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Espero que tu estancia en mi blog sea placentera, Mis Fanfics están protagonizados por personajes de Stephenie Meyer, pero las historias me pertenecen a mí. Advertenciaa: Rated: +M (+18)

Corazón De Cristal

"-Pareces un ángel ¿te lo habían dicho? Quizá lo eres y nosotros no somos capaces de comprenderlo." -Isabella Swan.

Tirano

"Un hombre que no tenía la palabra DEBILIDAD en su vocabulario...y una mujer sencilla y sensible que demostrará que hasta el más insensible y frío es capaz de caer por amor"

Anhelo Desde La Oscuridad

"Serás mía por toda la eternidad..Lo quieras o nó" -Edward Cullen.

Sin Alternativas

"Solo una mirada bastó para dar un vuelco a mi vida." -Rachel Black.

El Primer Amanacer

Te amé más allá de la razón. Te entregué todo: mi niñez, mi cuerpo y alma; incluso mi voluntad. Pero ya no más. No pienso seguir viviendo de tus migajas. Aunque te ame con todas mis fuerza; me voy para siempre.

martes, 8 de octubre de 2013

CORAZÓN DE CRISTAL - Capítulo Vigésimo Sexto:



Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.

“Retomando el curso”

Bella POV:
Las salas de espera de los hospitales eran lugares diseñados normalmente para transmitir calma a las personas que estuviesen en ellas. Lástima que casi nunca cumpliesen con su cometido.
En aquel momento, el ambiente estaba a rebosar de tensión: ninguno sabíamos nada más allá de que Rosalie estuviese sangrando o que los Cullen estaban de camino. Jasper no dejaba de caminar de un lado al otro sin decir una palabra tan siquiera de frustración. Alice permanecía sentada cerca de donde él caminaba pero esperaba pacientemente a que se rompiera el silencio. Fui incapaz de hacer otra cosa que no fuese emularla solo que desde una ubicación más lejana a ese par por si requería intimidad.
Emmett irrumpió en el sitio con el rostro ceniciento del susto y una mirada casi maníaca de la preocupación.
—¿Dónde está? —preguntó sin muchas ganas de detenerse.
—La están examinando. No puedes pasar. —gruñó Jasper.
Ni Alice ni yo necesitamos ponernos de acuerdo para, de una manera muy disimulada ponernos en pie para evitar cualquier enfrentamiento que comenzara a volverse físico.
Emmett se giró hacia él.
—¿Por qué? —preguntó alarmado. Parecía estar demasiado aturdido como para darse por enterado de la beligerancia del hermano de Rose.
—El médico lo quiso así. —tercié.
La llegada de un niño podía ser recibida de muchísimas maneras; algunas repletas de alegría y otras no tanto. Sabía que la noticia de la existencia de este bebé; la cual ahora parecía peligrar; no había sido precisamente celebrada. El mismo Emmett me lo había comentado, pero aún así su expresión me hacía entender lo que su boca quizá no estaba lista para reconocer: que deseaba a este bebé. Y en lo más personal, comenzaba a creer que no solo habían sentimientos por el nonato en ese gran pecho, si no por su madre también. Solo había que fijarse como la observaba a hurtadillas cuando acudía a su casa a impartirle a Edward sus lecciones de piano. Había un brillo extraño en su mirada. Algo que definitivamente no había percibido cuando él juraba sentir cosas por mí. En secreto eso me tranquilizaba mucho.
El teléfono de Jasper llamó la atención de casi todos, menos de Emmett, al repiquetear.
—Dime, mamá…—exhaló sin mucha paciencia. —No, aún no sabemos nada. No te vengas, por favor. Prefiero que te quedes allí con Charlotte hasta que pueda salir de aquí…
Y mientras que la conversación continuaba el resto de Cullen se dejó caer al hospital. Esme y Carlisle muy preocupados.
Edward se acercó hasta donde yo estaba, le besé como saludo y dejé que tomara mi mano entre la de él.
—¿Rosalie está mal? —me preguntó tenso.
—No lo sabemos, ángel. Aún el médico no nos adelanta nada. Puede que no sea nada como puede que sea algo muy grave. Solo nos resta esperar a que sea lo primero.
—¿Qué sería lo más grave que podría pasar?
—Podría perder al bebé e incluso tener una hemorragia interna y ella… —me negué a continuar enumerando “los posibles” por temor a conjurar a alguno de estos. Además tenía que Emmett alcanzara a escuchar algo de esta conversación y se volviera aún más frenético de la preocupación.
Carlisle como cosa habitual hacia acopio de toda su entereza para mantener la calma en una sala de estar fría y aséptica repleta de más tensión que de personas.
Una enfermera vestida de verde y con una carpeta de metal atravesó las puertas.
—¿Los familiares de Rosalie Hale? Emmett y Jasper corrieron hasta ella prácticamente, Carlisle se acercó a su esposa para escuchar, yo apreté la mano de Edward esperando lo que pudiera decirnos.
—¿Ella está bien? —preguntó azorado Jasper.
—No estoy autorizada para darles mayores detalles, pero ella está bien. Ya luego el doctor les explicará mejor la clínica de la paciente.
—¿El bebé como está? —inquirió Emmett contradiciendo lo que esta le estaba diciendo.
Ella suspiró comprensiva y le dirigió una sonrisa tranquilizante.
—El bebé sigue allí. No se preocupe ¿Usted es el papá? —él asintió —Venga conmigo entonces.
La expresión de exasperación de Jasper no nos pasó desapercibida a ninguno. De hecho, Carlisle se le acercó por la espalda y le colocó una mano en el hombro como llamándolo a la calma.
—¡Pero yo soy su hermano!
—Lo siento, señor —se disculpó la chica pequeña y morena. —.Pero se me ordenó buscar a la pareja de la paciente…
—¡Él no lo es!
—Jasper, por favor. —intercedió Carlisle. —Tranquilízate, hijo.
—Disculpe, señor. —se excusó la chica y se adentró con Emmett tras ella.
En defensa de Jasper he de reconocer que se notaba a leguas que peleaba con su genio a más no poder. No era fácil contener a un abogado. No cuando demandaba lo que creía su derecho. Carlisle lo llevó hasta una esquina en la que hablaron en un tono tan bajo que no pudimos escucharle. Alice se le acercó tras un par de minutos de conversación y me di cuenta que ella estaba tratando de calmarlo también.
—¿Por qué Jasper está tan alterado? —musitó Edward con la mirada fija en su amigo.
—Está preocupado, ángel. Tiene a su hermana y a su sobrino del otro lado de estas puertas y no se le permite entrar. También está molesto.
—Pero la señorita ya le explicó por qué no podía pasar.
Le miré a esos ojos preciosos que tanto me fascinaban.
—Imagina que fuese yo la que estuviese allá atrás… —utilicé a mi persona en vez de a su hermano por meros tecnicismo de géneros.
—Pero tú no eres mi hermana…
—Por supuesto que no.
—Así que no es lo mismo.
—Ángel, deja que me termine de explicar. Imagina que soy yo la que estoy allá atrás sangrando y no te dejan entrar a saber como estoy.
Sus ojos se fueron llenando de comprensión a medida que el silencio se extendía.
—¿Ves? —le dije. —No es fácil estar en el lugar de Jaz. Es su única hermana.
Asintió.
—Si Emmett se enfermara yo también me preocuparía. —admitió con seriedad.
Sonreí para mis adentros. Él era demasiado inteligente para su propio bien.
—Lo sé, ángel.
Y a partir de allí estuvo contándome sobre lo que él y Emmett hablaban en sus antiguos trotes matutinos sobre la protección entre hermanos.
Aproximadamente veinte minutos después, salió la misma enfermera informando que podíamos dirigirnos al sexto piso. Rosalie estaba en la habitación seiscientos treinta y cinco. Me pareció prudente esperar fuera de esta a que algunos de los presentes se tranquilizaran.
Como era de esperar Jasper entró sin perder el tiempo, Carlisle lo hizo detrás de él en caso de que tuviese que intervenir; aunque yo lo veía bastante calmado en comparación a como había estado en la sala de emergencias. Esme, Alice y Edward parecieron pensar lo mismo. O al menos esperaron a que les autorizaran a entrar.
—¡Qué nervios! —exclamó Esme cuando pasados unos minutos aún no sabíamos que pasaba dentro. Solo escuchábamos susurros pero no alcanzábamos a distinguir nada que pudiese darnos pistas.
—Tranquila, mamá. Recuerda que la enfermera dijo que Rose estaba bien. Y el bebé también. —terció Edward.
Por primera vez mi ángel llamaba a la calma. Si alguna vez había visto un parecido entre ellos, no fue ni la mitad de lo que lo encontré en ese momento. Su talante y su razón se imponía en una situación en la todos nos veíamos afectados.
—Lo sé, cielo. Supongo que debo de sosegarme un poco. —agregó ella con dulzura y paciencia.
—Sí, debes hacerlo.
Alice volteó a mirarme y yo le dirigí una expresión que decía Él – es – único – en – su – estilo.
Carlisle fue quien acompañó al doctor; quien por cierto era un hombre de facciones afroamericanas y que elevaba el término alto a otro nivel. Él hombre nos saludó con cortesía antes de prestarle atención teléfono celular y mirar su reloj.
—¿Qué les dijo?—supuse que decir que ibas a tranquilizarte era más fácil de decir que de poner en práctica. La pobre Esme no podía dejar sus manos tranquilas mientras acribillaba a su esposo a preguntas. —¿Cómo están? ¿Jasper sigue molesto? ¿Y Emmett?
Por un momento una sonrisa joven se apoderó de los labios de Carlisle y la dulzura invadió una mirada que iba solo dirigida a su esposa. Tal como la caricia delicada que le prodigaba en su mejilla derecha con el dorso de su mano.
—Tranquila, amor. Todo está bien. Por lo visto este bebé es tan revoltoso como su padre. El sangramiento de Rosalie no se debe a nada preocupante.
