Páginas

sábado, 6 de abril de 2013

CORAZÓN DE CRISTAL - Vigésimo Tercer Capítulo:


Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
 “Aliados”

Bella POV:
Dos largos y agónicos días más. Dos malditos días en que había tenido que lidiar con la tristeza que tenía Edward guardada y no quería dejar ir. Era un exabrupto; pero que me partiera un rayo si me iba a dar por vencida. Antes muerta. Sí, habíamos hablado fuera de la tienda de bebés, pero aunque hablaba no se abría con nadie.
Esme me recibió al tercer día con una expresión que mostraba claramente su preocupación. Bajé de mi vieja chevy y tranqué de un portazo, no porque estuviese molesta, sino porque la condenada pesaba casi dos veces más que yo. Pensé que uno de esos días me causaría una tendinitis por una sola tirada.
—¿Nada?
Le pregunté mientras subía las escaleras del pórtico para accesar a la casa. Negó con la cabeza pesarosa.
—Nada. Sigue sentado en su hamaca viendo hacia la nada. ¡Ya son tres días, Bella! —sus ojos se llenaron de humedad sin derramar.
Apreté su brazo para darle aliento o al menos para tratar de transmitirle fuerza. Estaba casi segura de que lo iba a sacar de ese trance con lo que tenía planeado.
—Y será el último. Confía en mí.
Apretó mi mano y asintió sin decir una palabra. Quizá por miedo de romper a llorar en ese preciso instante.
Pasé por la cocina saludé a Alice y rechacé un muffin de banana que me ofreció. El olor de esta más el de la canela y la vainilla tenía impregnada la planta baja de la casa dándole una sensación hogareña a aquella casona inmensa.
Me dirigí hasta la habitación de Edward y vi sus piernas colgando desde su silla-hamaca. Entré en silencio, me palmeé la chaqueta; en un gesto necio en realidad puesto que lo que tenía allí había hecho que llegara un poco tarde y no hubiese llegado con Alice esa mañana; y cuando corroboré que seguía en donde lo había guardado me acerqué hasta él.
—Buenos días, ángel. —dije desde su espalda y sin ninguna variación en mi tono del tipo mimosa o zalamera. Él no había enfrentado la situación como debía más tampoco podía censurarle como haría con cualquier otra persona.
—Buenos días, Bella. —cero emociones. Estaba inmerso en  su mundo.
—¿Cómo amaneciste?
—Acostado.
Cerré mis ojos y meneé aguantando la risita tonta que quería escapárseme.
—Sabes que no es educado contestar así. Me refería al estado de tu salud. —a mí podía parecerme graciosa su sinceridad sin filtros pero no iba a relacionarse solo conmigo o con su familia de ahora en adelante. Cuando se pusiera en marcha la fundación de Carlisle él tendría que interactuar con muchas personas extrañas y una respuesta de este tipo podría generarle problemas. No todos tenemos la capacidad para lidiar con personas que padecen la condición del autismo y mucho menos con su honestidad absoluta.
—Lo siento. Me siento bien. Gracias.
Buen chico.
—¿Y emocionalmente?
Nada. Silencio.
—Edward, ¿Qué te dije días atrás?
—Que debía hablar contigo.
—Exacto. Y no lo estás haciendo.
—Estamos hablando. —sonaba algo consternado.
—Sí pero no de lo que realmente te molesta. Y déjame que te aclare que todo el mundo está preocupado por tu estado de ánimo.
—Lo sé. —Mi pobre ángel perdido. —Pero no sé como dejar de sentirme así.
Rodeé la gran gota azul de tela y me coloqué frente a él para poder mirarlo a los  ojos. Lucía esa expresión carente de emoción que enmascaraba pobremente cuando Edward estaba pasando por una situación que lo deprimía.
—Pues no haces mucho por avanzar cuando te encierras en esta habitación y te quedas mirando a la nada, ángel. Si te sientes mal y sabes que eso está afectando a los demás; y por encima de todo eso te está carcomiendo a ti, debes de poner de tu parte para salir adelante. Podrías bajar y quedarte en la cocina con Alice, no creo que ella no fuese a mimarte. —puse los ojos en blanco. —En realidad eso es lo único que hace. Podrías salir a caminar con tu hermano, como lo habías venido haciendo hasta ahora…
