco y durazno en su decoración. Así como la exquisita cava de vinos que adornaba el extremo izquierdo de la habitación. Una alfombra en tonos amarillos, naranjas, azules y aguamarina contrastaba exquisitamente con el ambiente.
Las puertas de cristal de los laterales estaban abiertas en su totalidad recibiendo a los ochenta y cinco invitados más exclusivos que participaron en el evento benéfico. Así que no me extrañó que diseñadores, uno que otro actor, magnates y ejecutivos de Le Mademoiselle y de sus empresas asociadas me saludaran como si perteneciese a su círculo. Me adentré aún más en la celebración en la que un pequeño grupo de cuerdas interpretaban una pieza sobria y elegante a juego con el ambiente que se respiraba en el local.
Finalmente me topé con Carlisle, Esme y Edward que se encontraban casi al final de la sala. Los dos primeros actuaban formales como el entorno lo demandaba en cambio el último casi escupió la champaña cuando me vio aparecer.
Un camarero me ofreció una bandeja plateada llena de copas aflautadas burbujeantes.
—¿Crystal, señorita?
Asentí y le sonreí en agredemiento. Seguí mi camino notando como los ojos de Edward se agrandaban con cada paso que daba hacia ellos. Más estos se fueron haciendo más pequeños a medida que la reprobación se hacía latente en su rostro. ¡Que se joda! Me dije a mí misma. 
En realidad era yo la que quería que me jodiera, más cuando estaba vestido totalmente de negro. Su traje, su camisa y su corbata negra con pequeños y delicados brocados lo hacían parecer un ángel del infierno en busca de las pobres almas de jóvenes incautas que caerían rendidas a sus pies por una sola mirada aquellos ojos tormentosos azules grisáceos y labios esculpidos específicamente para tentar hasta a la de convicción más fuerte. Y que constara en acta que yo no estaba en ese grupo de mujeres.
Así que cuando semejante adonis se veía seriamente afectado por mi vestido de Aidan Mattox, me sentí poderosa. O sería quizás que el estampado de piel de serpiente que adornaba la pequeña tela plateada me confería una peligrosa audacia. Salpicado con un ligero brillo a lo largo y ancho del vestido de poliéster manga larga y a juego con unas sandalias negras que parecían gritar ¡Cuidado! ¡Aquí va una fresca! Parecía que iba ataviada para matar…y de cierta forma; eso quería.
—Buenas noches, señor y señora Cullen, señor Zanotti…Edward.
Todos me saludaron y alabaron mi apariencia. Bueno…todos menos Edward quien rechinó los dientes mientras el baboso de Phillipini Zanotti me dirigía una mirada lasciva.
Tomé asiento con ellos a petición de Carlisle y demanda de Edward, y poco después comenzaron a circular los canapés por la sala. Bruschettas de tomate, shots de sopa de gazpacho y cocteles de camarones fueron los encargados de abrirle el apetito a los exigentes comensales.
—Ese vestido es extremadamente corto. No me gusta. —gruñó Edward a mi lado mientras fingía una sonrisa al mesonero que le servía una bruschetta.
—No lo llevas puesto tú. Así que tranquilízate. —le respondí tomando el mismo tipo de canapé que él.
—Todos te miran de manera inadecuada, Bella.
Le miré divertida a la cara mientras bebía mi último trago de Crystal y reacomodaba mi clutch de Miu Miu en mi regazo.
Poco tiempo después llegaron los aperitivos fríos y calientes: la ensalada de langosta de la casa, confites de mango con ensalada de mango verde, calamares y pulpos al grill.
La ceremonia seguía y las conversaciones no se hicieron esperar. Carlisle, Esme, Zanotti (alias el viejo baboso), cuatro ejecutivos que solo conocía de vista, Edward y yo conversábamos sobre distintas cosas. Ninguna interesante pero supuse que era lo que se estilaba en reuniones así. Se notaba el orgullo de Edward al ver que me podía mover fácilmente en su entorno; aunque no me gustaba. Cosa que por supuesto no demostré; y alabó mi gestión en cada oportunidad que pudo. A pesar de que cuando me veía se notaba que aun seguía furioso por mi vestido. Decidí no prestarle atención por no ser más que la pataleta de un cavernícola intolerante.
Y…el cual no me correspondía. Gritó mi cerebro.
Sopas, pastas, risottos y distintos tipos de carne fueron desfilando por la multitud. Los vinos fueron los acompañantes perfectos. Tres tipos de vinos fueron seleccionados: elChâteau Guiraud del 2009, el Shafer Relentless 2008 y el Château de Saint Cosme Gigondas de 2010.
