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miércoles, 2 de marzo de 2011

Anhelo desde la Oscuridad - Séptimo Capítulo:




"NO ME LLEVES AL LÍMITE"

  • -          Edward, hasta ahora las inversiones van perfectamente. No sé qué es lo que te preocupa. Todas las cuentas bancarias tienen perfecta liquidez, las inversiones están dando los resultados esperados, y tus residencias en Roma y Madrid están solventes. No entiendo cuál es tu insistencia de un tiempo para acá. – agregó Jasper del otro lado del teléfono en un tono vigilante.
Seguramente pensaba que podría despedirlo o algo así, ¿Pero cómo hacer eso con mi más leal y eficaz empleado? Además era el único que sabía mi secreto, aparte de Carlisle por supuesto. ¿Por cierto ya había mencionado que Jasper Hale era también un vampiro como yo? ¿No lo había hecho? Pues sí, lo era solo que me llevaba como dos siglos de edad por delante  y una buena parte de millones por debajo de los míos. Además él era mi único amigo tanto en materia inmortal como en la humana. No solía crear lazos afectivos con nadie puesto que no me interesaba en lo absoluto; hasta que llegó Isabella; pero con Jasper me unían la lealtad y los negocios que llevábamos haciendo juntos desde hacía más de cuarenta años. Así que a efector prácticos teníamos una “amistad”.
  • -          Mi insistencia es…- no creí conveniente decírselo por teléfono – Necesito que vengas inmediatamente. No me importa lo que estés haciendo. Te pagaré el doble delo que estés llevando a cabo pero necesito que me des tu opinión acerca de algo...- << No es que me vayas hacer cambiar de opinión pero…>> - Me gustaría conocer tu punto de vista sobre un nuevo “proyecto”.
  • -          Edward, no seas ridículo, si necesitas que vaya para allá; pues voy. Está demás que quieras usar conmigo ese complejo tuyo de Al Capone sobornándome. – rió con displicencia – Nos vemos mañana allá. En estos momentos estoy en la península de Olimpic cerrando una compra y venta de una casa para mí. En
Me sorprendió un poco en lugar.
  • -          ¿No estarás comprando en Forks, precisamente? –
  • -          Es allí en donde estoy. ¿Algún problema con eso? – indagó con suspicacia.
  • -          Creo haberte mencionado que mi creador solía vivir en aquella ciudad. No sé si aún lo hace pero…- sentimientos de nostalgia lucharon por abrirse paso en mi pecho pero ya había aprendido como desterrarlos no sin cierta dificultad. – me resultaría bastante incómodo que te topases con él, y este pudiese saber el lugar de mi paradero. – esperé que mi voz le dejase en claro mi disgusto con respecto a esa decisión suya.
  • -          Nunca mencionaste el lugar, además no creo que siga viviendo aquí, tú y yo sabemos muy bien que no podemos quedarnos a vivir en el mismo lugar durante mucho tiempo. Lo más probable es que esté residiendo muy lejos de allí después de cincuenta años. ¡No seas paranoico, Cullen! – me reprochó Hale.
  • -          Supongo que no piensas cambiar de decisión con respecto a tu nueva adquisición.  – dejé transmitir en mi voz cierto atisbo de agravio.
  • -          Supones bien, Edward. El lugar es sumamente hermoso y tranquilo. No hay vecinos en su cercanía, transmite cierta sensación hogareña y sé muy bien que no tengo que mencionarte las ventajas de poder salir a la luz del día con tranquilidad. – se escuchaba determinado por lo cual no quise seguir llevando su tolerancia al máximo y decidí zanjar el tema por lo sano. Además ¿Cuántas probabilidades habían de que Carlisle siguiera en ese pequeño e insignificante pueblo después de medio siglo
  • -          Entonces espero que disfrutes de tu nueva vivienda. Te compraré unos floreros de regalo de bienvenida. – bromeé – Avísame cuando llegues por si antes me surge algo.
  • -          Por supuesto, Cullen.
Nos despedimos y luego me dispuse a hacer ciertos acomodos en la recámara principal.
La cama que había comprado hacía unos días atrás ya estaba en mi casa como lo había prometido la vendedora de la tienda, además de todos los objetos que compré para adornar toda la estancia. Anexo a todo eso tuve que llevarme una revista de decoración minimalista; ya que sabía tanto de eso como de química farmacéutica.
Al terminar de arreglar todo eso, eché una ojeada satisfactoria a los resultados de mis “esfuerzos” y tuve la convicción de que ya estaba más que preparado para recibirla en la que ahora sería “su habitación”; pero me cuestioné acerca de si lo estaría  ella.