—¡Pero Emmett ya no ha salido más conmigo! —y esto es una muestra clara de porqué las rutinas de los autistas no pueden ser alteradas de un día para otro. Eso los desestabiliza, y ellos como no siempre comprenden cómo funciona su entorno necesitan de la estabilidad que les transmite la rutina que se establecen. Aunque en defensa de Emmett había que acotar que “su rutina” también se había visto severamente alterada. Y de manera permanente.
—Tienes razón, ángel. —asentí. —Bueno…supongo que yo podría salir a caminar contigo en lo que tu hermano solucione sus problemas. No es que sea la más atlética…en realidad, no soy atlética en lo absoluto… ¡Oye! ¡¿Es una medio sonrisa?! En fin, podemos salir a caminar en cuanto llegue por las mañanas ¿Qué te parece la idea?
Asintió a regañadientes y yo supe el porqué: no es que no me quisiera, o que lo hiciera menos que a su hermano. Es solo que en el mundo estructurado de Edward, Emmett tenía su lugar y yo el mío; y para ser sincera me alegraba muchísimo eso; ya que significaba que él no cerraba su vida en torno a mí.
—Bien. Ya que hemos establecido un compromiso más… —le tendí la mano y lo hice poner de pie. Había ganado unos buenos  tres kilos que lo hacían lucir más fornido y que a su vez me dificultaba un poco más el lidiar con él si se trataba de alzarlo; como en esta ocasión. En otras ocasiones más íntimas yo era capaz de tolerar…bien. Momento de centrar mis pensamientos en líneas menos…físicas. —Quiero darte algo que hice…bueno…en realidad lo mandé a hacer. Ya que mi computadora está guardada en el garaje con otras cosas que tu madre decidió no desechar…volviendo al tema. Es un regalo sencillo. No es la gran cosa.
Y como a toda persona la palabra regalo hizo que sus ojos brillaran. En su caso este lo hizo parecer mucho más joven, casi un chiquillo.
Colé mi mano en el bolsillo interno de mi chaqueta y le entregué el CD que venía en un estuche de plástico. Lo agarró entre sus manos y lo giró. Esperé en silencio su reacción que se tardó unos segundos en llegar, más cuando lo hizo vi una sonrisa preciosa en sus labios. Caminó hasta el mueble que tenía su colección de música y su equipo de sonido, lo colocó y dejó que la música embargara la habitación. El primer tema en sonar fue I won´t given up de Jason Mraz. Edward parecía haberse perdido entre la lírica y yo aproveché ese instante para dejarle solo.
Existían cosas que Edward aun tenía que comprender, y una de esas era saber hasta qué extremos estaba dispuesta a llegar por él…o si alguna vez me daría por vencida con cualquier cosa le involucrara.
Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
Esme había pasado una parte de la mañana pegada al teléfono y la otra a mí con varias revistas de decoración y una DELL en la que me mostraba diferentes ambientes para que le indicara si quería cambiar el diseño que había trazado para aplicar en mi casa. Para su sorpresa yo era una de aquellas personas que mientras fuera bonito, contemporáneo y que no ocupara mucho espacio, no tenía ningún problema con ella y la señora Cullen era excelente en lo suyo. Seguramente sería una diseñadora de interiores fabulosa si no se hubiese visto forzada a vigilar cada paso de su hijo autista al no conseguir la ayuda necesaria. O sería más correcto decir “el personal pertinente”.
No se había movido de casa para supervisar su proyecto porque estaba nerviosa por Edward, quien aun no había salido de su habitación y seguía escuchando el CD que le había regalado. En la planta baja de la casa lo podíamos escuchar claramente mientras el dispositivo se repetía una y otra vez. Eso hizo que notara que mi ángel parecía disfrutar más que todo de tres canciones: Angel de Elvis Prestley (la que le dediqué), I won´t give up (la que rezaba a rajatabla lo que sentía por él) y Chasing cars de Snow Patrol.
Mientras que Alice cocinaba y a la vez discutía de decoración con Esme, yo me absorbía entre las hojas que tenía entre mis manos garabateando ideas que proponerle a Carlisle con respecto a la fundación destinada a ayudar a los jóvenes que padecían autismo en el condado de Forks y puede que hasta sus alrededores.
Entonces fue cuando una sombra en el umbral de la puerta nos llamó la atención a las tres. Edward había bajado con los jean desgastados y la camiseta de manga larga gris que tenía cuando había llegado pero sin ningún calzado. Su cabello estaba todo desordenado pero poco importaba, a mí me fascinaba como se veía de esa manera.
