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martes, 8 de octubre de 2013

CORAZÓN DE CRISTAL - Capítulo Vigésimo Sexto:



Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.

“Retomando el curso”

Bella POV:
Las salas de espera de los hospitales eran lugares diseñados normalmente para transmitir calma a las personas que estuviesen en ellas. Lástima que casi nunca cumpliesen con su cometido.
En aquel momento, el ambiente estaba a rebosar de tensión: ninguno sabíamos nada más allá de que Rosalie estuviese sangrando o que los Cullen estaban de camino. Jasper no dejaba de caminar de un lado al otro sin decir una palabra tan siquiera de frustración. Alice permanecía sentada cerca de donde él caminaba pero esperaba pacientemente a que se rompiera el silencio. Fui incapaz de hacer otra cosa que no fuese emularla solo que desde una ubicación más lejana a ese par por si requería intimidad.
Emmett irrumpió en el sitio con el rostro ceniciento del susto y una mirada casi maníaca de la preocupación.
—¿Dónde está? —preguntó sin muchas ganas de detenerse.
—La están examinando. No puedes pasar. —gruñó Jasper.
Ni Alice ni yo necesitamos ponernos de acuerdo para, de una manera muy disimulada ponernos en pie para evitar cualquier enfrentamiento que comenzara a volverse físico.
Emmett se giró hacia él.
—¿Por qué? —preguntó alarmado. Parecía estar demasiado aturdido como para darse por enterado de la beligerancia del hermano de Rose.
—El médico lo quiso así. —tercié.
La llegada de un niño podía ser recibida de muchísimas maneras; algunas repletas de alegría y otras no tanto. Sabía que la noticia de la existencia de este bebé; la cual ahora parecía peligrar; no había sido precisamente celebrada. El mismo Emmett me lo había comentado, pero aún así su expresión me hacía entender lo que su boca quizá no estaba lista para reconocer: que deseaba a este bebé. Y en lo más personal, comenzaba a creer que no solo habían sentimientos por el nonato en ese gran pecho, si no por su madre también. Solo había que fijarse como la observaba a hurtadillas cuando acudía a su casa a impartirle a Edward sus lecciones de piano. Había un brillo extraño en su mirada. Algo que definitivamente no había percibido cuando él juraba sentir cosas por mí. En secreto eso me tranquilizaba mucho.
El teléfono de Jasper llamó la atención de casi todos, menos de Emmett, al repiquetear.
—Dime, mamá…—exhaló sin mucha paciencia. —No, aún no sabemos nada. No te vengas, por favor. Prefiero que te quedes allí con Charlotte hasta que pueda salir de aquí…
Y mientras que la conversación continuaba el resto de Cullen se dejó caer al hospital. Esme y Carlisle muy preocupados.
Edward se acercó hasta donde yo estaba, le besé como saludo y dejé que tomara mi mano entre la de él.
—¿Rosalie está mal? —me preguntó tenso.
—No lo sabemos, ángel. Aún el médico no nos adelanta nada. Puede que no sea nada como puede que sea algo muy grave. Solo nos resta esperar a que sea lo primero.
—¿Qué sería lo más grave que podría pasar?
—Podría perder al bebé e incluso tener una hemorragia interna y ella… —me negué a continuar enumerando “los posibles” por temor a conjurar a alguno de estos. Además tenía que Emmett alcanzara a escuchar algo de esta conversación y se volviera aún más frenético de la preocupación.
Carlisle como cosa habitual hacia acopio de toda su entereza para mantener la calma en una sala de estar fría y aséptica repleta de más tensión que de personas.
Una enfermera vestida de verde y con una carpeta de metal atravesó las puertas.
—¿Los familiares de Rosalie Hale? Emmett y Jasper corrieron hasta ella prácticamente, Carlisle se acercó a su esposa para escuchar, yo apreté la mano de Edward esperando lo que pudiera decirnos.
—¿Ella está bien? —preguntó azorado Jasper.
—No estoy autorizada para darles mayores detalles, pero ella está bien. Ya luego el doctor les explicará mejor la clínica de la paciente.
—¿El bebé como está? —inquirió Emmett contradiciendo lo que esta le estaba diciendo.
Ella suspiró comprensiva y le dirigió una sonrisa tranquilizante.
—El bebé sigue allí. No se preocupe ¿Usted es el papá? —él asintió —Venga conmigo entonces.
La expresión de exasperación de Jasper no nos pasó desapercibida a ninguno. De hecho, Carlisle se le acercó por la espalda y le colocó una mano en el hombro como llamándolo a la calma.
—¡Pero yo soy su hermano!
—Lo siento, señor —se disculpó la chica pequeña y morena. —.Pero se me ordenó buscar a la pareja de la paciente…
—¡Él no lo es!
—Jasper, por favor. —intercedió Carlisle. —Tranquilízate, hijo.
—Disculpe, señor. —se excusó la chica y se adentró con Emmett tras ella.
En defensa de Jasper he de reconocer que se notaba a leguas que peleaba con su genio a más no poder. No era fácil contener a un abogado. No cuando demandaba lo que creía su derecho. Carlisle lo llevó hasta una esquina en la que hablaron en un tono tan bajo que no pudimos escucharle. Alice se le acercó tras un par de minutos de conversación y me di cuenta que ella estaba tratando de calmarlo también.
—¿Por qué Jasper está tan alterado? —musitó Edward con la mirada fija en su amigo.