******

  • -          Buenas noches, Bella. – le dije y no pude evitar que cierta veneración se colara en mi manera de saludo.
Sus mejillas se ruborizaron de inmediato al verme parado en la puerta de su casa con un ramo de lirios blancos. En una de mis persecuciones había podido ver que ella se paraba frente a un kiosco de flores y compraba de aquel tipo. Y por la forma en la que las observaba supuse que serían una de sus favoritas.
  • -          Hola, Edward. Pasa adelante. – y se puso de lado para darme acceso a su casa.
Llevábamos saliendo hacía casi un mes atrás.
  • -          Estas flores no son para ti. – le dije en falso tono de advertencia mientras le regalaba una sonrisa torcida, de esas que a ella parecía encantarle tanto. – Son para ese hermoso florero de cristal que tienes sobre el comedor y que veo siempre vacío.
Isabella tan hermosa como adorable sonrió con inocente suspicacia.
  • -          Ilusa yo que creía que me las habías traído a mí. – meneó la cabeza de lado a lado con fingida decepción – Pensé que era un exquisito acierto el que me hubieses comprado mis flores favoritas; ya veo que todo se debe a una mera sugerencia de decoración. Aun así agradezco tan exquisito malentendido.
Dicho esto tomó el ramo entre sus manos. La vi con dulzura y ella con el mismo silencio mental de siempre, pero con unos ojos que eran más expresivos que su misma boca divina. Y estos me miraban con deseo.
La besé con delicadeza disfrutando de ese sabor que solo tenían esos labios color rosa.
  • -          Así es como me gusta que me recibas. – musité entre su boca y seguí besándola.
Al cabo de un rato ella hizo lo mismo.
  • -          Entonces te recibiré así de ahora en adelante. – y ahí cuando nuestro beso se intensificó y fuimos a dar hasta el comedor.
La coloqué encima de este y seguí con nuestro candente itinerario. La acaricié por encima de esa enorme franela de algodón, por primera vez tuve el placer de sentir sus pechos aunque solo fuese por encima de sus ropas. Se sentía tan exquisitamente glorioso; solo comparable con el toque de sus labios en los míos propios. Ella era caliente, cálida; yo en cambio en frío, gélido e incluso duro. Pero Bella jamás se quejó, y las pocas veces que se alarmaba por mi fría piel, le decía que era porque yo era propenso a sufrir de frío con facilidad, por lo que siempre me encontraba con dicha temperatura en un lugar tan lluvioso como New Hampshire. Nunca dudó de la veracidad de mis palabras.
Ella misma me tomó de las pretinas del pantalón para acercarme a su pelvis. Estaba húmeda. Fácilmente podía olerla desde allí; esto hizo que mi erección palpitara contra su vientre.
De pronto la apreté contra mí algo fuerte y ella jadeó de dolor y placer a la misma vez.
Eso bastó sobró para que recuperase la conciencia de lo que estaba pasando.
  • -          Lo siento. – dije cuando la separé de manera un poco violenta.
Me alejé de Isabella que estaba abierta con los labios hinchados de tanto besarnos, con la franela arrugada por mis insistentes caricias y con el pecho que se movía inquieto debido a su respiración errática.
