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Espero que tu estancia en mi blog sea placentera, Mis Fanfics están protagonizados por personajes de Stephenie Meyer, pero las historias me pertenecen a mí. Advertenciaa: Rated: +M (+18)

Corazón De Cristal

"-Pareces un ángel ¿te lo habían dicho? Quizá lo eres y nosotros no somos capaces de comprenderlo." -Isabella Swan.

Tirano

"Un hombre que no tenía la palabra DEBILIDAD en su vocabulario...y una mujer sencilla y sensible que demostrará que hasta el más insensible y frío es capaz de caer por amor"

Anhelo Desde La Oscuridad

"Serás mía por toda la eternidad..Lo quieras o nó" -Edward Cullen.

Sin Alternativas

"Solo una mirada bastó para dar un vuelco a mi vida." -Rachel Black.

El Primer Amanacer

Te amé más allá de la razón. Te entregué todo: mi niñez, mi cuerpo y alma; incluso mi voluntad. Pero ya no más. No pienso seguir viviendo de tus migajas. Aunque te ame con todas mis fuerza; me voy para siempre.

miércoles, 2 de abril de 2014

ALTERNO DE CORAZÓN DE CRISTAL -2:


Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.



“Guardiana”

Habían pasado muchas cosas desde que Bella había entrado a la vida de Edward. Algunas llenas de lágrima, no necesariamente amargas, y otras tantas de sonrisas. Ella le había enseñado tantas cosas que ni él; que amaba tener todo contado y controlado, podía enumerarlas. Sí, lo había tomado de la mano para caminar afuera de esa niebla que lo tenía sumido en su mutismo, pero en su interior estaba seguro que lo más importante no se podía tocar ni ver.
Le había perdido en una ocasión, pero la recuperó al poco tiempo. Y sin embargo ese momento se le hizo ínfimamente largo. Como un descenso hacia el infierno y su regreso. No podría borrar ese episodio de su mente ni queriéndolo.
Había sido totalmente extraño…
Como si algo se hubiese roto dentro de él pero no supiese decir qué; su mente, su corazón, alguna parte de su cuerpo que no conociera…No tenía nada con qué compararlo.
Pero más extraño aún era esa necesidad de ella que había desarrollado. No le abrumaba porque de alguna manera estaba acostumbrado a apoyarse en Isabella, sin embargo cuando ella estaba cerca su cuerpo experimentaba como una atracción casi  magnética que lo hacía pululara su alrededor incluso sin darse cuenta.
Quizá ese fue uno de los detonantes para lo que ocurrió aquella tarde cualquiera:
Desde que despertó, Edward no se sentía como siempre. Las cosas estaban fuera de lugar. No físicamente. Alrededor todo estaba como siempre, su ropa ordenada por colores y piezas, los CDs clasificados según en intérprete, tipo e incluso su antigüedad ¿Acaso no lo hacían todos?
Pero no se trataba de eso…
Era algo externo. No podía manejarlo y eso lo ponía nervioso.
Carlisle tenía varias mañanas en las que no desayunaba en casa por una litigación con separación de bienes. Estaba tan ocupado que había tenido que posponer las reuniones que tenía con Edward sin ninguna razón específica. A veces trabajaba mientras él lo acribillaba a preguntas sobre cualquier cosa que tuviera dudas. Había cosas sobre las que necesitaba hablar y él no estaba allí para hacerlo.
Luego estaba Emmett. Solía decirle que las personas, eran seres de costumbre. Y él lo acostumbró a levantarlo temprano para caminar o trotar un poco cada mañana, incluso cuando él se negaba en rotundo a hacerlo. Le robaba su cobija y sus almohadas, colocaba música a alto volumen y en más de una ocasión amenazó con secuestrar a sus amadas galletas de canela. Desde el episodio de Rosalie y el hospital, ya no había habido más mañanas de hermanos. Solo él. Ahora tenía unas horas a las que no sabía con qué llenar antes de que llegara Isabella con sus instrucciones diarias.
Esme era más constante, sin embargo pasaba demasiado tiempo ahora fuera de casa porque estaba comenzando unos proyectos de decoración.
Alice cursaba sus exámenes finales e Isabella necesitaba encontrar una locación para la fundación destinadas a personas como él.
Pero Edward también necesitaba…solo que no sabía cómo expresar lo que pasaba por su mente.
—Quizás estoy retrocediendo a donde estaba antes. —llegó a pensar en una ocasión.