—Está preocupado, ángel. Tiene a su hermana y a su sobrino del otro lado de estas puertas y no se le permite entrar. También está molesto.
—Pero la señorita ya le explicó por qué no podía pasar.
Le miré a esos ojos preciosos que tanto me fascinaban.
—Imagina que fuese yo la que estuviese allá atrás… —utilicé a mi persona en vez de a su hermano por meros tecnicismo de géneros.
—Pero tú no eres mi hermana…
—Por supuesto que no.
—Así que no es lo mismo.
—Ángel, deja que me termine de explicar. Imagina que soy yo la que estoy allá atrás sangrando y no te dejan entrar a saber como estoy.
Sus ojos se fueron llenando de comprensión a medida que el silencio se extendía.
—¿Ves? —le dije. —No es fácil estar en el lugar de Jaz. Es su única hermana.
Asintió.
—Si Emmett se enfermara yo también me preocuparía. —admitió con seriedad.
Sonreí para mis adentros. Él era demasiado inteligente para su propio bien.
—Lo sé, ángel.
Y a partir de allí estuvo contándome sobre lo que él y Emmett hablaban en sus antiguos trotes matutinos sobre la protección entre hermanos.
Aproximadamente veinte minutos después, salió la misma enfermera informando que podíamos dirigirnos al sexto piso. Rosalie estaba en la habitación seiscientos treinta y cinco. Me pareció prudente esperar fuera de esta a que algunos de los presentes se tranquilizaran.
Como era de esperar Jasper entró sin perder el tiempo, Carlisle lo hizo detrás de él en caso de que tuviese que intervenir; aunque yo lo veía bastante calmado en comparación a como había estado en la sala de emergencias. Esme, Alice y Edward parecieron pensar lo mismo. O al menos esperaron a que les autorizaran a entrar.
—¡Qué nervios! —exclamó Esme cuando pasados unos minutos aún no sabíamos que pasaba dentro. Solo escuchábamos susurros pero no alcanzábamos a distinguir nada que pudiese darnos pistas.
—Tranquila, mamá. Recuerda que la enfermera dijo que Rose estaba bien. Y el bebé también. —terció Edward.
Por primera vez mi ángel llamaba a la calma. Si alguna vez había visto un parecido entre ellos, no fue ni la mitad de lo que lo encontré en ese momento. Su talante y su razón se imponía en una situación en la todos nos veíamos afectados.
—Lo sé, cielo. Supongo que debo de sosegarme un poco. —agregó ella con dulzura y paciencia.
—Sí, debes hacerlo.
Alice volteó a mirarme y yo le dirigí una expresión que decía Él – es – único – en – su – estilo.
Carlisle fue quien acompañó al doctor; quien por cierto era un hombre de facciones afroamericanas y que elevaba el término alto a otro nivel. Él hombre nos saludó con cortesía antes de prestarle atención teléfono celular y mirar su reloj.
—¿Qué les dijo?—supuse que decir que ibas a tranquilizarte era más fácil de decir que de poner en práctica. La pobre Esme no podía dejar sus manos tranquilas mientras acribillaba a su esposo a preguntas. —¿Cómo están? ¿Jasper sigue molesto? ¿Y Emmett?
Por un momento una sonrisa joven se apoderó de los labios de Carlisle y la dulzura invadió una mirada que iba solo dirigida a su esposa. Tal como la caricia delicada que le prodigaba en su mejilla derecha con el dorso de su mano.
—Tranquila, amor. Todo está bien. Por lo visto este bebé es tan revoltoso como su padre. El sangramiento de Rosalie no se debe a nada preocupante.
—Entonces ¿A qué? —intervino Alice.
La cabeza de los Cullen se acercó más hacia nosotros trayendo consigo a su esposa del hombro. Como arropándola con su brazo.
—No puedo hablarles con tecnicismos médicos pero en resumidas cuentas el médico nos dijo que habían ciertas mujeres que presentaban ciertos sangramientos como si fuese una especie de menstruación. De hecho, muchas no se percataban de su estado hasta pasado varios meses. Este es uno de esos casos.
Me di cuenta de que todos respiramos un poco más aliviados. Excepto Edward que seguía escuchando a su padre con atención.
Esme quiso entrar a la habitación y pasó con Edward. Alice y yo esperamos fuera a que alguien saliera para poder entrar. No era prudente que estuviesen demasiadas personas en una habitación.
—¿Podrías venir conmigo? —le pidió un Jasper visiblemente cansado a Alice. Ella asintió. —Charlotte se lo está poniendo difícil a mis padres esta noche. Está muy inquieta.
—Vamos. —dijo ella cerrándose un poco más el zipper de la chaqueta.
Jaz me sonrió con cortesía y se despidió de mí con la mano, Alice en cambio se acercó un momento hacia donde estaba sentada.
—¿Necesitarás algo?
Ella tan solícita como siempre.
—No, Al. No creo que dure aquí demasiado si ya sabemos que Rosalie está bien. De todas maneras, gracias.
Entonces se fue.
Me arrebujé más entre mi grueso abrigo y soplé entre mis manos maldiciendo el clima de Forks.
No sé cuánto tiempo permanecí con la cabeza recostada a la pared hasta que el sonido de la puerta llamó de nuevo mi atención. Abrí los ojos y me encontré con un Emmett mucho más calmado de lo que había visto allá abajo. Incluso me sonrió un tanto avergonzado.
—¿Estás muy cansada?
Negué con la cabeza y me levanté para terminar de despabilarme.
—¿La dejarán acá toda la noche?
Se encogió de hombros.  