—Entonces ¿A qué? —intervino Alice.
La cabeza de los Cullen se acercó más hacia nosotros trayendo consigo a su esposa del hombro. Como arropándola con su brazo.
—No puedo hablarles con tecnicismos médicos pero en resumidas cuentas el médico nos dijo que habían ciertas mujeres que presentaban ciertos sangramientos como si fuese una especie de menstruación. De hecho, muchas no se percataban de su estado hasta pasado varios meses. Este es uno de esos casos.
Me di cuenta de que todos respiramos un poco más aliviados. Excepto Edward que seguía escuchando a su padre con atención.
Esme quiso entrar a la habitación y pasó con Edward. Alice y yo esperamos fuera a que alguien saliera para poder entrar. No era prudente que estuviesen demasiadas personas en una habitación.
—¿Podrías venir conmigo? —le pidió un Jasper visiblemente cansado a Alice. Ella asintió. —Charlotte se lo está poniendo difícil a mis padres esta noche. Está muy inquieta.
—Vamos. —dijo ella cerrándose un poco más el zipper de la chaqueta.
Jaz me sonrió con cortesía y se despidió de mí con la mano, Alice en cambio se acercó un momento hacia donde estaba sentada.
—¿Necesitarás algo?
Ella tan solícita como siempre.
—No, Al. No creo que dure aquí demasiado si ya sabemos que Rosalie está bien. De todas maneras, gracias.
Entonces se fue.
Me arrebujé más entre mi grueso abrigo y soplé entre mis manos maldiciendo el clima de Forks.
No sé cuánto tiempo permanecí con la cabeza recostada a la pared hasta que el sonido de la puerta llamó de nuevo mi atención. Abrí los ojos y me encontré con un Emmett mucho más calmado de lo que había visto allá abajo. Incluso me sonrió un tanto avergonzado.
—¿Estás muy cansada?
Negué con la cabeza y me levanté para terminar de despabilarme.
—¿La dejarán acá toda la noche?
Se encogió de hombros.  
—Mera cuestión de chequeo. Le colocaron un medicamento para eliminar el sangrado y ahora solo le resta descansar. —cerró sus ojos y respiró profundo. Quizá sería el primer momento en el que podía asimilar que no iba a pasar nada malo allí. —No sabes el susto que pasé, Bella. Pensé tantas cosas de camino hacia acá.
—Suele pasar. A las personas nos mencionan la palabra hospital y nos volvemos fatalistas de una vez.
—Cierto.
Le di un empujoncito con el hombro.
—Hay embarazos plagados de sustos, Emm. Hay otros en cambios que pasan con mucha normalidad. En mi opinión personal, ese bebé es todo un Cullen: lo persigue el drama.
Emmett se me quedó viendo y estalló en risas.
—Sí, definitivamente es todo un Cullen.
No llevaba el saco del traje que traía al llegar ni la corbata, los puños de su camisa se encontraban doblados casi hasta la altura de los codos.
Me dio un corto abrazo y luego se despidió de mí. Debía de buscar algunos artículos personales en casa de Rosalie para ella. Pero no se fue antes de decirme que pasara.
Giré el pomo de la puerta y me asomé poco a poco para ver si era correcto pasar y como no vi nada fuera de lo común, lo hice. Rose giró su cabeza hacia mí y me dirigió una mirada apenada.
—Hola, Bella. Siento mucho este susto.
—No te preocupes, Rose ¿Cómo te sientes?
—Ahora bien. Me asusté mucho. Toma asiento, por favor. —me indicó hacia una silla que estaba a un costado de su cama que quedaba en frente de donde estaba la señora Cullen.
Edward permanecía un poco más lejos con su padre; quién le estaba hablando pero él me miraba a mí. Estuve tentada a hacerle un gesto disimulado para que le prestara atención a la persona que tenía a su lado pero decidí no arriesgarme a que su reacción lo dejara aún más en evidencia de lo que ya su postura hacía.
—Yo le contaba a Rosalie que mis dos embarazos fueron completamente diferentes. Cada uno parecido a las personalidades de mis hijos. —comentó la señora Cullen. —Con Emmett las náuseas matutinas fueron terribles. Se supone que ese proceso cesa en los tres meses pero a mí me duró seis.
—¿Y cómo lo soportó? —le preguntó Rosalie.
—Con mucho hielo y galletas saladas. Si vieran lo delgada que me puse. Carlisle estaba asustado. Ni siquiera tenía grande la pancita, pero eso sí; cuando esos mese terminaron y el séptimo llegó comencé a comer todo lo que antes no soportaba y hasta más. Me puse enorme.
—Y el de Edward ¿Cómo fue? —le pregunté.
A ella se le dulcificaron los rasgos.
—Con Edward todo fue muy tranquilo. Los primeros meses si tuve mis molestias pero no fueron ni de cerca tan malas como con su hermano. Esa vez no pasé de ser un hueso a una bola en tiempo violento. Mi embarazo fue más típico y su padre estuvo más calmado. No parecía un desquiciado corriendo de su trabajo a la casa y de la casa al trabajo. —el repentino silencio tenso expresó lo que ella no se atrevió a decir: que los problemas con Edward habían venido después.
No se debe de ver el autismo como una enfermedad sino más bien como una condición; pero el hecho de que existan personas que consideren a quienes lo tienen como unos discapacitados eso sí lo convertía en un problema. No siempre se debía a la mezquindad que muchos poseen sino también a la ignorancia para con el tema que se maneja en general.
No quise que el ambiente se tensara así que decidí lanzar una broma tonta para aligerar la cosa: —Y me imagino que comió todo el chocolate que estaba en la ciudad. Yo lo haría.
Así estuvimos un rato más: Esme hablándonos acerca de todo lo que había vivido en sus períodos de embarazo. Lo lindo, lo feo y hasta lo raro. Rosalie por su lado le hacía cualquier cantidad de preguntas. Por lo que escuché, aún estaba en la etapa de los vómitos matutinos; de allí que pareciera un poco más delgada; pero nada más. Y yo me limitaba a escuchar cualquier cantidad de teorías acerca de las “barrigas ajenas”. No deseaba esa suerte, pero me era difícil no echar una mirada de vez en cuando hacia Edward y cuestionarme sobre la posibilidad de traer a “otro ángel” al mundo ¿Él lo aceptaría? Si con la existencia de su sobrino se había visto afectado ¿Cómo sería si se enterase de que sería padre? Podía ser una profesional en mi área; acostumbrada a lidiar con muchas situaciones contrarias pero dudaba que poseyera la capacidad para hacer frente a semejante temor.
Era mejor dejar de pensar.
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Jasper no había regresado, Carlisle se había llevado a Esme a su casa a descansar pero Edward se había negado en redondo a dejarme allí, así que me comprometí a llevarle luego a la suya. Pero poco después de que sus padres se fueran él se quedó rendido en el sofá. Le coloqué por encima la chaqueta que había dejado tirada su hermano; el cual tampoco había regresado aún; y me acerqué a Rosalie.
—Deberías dormir tú también un poco. —le insistí.
Ella negó con la cabeza.
—Aun siento la descarga de adrenalina del susto recorriéndome el cuerpo. No podría pegar un párpado ahora ni aunque lo intentara.
—Lo comprendo.
El ambiente entre ambas no siempre había sido el mejor pero tampoco fue demasiado tirante. Hasta ese momento…
—¿Puedo ser honesta contigo, Bella? —¡Oh vaya! Sentí una opresión en el pecho. Como cuando alguien tiene la sensación de que lo van a rechazar. O quién sabe, quizá solo sería la inseguridad.  
—Por supuesto. Dime.
—Toda esta situación entre Edward, Emmett, tú y yo ha sido difícil de procesar para mí. No, no…déjame terminar, por favor. Tuve mis dudas más de una vez acerca de ti. Incluso cuando Emmett se acercaba a mí para desahogarse y me juraba que tú nunca le habías dado alas, lo dudé. Nunca tuviste un mal gesto para conmigo, así que no podía tratarte mal. Pero…estos últimos meses han sido para mí un golpe de realidad en muchos sentidos; uno de esos te incluye a ti. He tenido mucho tiempo para pensar y hasta observarte; pero me di cuenta que hay algo intangible que te une a Edward y a ti. —una de sus manos quiso acercarse a una de las mías pero luego quizá se sintió tímida al respecto y la alejó con disimulo. —Tienes una manera de mirarle que no compartes con nadie. Y me consta que estimas e inclusive quieras a los Cullen, a Alice pero a Edward…no lo sé, quizá este embarazo me tiene cursi y sentimental pero me parece que su sola presencia incide hasta en tu postura. Te yergues protectora a su lado y cuando lo miras, lo haces con una devoción muy grande.
—Yo…no estoy segura de comprender lo que tratas de decirme con todas estas cosas, Rosalie… —balbuceé penosamente.
Levantó la barbilla logrando verse muy firme en lo que iba a decirme.
—Quiero disculparme contigo. Porque verte aquí, velando por mí como si fuese otro miembro más de la familia me recuerda que he sido injusta; puede que tú no te hayas dado cuenta de eso pero aun así quería decírtelo. —ese rubor en sus mejillas me hizo comprender que esa pose de suficiencia era solo una armadura que le había dado el tiempo a Rose como mejor arma de defensa.
Le sonreí con ternura y dije:
—Rose, hablas de todo esto como si te hubieses mantenido en las sombras todo este tiempo ¿Qué tuviste tus reservas conmigo? Yo en tu lugar también las habría tenido. —entonces sí que me aventuré a apretarse su mano y a ella se le saltaron unas lágrimas. —Yo misma me acojono nada más de pensar en Edward compartiendo con otras personas en la fundación. Le amo tanto que me aterra que eso que siente por mí pueda compartirlo con otra persona. así que entiendo que toda esta situación te hubiese puesto un poco aprehensiva. Sin embargo no acepto tus disculpas… —se tensó pero continué antes de que pudiese sacar una conclusión errada. Si algo había aprendido en esta vida era que con las hormonas de las mujeres en estado era mejor no meterse. —No. no puedo aceptarlas de la mujer que ha incidido de una manera tan positiva en el hombre que amo. Le has ayudado a desarrollar disciplina y dedicación para con algo que a él le gusta. Incluso con toda esta situación has influido en él, de una manera positiva claro está. ha crecido un poco más gracias a ti. El que ha hecho algo por él, ha hecho mucho por mí. Así lo veo yo. —luego cambie mi tono de voz y mi postura a uno de complicidad. —¿Sabes? Si hablamos de miradas y comportamientos alterados; tengo que decirte que yo nunca vi que Emmett perdiera tanto los estribos como esta noche. Estaba frenético.
—Pobre…
—¡No, pobre no, Rose! ¿Acaso no lo ves? Como hombre al fin tuvo sus momentos de caprichos, pero es contigo con quien lleva una relación real. Puede que hasta ahora todo se haya centrado en tu bebé, pero es que no creo que un hombre como Emmett Cullen no deba de sentirse muy cómodo hablando de lo que siente. Mucho menos después de todo lo que ha pasado por aquí. —le guiñé un ojo. —Tenle paciencia.
—¿Tú crees?
—¿Dónde firmo mi apuesta de que es hombre estará arrastrándose por ti dentro de poco? Si es que no se puede considerar el hecho de que salga como loco a buscarte cosas en medio de la madrugada para que te sientas más cómoda acá.
—A veces me da miedo de que solo actúe así por el bebé. —admitió.
—Ahí es donde viene la parte de la confianza, Rosalie. Debemos decidir si nos arriesgamos a amar sin reservas o vivir sin sentir por miedo.
—Gracias, Bella. No sé mucho sobre tener amigas; de hecho todos los que tengo son hombres. Los músicos que he conocido a lo largo de los años; pero esto se me asemeja bastante.
Le di una palmada en la mano.
—¡Hey! Claro que puedo ser tu amiga. Y no creo que Alice tampoco se niegue a hacerlo. Solo debes abrirte un poquito a las personas para que dejes ver todo lo que vales, Rose. —sonreí con gesto malicioso. —¿Y qué dice Emmett de todos esos amigos varones?
Suspiró y se hundió en los almohadones.
—Los odia. O por lo menos, no los soporta ¿Puedes creer que muchos de ellos me han ido a visitar al enterarse de mi estado y él se ha negado a moverse del área en la que estemos? Por eso no hemos acabado con muchas cosas en la casa. No le gusta dejarme sola.
No pude evitar carcajearme ¿Esta mujer estaba ciega? ¿O qué? El mayor de los Cullen estaba arrastrando la cobija por ella y lo único que Rose hacía era estar llena de dudas. Pobrecilla.
Me fue contando anécdotas de las trastadas de Emm con sus amistades; sobre todo con un ex con el que mantenía muy buenas relaciones; y yo reía. Una que otra vez la interrumpía para darle mi opinión a favor de él y luego seguía riéndome.
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Emmett llegó con una pequeña maleta repleta de cosas para Rosalie, quien no se explicó el porqué de esa exageración cuando a la mañana se iría.
Charlotte llegó demasiado achispada para ser una niña de cuatro años despierta a unas horas tan altas, pero luego me explicó Jasper que su madre le había dado Coca – Cola en la cena y de paso le contó que su tía estaba en el hospital. Así no hay pequeño que pegara ojo; y menos cuando esta estuviese acostumbrada a que su papi le leyera antes de dormir.
Apenas llegó se trepó a la cama de su tía y la vio con esos ojitos azules preciosos.
—Tita, mi papi me dijo porqué te habían traído al doctor —miré a Jasper y él me guiñó un ojo. —¿Te cortaste mucho?
—¿Ahhh?
—¿Puedo ver el dedo que te cortaste? Papi dijo que sangraste mucho y por eso te tuvo que traer.
—Fue horrible, Charly; por eso no debes de tocar los cuchillos de la cocina. Te puede colocar esto… —le enseñó el dedo índice conectado al monitor donde se reflejaba su ritmo cardiaco.
—Vaaaaaaya ¿Te duele?
—Mucho.
—Oh. —se quedó callada un rato y luego pasó sus manitas por la barriga aún plana de su tía. —La abuela dijo que el bebé tenía que crecer pero tú estás muy flaquita. Memet ¿Acaso no sacas a comer a mi tita? ¿No ves que no tiene pancita aún?
—¡Charlotte! —su padre le llamó la atención con suavidad.
—¿Qué, papi? —ella lo miró como si no hubiese logrado que su tía se ruborizara, que Alice y yo tuviéramos que disimular las risotadas con tos y que Emmett se mostrara entre avergonzado y enternecido; todo con un solo comentario suyo.
—Tienes razón, muñeca. —dijo tomándola en brazos. Y caminando hacia el sofá de la otra esquina en donde Edward había dormido. Ahora estaba en el baño desperezándose. —Prometo llevar a tu “tita” a comer muy pronto. Y a ti si quieres.
—¡Siiiiiiiiii! ¿Y a comer helados?
—También. Helados muy, muy, muy grandes.
—¿Con nubecita arriba? —supuse que así le diría a la crema montada.
—Si, con nubecita arriba.
—¿Y con una cereza? Las cerezas son mis favoritas.
—Con cuantas quieras, muñeca.
—¡Siiii! —Charlotte abrazó a su Memet apretujando su mejillita con la de él y casi haciéndole una llave de lucha en el cuello de lo duro que lo apretaba.
Sentí un poco de lástima por Jasper en ese momento. Tenía que aceptar que dos mujeres de su vida estaban estrechamente ligadas a ese gigante. Uno lo amaba y sería la madre de su hijo en unos seis meses aproximadamente, la otra lo adoraba porque… Bueno, porque así era Charly.
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Apenas Edward salió del baño, me fui con él, pero contrario a lo que habíamos acordado primero; él decidió irse a mi casa. No hubo fuerza terrenal que lo hiciera cambiar de idea. Y como a mí no me molestaba en absoluto, le seguí el rollo.
Llamo a su casa para que no se preocuparan.
En casa los dos estábamos al borde del colapso, así que solo nos duchamos; por separado porque no habían fuerzas para más nada; y luego cama.
—No estaba dormido. No al principio. —me dijo cuando ya habíamos apagado las luces y estábamos acostados uno encajado en el otro. Su mano estaba en mi cadera.
—¿A qué te refieres, ángel?
—Cuando me abrigaste en la clínica, me desperté y escuché tu conversación con Rosalie. No era mi intención.
—No te preocupes, ángel. —le di unas palmaditas en la mano que tenía apoyada en mí. —No pasa nada.
Se quedó callado durante un rato. De hecho pensé que se había quedado dormido, pero luego vino al ruedo de nuevo:
—Me gustó escuchar lo que Rosalie dijo de nosotros?
—¿Qué se me nota que te quiero?
—Sí.
Me reí.
—Ángel, el reto está en tratar de ocultarlo.
—Ya. —me acarició el brazo de arriba abajo. Una y otra vez, así supe que algo lo tenía inquieto.
—¿Qué pasa, ángel?
—Tú… Rose…Ustedes hablaron sobre familia y yo me preguntaba si tú… ¿Vas a querer una más adelante?
Noté que su postura era tensa.
Respiré lentamente, tratando de conseguir una respuesta adecuada a eso. Llena de inseguridades, decidí quedarme de espaldas a él y apretar esa mano que me acariciaba entre mis dedos.
—Ángel, yo quiero todo contigo, pero seremos nosotros los que decidamos que hacer con nuestra relación de pareja. No dejaremos que los demás nos digan que hacer. Sí, quiero tener una familia contigo. Pero si pasa el tiempo y solo somos nosotros dos ¿Te sentirías decepcionado? Creo que hay muchos tipos de familias, nosotros podemos hacer la nuestra como creamos que es bueno para ambos.
Suspiró en mi oído y me apretó contra sí. Su respiración acariciaba mi oreja una y otra vez.
—Yo también quiero todo lo que venga de ti, Bella.
—¿Incluso un bebé? —pregunté con curiosidad.
Me apretó contra él.
—Incluso un bebé. Si eso te hace feliz. —afirmó. —Pero no ahora. Ahora no, por favor. Te quiero solo para mí.
—Ángel, no quiero que hagas “lo que a mí me hace feliz”. Porque eso no sería bueno para ti, así que a la larga no me haría feliz a mí. Y soy tuya, ángel; nada puede cambiar ese hecho. Ni siquiera un hijo. Pero hablaremos de eso cuando sea el momento. No te preocupes.
Besé sus dedos y los apreté contra mi cara para dormirme.
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Pasaron los días y una serie de modificaciones se dieron en la casa Cullen:
Edward ya no veía clases de piano en su casa, puesto que a Rosalie le habían recomendado mucho reposo, se decidió que fuese él hasta su casa y practicara en el que ella tenía en su hogar.
Así que eso generó a su vez varios hechos más; que Edward y su hermano pasaran más tiempo juntos. Emmett le pedía constantemente la opinión a Edward sobre los arreglos que se estaban llevando a cabo en la casa de Rosalie. Todo destinado a que la casa estuviese dispuesta para ser el lugar más seguro para la llegada de un bebé. Charlotte y mi ángel estrecharon aun más sus lazos, de hecho la pequeña había logrado que su padre o sus abuelos la llevaran casi a diario para verse con su amigo Edward, y que él tocara para ella en “el coso inmenso” de su tía Rosalie; que era como ella llamaba al piano de cola presente en una sala de la casa.