Mientras él comía a mi lado me miraba sin decirme nada, yo opté por fingir como si no me diera cuenta y eso parecía irritarle más no se atrevía a pronunciar palabra alguna.
Su madre se acercó hasta él y le sonrió con su dulzura tan característica.
—¿Necesitas algo, cielo? ¿Te sientes bien?
Él asintió.
—Tengo hambre. —entonces su estómago escogió ese momento para corroborar lo que él decía con un gruñido gracioso. Él se sonrojó con un poco de vergüenza. —Juro que fue mi estómago, no otra cosa. —se apresuró a decir lo que nos causó risa a las tres.
A los cinco minutos Alice le había colocado en frente uno de esos inmensos y deliciosos muffins de banana que había hecho más temprano y lo acompañó con un vaso de leche mientras que el almuerzo terminaba de hacerse. ¡Porque Dios no permitiera que Edward pidiera algo y Alice no se lo diera! Tendría que dejar de ser ella. Solo Esme se esmeraba en hacerle la competencia en quién lo malcriaba más. Carlisle y yo tratábamos de establecer los límites con él, aunque tampoco es que pudiésemos ser muy duros con él. Edward nos manejaba a todos con su dulzura. Para todos los demás, él era una especie de “niño grandote”. Para mí el era “mi hombre con inocencia de niño” pero por encima de todo Hombre.
—Bella. —gruñó mi nombre.
No despegué la mirada de las hojas en las que seguía escribiendo.
—¿Si?
—Te estoy viendo.
La risita de Alice no se hizo esperar. Esme se hizo la desentendida y fue a probar la salsa napolitana que preparaba Al cediéndonos un espacio. Como si de todas maneras no nos fuesen a escuchar…
—¿Ah sí? ¿Y eso? ¿Tengo algo extraño?
—No me miras…
Y justo cuando me disponía a responderle sonó el timbre. Sonreí con oscura diversión.
Me apresuré a abrir la puerta y recibir a mis invitados antes de que alguien fuese a salir y dañarme la sorpresa. Se supone que era para dos personas…Les hice señas a ambos para que hicieran silencio y recibí a cambio una miradita de extrañeza y complicidad a la misma vez. Ya las presentaciones y saludos vendrían después. Así que pasamos hasta la cocina… y hubo dos personas estupefactas y una con curiosa extrañeza.
—Señores, les presento al precioso milagro de Jasper. —la pequeña niña se sacó el dedo de la boca que se acababa de meter y agitó su manita.
—Hola. —dijo con una vocecita adorable.
Jasper se veía nervioso y no despegaba sus ojos de Alice. Ella a su vez se veía sorprendida más sonrió con ternura cuando salió del estupor de su asombro.
Esme fue la primera en acercarse a ella. Se puso en cuclillas y le tendió la mano.
—Hola, bonita. Bienvenida.
—Gracias, señora. —respondió una niña sorprendentemente segura.
—Dime, Esme.
—Gracias, señora Esme. —estiró su manita y tocó el cabello color caramelo de la adulta. La veía con admiración. —¡Qué lindo pelo!
—Gracias. —respondió muy sonriente.
—Tengo una muñeca que tiene lo tiene de ese color. Pero papi no me dejó traerla. —el pesar que rápido llegó, rápido se fue cuando depositó los ojos en los pies descalzos de Edward.
Esme se incorporó y la acercó a su hijo. Todos mirábamos la situación expectantes de lo que podría salir de todo aquello. Por dentro crucé los dedos para que todo saliese como quería…
—¿Cómo te llamas? —preguntó Edward a la pequeña que lo miraba como si fuese un gigante.
—Charlotte.
—¿Cómo la araña de la película?
Ella asintió.
—Sí, pero yo soy linda. Eso dice mi papi. —señaló a sus pies mientras lo miraba a la cara. —No traes puestos zapatos, te puede picar un bicho.
Si de algo no había ninguna duda era que Charlotte era una pequeña fuerza de la naturaleza de cabellos rubios dorados y ondulados como los de su padre. No, aún más preciosos. Los de ella le conferían un aire a los Shirley Temple que la hacía aún más magnífica a los ojos de quienes la estábamos conociendo en ese preciso momento.
—No hay bichos aquí. —le respondió Edward. Gracias al cielo no se mostraba reacio a la presencia de la niña. Por el contrario, parecía entre curioso y hasta divertido. Excepto mariposas.
—¡Las mariposas no son bichos, señor! —en serio se veía indignada. Los que no estábamos implicados en aquella discusión nos reímos. —Las cucarachas sí.