  • -          ¿Qué va mal? – me preguntó con voz angelical y excitada aún.
  • -          Lo lamento no puedo hacer. No ahora…- dije mientras apretaba las manos en puños tratando de ganarle al deseo que me impulsaba a rasgarle las ropas y tomarla de una maldita vez.
Pero no ahora.
No mientras siga siendo una frágil humana.
Podía matarla y con eso no podría existir. No cuando ella me importase tanto. No cuando yo la… mientras que tuviese sentimientos por ella.
  • -          Nada va mal… - dije entre dientes mientras respiraba entrecortadamente.
La escuché acercarse a pasos tímidos pero no me aparté. Sabía que un rechazo en un momento así podría causarme problemas. Pero dos sería fatal.
Me abrazó por la cintura y recostó su frente a mi espalda.
No dijo nada en unos minutos. Y me maldije una y otra vez por no poderle escuchar los pensamientos. ¿Acaso era solo con ella o habían otros más con los que no podía?
No. Tenía que ser solo ella. Jamás me había topado con otro humano al que no pudiese escuchar.
¡Demonios! ¡Esa mujer estaba hecha para matarme!
  • -          ¿Hice algo que no te gustó? – la vergüenza que traspasaba su voz me descolocó.
Puse mis manos sobre las suyas que aprisionaban mi abdomen y hablé con toda la dulzura que pude; y que para mi sorpresa me fluía naturalmente.
  • -          Dudo que puedas hacer algo que no pueda agradarme. – luego me giré y la encaré. Posé mi frente sobre la suya mientras mis manos apresaban un rostro jugosamente sonrojado. – Al menos que quieras dejarme. Eso sí que no solo no me gustaría, sino que me destrozaría. – quería exagerar las cosas, lograr que ella cayese en mis redes. Pero ¿en cuáles? Si todo lo que le había dicho acaba de salir de un corazón que creía muerto.
No. No podía dejar que reviviera. Tenía que seguir así de inerte. Para siempre.
Pero Bella tenía armas para las cuales yo no tenía escudo.
  • -          Yo no te quiero dejar, Edward. Sé que apenas salimos desde hace un mes, pero me gustas muchísimo y no me agradaría en lo más mínimo que te alejaras de mí. – decía sinceramente mientras que sus manos se engarfiaban en mi espalda.
  • -          No me voy a ir, Bella. Nunca. Ni siquiera aunque me lo pidas. – y ella inocente de mis intenciones se echó a reír.
  • -          Me alegro, Edward. – me besó en los labios con suavidad.
  • -          Ya me dijiste que te gustaba y mucho. También que no querías distanciarte de mí, ni que yo lo hiciera de ti. Ahora quiero saber algo, trata de ser lo más sincera posible.
Ella asintió no sin cierto nerviosismo.
  • -          ¿Qué es lo que más deseas de mí? Y no hablo de deseos sexuales en este momento. – demandé con cierta vehemencia.
  • -          A ti. Quiero pasar el máximo tiempo posible a tu lado. Todo lo que tú me quieras. – y no encontré ni un rastro de titubeo en su respuesta.
  • -          ¿Y si te quisiera para siempre?
  • -          Pues para siempre será. – dijo ella.
  • -          Entonces para siempre será. – sentencié.