—Mera cuestión de chequeo. Le colocaron un medicamento para eliminar el sangrado y ahora solo le resta descansar. —cerró sus ojos y respiró profundo. Quizá sería el primer momento en el que podía asimilar que no iba a pasar nada malo allí. —No sabes el susto que pasé, Bella. Pensé tantas cosas de camino hacia acá.
—Suele pasar. A las personas nos mencionan la palabra hospital y nos volvemos fatalistas de una vez.
—Cierto.
Le di un empujoncito con el hombro.
—Hay embarazos plagados de sustos, Emm. Hay otros en cambios que pasan con mucha normalidad. En mi opinión personal, ese bebé es todo un Cullen: lo persigue el drama.
Emmett se me quedó viendo y estalló en risas.
—Sí, definitivamente es todo un Cullen.
No llevaba el saco del traje que traía al llegar ni la corbata, los puños de su camisa se encontraban doblados casi hasta la altura de los codos.
Me dio un corto abrazo y luego se despidió de mí. Debía de buscar algunos artículos personales en casa de Rosalie para ella. Pero no se fue antes de decirme que pasara.
Giré el pomo de la puerta y me asomé poco a poco para ver si era correcto pasar y como no vi nada fuera de lo común, lo hice. Rose giró su cabeza hacia mí y me dirigió una mirada apenada.
—Hola, Bella. Siento mucho este susto.
—No te preocupes, Rose ¿Cómo te sientes?
—Ahora bien. Me asusté mucho. Toma asiento, por favor. —me indicó hacia una silla que estaba a un costado de su cama que quedaba en frente de donde estaba la señora Cullen.
Edward permanecía un poco más lejos con su padre; quién le estaba hablando pero él me miraba a mí. Estuve tentada a hacerle un gesto disimulado para que le prestara atención a la persona que tenía a su lado pero decidí no arriesgarme a que su reacción lo dejara aún más en evidencia de lo que ya su postura hacía.
—Yo le contaba a Rosalie que mis dos embarazos fueron completamente diferentes. Cada uno parecido a las personalidades de mis hijos. —comentó la señora Cullen. —Con Emmett las náuseas matutinas fueron terribles. Se supone que ese proceso cesa en los tres meses pero a mí me duró seis.
—¿Y cómo lo soportó? —le preguntó Rosalie.
—Con mucho hielo y galletas saladas. Si vieran lo delgada que me puse. Carlisle estaba asustado. Ni siquiera tenía grande la pancita, pero eso sí; cuando esos mese terminaron y el séptimo llegó comencé a comer todo lo que antes no soportaba y hasta más. Me puse enorme.
—Y el de Edward ¿Cómo fue? —le pregunté.
A ella se le dulcificaron los rasgos.
—Con Edward todo fue muy tranquilo. Los primeros meses si tuve mis molestias pero no fueron ni de cerca tan malas como con su hermano. Esa vez no pasé de ser un hueso a una bola en tiempo violento. Mi embarazo fue más típico y su padre estuvo más calmado. No parecía un desquiciado corriendo de su trabajo a la casa y de la casa al trabajo. —el repentino silencio tenso expresó lo que ella no se atrevió a decir: que los problemas con Edward habían venido después.
No se debe de ver el autismo como una enfermedad sino más bien como una condición; pero el hecho de que existan personas que consideren a quienes lo tienen como unos discapacitados eso sí lo convertía en un problema. No siempre se debía a la mezquindad que muchos poseen sino también a la ignorancia para con el tema que se maneja en general.
No quise que el ambiente se tensara así que decidí lanzar una broma tonta para aligerar la cosa: —Y me imagino que comió todo el chocolate que estaba en la ciudad. Yo lo haría.
Así estuvimos un rato más: Esme hablándonos acerca de todo lo que había vivido en sus períodos de embarazo. Lo lindo, lo feo y hasta lo raro. Rosalie por su lado le hacía cualquier cantidad de preguntas. Por lo que escuché, aún estaba en la etapa de los vómitos matutinos; de allí que pareciera un poco más delgada; pero nada más. Y yo me limitaba a escuchar cualquier cantidad de teorías acerca de las “barrigas ajenas”. No deseaba esa suerte, pero me era difícil no echar una mirada de vez en cuando hacia Edward y cuestionarme sobre la posibilidad de traer a “otro ángel” al mundo ¿Él lo aceptaría? Si con la existencia de su sobrino se había visto afectado ¿Cómo sería si se enterase de que sería padre? Podía ser una profesional en mi área; acostumbrada a lidiar con muchas situaciones contrarias pero dudaba que poseyera la capacidad para hacer frente a semejante temor.
Era mejor dejar de pensar.
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Jasper no había regresado, Carlisle se había llevado a Esme a su casa a descansar pero Edward se había negado en redondo a dejarme allí, así que me comprometí a llevarle luego a la suya. Pero poco después de que sus padres se fueran él se quedó rendido en el sofá. Le coloqué por encima la chaqueta que había dejado tirada su hermano; el cual tampoco había regresado aún; y me acerqué a Rosalie.
—Deberías dormir tú también un poco. —le insistí.
Ella negó con la cabeza.
—Aun siento la descarga de adrenalina del susto recorriéndome el cuerpo. No podría pegar un párpado ahora ni aunque lo intentara.
—Lo comprendo.
El ambiente entre ambas no siempre había sido el mejor pero tampoco fue demasiado tirante. Hasta ese momento…
—¿Puedo ser honesta contigo, Bella? —¡Oh vaya! Sentí una opresión en el pecho. Como cuando alguien tiene la sensación de que lo van a rechazar. O quién sabe, quizá solo sería la inseguridad.  