—Pues aquí no hay cucarachas. Y mi nombre es Edward.
—Te picará un bicho, Edward. —insistió y se quedó tan ancha como solía hacer él mismo.
Ese par nos sacarían canas.
Jasper les interrumpió y guió a Charlotte hasta mí que era la más próxima; además sospeché que dejaba a Alice para lo último mientras que lidiaba con sus demonios y miedos internos. Pobrecillo.
Le tendí la mano y le sonreí.
—Hola, Charlotte, soy Isabella. Pero prefiero que me llames Bella.
—Hola, Bella. —parpadeó con sus grandes ojos azules como los de su papá.
—Eres muy lista para tu edad. Creo que te llevarás muy bien con la gente de por acá.
Sonrió.
—Papi dijo que quería que conociera a unas personas muy especiales. —volteó hacia su papá. —¿Son ellos? —él asintió algo nervioso. —Ah. Me agradan.
Los niños compartían una cualidad con los autistas; decían las cosas tal cual lo pensaban. Sin maquillarlo y sin molestarse en disimular si no les gusta algo. Las cosas eran simples: O le agradabas o no. Punto.
Finalmente era hora de enfrentar lo más fuerte. Era hora de poner juntas a las dos mujeres de la vida de Jasper.
Cara a cara.
La verdadera prueba de fuego estaba allí para Alice, con poco menos del metro de altura.
Se agachó al lado de su hija y le habló:
—Charlotte, ella es Alice. ¿Recuerdas que hablamos de ella el otro día?
—¿Cuál otro día, papi?  Hablas de ella… —abrió los bracitos como abarcando todo el espacio. —toooooooooooooooodo el tiempo. —miró hacia arriba y dijo sonriente. —Hola, Alice ¿Cómo estás?
No me pasó desapercibido que a Alice se le aguaron los ojos  e incluso la puntita de su nariz se puso de color rosa.
—Muy bien, Charlotte. —le hizo una pequeña reverencia con la cabeza. Como si se estuviese refiriendo a una princesita. —¿Cómo estás tú?
—Bien. Oye… —la vio con curiosidad girando un poco su cabecita hacia un lado y después extendió su bracito para tocarle la nariz. —¿Estás enferma? La tienes rosa. Cuando la tengo así es porque me da la gripa.
Incluso sonaba hasta preocupada ¿No era adorable?
—La tengo así porque estoy feliz. —le respondió ella con la voz entrecortada.
—Que raaaaaaro.
Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
Un largo almuerzo; para el cual llegó el señor Carlisle; y un postre después Edward y Charlotte se fueron al salón de estar para ver televisión y el resto de nosotros al porche del patio exterior. El cielo de Forks fustigaba sin piedad a los árboles con su agua torrencial.
Las conversaciones giraban en torno de la vivaz visitante que en ese  preciso instante estaba viendo Piratas del Caribe: Navegando en aguas misteriosas. Aproveché un momento cuando acabé mi taza de té verde para levantarme a espiarlos un momento, porque si bien es cierto que ambos estaban haciendo muy buenas migas, tenía miedo de que Edward fuese a hacerle un desplante a Charlotte por su recelo o que ella se refiera a él en alguna manera que pudiese herirle; eso echaría a perder todos los avances que había hecho en el día en un solo segundo.
—¿Quieres galletas de canela? —le preguntó Edward solícito a Charlotte.
—Sip. —agarró una en su pequeña palma y luego se llevó a la boca para saborearla. Rápidamente tomó una cucharada de helado de vainilla y sonrió. —Saben bien juntos.
Edward asintió satisfecho.
—Claro que sí. —agarró un puñado y las colocó en el plato de la pequeña. —Esas son tus tuyas.  —abrazó el bol cristalino contra su pecho. —Y estas mías.
Charlotte lo vio con cara de Es – tu – estómago – no – el – mío se encogió de hombros y siguió comiendo.
—Te dolerá la panza de tanto comer dulce. Luego tu mamá te va a regañar.
Edward la miraba con expresión de no enterarse de nada y yo que me ahogaba solo por no poder soltar de risa. Los demás los veían desde la mesa estilo chill out pero no podían escucharlos.
—¡Ahí vienen las sirenas! —chilló ella emocionada y apretó la taza de helado entre sus manitas mientras los ojos le brillaban y cantaba sorprendentemente bien My Jolly Sailor Bold.
Edward la miró asombrado y sonrió complacido.
—Cuando crezcas a lo mejor te pareces a ella. —me delaté recostada en el umbral de la puerta. Ambos voltearon y me vieron como diciendo acaso – eres – tonta.