Esa noche me excusé con el pretexto de que no quería tomarla en ese momento solo por respeto. Y porque además quería planear algo sumamente especial para cual lo hiciéramos por primera vez.
Y Bella ni siquiera sabía cuán “especial” sería.
Me acompañó hasta la puerta de su departamento; nunca dejaba que me acompañase hasta la planta baja de su edificio.
  • -          ¿Nos veremos mañana? – preguntó ella mientras yo la tenía abrazada por la cintura y ella pendía de mi cuello.
  • -          Claro, cielo. ¿Qué quieres hacer?
  • -          Lo que tú quieras. Mañana es sábado y me gustaría que pasáramos el día entero juntos. – su respuesta no pudo alegrarme más.
  • -          ¿Te gustaría que lo pasáramos en mi casa? – tramé mi movida maestra.
Ella asintió entusiasmada.
  • -          Sí, me encantaría. ¿Debo llevar algo?
  • -          De hecho sí. – ella esperó a que terminara de hablar. – Una pijama para que pases la noche conmigo, o quizás no necesites ni siquiera eso. – dije sonriendo al recordar el babydoll negro que era prácticamente trasparente que yo había hurtado de sus cosas hacía ya mucho tiempo atrás.
  • -          Está bien, Edward. Mañana me quedo contigo.
  • -          ¿Solo mañana? – dije cual niño suplicante.
  • -          Cada vez que tú me quieras allá.
  • -          Perfecto. – dicho esto la besé con ternura para despedirme, pero ella se me echó encima con fiereza y me lo devolvió con fiereza. Pegándome contra la puerta. La tomé de los cabellos y mordí suavemente su cuello arrancándole un jadeo de placer. – No me lleves al límite, Isabella Swan. No sabes de qué soy capaz de hacer.
Mi pantalón volvió a tener un prisionero con ganas de fuga entre las piernas.
  • -          Pero quiero averiguarlo. – musitó con suma sensualidad.
  • -          Y lo harás. Eso te lo juro.
Y me fui. Pero esta vez con la certeza de que esa sería mi última noche solo. Y de que esa también sería la última noche de Bella como mortal. A partir de mañana ella se me uniría en la inmortalidad.
Lo aprobase o no Jasper Hale.
Lo quisiera Bella o no.
¿Pero saben que es lo mejor de todo?
Que ella de cierta forma…lo quería.



Hola, mis chicas. Sé muy bien que ya estaban preguntándose por la actualización de Anhelo…y pues aquí se las dejo. No puedo estar más feliz por sus reacciones. Ha sido tanto el apoyo que hasta ya un grupito en Facebook! Aunque no lo crean.
En fin, gracias por cada comentario que me dejan, son continuos alicientes que me ayudan a continuar con la escritura.
Besos a todas.







6 comentarios:

  1. Ohhhhhhhhhhhhhh creo que soy la primera XD este capi estuvo genial hasta a mi se me subieron los calores que bueno que ya tomo la decisión y la convertirá ojala todo se de como el quiere que emoción.
    espero con ansias el próximo
    besos

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  2. AAAAHHHHHH NOOO hermana como puedes dejarlo alli!?!?!?! ):
    Tu odias a tus lectoras vdd? :(
    pero no importa yo te adoroo!! xD.... besoos

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  3. Omg q caloor este capitulo lo senti hasta las venas....me encantoo awwwwwwwwwwwwwww Amiiiiiiiiii no puedo contiigooo me encanto mi actualizacion digo jeje la actualizacion de todas :P EXIJO MAS ANTES DE QUE TE VAYAS DE VIAJE OK?..¬¬ (coro en tono amenazante) :) ame cuando dijo edward dijo
    -Entonces para siempre será. –
    wooo q me lo diga a mi i no me lo pienso ni 1 vez <3.<3

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  4. wow he esperado por q sigas con todos tus fics pero este definitivamente era uno de los q mas espere!!
    me encanto... por fis no te demores tanto la proxima tkm besotes!!

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  5. Hola Marie, me encantó el capi. Te tardaste mucho con la actu pero te entiendo a veces no hay el tiempo o la inspiración. Por fin, Edward va a dar el paso definitivo, o bueno al menos eso creo. A ver si no se le atraviesa otra cosa, como Jasper o Carlisle. Saludos

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  6. OMG que felicidad que me duele el pecho de la emocion de que estes de regreso ya te extrañaba y me encanto el capitulo........Besitos linda...

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