—Por supuesto. Dime.
—Toda esta situación entre Edward, Emmett, tú y yo ha sido difícil de procesar para mí. No, no…déjame terminar, por favor. Tuve mis dudas más de una vez acerca de ti. Incluso cuando Emmett se acercaba a mí para desahogarse y me juraba que tú nunca le habías dado alas, lo dudé. Nunca tuviste un mal gesto para conmigo, así que no podía tratarte mal. Pero…estos últimos meses han sido para mí un golpe de realidad en muchos sentidos; uno de esos te incluye a ti. He tenido mucho tiempo para pensar y hasta observarte; pero me di cuenta que hay algo intangible que te une a Edward y a ti. —una de sus manos quiso acercarse a una de las mías pero luego quizá se sintió tímida al respecto y la alejó con disimulo. —Tienes una manera de mirarle que no compartes con nadie. Y me consta que estimas e inclusive quieras a los Cullen, a Alice pero a Edward…no lo sé, quizá este embarazo me tiene cursi y sentimental pero me parece que su sola presencia incide hasta en tu postura. Te yergues protectora a su lado y cuando lo miras, lo haces con una devoción muy grande.
—Yo…no estoy segura de comprender lo que tratas de decirme con todas estas cosas, Rosalie… —balbuceé penosamente.
Levantó la barbilla logrando verse muy firme en lo que iba a decirme.
—Quiero disculparme contigo. Porque verte aquí, velando por mí como si fuese otro miembro más de la familia me recuerda que he sido injusta; puede que tú no te hayas dado cuenta de eso pero aun así quería decírtelo. —ese rubor en sus mejillas me hizo comprender que esa pose de suficiencia era solo una armadura que le había dado el tiempo a Rose como mejor arma de defensa.
Le sonreí con ternura y dije:
—Rose, hablas de todo esto como si te hubieses mantenido en las sombras todo este tiempo ¿Qué tuviste tus reservas conmigo? Yo en tu lugar también las habría tenido. —entonces sí que me aventuré a apretarse su mano y a ella se le saltaron unas lágrimas. —Yo misma me acojono nada más de pensar en Edward compartiendo con otras personas en la fundación. Le amo tanto que me aterra que eso que siente por mí pueda compartirlo con otra persona. así que entiendo que toda esta situación te hubiese puesto un poco aprehensiva. Sin embargo no acepto tus disculpas… —se tensó pero continué antes de que pudiese sacar una conclusión errada. Si algo había aprendido en esta vida era que con las hormonas de las mujeres en estado era mejor no meterse. —No. no puedo aceptarlas de la mujer que ha incidido de una manera tan positiva en el hombre que amo. Le has ayudado a desarrollar disciplina y dedicación para con algo que a él le gusta. Incluso con toda esta situación has influido en él, de una manera positiva claro está. ha crecido un poco más gracias a ti. El que ha hecho algo por él, ha hecho mucho por mí. Así lo veo yo. —luego cambie mi tono de voz y mi postura a uno de complicidad. —¿Sabes? Si hablamos de miradas y comportamientos alterados; tengo que decirte que yo nunca vi que Emmett perdiera tanto los estribos como esta noche. Estaba frenético.
—Pobre…
—¡No, pobre no, Rose! ¿Acaso no lo ves? Como hombre al fin tuvo sus momentos de caprichos, pero es contigo con quien lleva una relación real. Puede que hasta ahora todo se haya centrado en tu bebé, pero es que no creo que un hombre como Emmett Cullen no deba de sentirse muy cómodo hablando de lo que siente. Mucho menos después de todo lo que ha pasado por aquí. —le guiñé un ojo. —Tenle paciencia.
—¿Tú crees?
—¿Dónde firmo mi apuesta de que es hombre estará arrastrándose por ti dentro de poco? Si es que no se puede considerar el hecho de que salga como loco a buscarte cosas en medio de la madrugada para que te sientas más cómoda acá.
—A veces me da miedo de que solo actúe así por el bebé. —admitió.
—Ahí es donde viene la parte de la confianza, Rosalie. Debemos decidir si nos arriesgamos a amar sin reservas o vivir sin sentir por miedo.
—Gracias, Bella. No sé mucho sobre tener amigas; de hecho todos los que tengo son hombres. Los músicos que he conocido a lo largo de los años; pero esto se me asemeja bastante.
Le di una palmada en la mano.
—¡Hey! Claro que puedo ser tu amiga. Y no creo que Alice tampoco se niegue a hacerlo. Solo debes abrirte un poquito a las personas para que dejes ver todo lo que vales, Rose. —sonreí con gesto malicioso. —¿Y qué dice Emmett de todos esos amigos varones?
Suspiró y se hundió en los almohadones.
—Los odia. O por lo menos, no los soporta ¿Puedes creer que muchos de ellos me han ido a visitar al enterarse de mi estado y él se ha negado a moverse del área en la que estemos? Por eso no hemos acabado con muchas cosas en la casa. No le gusta dejarme sola.
No pude evitar carcajearme ¿Esta mujer estaba ciega? ¿O qué? El mayor de los Cullen estaba arrastrando la cobija por ella y lo único que Rose hacía era estar llena de dudas. Pobrecilla.
Me fue contando anécdotas de las trastadas de Emm con sus amistades; sobre todo con un ex con el que mantenía muy buenas relaciones; y yo reía. Una que otra vez la interrumpía para darle mi opinión a favor de él y luego seguía riéndome.