—¡Bella! Excelente labor escogiendo el menú de esta noche. —me alabó Esme frente a toda la comitiva que tenía en frente.
No pude evitar sonrojarme, más le respondí con suma seguridad:
—No es a mí a quién debe de felicitar, señora Cullen. El crédito se lo lleva Le Cirque, que permitió que cada una de lo que escogí estuviese a la altura de las expectativas.
Touché. —brindó ella con su copa de Shafer. —Aún así te mereces el reconocimiento por el buen gusto.
Me sonrió displicente. El resto de las conversaciones se desvió hacia el tema de la comida y yo agradecí que las miradas no siguieran posadas en mí.
—Necesitamos hablar. —me susurró Edward al oído.
Noté que a varios de los presentes en la mesa no les pasó eso desapercibido.
—¿Puedes controlarte un poco? Los ejecutivos se están dando cuenta de tu actitud.
—No me interesa.
—A mí sí. —susurré entre dientes.
Nos tocó la penosa decisión de decidirnos entre una tarta de piña con helado de vainilla, una crème brûlée, una tarta de ganache de chocolate con helado de dulce de leche o una cheesecake con frutilla. Me decanté por la última y Edward por la tercera.
Para sorpresa de todos; hasta de la mía; tomó con familiaridad de mi postre sin importarle lo impropio que pudiese eso parecer ante los demás y más tarde tomó de su plato y de acercó la tarta de chocolate a los labios. Esa media sonrisa capaz de hacer rebeliones por querer poseerla se prendó de sus labios y la maldad se coló en sus ojos cuando me retó: —Prueba mi…postre. —las segundas intenciones eran claras en su comentario.
Tragué grueso y ante varias miradas atónitas abrí mis labios y dejé que colara el dulce en mi boca. Una sensación de calidez traidora se coló por mi entrepierna cuando un gruñido de sexy satisfacción salió de su boca.
—Me matas. —moduló en silencio.
Me limpié los labios con la servilleta en un intento fatuo de esconder el sonrojo que embargaba mis mejillas.
Pero Edward no había terminado de torturarme, aún le quedaba un as bajo la manga.
Tomó mi mano frente a todos y depositó un beso en el dorso. Miró a todos con una sonrisa de gato de Cheshire: —Veo miradas sorprendidas en la mesa… —y tenía la audacia de mirarlos directamente a los ojos. —por lo visto se me olvidado comentarles que tengo el honor de salir con la señorita Isabella Swan.
¡Sería cabrón!
Por lo visto había malinterpretado su mensaje de texto, el que al parecer era más una advertencia de que haría cualquier locura en vez de un ruego. ¿Cómo no me había visto venir esto de un hombre que se comportaba más como un cavernícola que como un empresario de relevancia global?  
Pero es tú cavernícola, y eso no importó para enamorarte de él. Comentó mi cerebro, más le respondí que aún así me parecía un maldito idiota tiránico.
Sonreí con toda la etiqueta de la que fui capaz y le respondí:
—Si no se dieron cuenta durante la cena, el postre nos delató.
Todos se echaron a reír con distinción y felicitaron a Edward por tener tan excelente gusto. En medio de esas demostraciones de afecto que me parecieron demasiado falsas para creérmelas, me sorprendí al encontrar las miradas que los señores Cullen me dirigían. Esme sonreía con cariñosa satisfacción mientras que en Carlisle brillaba una grata incredulidad. Debía de estar cuestionándose a sí mismo sobre cuando debía de haber comenzado nuestra relación. Aunque eso solo demostraba lo poco que prestaba atención a lo que hacía su hijo, pues mi presencia en plena disputa de infidelidad familiar debió hacérselo saber. Al menos que pensase en otra cosa que se me estuviese escapando.
Al final de todo, los invitados se pusieron en pie y charlaban los unos con los otros, oportunidad que Edward aprovechó para apropiarse de mi cintura y hacer de público conocimiento a todo el que le preguntase que estábamos saliendo desde hace un tiempo. en un movimiento de cabeza leve para acomodar la mata de cabello ondulado que caía sobre mi hombro pude ver que Jacob Black nos dirigía un detallado estudio visual y no me pasó desapercibido que no estaba nada contento con la situación. En ese momento me acordé de Tanya y lamenté profundamente que la muy zorra no estuviese también allí.