—La sirenas no existen, Bella. —sentenció Edward.
—Y yo no tengo aletas. —lo apoyó la niña señalándose los piecitos.
Entonces escuché unas carcajadas que provenían desde mi espalda. Esme, Carlisle, Alice y Jasper se habían levantado en silencio y estaban haciendo lo que yo: espiándolos y divirtiéndose con ese monstruo que habíamos creado.
Ambas cabezas nos miraban un poco irritados porque no les dejábamos ver su película y yo capturé esa imagen para el álbum de cosas que no querría olvidar jamás en la vida: Cualquiera que viese esa escena desde fuera diría que él se había dado cuenta de que su terror no tenía lugar y que era capaz de lograr lo que quiera si no dejaba que sus temores lo detuvieran. Pero yo veía la cosa de manera diferente. Edward nos había demostrado una vez más hasta donde podían llegar sus cualidades; entre esas él no darse por vencido a pesar de Él mismo. Así que congelé a Mi Ángel con la pequeña hadita que empezaba a tener un lugar en la vida de todos nosotros.
Una peligrosa aliada de Edward con la cual ambos nos voltearían el mundo patas arribas.
o.o.o.o.o.o.o.o.o
—¿Cuándo volvemos, papi? —decía Charlotte con la resistencia que ponían los niños cuando no se quieren ir de un parque.
—Pronto, princesa. Mañana papá debe trabajar y no podemos quedarnos hasta tarde. Además, debes ir a la escuela mañana. 
—Oh. —se lamentó apretando contra sí su bolsito de cachorro rosa.
Luego pasó a regañadientes por cada uno y depositó un beso en nuestras mejillas menos en la Alice, quien me dijo que llegaría tarde. Me limité a desearle buena suerte. Sabía que ellos tendrían una charla muy seria.
Cuando pasó por el lado de Edward, además de besarlo le dio un abrazo estrangulador del cuello.
—Volveré pronto y traeré a Melinda para que juguemos con ella.
Él se conmocionó.
—Yo no juego con muñecas.
—Papi tampoco solía hacerlo, así que prefiero maquillarlo con mis pinturas…
—Eh…Charlotte es tarde. —musitó un muy avergonzado Jasper.
Supuse que si Emmett hubiese estado aquí se estaría mofando de él por ese comentario. O quizá si las cosas fueran diferentes para él me cuestionó una parte de mi cerebro. No pude hacer otra cosa que estar de acuerdo con ella.
Finalmente y después de unos buenos veinticinco minutos, Los Hale y Alice partieron en el precioso Audi a3 plateado propiedad del socio de Carlisle.
Edward y yo subimos a su habitación para hablar un poco antes de que me fuese. Así que lo llevé hasta su cuarto, tomé asiento en su cama y comencé:
—¿Qué te pareció el CD?
Sus ojos se abrieron emocionados aunque su boca solo se torció un poco hacia la izquierda haciéndolo parecer una escultura que reflejara la dulzura y la sensualidad a la misma vez.
—Me gustó mucho. Aún lo tengo en el equipo de sonido…aunque eso es más porque no supe como clasificarlo en el orden de mi biblioteca. No sé de cuando son esas canciones.
Me reí sonoramente.
—Siento mucho decirte que no tienen más orden que el de reproducción, ángel. Son de años variados.
—Ya veo. —respondió algo irritado. Luego sacudió la cabeza como para desprenderse de esa sensación. —I won´t given up me gustó mucho. —su mirada sagaz no me pasó desapercibida.
—Esa era la idea, ángel. Estaba dedicada entera a ti.
—Comprendí lo que me quisiste decir.
—No creí posible que no lo hicieras.
Edward le dio play a su stereo y los acordes de una guitarra recorrieron la habitación hasta sumirnos a ambos en una burbuja invisible repleta de tantos sentimientos que no puedes reconocerlos a la primera pues te abruman con su fuerza.
Palmeé el colchón frente a mí y él vino hasta mí sin despegar nuestras miradas. Acaricié su cabello alborotado.
When I look into your eyes. It's like watching the night sky. Or a beautiful sunrise. There's so much they hold. And just like them old stars.
I see that you've come so far.
To be right where you are
How old is your soul?
 —canté penosamente a la par de la música aunque a Edward no pareció importarle en absoluto que mi voz casi insultara el trabajo de Mraz.
—¿Y si te cansas de mí? —me preguntó él con agonía en la mirada. Acaricié su pómulo con delicadeza y le sonreí con ternura.