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Emmett llegó con una pequeña maleta repleta de cosas para Rosalie, quien no se explicó el porqué de esa exageración cuando a la mañana se iría.
Charlotte llegó demasiado achispada para ser una niña de cuatro años despierta a unas horas tan altas, pero luego me explicó Jasper que su madre le había dado Coca – Cola en la cena y de paso le contó que su tía estaba en el hospital. Así no hay pequeño que pegara ojo; y menos cuando esta estuviese acostumbrada a que su papi le leyera antes de dormir.
Apenas llegó se trepó a la cama de su tía y la vio con esos ojitos azules preciosos.
—Tita, mi papi me dijo porqué te habían traído al doctor —miré a Jasper y él me guiñó un ojo. —¿Te cortaste mucho?
—¿Ahhh?
—¿Puedo ver el dedo que te cortaste? Papi dijo que sangraste mucho y por eso te tuvo que traer.
—Fue horrible, Charly; por eso no debes de tocar los cuchillos de la cocina. Te puede colocar esto… —le enseñó el dedo índice conectado al monitor donde se reflejaba su ritmo cardiaco.
—Vaaaaaaya ¿Te duele?
—Mucho.
—Oh. —se quedó callada un rato y luego pasó sus manitas por la barriga aún plana de su tía. —La abuela dijo que el bebé tenía que crecer pero tú estás muy flaquita. Memet ¿Acaso no sacas a comer a mi tita? ¿No ves que no tiene pancita aún?
—¡Charlotte! —su padre le llamó la atención con suavidad.
—¿Qué, papi? —ella lo miró como si no hubiese logrado que su tía se ruborizara, que Alice y yo tuviéramos que disimular las risotadas con tos y que Emmett se mostrara entre avergonzado y enternecido; todo con un solo comentario suyo.
—Tienes razón, muñeca. —dijo tomándola en brazos. Y caminando hacia el sofá de la otra esquina en donde Edward había dormido. Ahora estaba en el baño desperezándose. —Prometo llevar a tu “tita” a comer muy pronto. Y a ti si quieres.
—¡Siiiiiiiiii! ¿Y a comer helados?
—También. Helados muy, muy, muy grandes.
—¿Con nubecita arriba? —supuse que así le diría a la crema montada.
—Si, con nubecita arriba.
—¿Y con una cereza? Las cerezas son mis favoritas.
—Con cuantas quieras, muñeca.
—¡Siiii! —Charlotte abrazó a su Memet apretujando su mejillita con la de él y casi haciéndole una llave de lucha en el cuello de lo duro que lo apretaba.
Sentí un poco de lástima por Jasper en ese momento. Tenía que aceptar que dos mujeres de su vida estaban estrechamente ligadas a ese gigante. Uno lo amaba y sería la madre de su hijo en unos seis meses aproximadamente, la otra lo adoraba porque… Bueno, porque así era Charly.
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Apenas Edward salió del baño, me fui con él, pero contrario a lo que habíamos acordado primero; él decidió irse a mi casa. No hubo fuerza terrenal que lo hiciera cambiar de idea. Y como a mí no me molestaba en absoluto, le seguí el rollo.
Llamo a su casa para que no se preocuparan.
En casa los dos estábamos al borde del colapso, así que solo nos duchamos; por separado porque no habían fuerzas para más nada; y luego cama.
—No estaba dormido. No al principio. —me dijo cuando ya habíamos apagado las luces y estábamos acostados uno encajado en el otro. Su mano estaba en mi cadera.
—¿A qué te refieres, ángel?
—Cuando me abrigaste en la clínica, me desperté y escuché tu conversación con Rosalie. No era mi intención.
—No te preocupes, ángel. —le di unas palmaditas en la mano que tenía apoyada en mí. —No pasa nada.
Se quedó callado durante un rato. De hecho pensé que se había quedado dormido, pero luego vino al ruedo de nuevo:
—Me gustó escuchar lo que Rosalie dijo de nosotros?
—¿Qué se me nota que te quiero?
—Sí.
Me reí.
—Ángel, el reto está en tratar de ocultarlo.
—Ya. —me acarició el brazo de arriba abajo. Una y otra vez, así supe que algo lo tenía inquieto.
—¿Qué pasa, ángel?
—Tú… Rose…Ustedes hablaron sobre familia y yo me preguntaba si tú… ¿Vas a querer una más adelante?
Noté que su postura era tensa.
Respiré lentamente, tratando de conseguir una respuesta adecuada a eso. Llena de inseguridades, decidí quedarme de espaldas a él y apretar esa mano que me acariciaba entre mis dedos.
—Ángel, yo quiero todo contigo, pero seremos nosotros los que decidamos que hacer con nuestra relación de pareja. No dejaremos que los demás nos digan que hacer. Sí, quiero tener una familia contigo. Pero si pasa el tiempo y solo somos nosotros dos ¿Te sentirías decepcionado? Creo que hay muchos tipos de familias, nosotros podemos hacer la nuestra como creamos que es bueno para ambos.
Suspiró en mi oído y me apretó contra sí. Su respiración acariciaba mi oreja una y otra vez.
—Yo también quiero todo lo que venga de ti, Bella.
—¿Incluso un bebé? —pregunté con curiosidad.
Me apretó contra él.
—Incluso un bebé. Si eso te hace feliz. —afirmó. —Pero no ahora. Ahora no, por favor. Te quiero solo para mí.
—Ángel, no quiero que hagas “lo que a mí me hace feliz”. Porque eso no sería bueno para ti, así que a la larga no me haría feliz a mí. Y soy tuya, ángel; nada puede cambiar ese hecho. Ni siquiera un hijo. Pero hablaremos de eso cuando sea el momento. No te preocupes.
Besé sus dedos y los apreté contra mi cara para dormirme.