Edward se empeñó en llevarme a mi casa aunque en privado le rechacé varias veces, pero al final se salió con la suya. El que estuviese la prensa rosa en las afueras del lugar no me extrañó, lo que sí lo hizo fue que Edward se parara a saludar educadamente a algunos de ellos y hasta responderles algunas de sus preguntas mientras nos fotografiaban juntos. Mentalmente me preparé para verme en varios diarios retratada como “una más” de la lista de Edward. Eso aumentó un grado más a mi depresión. Me alegré cuando al final nos escapamos de los ojos curiosos y de los paparazzis chillones.
Necesitaba urgentemente mi privacidad para revolcarme en mi propia miseria.
 Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.
—No, Edward. No quiero que subas. —lo último era una verdad a medias.
Embry seguía con la vista al frente mientras su jefe y yo discutíamos en la parte trasera del auto.
—Bella, necesitamos hablar. Ya te lo dije en la cena. Te lo pedí ayer también y no me quisiste dar la oportunidad.
Cerré mis ojos, suspiré y volví a mirar con la entereza recuperada.
—Te pedí espacio y no me lo has dado. Me escribiste anoche, llamaste durante toda la mañana y la tarde, y como si todo esto no fuese poco me tomas como si fuese una pertenencia tuya para decir ante el mundo que estamos saliendo ¿con qué fin? —le pregunté exasperada pero sin la mordacidad que siempre me hacía compañía cuando discutíamos.
—Te dije que haría mis mayores esfuerzos para tenerte y lo cumplí.
Me agarré la cabeza con una mano y miré el suelo del BMW.
—No sé qué quieres de mí, Edward.
—¡Ni yo! —dijo desesperado a la vez que me tomaba de las muñecas y me giraba hacia él para que lo viese. En sus ojos volvía a brillar el miedo. —Dame la oportunidad de averiguarlo. —Negué frenética en silencio y sin poder contener las lágrimas que brotaban. Pegó su frente a la mía y respiró entre cortado frente a mis labios haciendo que me embriagara con su aliento. —Por favor, Bella. Mi Isabella. No me niegues el estar contigo, esa es la única tortura que no resisto. Me has hecho vulnerable a ti.
Me quedé sin aire por un segundo y él lo aprovechó para apoderarse de mis labios. Más lo rechacé desesperada, lo empujé del pecho hacia su asiento, tomé mi clutch y salí corriendo hacia mi apartamento. Mientras subía los escalones lo más rápido que me lo permitían los altísimos tacones escuché el encendido del auto y crujir del pavimento bajo los neumáticos. La pena me oprimió el peño amenazando con aplastarme el corazón hasta que no pudiese mover más pero ni eso me detuvo en el ascenso a mi “refugio”.
Cerré de un portazo y me dejé caer al suelo jadeando y llorando a partes iguales. Las infames sandalias Louboutin repiquetearon contra el parqué cuando me las saqué violentamente. Abracé mis rodillas y apoyé mi cabeza para llorar a mis anchas como la imbécil que era.
No podía con Edward. Él era demasiado confuso como para que mi corazón lo soportara; en un momento podía hacer añicos el alma y momento siguiente podía desbaratarme con unas palabras como las que me había dicho en el auto.
“Me has hecho vulnerable a ti. “
Quería creer que valía la pena arriesgarme con él. En serio quería hacerlo pero le temía demasiado al dolor como para pasar por alto que en la ecuación que los dos conformábamos solo yo estaba enamorada. Eso se reflejaba como un resultado negativo. Como dolor.
El hilo de mis pensamientos fue cortado cuando sentí que mi puerta se movía. Me quedé en silencio asustada. Escuché un largo roce que llegó hasta el suelo y me alejé gateando por el suelo espantada. ¡Se intentaban meter a mi apartamento!
—Te puedo escuchar desde aquí, Bella. —mi corazón se detuvo cuando reconocí la voz amortiguada de Edward a través de la puerta. —¿Quieres hacer las cosas a tu manera? Pues bien yo las haré a las mías.
Seguía estupefacta.
—No me voy a ir a ningún jodido lugar. Por mí puedes llamar a la policía o al presidente de la junta de condominio. De vale una reverenda mierda. De aquí no muevo mi culo hasta que no estés dispuesta a escucharme. ¿Querías espacio? Bien, ahí tienes tu apartamento. Pero me aseguraré que no des un paso afuera de él sin escucharme antes.
Oh Dios…

Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.
Hola, chicas…muchíiiiisimas gracias por todos esos reviews que me dejan…lamento que a veces no me de tiempo para contestarle a todas como me gustaría pero créanme que absolutamente tooodos los leo.
Mi cavernícola y yo les agradecemos el apoyo demostrado. Espero que les guste esta nueva entrega.
*Marie K. Matthew*












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