Así fue como tanta ansiedad se fue acumulando y finalmente explotó en pleno almuerzo.
Solo Esme estaba con él.
Había cocinado salmón con una salsa de mantequilla y alcaparras y él odiaba a esas pequeñas bolas saladas que le recordaban demasiado a las horribles anchoas.
—¡No voy a comer eso! —gritó con furia. Levantándose violentamente de su silla, la tiró al suelo y ni siquiera se molestó en recogerla. Salió de la estancia y se encontró sin ningún lugar al que ir ni con qué descargar esa frustración que llevaba por dentro.
Al final la emprendió a golpes contra el sofá.
En varias ocasiones le pareció escuchar a su madre levantando la voz de ella pero era como si pudiese entenderla con claridad, así que sus palabras no tuvieron efecto alguno. Cuando el aliento le faltó y las fuerzas le flaquearon, solo le restó quedarse tendido en el mismo mueble al que había golpeado sin cesar mientras lloraba sin cesar. Quería entender lo que le pasaba, pero a su vez deseaba estallar aún más fuerte de lo que lo había hecho. Y no podía hablar…
No tenía noción alguna del tiempo que permaneció de esa manera.
—¿Edward? —la voz de Isabella le sacó del hoyo negro en el que estaba su cerebro.
Levantó la cabeza y la vio a los ojos. A esos ojos chocolate que tanto le gustaba mirar, sin embargo en ese momento solo lo hacían sentirse avergonzado de lo que había hecho.
Le hizo una serie de preguntas pero no respondió ninguna. No tenía ganas de hacerlo.
—¿Dónde está Gannicus? —escuchó que le preguntara a su madre.
—Está en el patio. Le cerré la puerta de acceso a la casa para que dejara comer a Edward pero… —su voz se apagó lo que hizo que él se sintiera aun peor.
Pasado un momento, unas patas frías y un poco sucias se posaron sobre sus piernas. El hálito un poco apestoso a comida de perros le golpeó en el rostro…pero en ese momento le hizo sentir…tranquilidad.
Gannicus se subió al regazo de su amo y se acurrucó extrañamente quieto para ser él. Solo dejó que lo acariciara mientras mantenía su cabeza baja colgando del borde del muslo.
La sensación de la suavidad del pelaje que se deslizaba entre sus dedos lo mantuvo hipnotizado durante un buen lapso de tiempo en el cual Isabella esperó paciente a su lado. Solo observaba lenguaje temporal.
Y cuando estuvo segura de que estaba sosegado, habló:
—¿Deseas hablar de lo que pasó, Edward?
No hizo ningún movimiento. Si siquiera miró en su dirección, a lo que ella respondió con un tono firme pero cauteloso a la vez.
—Sé que estás al tanto de que no ver a la persona que te habla a la cara es de mala educación. —subió su mirada haciendo que ella tragara el nudo que tenía en la garganta al ver el tormento en sus ojos. —Muy bien. Ahora que tengo tu completa atención me gustaría que me hablaras sobre lo que pasó.
Pasaron unos cuantos segundos antes de que respondiera. De hecho, abrió la boca en varias ocasiones sin lograr pronunciar una palabra.
—Me alteré, Bella. Lo siento. —seguía acariciando al lobo siberiano que seguía asombrosamente tranquilo sobre él.
Ella asintió.
—Eso fue lo que Esme me dijo. Quiero conocer el porqué de esta crisis nerviosa ¿Puedes ayudarme con eso?
Se encogió de hombros.
—Bien ¿Te has sentido ansioso estos últimos días?
Asintió sin decir nada más.
—¿Hace mucho que te sientes así?
—Un poco.
—¿Desde cuándo?
—No…no lo sé. —acarició al cachorro un poco más rápido y ese detalle no le pasó desapercibido a su novia. Aunque en ese momento era más su terapeuta que pareja. Para ella era importante llegar al motivo de esa nueva crisis para poder ayudarlo a sobrellevarlo y a su vez enseñarle que ese no era un comportamiento aceptable. Habían líneas que debían ser marcadas para todas la personas y él no era la excepción, solo que debía hacerlo de una manera más sutil. He allí por qué no se había dirigido a Edward en ningún momento como Ángel.
—¿Por qué no lo hablaste con alguien? —insistió ella con aparente tranquilidad. La verdad es que por dentro sentía cierto grado de culpabilidad al no haber estado en el momento en que había ocurrido este episodio. La pobre Esme había tenido que enfrentarla sola y estaba muy afectada por la manera en que lo vio.