—Eso no lo veo cerca de ocurrir, ángel. Ayudarte es mi vocación, socorrerte mi compulsión y profanarte mi actividad favorita. —quizá el ronroneo golfo estaba de más pero no lo pude reprimir.
Acarició con delicadeza mi garganta y de allí bajó tocando mi pecho como si fuese algo etéreo y que en algún momento pudiese desaparecer. Mi mano fue menos delicada cuando ascendió por su muslo hasta colarse por su camiseta para percatarse por sí misma; una vez más; de una suavidad que no se cansaba de palpar. Se acercó a mis labios con delicadeza y le dejé llevar el mando.
Sus labios no fueron invasivos, todo lo contrario, eran casi un ruego mudo para que le demostrara a su cuerpo cuánto lo amaba y cuán ciertas eran mis palabras. Solo nos separamos durante un momento en el que su nariz y la mía se mimaron con una timidez que cualquier otro hubiese pensado que estaba fuera de lugar después de todo lo que había pasado entre nosotros en el pasado. Pero es que amar un ángel no podía etiquetarse de ninguna forma para hacerlo de tal o cual manera; entre Edward y yo eran nuestros cuerpos los que dictaban los pasos que dábamos en la intimidad y en ocasiones, fuera de esta.
Sus yemas rozaron mis mejillas como si fuesen una pluma y se asieron luego a mi cabeza cuando la intensidad del momento así se lo exigió.
Pronto las ropas comenzaron a estorbarnos y mientras que Jason rezaba en su canción que cuando su amor necesitara espacio él la esperaría, yo opté por minimizar cualquier distancia existente entre Edward y yo. Lo atraje hasta que quedó encima de mí.
Una tibia humedad se extendió en mi cuello haciéndose fría cuando el aire tocaba el área que su lengua iba acariciando con deleite. Eché mi cabeza hacia un lado y le dejé apropiarse de todo lo que quisiese tomar y reclamarlo para sí ¿Pero qué más podría tomar que ya no fuese suyo?
Me aferré a sus caderas cuando su erección aún arropada por el bóxer se restregó en mi sexo que latía deseoso porque le fuese concedido eso que tanto necesitaba. Bajé lo máximo que pude la molesta tela y acaricié el miembro cálido que se presionaba contra mí. Su frente se recargó en mi hombro y estando allí aprovechó para consentir esa zona también.
Introdujo su cara entre mi cabello y suspiró cuando percibió el olor de mi shampoo de vainilla y coco. En cambio yo me deleité con el aroma masculino de after shave que tenía su cuello y que con cada pulsación parecía llevar hasta mis fosas nasales. Descendió por mi cuerpo con lentitud tortuosa, abriéndose camino entre mis piernas con su propio cuerpo pero no me separó las extremidades como yo creía que haría; solo me miró con veneración y depositó un beso sobre mi pubis como si de algo sagrado se tratara; incluso se tardó unos segundos con los labios allí, coló su mano allí y me miró con una sensual seriedad que me dejó pasmada.
—Esto… —empezó a decir con voz entrecortada. —es lo más valioso que tengo. Y es mío solamente.
Otro beso adorador y mis lágrimas comenzaron a rodar por el costado de mis ojos. Él se colocó a mi altura, recogió el rastro húmedo con sus labios y entonces volvió a besarme con pasión y dulzura a la vez.
Chasing cars no pudo hacer mejor aparición que en ese momento.
Y tal como decía la lírica lo dejé recostarse conmigo y nos olvidamos del mundo.
Con su mano colocó su miembro en la posición correcta para penetrar en mí. Con un movimiento sinuoso fue entrando de a poco en mi interior que estaba más que listo para él.
Sus embestidas eran lentas pero certeras. Sus caderas me dieron el soporte perfecto para que clavarme y recibir el placer que más que querer, necesitaba. Por un intervalo corto nos besamos pero cuando el deseo reclamó su derecho a la inhibición, dejamos que nuestras cabezas reposaran sobre nuestros cuellos respectivamente.
Estaba cerca…muy muy cerca, y a él solo bastó un leve toque en mi clítoris para dispararme más allá de la cama, su habitación o  la casa misma. Arqueé mi espalda recibiendo sus embates que alargaban los estremecimientos del orgasmo mientras que Edward se vaciaba en mí también.
Todo lo que soy
Todo lo que fui alguna vez
Está en tus ojos perfectos ojos
Eso es todo lo que puedo ver