Rosalie, ya no tenía vómitos matutinos. Pero se había despertado en su cuerpo un hambre feroz. Así que en pocas semanas su vientre plano fue dando lugar a una pancita que le quedaba muy bien. Ella, como madre coqueta y orgullosa que era; se colocaba vestidos ceñidos que le quedaban muy bien pero que no ocultaban su estado para nadie. Y si no lo hacía ella, Emmett se encargaba de hacerlo dándole ropa pre mamá cada que podía.
Hablando de Memet… Él cumplió su promesa y llevó a comer a Rosalie. De hecho, salía con ella y no solo a hacer las compras para su hijo no nato, sino también a cualquier nimiedad que ella quería o necesitara.
Esme y su escuadrón de arreglo de casas comenzó a ser algo más serio. Carlisle, convencido del talento de su esposa le propuso dedicarse a la decoración de interiores; cosa que a ella le encantó. Comenzó el proceso para comenzar su propia empresa, por lo cual ya casi no estaba tan seguido en casa, pero se le notaba muy emocionada con su nueva aventura.
Alice aprobó sus pruebas con éxito, así que no me extrañó cuando recibió una nueva propuesta de trabajo: Carlisle le propuso la idea de colaborar con nosotros en la puesta en marcha de la fundación. Mi amiga, encantada de la vida aceptó la oferta. Muchas responsabilidades cayeron sobre ambas después de eso, al ser él un abogado tan ocupado no podía salir del bufete cada vez que quería; así que fuimos nosotras las que tuvimos que encargarnos de buscar lugares para desarrollar la fundación. Aún no lo habíamos encontrado.
Y fue en uno de esos viajes que mi vieja Chevy murió. Gracias al cielo, nos había dado chance tanto a Alice como a mí de llegar a Port Angeles pero no sin antes armas todo un espectáculo de humo como si fuese a estallar de un momento a otro. Maldito sistema eléctrico, recalentó la maquinaria tanto que muchas piezas se vieron afectadas.  Dos días después llegué a mi casa con una Jeep Commander 2.010 en color negro. Extrañaba el ronroneo de mi camioneta pero tomé ese nuevo detalle como un cambio más en esa serie que se había puesto en marcha desde hacía ya un tiempito. Además amaba mi todoterreno nuevo. Alice y Edward no pudieron estar más felices con el fallecimiento de mi camioneta.
o.o.o.o.o.o.o.o.o
Una noche, me levanté a por un vaso de agua para Edward; que se había quedado en mi casa y habíamos tenido una muy satisfactoria sesión de cama, cuando me encontré con una Alice llorosa en el islote de la cocina.
Me acerqué hasta ella preocupada.
—¿Qué tienes, Al? ¿Tienes mucho de haber llegado?
Era sábado y contaba con que ella estaría fuera de casa para ser cuán ruidosa pudiera. Sentí como el calor se fue a mis mejillas.
—El suficiente para escuchar tus chillidos. —dejó escapar una risita antes de que más sollozos se retomaran.
No era como si ella no supiera lo que hacía con Edward en mi cuarto, pero me parecía innecesario que la cuadra entera se enterara de que mantenía un vida sexual activa…y satisfactoria.
Me aclaré la garganta e hice como si hubiese dicho nada. Mejor así.
—¿Por qué lloras?
Pareció una niña pequeña cuando un puchero apareció en su rostro de duendecillo.
—Discutí con Jasper.
Fruncí el ceño.
—¿Nunca lo habían hecho?
—¡Por supuesto que sí! Pero esta vez fue…peor. Él está muy raro.
Tomé asiento a su lado.
Apoyó la frente en palmas, su mirada se clavó en el granito de la encimera y sus lágrimas se deslizaban por el puente de su nariz hasta mojar la superficie.
—Jasper ha actuado extraño, se podría decir que hasta un poco frío. Actúa como si no tuviese tiempo para mí y cuando estamos juntos, si le suena el teléfono sale disparado a atenderlo pero lejos de donde pueda escucharlo. He tratado de no comportarme como una neurótica ¡Pero no puedo! Y de paso estoy en mi síndrome premenstrual.
La verdad era que tenía razón. No era normal en él que se comportara de esa manera. Jaz solía ser por lo general un hombre dulce y atento con todos, pero con Alice solía rayar en la adoración. Ahí había algo raro…
—Habla con él, Al. Dile todo esto que me estás diciendo a mí. A lo mejor tiene un caso que le trae estresado en el bufete y no te quiere contar. Quizá es demasiado delicado.
Se estrujó la nariz con su antebrazo antes de mirarme.
—Lo haré. Pero no esta noche. Veré si él me busca a mí.
Le di un empujoncito con el hombro y una sonrisa de ánimo.
—Todo saldrá bien, Al. Tranquila. Todos discutimos. Míranos a Edward y a mí. Hace dos días me molesté con él.
—¿Y eso? —me vio como si yo tuviese dos cabezas.
—Porque fuimos a cenar al nuevo restaurant de comida tailandesa y la camarera estaba más pendiente de ver a Edward que de prestar un buen servicio. Él como no se entera de nada, luego de que me quejara; le dijo que no se lo tomara personal. Que en general yo era muy buena y que solo estaba en mi período.
Alice estalló en carcajadas.
—¡No te rías! ¡Fue vergonzoso!
Pero ella siguió y siguió hasta que tuvo que limpiarse las lágrimas pero esta vez de risa.
—Me imagino su cara, la de la camarera y la tuya.
Rodé los ojos.
—Casi ni comí de lo molesta que estaba. En medio de la cena me preguntó dos veces si me pasa algo. Pero no fue hasta que estuvimos en el auto que le dije la verdad.
—¿Y cómo reaccionó?
Esta vez fui yo la que sonreí de ternura.
—Se sorprendió, porque en ningún momento había querido ser maleducado. Luego me pidió disculpas tantas veces, que hasta me hizo sentir culpable de molestarme con él. —sacudí la cabeza. —Este hombre va acabar conmigo.
Sus ojos pasaron rápidamente de la ternura por mí a volver a llenarse de lágrimas. La abracé un rato hasta que cansó de llorar en la cocina y se fue a su cuarto. Imaginé que a seguir en lo mismo.
Nosotras y nuestras hormonas.
Subí a la habitación, con el vaso de agua y encontré a Edward desnudo mirando por la ventana ensimismado.
Toqué su brazo con el vaso mojado y frío. Él se estremeció y se giró hacia mí.
—Dale gracias al cielo que esta ventana te cubre justo lo necesario o si no estuviese atacando a cada vecina que te hubiese visto como Dios te echó al mundo. —me abracé a su costado y olí su pecho. Olía a sudor y a Cool Water de Davidoff. Miré las pecas que salpicaban su pecho e incluso llegaban hasta la parte superior de su espalda. Las recorrí con el dedo, pasando por encima de los vellos y acariciando su estómago un tanto curvo. Nada de six pack para mí, pero eso no podía importarme menos. —O me vería obligada a atacar a mis vecinas.
Frunció el ceño.
—No ha pasado ninguna.
—Menos mal. —me apretujé más contra él. —¿Qué estabas viendo entonces?
—Ese búho que está en esa rama. Nunca había visto uno tan de cerca. Son preciosos… —dio un sorbo a su agua y siguió mirándolo como si fuera algo único y raro.
Seguí su mirada y me encontré con la mirada de un ave majestuosa, de ojos grandes y pelaje en tonalidades café. Su ulular confería a la noche neblinosa un aire misterioso. Comprendí su fascinación pero si no lo quitaba de allí podía pasar la noche parado viendo al animalito.
Lo arrastré a la cama y en esta ocasión fue él quien se acercó a mí. Encajó su rostro en mi cuello y depositó un beso en él.
—¿Podemos volver a hacerlo, Bella?
Me reí.
—Sí, ángel, podemos. —acaricié su miembro de forma vertical. Su piel se erizó y calentó por mi toque. Poco a poco se hinchó entre mis dedos, hasta que empezó a segregar líquido pre seminal. —¿Qué voy a hacer contigo, ángel?
Jadeó contra mi cuello.
—¿Por…? ¿Por qué? ¡Oh!
—Porque no te sacias, —comencé a besar su pecho a medida que hablaba. —porque me has hecho adicta a ti, porque me vuelves loca. No sé qué hacer contigo.
—Mimarme como ahorita. —no pude evitar reírme.
Me coloqué a gatas sobre él. Tomé su miembro y hablé sobre la cabeza hinchada y llorosa: —Vamos a mimarte, entonces.
Tomé su pene entre mis labios hasta que casi tocó mi campanilla. Pasé la lengua por su tallo de regreso y saboreé lo que salía de él. Su sabor me producía casi tanto placer como verlo culminar. Chupé con fuerza cuando llegué a la punta. Así estuve un rato más, hasta que la mandíbula me comenzó a arder y decidí ayudarme con los dedos.
—¡Bella! ¡Me…Oh Dios mío!
En unos pocos movimientos Edward se corrió en mi boca, pero tuve que echarme para atrás porque se arqueó tan repentino que tuve que retirarme para que no llegara hasta el fondo de mi garganta y me causara náuseas. Tomé todo de él y saboreé su gusto. Lo amaba.
Escalé por su cuerpo, tomé su erección y lentamente me clavé en él. Ambos gemimos cuando me fui ciñendo en torno a él.
—Me encanta…estar…dentro de ti. —gruñó.
Estaba de un hablador esa noche.
Moví mis caderas en círculos lentos.
—¿Mucho?
—Dema…siado.
—Demuéstramelo, ángel. Enséñame cuanto te gusta.
Tomó mis caderas con fuerza y se encajó en mí con fuerza. Sus embates se volvían desesperados con cada segundo que pasaba. Me agarré a sus antebrazos, arqueé el cuerpo y recibí su rudeza. Me aferré a sus caderas con los muslos cuando sentí los espasmos comenzar a recorrerme, profundicé más las estocadas y me curvé hasta que su pene tocó ese punto rugoso en mi interior que me volvía loca.
No tardé en sentir su calor invadirme y su cuerpo se convulsionó completo.
—¡Bella!
Me dejé caer sobre él. Me apretó entre sus brazos, besó mi frente y suspiró cansado.
—Me encantan tus mimos.
Si hubiese tenido energía probablemente me habría reído, en cambio solo acaricié su pecho un tanto mojado por el sudor, deposité un beso y dejé que el cansancio hiciera lo suyo.

Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.

Otro capítulo del ángel más!!! Disculpen que no lo haya subido el domingo, pero de verdad que tuve un bloque monumental y mientras más me presionaba, menos me salía…En fin, espero que no haya salido tan mal.
¡Siento llegar el final!!! ¡Lo siento!!!
En mi interior comienzo a despedirme de esta historia que me ha dado tanto y que me ha enseñado mucho. Y seguiré haciéndolo.
Pero aún no estoy preparada…
Mientras, espero que hayan disfrutado de ea entre, mis chicas. Un beso a todas las que me han dejado sus reviews y como les digo siempre, no hay ninguno que no lea…aunque no pueda responderles a todas a veces.
Un megabesazo.
Suya…
*Marie K. Matthew*










lunes, 23 de septiembre de 2013

CORAZÓN DE CRISTAL - Capítulo Vigésimo Quinto:


Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
 “Obstáculos por superar”

Bella POV:
—¿Por qué tengo que colocarme corbata? —gruñó tironeándose el moño. 
Suspiré cansina y volví a enderezárselo. 
—Porque vas a un lugar que amerita que uses un traje y una corbata, ángel. 
—Pero no me gusta. 
—No siempre podemos hacer lo que nos gusta. Habrá muchas oportunidades en las que el deber está por encima de nuestros deseos. 
Se quedó taciturno por unos instantes. 
—¿En qué piensas? —inquirí curiosa.
—En que no estoy de acuerdo contigo. 
—¿Precisamente en qué, ángel? 
—En que no importa lo que “tenga que hacer”, mi deseo por ti siempre estará por encima. —Nuevamente se había tomado las cosas en sentido literal y en dirección errónea. Sin embargo esta vez me causó un calor agradable en ciertas partes del cuerpo.
Partes que gritaban por ser acariciadas…pero no podían serlo. No ahora. Había una cena a la que Edward tenía que acudir, y esta vez no estaría yo para decirle que hacer.
Se suponía que esto era un desafío para él.
Así como lo era el volver a utilizar esos zapatos que tanto odio hacía ya unos cuantos meses atrás cuando habíamos conocido a Jasper. Tuve que jurarle que le sería más fácil llevarlos si se los colocaba con más frecuencia. Así que desde hacía tres días atrás los estaba “ablandando” para la ocasión. Esa noche en particular se sentía muy cómodo en ellos. Cosa que no pasaba con la mentada corbata. Pero nada es perfecto.
Hablando de cambios…
Dos meses habían pasado desde que salimos con mi amiga Angela y su novio Ben Chenney. Y esa fue la primera de varios encuentros sociales a los que hice que Edward hiciera frente. Precisaba de estas para saber cómo desenvolverse en múltiples situaciones e interacciones con otras personas que no fuésemos sus allegados. Si bien es cierto que no le dejaríamos solo, él necesitaba que le diesen las directrices para poder mejorar en el área de socialización. Sus padres pertenecían un grupo de personas selectas y habían puesto ese ámbito de su vida en pausa debido a la condición de su hijo. O peor aún, solo acudía Carlisle puesto que Esme estaba cuidando de Edward (y de sus antiguas enfermeras) mientras que él solo fortalecía ese sentido de la introspección para con el mundo externo. Lo llenó de inseguridades e incomodidades.
—¿De verdad no irás con nosotros? —preguntó con esa mirada de cachorrillo que me desbarataba.
Terminé de ayudarle a colocarse el saco de su traje sobre sus hombros y le sacudí los hombros de este.
—No, ángel.
—Pero, Bella…
—Edward, —le tomé el rostro entre mis manos para mirarle directo a la cara. —Esta cena es para tu padre y su familia. No es correcto que yo acuda, además recuerda que hemos hablado de esto un sinfín de veces desde hace una semana que él recibió la invitación. Esto contribuirá al desarrollo de tus habilidades sociales.
Comencé mi decenso por las escaleras para irme y él me siguió detrás.
—Pero no me siento a gusto con las personas desconocidas.
—Lo sé. —admití con suficiencia a la vez que me colocaba mi parca gris.
—¿Entonces por qué me envías para allá? —refunfuñó con rabia.
Me giré hacia él después de abrir la puerta de la casa, aunque tuve que cerrarla de inmediato porque Gannicus se quería escapar. Me agaché y lo cogí entre mis brazos y la pequeña bola de pelos revoltosa me daba lametazos para coaccionarme.
Lo miré con falsa seriedad.
—No vas a salir de casa. Está lloviendo y esta última semana te hemos tenido que bañar tres veces de lo asqueroso que te has puesto.
Lo coloqué en el suelo. Él me miró, se rascó la orejita y me ignoró tajantemente. Como diciendo <<Me iré por la puerta trasera y listo. No más drama>>. Su colita se batía a medida que caminaba de forma chistosa hacia la parte posterior de la casa.
Me encogí de hombros y volví a mirar a Edward a los ojos. Él no había desviado su atención en ningún momento. Seguía mirándome como si le estuviese pidiendo algo más allá de sus fuerzas.
—Ángel, tú quieres ser independiente ¿Cierto? —asintió. —Entonces toma esto como parte de ese proceso. Todo ser humano, sea niño o adulto, debe enfrentar diferentes tipos de desafíos. Has superado muchos y este será igual que esos. Lo sé.
Sus ojos gritaban porque cediera, pero no debía hacerlo. Era por su propio bien.
—¿Por qué confías tanto en mí, Bella?
Sonreí y le acaricié la mejilla.
—Porque desde que te conozco siempre quise volverme tu fortaleza. Mi confianza y mi amor es todo lo que puedo darte, ángel. Es todo lo que te he dado.
Me acurruqué en su pecho y le di un beso corto pero tierno antes de irme. Cerré la puerta y a los tres segundos escuché unos ladridos adorables y uñitas rasguñando la madera. Edward miraba por los vidrios que flanqueaban a esta y este me miraba con tanto pesar en su rostro que estuve a punto de declinar en mi decisión, pero me aferré a esa determinación que me decía que estaba haciendo lo correcto y que no siempre estábamos conformes con ello. A corto plazo.
Me monté en mi camioneta vieja y me fui dejando a una figura triste tras de mí. Pero me reconforté pensando que todo era por un bien mayor. Era necesario.
Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.
Sesenta días es un período más que suficiente para que muchos cambios se comenzaran a trabajar, como pequeñas chispas que poco a poco iban creando un fuego más y más grande. Como por ejemplo, la relación de Emmett y Rosalie era mucho menos tirante que al principio. Desconocía lo que ese par había podido hablar o hacer para entenderse mejor. No era como si de un momento para otro se habían vuelto una pareja de enamorados ni nada por el estilo, pero si se podía observar como confraternizaban entre ellos de una manera más natural.
Rosalie trataba de disimular lo más posible su amor por él, pero esas cosas no se pasan desapercibidas. Al menos para nosotras las mujeres. Así que mientras ella seguía impartiendo sus clases de piano con Edward, también aprovechaba para planificar la decoración del cuarto de su bebé en crecimiento. Alice y Esme estaban más que dispuestas a ayudarla, yo permanecía un poco alejada puesto que entre nosotras había esa energía enrarecidas de chicas que se habían visto envueltas en un triángulo amoroso sin quererlo. No nos llevábamos mal; en lo absoluto, pero tampoco éramos como Al o la señora Cullen. Hablando de esta última, el ser abuela la tenía resplandeciente. No bien había terminado con mi casa y ya se había puesto a hacer bocetos de cuartos repletos de peluches antialérgicos y juguetes hule.
Alice aprobó sus finales y Jasper le regaló un fin de semana en pareja para Hawaii. Ella llegó bronceada y preciosa…él no tanto. Parecía un camarón cocido y estaba insolado ¡Pobre Jazz! Pero se notaba que el viaje había valido la pena, pues ambos se veían más fuerte en su relación. Esto iba para larrrgo.
Hablando de regalos, los Cullen decidieron que Alice merecía una ayuda extra en sus quehaceres, así que solo los ayudaba en la cocina y de la limpieza se encargaba en trío fabuloso que iban cada viernes a limpiar el Santuario Cullen. Al menos así le decían, Jason, Ian y Bryan. El trío del Brillo, así se auto denominaban. Todos eran gay y alegres. Habían hecho buenas migas con todos allí. Incluso con Gannicus o “Pequeño Desastre Endemoniado” según ellos. Con Carlisle, Emmett y Edward eran muy respetuosos y formales, con Alice, Rosalie y yo, eran las amigas arpías con las cuales no parábamos de reír. Aunque prometieron prenderle fuego a mi colección de tennis.
Hablando de Em…
Compartía lo que podía de su tiempo con Charlotte. En mi fuero interno creía que de alguna manera trataba de entender a lo que en un futuro cercano iba a enfrentar. A Jasper no le agradaba demasiado la idea, pero tras la intervención de Alice dejó de mirar a Em como si quisiera robarle algo. Suponía que para Jasper, ver a su hermana embarazada en una situación tan irregular no era fácil dada su naturaleza sobre protectora.
A pesar de eso, un momento memorable fue cuando Charlotte le mostró a un muy viril Emmett, como era que peinaba a sus muñecas.
Yo daba por sentado que si alguna de las admiradoras del heredero Cullen lo hubiesen visto con unas colitas a modo de mata de coco por toda la cabeza, se acabaría con su afamada reputación de playboy. Aunque a Charly le parecía de lo más adorable y se lo hizo saber.
—Charly, me estás tirando del cabello. —que quejaba Em y con cada tirón daba un respingo. —¡Ouch!
—Shhhh, Memet. No seas quejica. Tienes que ser macho.
Él estalló en carcajadas.
—¿Sabes lo que es ser macho, Charly?
—Nop.
—¿Entonces?
—Lo vi en una película. ¡Silencio! —dejó salir su lengüita de lado mientras tiraba del cabello que anteriormente ella había enredado; no sabía si a propósito; con un cepillo con cerdas duras que le prestaba Esme. Sí, la madre de ese pobre hombre se prestaba a las torturas que esa pequeña hada de cuatro años le infligía a su muy fornido hijo.
—¡Listo! —gritó mientras daba saltitos por la mullida alfombra de la sala de estar. Esme, Edward y yo estábamos allí. La primera sentada en el sofá. Edward y yo al piano, él trataba de enseñarme sobre notas y acordes, pero a diferencia de él; yo carecía por completo de un oído musical.
Edward levantó su mirada del precioso instrumento que estaba bajo sus dedos.
—Luces extraño, hermano. —le dijo mi ángel y yo me tragué una risa.
Esto sería un choque de titanes entre Charlotte y Edward. Como cada vez que se veían.
La pequeña indignada se enfrentó a mi ángel desde la distancia, colocó sus manitas en sus caderas; incluso en la que mantenía el cepillo de cabello de Esme; y lo increpó.
—Claro que no. Se ve guapo. Guapo como Lilly.
—Pero Emmett no es una muñeca.
—¡Es como un Ken gigante! —se acercó a su obra de arte y lo tomó de la cara con esas pequeñas manitas pequeñas y lo vio a los ojos con una expresión encantada. —Mi Memet se ve adorable.
Edward resopló dispuesto a dar batalla pero le toqué el brazo y le susurré al oído que ella era una nena. Que le dejara ganar en esta oportunidad y ya luego le tocaría a él. Mi ángel no entendió lo que ella “ganaba”.
Hablando de oportunidades…Carlisle y yo habíamos visto al menos una docena de lugares para la fundación, pero ninguno terminaba de gustarnos a ninguno. O no se adecuaban a lo que la fundación demandaría o simplemente no había química con estos.