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Pasaron los días y una serie de modificaciones se dieron en la casa Cullen:
Edward ya no veía clases de piano en su casa, puesto que a Rosalie le habían recomendado mucho reposo, se decidió que fuese él hasta su casa y practicara en el que ella tenía en su hogar.
Así que eso generó a su vez varios hechos más; que Edward y su hermano pasaran más tiempo juntos. Emmett le pedía constantemente la opinión a Edward sobre los arreglos que se estaban llevando a cabo en la casa de Rosalie. Todo destinado a que la casa estuviese dispuesta para ser el lugar más seguro para la llegada de un bebé. Charlotte y mi ángel estrecharon aun más sus lazos, de hecho la pequeña había logrado que su padre o sus abuelos la llevaran casi a diario para verse con su amigo Edward, y que él tocara para ella en “el coso inmenso” de su tía Rosalie; que era como ella llamaba al piano de cola presente en una sala de la casa.
Rosalie, ya no tenía vómitos matutinos. Pero se había despertado en su cuerpo un hambre feroz. Así que en pocas semanas su vientre plano fue dando lugar a una pancita que le quedaba muy bien. Ella, como madre coqueta y orgullosa que era; se colocaba vestidos ceñidos que le quedaban muy bien pero que no ocultaban su estado para nadie. Y si no lo hacía ella, Emmett se encargaba de hacerlo dándole ropa pre mamá cada que podía.
Hablando de Memet… Él cumplió su promesa y llevó a comer a Rosalie. De hecho, salía con ella y no solo a hacer las compras para su hijo no nato, sino también a cualquier nimiedad que ella quería o necesitara.
Esme y su escuadrón de arreglo de casas comenzó a ser algo más serio. Carlisle, convencido del talento de su esposa le propuso dedicarse a la decoración de interiores; cosa que a ella le encantó. Comenzó el proceso para comenzar su propia empresa, por lo cual ya casi no estaba tan seguido en casa, pero se le notaba muy emocionada con su nueva aventura.
Alice aprobó sus pruebas con éxito, así que no me extrañó cuando recibió una nueva propuesta de trabajo: Carlisle le propuso la idea de colaborar con nosotros en la puesta en marcha de la fundación. Mi amiga, encantada de la vida aceptó la oferta. Muchas responsabilidades cayeron sobre ambas después de eso, al ser él un abogado tan ocupado no podía salir del bufete cada vez que quería; así que fuimos nosotras las que tuvimos que encargarnos de buscar lugares para desarrollar la fundación. Aún no lo habíamos encontrado.
Y fue en uno de esos viajes que mi vieja Chevy murió. Gracias al cielo, nos había dado chance tanto a Alice como a mí de llegar a Port Angeles pero no sin antes armas todo un espectáculo de humo como si fuese a estallar de un momento a otro. Maldito sistema eléctrico, recalentó la maquinaria tanto que muchas piezas se vieron afectadas.  Dos días después llegué a mi casa con una Jeep Commander 2.010 en color negro. Extrañaba el ronroneo de mi camioneta pero tomé ese nuevo detalle como un cambio más en esa serie que se había puesto en marcha desde hacía ya un tiempito. Además amaba mi todoterreno nuevo. Alice y Edward no pudieron estar más felices con el fallecimiento de mi camioneta.
o.o.o.o.o.o.o.o.o
Una noche, me levanté a por un vaso de agua para Edward; que se había quedado en mi casa y habíamos tenido una muy satisfactoria sesión de cama, cuando me encontré con una Alice llorosa en el islote de la cocina.
Me acerqué hasta ella preocupada.
—¿Qué tienes, Al? ¿Tienes mucho de haber llegado?
Era sábado y contaba con que ella estaría fuera de casa para ser cuán ruidosa pudiera. Sentí como el calor se fue a mis mejillas.
—El suficiente para escuchar tus chillidos. —dejó escapar una risita antes de que más sollozos se retomaran.
No era como si ella no supiera lo que hacía con Edward en mi cuarto, pero me parecía innecesario que la cuadra entera se enterara de que mantenía un vida sexual activa…y satisfactoria.
Me aclaré la garganta e hice como si hubiese dicho nada. Mejor así.
—¿Por qué lloras?
Pareció una niña pequeña cuando un puchero apareció en su rostro de duendecillo.
—Discutí con Jasper.
Fruncí el ceño.
—¿Nunca lo habían hecho?
—¡Por supuesto que sí! Pero esta vez fue…peor. Él está muy raro.
Tomé asiento a su lado.
Apoyó la frente en palmas, su mirada se clavó en el granito de la encimera y sus lágrimas se deslizaban por el puente de su nariz hasta mojar la superficie.
—Jasper ha actuado extraño, se podría decir que hasta un poco frío. Actúa como si no tuviese tiempo para mí y cuando estamos juntos, si le suena el teléfono sale disparado a atenderlo pero lejos de donde pueda escucharlo. He tratado de no comportarme como una neurótica ¡Pero no puedo! Y de paso estoy en mi síndrome premenstrual.
La verdad era que tenía razón. No era normal en él que se comportara de esa manera. Jaz solía ser por lo general un hombre dulce y atento con todos, pero con Alice solía rayar en la adoración. Ahí había algo raro…
—Habla con él, Al. Dile todo esto que me estás diciendo a mí. A lo mejor tiene un caso que le trae estresado en el bufete y no te quiere contar. Quizá es demasiado delicado.
Se estrujó la nariz con su antebrazo antes de mirarme.
—Lo haré. Pero no esta noche. Veré si él me busca a mí.