Reposamos justo lo necesario mientras nos sosegábamos. Después Edward se acostó a mi lado y nos quedamos viéndonos durante un buen rato y disfrutando de de mi regalo.
—¿Sabes una cosa? —susurró bajito mientras jugaba con mi cabello. —negué con la cabeza. —Sé qué hiciste que Charlotte viniera hoy. Y entiendo por qué lo hiciste.
Puse cara de me – atrapaste y lo besé rápido.
—¿Charlotte te dijo?
Negó con la cabeza.
—No hizo falta. En un punto del día comprendí que tú habías hecho eso para que enfrentara a mis demonios…
Reí gratamente sorprendida.
—¿De dónde sacaste esa expresión, ángel?
—De una novela que me estoy leyendo. ¡No me interrumpas! —me riñó.
No me quedó más que tragarme la carcajada que tenía a mitad de camino.
—Y aunque aún no creo ser la persona ideal para estar con un bebé, lo haré. Porque tú confías en mí y haces que yo me exija lo mismo a mi persona. —mi labio inferior empezó a temblar en un puchero. Traté de pelear con las lágrimas de nuevo, pero volví a perder. —No llores, mi Bella ¿No entiendes que tú eres mi milagro?
Me abrazó contra su pecho.
—Án…ángel… —balbuceé contra su piel. —Te… te amo.
—Eres mi la gracia que me fue concedida y que nunca creí que tendría.
 La Gracia del Ángel. Solo de alguien como Edward pudo haber salido semejante calificativo para una simple mundana.
La Gracia del Ángel.
Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
—¡Quiero saber para donde vamos! —exigió Edward enfurruñado.
—Ángel ¿Puedes esperar a que lleguemos? Ya estamos cerca.
—¡No! Tengo todo el camino preguntando… —detuve el sedán de Esme y dejé que él leyera el nombre del lugar. —¿Un refugio de animales? —parecía confundido.
Asentí y bajé del auto. Lo encontré del otro lado y le sonreí satisfecha.
—Esme me dio su visto bueno así que podrás adoptar el animal que quieras.
—Está bien. —respondió aunque no se veía demasiado convencido.
Cuando entramos no me sorprendió en lo absoluto ver a Paul conversando con un chico tan pálido como yo pero con el cabello rojizo y la cara llena de pecas. Al verme, mi amigo se acercó, saludó a Edward con un fuerte apretón de manos y a mí me regaló un abrazo estrangulador. Él me había comentado en una de nuestras conversaciones que trabajaba por las tardes como voluntario en un refugio de animales y ¡voilá!
A mi ángel no les gustó, y por supuesto que lo hizo saber.
—Paul…
—¿Si?
—¿Podrías tratar de no tocar tanto a Bella? No me gusta. Y tú me caes bien.
Ambos nos petrificamos y yo me mordí el labio para contener una risotada. Paul no lo hizo. Se rió estruendosamente y le palmeó la espalda.
—No volverá a suceder, Ed. No pondré una mano encima de tu mujer.
—Bien. —y así pasó tranquilo hacia el pasillo que Paul nos indicó. Al pasar por mi lado, mi amigo torció su labio en una fea mueca que parecía decir creo – que – la –cagué. Yo me encogí de hombros y sonreí satisfecha sabiendo que tenía a alguien que no dudaba en decir que era suya frente a los demás.
Little Hope era un refugio precioso pero que necesitaba espacio y aún más ayuda de la que tenía en aquel momento. Había animales ya adultos en jaulas que básicamente estaban diseñadas para cachorros, lo que no les dejaba demasiado espacio para sentirse a gusto. Decenas de perros y gatos esperaban que alguien caritativo se compadeciera de ellos y les diera el amor que solo una familia podía darles. Vimos muchas razas de perros y gatos, en su mayoría mestizos que tenían pocas posibilidades de ser adoptados por “no ser puros”, como muchos pretenciosos esperaban a la hora de conseguir una mascota.
La terapia con animales era muy utilizada con las personas especiales, en especial la equinoterapia o la terapia con delfines. Yo debía buscar una que fuese factible tanto para Edward como para mí, y en la decisión pesó mucho el hecho de que yo le tuviese  fobia a los caballos.
Así que aquí estábamos recorriendo los pabellones a la expectativa de cuál sería la elección de mi ángel.
De pronto pasamos en frente de un mestizo que tenía bastante de Siberian Husky y Edward se enamoró. Sí, se enamoró del animal.
—¡Quiero este! —le dijo a Paul emocionado.
—Buena elección, hombre. Gannicus es un excelente perro. Aprende rápido, es amigable y es muy vivaz.
—¿Gannicus? —preguntó Edward.
Paul rió.
—Si. El idiota de mi compañero es fanático de la serie Spartacus.
—Pero Gannicus tiene los ojos color caramelo no verde y azul. —opiné.
Entonces me vio sorprendido.
—¿Tú la ves? ¿No es demasiado…violenta y…?
—¿Y explícita para una mujer? —me encogí de hombros. —No soy fácil de escandalizar.
Paul pareció olvidarse de lo que le había dicho Edward y volvió a abrazarme, aunque pareció acordarse pronto y me soltó. Más eso no le pasó desapercibido a mi novio…
—Te dije que no me gusta que la toques. —le reprendió.
—Ni a mí tampoco.
Todos nos volteamos hacia la puerta y nos encontramos con una guapísima chica con cabello negro azabache y la piel del color de la canela, con muchas más curvas que yo y con una expresión altiva. Volteé a ver a mi amigo y no me pasó desapercibida la palidez súbita que se instaló en su rostro.
¡Ay mierda! ¡Esa chica era Rachel!

Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
Como cosa rara comienzo pidiendo disculpas por la tardanza, chicas…muchas gracia por no olvidarse del Ángel a pesar de que había pasado demasiado tiempo (más del que es comprensible) desde que lo había actualizado.
Espero que les gusten los giros que le he venido dando a la historia.
Un megabesote para todas y espero sus reviews…
Suya…
*Marie K. Matthew*

5 comentarios:

  1. me gusta como esta evolucionando la historia, y la aparicion de la hija de jasper, creo que sera muy interesante!!!

    ResponderEliminar
  2. Hola me gusta que por fin Jasper les presentara a Charlotte y ver lo bien que se llevo con todos y ahora Edward adoptando un perro creo que ha sido lo mas acertado que bueno que Bella logro sacarlo de ese bache en el que estaba y ojalá que todo eso haya quedado atras ahora falta ver como salen las cosas con Rachel ojalá que no cause mas poblemas hasta el siguiente capitulo
    saludos y abrazos desde México

    ResponderEliminar
  3. gracias, chicas y con respecto a lo que puede pasar...ni yo misma lo tengo claro hasta que lo escribo... XD un besote desde Venezuela

    ResponderEliminar
  4. hermoso capitulo ,me encanta y una vez mas me dejas sin palabras eres un sollllllll.....Gracias linda ...Suerte...Besos desde Ecuador...

    ResponderEliminar
  5. Lg 47le5400 47-inch 1080p 120hz Contributed Lcd Higher definition tv Review

    Check out my page ... panorama

    ResponderEliminar

Followers

Twitter Delicious Facebook Digg Stumbleupon Favorites More