Mientras evaluábamos los espacios de un potencial galpón, me comentó:
—¿Sabes, Isabella? —me giré hacia él para prestarle mi completa atención. —He pensado que en una era como esta, donde la informática rige muchos aspectos de nuestra vida, deberíamos darles herramientas a estos jóvenes para que las utilicen a su favor.
—¿Algo así como una herramienta de estimulación? —asintió. —Me parece muy bien. Podríamos buscar…
—Si me permites… —Carlisle hasta interrumpiendo era todo un caballero. —Hablaré con el mismo cliente con el que adquirí los celulares que les di. Sé que con él podremos lograr un buen acuerdo por lo que necesitemos.
Asentí emocionada ante las posibilidades que abrían ante el futuro. No solo para mí profesionalmente, sino para todos los chicos que podríamos ayudar en aquel plan que ya comenzaba a andar.
El señor Cullen era una de aquellas personas que podían sorprenderte con su personalidad ambivalente. Él tenía la capacidad de ser el padre abnegado y amoroso y a los cinco minutos convertirse en un abogado frío como el hielo y resolver entuertos sin tocarse el pecho en busca de cualquier sentimiento. De alguna manera le admiraba esa capacidad de mandar a paseo a quien se lo merecía sin remordimientos; cualidad básica para ser un abogado exitoso.
Eso sí, cuando se trataba sobre quién llevaba las riendas de la casa, muy poco podía hacer este hombre de mediana edad frente a su pequeña y cálida esposa cuando se ponía en plan “Señora de la Casa”. Como pasó una tarde cuando todos estábamos reunidos en la cocina tomando té y galletas a media tarde; cuando de pronto escuchamos un estruendo y vimos aparecer a Gannicus con las patas todas embarradas de tierra húmeda.
Esme y Edward siguieron el rastro de patitas marrones que los llevó hasta la zona del “siniestro”. Uno con más curiosidad que preocupación y la otra…bueno;  resumamos que la pobre iba con cara de resignación.
—Alguien va a necesitar una limpieza profunda. —dije mientras me ponía en pie y agarraba al infame cachorro para darle una ducha mientras que pasaban los aires de guerra.
—Hablando de limpieza…—comentó Esme con un engañoso tono de indiferencia. —Debes ir a limpiar lo que “hizo tu consentido” en el patio trasero. —miraba a Carlisle de manera que no cupiese duda de a quien se estaba refiriendo. —Tú querías un perro grande y poderoso…ahora limpie lo que Gannicus hace con toda esa fuerza.
Al pobre Carlisle le tocó que salir al comedor con una escoba y una pala para recoger el desastre de tierra que el cachorro había dejado al tumbar una de las macetas de las esquinas.
Casi me ahogo con el té al ver a semejante adonis cargado con implementos de limpieza y peleando con el lobito por todo el camino.
 Y no fui la única. En fin…
Otro de los cambios significativos en estos dos meses se reflejaba en mi casa. Tanto en lo exterior como en su interior.
Pensé que ya nada podría asombrarme cuando se trataba de las extravagancias de los Cullen cuando decidían ayudar a alguien. Pero me equivoqué totalmente cuando constaté hasta el punto en que había llegado su “agradecimiento” para conmigo. Sabía que solo estaba cumpliendo con lo que en un principio me comprometí con Esme Cullen; aunque mi relación más allá de lo profesional con su hijo fue algo que nadie tenía esperado, pero he de reconocer que lo deseé con toda mi alma y ahora estaba feliz ante lo que se nos venía.
Alice como yo nos sorprendimos cuando encontramos un pequeño jardín con florecillas silvestres adornando los  costados de un corto camino adoquinado que precedía la entrada.
Una hermosa puerta de seguridad nos daba la bienvenida, el viejo timbre regular fue reemplazado por uno con visor integrado. Dentro, una sala de estar decorada con un pequeño pero cómodo modular en color aguamarina se adecuaba al espacio haciendo lucir la sala de estar como un lugar mucho más extenso de lo que era. Una televisión de plasma reposaba sobre un precioso y moderno mueble que hacía las veces de biblioteca también. Mi viejos amigos y compañeros de noches solitarias descansaban unos al lado de otro de manera armoniosa entre las diferentes divisiones en las que se les alternaba con sencillos floreros que complementaban el ambiente tipo zen que se apreciaba allí. Las paredes grises pálidos denotaban relax e impelían a sentarse en ese espacio a pasar el mayor tiempo posible.
La cocina fue otra grata sorpresa. Adiós a los azulejos envejecidos de frutas. Hola al granito, madera y chapilla. Todo en un precioso espacioso en tonalidades de azul cielo, blanco y cromo. La mesa de madera había desaparecido para dar lugar a un islote que ahorraba espacio y confería comodidad a la hora de utilizar las estufas. Ahora en lugar de tener una simple cocina, habían seis quemadores y un grill empotrados y dos hornos también empotrados en otra pared. El ángel volvió loca a Alice insistiéndole que les estrenara con galletas de canela. Pasando al comedor estaba a juego con los colores de la sala de estar más la vieja óvalo de madera desapareció y en su lugar una mesa de marrón oscuro y ocho puestos apareció en el medio del espacio. Otro aparador con algunos libros y fotografías amenizaban el ambiente. En algunas estábamos mi ángel y yo, en otras estaba con Alice, en fin…unos tesoros sentimentales en blanco y negro que ahora tenían un puesto preferencial en mi renovada casa.
Los baños tenían luces integradas en los innovadores diseños de drywall y estas se podían regular para crear un ambiente más relajado. Donde antes había duchas ahora había preciosas bañeras minimalistas pero con ese aire contemporáneo que no rompía el esquema de la decoración general. Alice se había puesto en complot con la señora Esme para devolverme la habitación principal, la cual fue ambientada en tonos blanco, gris y turquesa. Nueva cama, nuevo escritorio y nuevo closet. Todo pensado en una manera más funcional. También noté que la cama era más grande que la anterior y no pude evitar que mis mejillas se sonrojasen con el pensamiento de que tal vez Esme no solo se hubiese tomado la molestia de cambiarla por mi comodidad únicamente.
Amé el hecho que la habitación de Alice fuese la expresión perfecta de ella pero en decoración. Todo muy vivo y energizante. Con paredes de color hueso, mi amiga prefirió que el contraste lo hiciera la decoración en color mandarina. El closet de esa habitación también había sido agrandado, pero no me sorprendió ya que la mayoría de la casa había sumado unos cuantos centímetros en sus diferentes espacios.
La noche en que me fue enseñada la nueva casa; sí. A mí, puesto que Alice siempre estuvo al tanto de todo con Esme; habían planeado una cena en ese lugar. Solo los Cullen, Alice, Jasper y su retoño, Rose me sorprendió al estar allí también. De una manera extraña y un tanto bizarra todo estaba “entre familia”. Cuando todo terminó, los hombres limpiaron. Sí, todos. Hasta a Edward le tocó que arreglar los platos y vasos. Se tardó un poco haciendo que la vajilla cuadrada estuviese correctamente colocada y que los vasos y copas se vieran alineados a la perfección.
Edward y Charlotte estrenaron el blue ray viendo Transformers en compañía de Emmett o “Memet” como le decía la pequeña, Jazz y Carlisle. Por supuesto que hubo pelea por decidir quién era el mejor entre Optimus Prime y Megatron, pero no esperé los resultados.
Al terminar el debate se fueron todos, incluso Alice acompañó a Jasper y Charly a su casa. Nos dejaron a Edward y a mí solos allí, cosa que agradecí inmensamente. Teníamos varias semanas sin tener nada de intimidad al estar yo ocupada entre la planificación de la fundación y él aprovechando al máximo el tiempo que Rose le podría conceder, puesto que en cierto punto ella tendría que hacer una pausa importante por su embarazo y parto.
Edward seguía un poco renuente con respecto a su futuro sobrino, pero comprendía que era un niño inocente y me había prometido que lo intentaría cuando lo viese. No me aseguraba nada antes y eso me hizo reír.
El patio trasero de la casa tenía el césped recortado perfectamente, una preciosa parrillera a gas y lo más importante y hermoso, tenía un mullido columpio para dos bajo un techo amachimbrado.
Cuando terminé de despedir a todos, llevé de la mano a mi ángel hasta ese lugar. Ambos nos apretujamos dándonos calor el uno con el otro, pues mis viejos y raídos edredones habían desaparecido.
La neblina poco a poco fue descendiendo frente a nosotros confiriendo al bosque delantero de un aire etéreo.
—Teníamos mucho tiempo sin poder estar así. Ya lo extrañaba. —musitó sobre mi coronilla. Me apretujé entre sus brazos y asentí aprovechando para acariciar su pecho con mi mejilla.
—Demasiado.
—Pero ahora ya no estarás más conmigo, ni en mi habitación o en mi cama.
Su voz sonaba tan triste. Tan despechada. Pero no podía salvarle por siempre de lo que podría ser doloroso, en general eso suele contribuir a la formación de una persona y ahora Edward debería lidiar con algunas de ellas. Además, no es como si fuésemos a dejarnos, solo era el espacio que habíamos acordado tener al retomar nuestra relación.
—Ángel, hablas como si yo fuese desaparecer. —me giré para verlo a los ojos mientras intentaba quitarle hierro al asunto con una medio broma – medio en serio. —¿Una vida sin ti? ¿Eso es posible?
Él se encogió de hombros y se rehusó a mirarme.
—Técnicamente es posible para ambos, solo que yo no quiero volver a atravesar por esa miseria. No de nuevo.
Acaricié su mejilla con el dorso de mi índice deleitándome en su suavidad.
—¿Miseria, ángel? ¿Conoces lo que significa esa palabra?
—He leído mucho, Bella. Y entendí que cuando uno de los protagonistas de esos libros no está con la persona que ama se siente “miserable” porque la palabra tristeza no basta para definirlo. —pocas palabras y certero en lo que quiere decir. No tomó mi broma como tal, sino como un simple comentario.
Lo tomé de la mano y la apreté contra mí.nos quedamos en silencio durante un rato largo sin saber muy bien qué decirnos. Yo no sabía que decirle sin que pudiese sonar rudo o desconsiderado para con su manera de ver las cosas, así que opté por esperar a que él tuviese algo más que decirme.
El vaivén del columpio no rompía con la tensión impuesta entre ambos pero al menos nos daba algo que hacer mientras lo balanceábamos con suavidad.
—¿Sabes una cosa? He pensado mucho sobre nosotros. —rompió aquel silencio espectral con una frase que me intrigó bastante.
—¿Acerca de qué, ángel?
—Yo no quiero que en la fundación me miren como un niño. Quiero que me vean como un hombre.
Me tomó con la guardia baja eso. En ningún momento había considerado que él pudiese verse vulnerable ante los demás de esa manera. Me enderecé en el asiento para poder enfrentarme ante esa situación, sin embargo aún no encontraba las palabras. Me reproché a mí misma por haber pasado por alto un detalle como ese. Había dado por sentado que para Edward sería beneficioso en todos los sentidos que se viera involucrado en lo concerniente a la fundación en la que su padre y yo trabajábamos con afán, más se me olvidó hacer la pregunta más importante <<¿Edward, tú qué piensas?>>