—Pues…Papá ha estado ocupado, como Emmett. Como mamá…y hasta tú. —la vulnerabilidad que mostraba su voz era tal que a ella se le hizo imposible resistirse al impulso de levantar su mirada hacia su rostro para verlo con profunda adoración.
Y de todo lo que él podía haber imaginado que ella podría haber dicho, lo sorprendió con un sentido: —Lo siento. Lo siento muchísimo. —se aclaró la garganta. —Lamento haber estado tan preocupada en mis cosas que pasé por alto que tu rutina se había alterado tanto últimamente. Debí haberlo visto venir.
—¡Me siento avergonzado de cómo actué! —parecía estar desesperado porque ella le creyera. Lo cual agrietó un poco más su corazón.
—Comprendo. Y debemos trabajar en ello. No podemos dejar que otro quiebre de rutina se transforme en una nueva crisis nerviosa. —señaló a Gannicus con un asentimiento. —Puedes usarlo a él ¿Te da cuenta de porqué lo hice venir? —negó con la cabeza —Porque tú permaneces más sereno cuando estás cerca de él. Así que cuando te sientas malhumorado o triste, busca a Gannicus y acarícialo. Hay una conexión entre los animales y las personas que muy pocos comprenden. Quizá hemos perdido parte de nuestra conexión con la tierra o será que esos seres especiales como tú… —le dirigió un brillante sonrisa. —tienen un vínculo más allá de nuestro entendimiento.
Edward se rio un poco.
—Me gusta acariciarlo.
—Por supuesto que sí. Yo lo sé, por eso te pido que hagas eso cuando te sientas que estás perdiendo la calma. —en ese momento se puso un tanto más firme y seria. —Ahora, también debemos buscar algo alterno a tus actividades, pues si sabes de antemano que no vas a poder hacer algo de lo que tienes planteado entonces buscas algo para sustituirlo. Llámame, Edward. Me tienes a la distancia de una llamada. Jamás dejaría de atender una llamada tuya. —estreché sus manos entre las mías. —Quiero que entiendas algo: El hecho de que cada uno de nosotros estemos ocupados en un proyecto personal, no quiere decir que dejemos de preocuparme por ti. Solo que cada quién tiene ocupaciones y responsabilidades a las que hacerles cara. Eso sí, voy a encargarme de que tu rutina se restablezca lo más pronto posible. No siempre voy a poder estar yo o Esme o Carlisle, pero trataremos de llevar todo lo más normal posible. ¿Te comprometes a ayudarme?
Asintió aparentemente satisfecho.
—Pero tendremos que hacer algunos cambios…
—Oh…—gimió pesaroso. A lo cual ella tuvo que contener la risa.
De pronto Gannicus se activó tanto como siempre. Comenzó a saltar entre ellos sin dejarlos hablar bien. Bella se dio por vencida primero.
Palmeó la rodilla de él.
—Vamos, ángel. Hay una disculpa pendiente con Esme. Luego podemos comernos un gran tazón de helado de vainilla con galletas de canela. Saben mejor con lluvia.
Él sonrió y tomó la mano que ella le tendió. La miraba con esos ojos repletos de adoración. ¿Cómo no iba a amarla cuando solo ella sabía cómo calmarlo y alterarlo?
Y mientras caminaban hacia la cocina el ya no tan inmaculado ángel pensaba en lo placentero que era que ella lo alterara en la cama. Cuando tenía esas mismas manos que ahora se aferraban a ella como una tabla salvavidas, temblando enganchadas en la sábanas después de haber poseído enteramente a lo que lo obsesionaba tanto: Ella.
Simple y magníficamente ella. Su Guardiana y Custodia.

Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
¡Ah, bendita sea la música cuándo no se sabe qué escribir! En este caso mi amado Pablo Alborán.

Espero que les gustara este nuevo alterno de Corazón de Cristal. Primero quería escribir desde el punto de vista de Edward; pero preferí hacerlo de esta manera para que me permitiera mostrar un poco de las emociones de los implicados en este corto relato. Lo hice principalmente por ser este (todavía en Venezuela lo es. Son las 23:13 p.m.) El Día Internacional de la Concientización del Autismo.

Tengo mucho que agradecer a estas personitas especiales por inspirarme y a ustedes por abrirse conmigo hasta el punto de compartir conmigo sus vivencias y experiencias de este tipo. Sepan que valoro mucho esa confianza.

Espero que les haya gustado…y si no, pues disculpen.

Besos y abrazos desde mi preciosa, caótica y guerrera Venezuela…


*Marie K. Matthew*

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