Oh,Dios. Hablando de sentirse mala persona…
—Es mi culpa todo este embrollo. —mesé mis cabellos y atraje las piernas a mi cuerpo para abrazarlas. —He estado tan metida en todo esto que nunca te pregunté si querías…
Se adelantó hacia mí y me interrumpió.
—Yo te quiero ayudar, Bella. Quiero compartirlo todo contigo y quiero que compartas todo conmigo, pero lo que no quiero es que nos vean como la enfermera y su paciente. Quiero que seamos tú y yo frente a todos.
El alivio se filtró en mí e incluso sonreí cuando comprendí lo que quería decirme.
—Oh, Edward...¡me asustaste! —admití.
—¿Por qué? —preguntó confundido.
—Creí por un momento que no estabas de acuerdo con que llevara a cabo lo de la fundación…
—Yo no dije eso.
—Lo sé, ángel. Ahora lo sé.
Me acerqué de nuevo a él y dejé que sus brazos se agarraran a mi cintura. Recosté mi cabeza en su hombro y exhalé.
—Edward, cuando yo te tengo ante mí solo eres el hombre que amo, no un autista del que me enamoré. No eres diferente a mí… —encontré una mano suya con una mía y la puse al frente de ambos. —pero eres sin lugar a dudas lo más valioso que haya tenido alguna vez. Así que te prometo que cuando se hable de Edward Cullen, se referirán al excelente pianista que es o al guapo hombre que tengo por novio. Quizá unas cuantas querrán conseguir que las veas como ahora me ves a mí…
—¡Nunca! —se iba a retirar para afianzar sus palabras pero no se lo permití.
—…Pero aunque me muera de celos, yo sabré que tú eres mío nada más. Como yo tuya; así que no te preocupes, ángel. No consentiré que nadie te haga sentir incómodo.
Me acerqué hasta su boca y lo besé con firmeza para insuflarle aún más confianza de la que pudieron haberlo hecho mis palabras. Al poco tiempo me encontré en su regazo, con los brazos en torno a su cuello y jadeando complacida por las atenciones que ahora gozaba en mi clavícula. Halé su cabello con suavidad y vi en esos dos pozos grises azules, me embebí de ellos y volví a ese lugar tentador que conformaban esos labios entreabiertos. Su lengua reclamó a la mía sin ninguna timidez de su parte.
Sus manos se apropiaron de mi trasero para atraerme contra su erección y conseguir algo de divina y tortuosa fricción.
—Bella… —el vaho de nuestra respiración se atravesaba entre nuestros rostros juntos solo por nuestras frentes.
—¿Sí, ángel?
—Pasemos. Tengo mucho frío.
Me reí sonoramente y lo besé una última vez antes de ponerme en pie y agarrar su mano para adentrarnos en la casa. Aseguré la puerta trasera y luego seguimos nuestro camino hasta mi alcoba. Todo el tiempo vi por el rabillo a Edward tironearse el pantalón a la altura de la ingle porque le estaba molestando. Disimulé la gracia que eso me causaba.
Fue él quien cerró al pasar tras de mí.
—¿Quieres colocarte una camiseta? Tengo algunas grandes para dormir por si la quieres. Pero no tengo nada para debajo. —señalé su entrepierna despierta con picardía.
Él pasó hacia el baño sintiéndose como en su casa.
—La camiseta está bien. Los pantalones no importan.
—¿Por qué no?
—Porque no me van a durar mucho. —admitió con esa naturaleza que a mí se me antojaba más como un descaro que como otra cosa. Y por toda la corte celestial que eso era como fuego en las venas para mí.
Diez minutos después él salió del baño en una inmensa camiseta deslavada del estado de Louisiana que ya no podía recordar quién me había regalado y sus bóxers negros. En una mano traía toda su ropa cuidadosamente doblada y la colocó en la silla del escritorio.
Mi ropa estaba agrupada en el futón que reposaba a los pies de la cama. Mucho hice con estirarla en vez de dejarla tirada a su suerte en el suelo.
Lo esperé en la cama solo en mi conjunto de ropa interior color verde esmeralda que resaltaba muchísimo contra mi piel. El edredón estaba a mis pies y mi razón afuera del cuarto. Allí solo tenía un deseo que me estaba entre los muslos y el culpable lo tenía en frente mirándome de de aquella manera  que solo yo podía comprender. Él era la pureza y el pecado juntos. O sería más correcto decir “mi pecado”?
La tela crujió un poco cuando él se colocó a mi lado. Estiró su mano y con una suavidad deliciosa delineó los bordes de mi rostro ovalado. Sus ojos nunca se apartaron de los míos.
—Nunca podrás entender cómo te ves para mí, Bella. Sé que no tengo mucho con qué comparar pero dudo mucho que haya algo más precioso en el mundo. Para mí es así. —sus palabras me cortaron la respiración y terminaron de derrumbar las débiles defensas que rodeaban a mi autocontrol.
Me lancé contra sus labios y su cuerpo. A horcajadas sobre él deslicé las manos sin ningún preámbulo hasta su bóxer. Acaricié su protuberancia entre mis dedos y gemí al sentirlo latir entre mis dedos deseoso de poseerme.
Acaricié su pecho por debajo de la camiseta y su pene sor debajo del fino algodón de Calnvin Klein. ¡Al diablo con esperas y sutilezas! Tenía demasiado tiempo sin tenerlo así y lo necesitaba con urgencia. Ya luego habría más oportunidades en la noche para ir lento y saborear la dulzura de la espera.
—¡Bella! —arqueó su cuerpo sobre mi cama y entonces si pensé que el cuarto lucía perfecto con él en medio del colchón y sus labios entreabiertos.
Acaricié su miembro mientras maniobraba lo suficiente para bajárselos hasta las rodillas. Cuando estaba cerca de venirse le solté más comencé a acariciar mi pelvis aún vestida contra su piel desnuda. El calor que me traspasó me exacerbó los sentidos con lujuria y los movimientos en círculo no se hicieron esperar. Me deshice del brassier sin dejar de mirarlo a los ojos, no sé que me había poseído. Probablemente mis hormonas están en modus Afrodita y de allí mi descaro.
Me incliné hasta su cara para poner los pechos a su disposición. Los acarició como si hubiese pasado una larga temporada sin ellos y los chupó con hambre. No duré demasiado allí.
Me incorporé de nuevo y volví a encontrar nuestras miradas antes de alzarme lo suficiente para correr mi tanga de lado y comenzar mi descenso sobre su más que listo miembro. Me quedé sin aliento cuando lo sentí del todo por fin en mi interior. Este era un lugar único para nosotros, donde el sexo se transformaba en mucho más que carnes hambrientas. Era el sitio en donde podía tomar de Edward y él de mí todo aquello que no estábamos dispuestos a compartir con nadie más.
Edward me sorprendió al moverse y colocarse sobre mí. No fue un movimiento rápido pero me tomó por sorpresa que tomase de esa manera las riendas y lo disfruté al máximo.
Enganché mis piernas a su cintura y recibí todo la potencia de sus embestidas. Me aferré a su nuca con ambos manos intercambiando miradas intensas de posesión con Edward. Sí, en esos momentos era Edward no mi ángel. Ya que en ese momento no podíamos estar más lejos de lo que muchos consideraban “pureza” pero que nos maldijeran a ambos si eso no se sentía absurdamente celestial.
Su cara se clavó en mi cuello y sus acometidas se hicieron más cortas pero intensas. El aire nos escaseaba a los dos pero en ese momento no podía importarnos menos. Encajé mis talones en sus muslos cuando el orgasmo se disparó en mí. Me atravesó de palmo a palmo y dejó mi cuerpo laxo sobre el colchón mientras que Edward terminaba de drenarse en mí rugiendo en su propio éxtasis.
Él aún respiraba de manera entrecortada cuando le dije: —Ese es mi hombre…y es solo mío.
Su sonrisa me deslumbró aun en la penumbra de la habitación.
Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.
Alice colocó sobre el islote dos tazas repletas humeante chocolate yo la esperaba con los wraps de pollo que había hecho mientras ella preparaba la bebida.
—¿Qué hora es? —preguntó mientras tomaba asiento frente a mí.
Miré el que estaba en una de las paredes.
—Las nueve menos veinte.
—¿No te ha escrito, Edward? —musitó mientras masticaba.
—Nop. —negué con la cabeza. —No le agrada mucho mandar mensajes de texto. De hecho, los que suele enviar son los de audio. Es flojo para escribir. —me reí recordando su cara malhumorada cuando le obligué a aprender a enviar textos y whatsapps.
—Y tú que lo consientes.
—Hey hey hey, señorita moral. No me hagas que traiga a colación a cierta niña de cuatro años que amenaza con acabar con las reservas de chocolate de esta casa y la del Santuario Cullen. —ambas nos carcajeamos en esta oportunidad.
—Charlotte es algo… —dijo ella con la mirada perdida entre algún punto de la pared y mi cabeza. —No lo sé. Nunca deja de asombrarme. Esperaba que me costase mucho llegar hasta ella pues “la niña de los ojos” de su papá. Ya me había preparado mentalmente para demostrarle que no le quería robar a su papá, pero no fue así.
—Por supuesto que no… —le di un mordisco a mi cena y me vi muy tentada a darle un sorbo al chocolate, pero me gustaban mis labios justo como estaban. Muchas gracias. —ya que Charly nos considera a todos de su propiedad. Hasta al pobre Gannicus. Uno de estos días se le quedarán los ojos saltones de tanto que lo aprieta.
—¡Ja! Pues sí. Debe de estar desesperado en la casa. es su primera noche solo, pobrecillo.
Me reí de su cara. Lo decía como si al cachorrito lo hubiesen dejado encerrado en un espacio de tres metros cuadrados y a oscuras.
—¿Por qué no quisiste ir a la cena? El señor Carlisle me dijo que te había invitado.
Asentí. —Así es.
—¿Por qué no fuiste? ¿Tan siquiera se lo dijiste a Edward?
—No lo digas en ese tono, Alice. —le recriminé con suavidad. —No me hagas sentir como si lo lancé a los lobos solos. No fui porque él necesita saber moverse en diferentes situaciones sin tenerme a mí pegada a su espalda diciéndole que hacer.
Se ruborizó y volvió a su comida.
—Lo siento. No quise sonar como si te estuviese recriminando, pero es que no me lo imagino solo allí… —entonces la corté.
—No está solo. Sus padres están con él y también su hermano. Ellos se ocuparán de cualquier eventualidad y si no, me llamarán seguro. Además, Edward me comentó la otra noche que no quería que lo viesen como un niño. Así que ahí está, demostrando en una cena con unos clientes de su padre cuán hombre e independiente es. —sonreí con una dulzura que rayaba en lo cursi, pero no me importó. —Yo confío en él. A lo sumo puede que salga con alguna de sus frases de listillo.
Ambas sonreímos y seguimos nuestra cena hablando de los acontecimientos del día.
En ese momento el sonido del celular de Alice irrumpió en la paz relativa de nuestra comida…
—Es Jasper. —dijo con su sonrisa atontada. —Hola, amor ¿Cómo es…? —sus ojos se precipitaron a mí con alarma pero con la mano me indicó que esperara. —¿Cuándo fue eso? —más sonidos amortiguados pero no podía entender nada. Me estaba desesperando. —¡Dios mío! Le diré a Bella y nos veremos allí en cuanto podamos. Avísame si necesitas algo.
No había terminado de hablar cuando ya estaba en pie colocándome un grueso abrigo.
—¿Quién? —pregunté escuetamente. Me daba terror preguntar el “qué”.
Ella estrechó su teléfono con pesar.
—Es Rosalie. Está sangrando.
Ambas arrancamos en mi Chevy sin siquiera recoger los platos.
Lo único que podía pensar era en lo terrible que se iba a sentir Emmett si perdía a ese bebé.
No era momentos de pérdidas. No ahora.

Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.

Bueno, chicas…como se pueden dar cuenta. Esto no es un final.
No pude.
Después de leer su comentarios. Toooodos, tanto los buenos como los malos no pude dejar de pensar en que nada me daba el derecho de quitarles una historia que han seguido durante tres años y medios. Sí, es mi sueño sacar esta historia en libro; y lo haré; pero como me dijo una de ustedes; muy sabia por cierto; el darles la historia terminada no pelea con el registro de derechos.
Así que lamento profundamente que tantas esperaran este capítulo con tristeza y espero profundamente que sigan las últimas entregas de Corazón de Cristal con ese cariño que me han venido demostrando hasta ahora y del que estoy más que clara que no soy merecedora.
Gracias por hacerme entender; muchas sin quererlo siquiera; que estaba en un error, pero esta persona que está detrás de estas letras está lejos de ser perfecta. Constantemente cometo errores pero no temo corregirlos cuando debo.
A las que las preocupa el hecho de la edición les digo que A MI TAMBIÉN!!! Tengo tanto que hacer y poco para hacerlo; pero ya estoy visitando expertos en autismo y aun faltan unos cuantos más. Estoy documentándome para poder darles un libro lo más realista posible. Ustedes se lo merecen.
La historia también dará unos cuantos giros pero como ustedes comprenderán que no llevar un fic a libro sin acomodarle mucho de sus entuertos. Asi que…el proceso demanda tiempo pero estoy más que dispuesta a seguirles dando a mi ángel hasta el final (de esta etapa de la historia). Su lealtad se lo merece. Eso y mucho más.
A las que ya no me siguen pues sepan que les agradezco el tiempo que invirtieron en esta historia y lamento profundamente no haber estado a la altura de lo que querían.
A todas…UN ABRAZO ENORME Y EL ÁNGEL SIGUE!!!!
Un besote.






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