Le di un empujoncito con el hombro y una sonrisa de ánimo.
—Todo saldrá bien, Al. Tranquila. Todos discutimos. Míranos a Edward y a mí. Hace dos días me molesté con él.
—¿Y eso? —me vio como si yo tuviese dos cabezas.
—Porque fuimos a cenar al nuevo restaurant de comida tailandesa y la camarera estaba más pendiente de ver a Edward que de prestar un buen servicio. Él como no se entera de nada, luego de que me quejara; le dijo que no se lo tomara personal. Que en general yo era muy buena y que solo estaba en mi período.
Alice estalló en carcajadas.
—¡No te rías! ¡Fue vergonzoso!
Pero ella siguió y siguió hasta que tuvo que limpiarse las lágrimas pero esta vez de risa.
—Me imagino su cara, la de la camarera y la tuya.
Rodé los ojos.
—Casi ni comí de lo molesta que estaba. En medio de la cena me preguntó dos veces si me pasa algo. Pero no fue hasta que estuvimos en el auto que le dije la verdad.
—¿Y cómo reaccionó?
Esta vez fui yo la que sonreí de ternura.
—Se sorprendió, porque en ningún momento había querido ser maleducado. Luego me pidió disculpas tantas veces, que hasta me hizo sentir culpable de molestarme con él. —sacudí la cabeza. —Este hombre va acabar conmigo.
Sus ojos pasaron rápidamente de la ternura por mí a volver a llenarse de lágrimas. La abracé un rato hasta que cansó de llorar en la cocina y se fue a su cuarto. Imaginé que a seguir en lo mismo.
Nosotras y nuestras hormonas.
Subí a la habitación, con el vaso de agua y encontré a Edward desnudo mirando por la ventana ensimismado.
Toqué su brazo con el vaso mojado y frío. Él se estremeció y se giró hacia mí.
—Dale gracias al cielo que esta ventana te cubre justo lo necesario o si no estuviese atacando a cada vecina que te hubiese visto como Dios te echó al mundo. —me abracé a su costado y olí su pecho. Olía a sudor y a Cool Water de Davidoff. Miré las pecas que salpicaban su pecho e incluso llegaban hasta la parte superior de su espalda. Las recorrí con el dedo, pasando por encima de los vellos y acariciando su estómago un tanto curvo. Nada de six pack para mí, pero eso no podía importarme menos. —O me vería obligada a atacar a mis vecinas.
Frunció el ceño.
—No ha pasado ninguna.
—Menos mal. —me apretujé más contra él. —¿Qué estabas viendo entonces?
—Ese búho que está en esa rama. Nunca había visto uno tan de cerca. Son preciosos… —dio un sorbo a su agua y siguió mirándolo como si fuera algo único y raro.
Seguí su mirada y me encontré con la mirada de un ave majestuosa, de ojos grandes y pelaje en tonalidades café. Su ulular confería a la noche neblinosa un aire misterioso. Comprendí su fascinación pero si no lo quitaba de allí podía pasar la noche parado viendo al animalito.
Lo arrastré a la cama y en esta ocasión fue él quien se acercó a mí. Encajó su rostro en mi cuello y depositó un beso en él.
—¿Podemos volver a hacerlo, Bella?
Me reí.
—Sí, ángel, podemos. —acaricié su miembro de forma vertical. Su piel se erizó y calentó por mi toque. Poco a poco se hinchó entre mis dedos, hasta que empezó a segregar líquido pre seminal. —¿Qué voy a hacer contigo, ángel?
Jadeó contra mi cuello.
—¿Por…? ¿Por qué? ¡Oh!
—Porque no te sacias, —comencé a besar su pecho a medida que hablaba. —porque me has hecho adicta a ti, porque me vuelves loca. No sé qué hacer contigo.
—Mimarme como ahorita. —no pude evitar reírme.
Me coloqué a gatas sobre él. Tomé su miembro y hablé sobre la cabeza hinchada y llorosa: —Vamos a mimarte, entonces.
Tomé su pene entre mis labios hasta que casi tocó mi campanilla. Pasé la lengua por su tallo de regreso y saboreé lo que salía de él. Su sabor me producía casi tanto placer como verlo culminar. Chupé con fuerza cuando llegué a la punta. Así estuve un rato más, hasta que la mandíbula me comenzó a arder y decidí ayudarme con los dedos.
—¡Bella! ¡Me…Oh Dios mío!
En unos pocos movimientos Edward se corrió en mi boca, pero tuve que echarme para atrás porque se arqueó tan repentino que tuve que retirarme para que no llegara hasta el fondo de mi garganta y me causara náuseas. Tomé todo de él y saboreé su gusto. Lo amaba.
Escalé por su cuerpo, tomé su erección y lentamente me clavé en él. Ambos gemimos cuando me fui ciñendo en torno a él.
—Me encanta…estar…dentro de ti. —gruñó.
Estaba de un hablador esa noche.
Moví mis caderas en círculos lentos.
—¿Mucho?
—Dema…siado.
—Demuéstramelo, ángel. Enséñame cuanto te gusta.
Tomó mis caderas con fuerza y se encajó en mí con fuerza. Sus embates se volvían desesperados con cada segundo que pasaba. Me agarré a sus antebrazos, arqueé el cuerpo y recibí su rudeza. Me aferré a sus caderas con los muslos cuando sentí los espasmos comenzar a recorrerme, profundicé más las estocadas y me curvé hasta que su pene tocó ese punto rugoso en mi interior que me volvía loca.
No tardé en sentir su calor invadirme y su cuerpo se convulsionó completo.
—¡Bella!
Me dejé caer sobre él. Me apretó entre sus brazos, besó mi frente y suspiró cansado.
—Me encantan tus mimos.
Si hubiese tenido energía probablemente me habría reído, en cambio solo acaricié su pecho un tanto mojado por el sudor, deposité un beso y dejé que el cansancio hiciera lo suyo.

Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.

Otro capítulo del ángel más!!! Disculpen que no lo haya subido el domingo, pero de verdad que tuve un bloque monumental y mientras más me presionaba, menos me salía…En fin, espero que no haya salido tan mal.
¡Siento llegar el final!!! ¡Lo siento!!!
En mi interior comienzo a despedirme de esta historia que me ha dado tanto y que me ha enseñado mucho. Y seguiré haciéndolo.
Pero aún no estoy preparada…
Mientras, espero que hayan disfrutado de ea entre, mis chicas. Un beso a todas las que me han dejado sus reviews y como les digo siempre, no hay ninguno que no lea…aunque no pueda responderles a todas a veces.
Un megabesazo.
Suya…
*Marie K. Matthew*










7 comentarios:

  1. HOla Marie!

    Como siempre, es un placer leerte.
    Es un gran cierre, con suficiente espectación por lo que vendrá segun tus planes.
    Sabes que te admiro y que esta historia me fascina, te auguro un éxito rotundo y deseo profundamente que pronto empieces a experimentar que tengo la razón.
    Bendiciones para tí.

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  2. Me dejas como siempre nena sin palabras y con las emociones bien despiertas ,me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaa....Gracias cielo sigue asi..

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  3. Muchas gracias, chicas!!!! *-* Por supuesto que aquí seguimos...

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  4. Por Dios hace 3 dias que empece tu fic y no lo eh dejado! pero nena me tienes en ascuas cuando vuelves a actualizar?

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  5. Ufff, menos mal que el susto de Rose fue solo eso, un susto. Ahora, que pasa con Jassper?? sera que esta preparando una pedida de mano??? eso seria muy romántico :3 Y Nunca me voy a cansar de decirlo, me encanta el ángel!! jajajajaja

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  6. hermoso capi como siempre cielo, felicidades, nos leemos pronto..
    xoxo..

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  7. oh mi dios !!! por favor que pasara la curiosidad me esta matando que pasa en el siguiente capitulo
    aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
    gracias estuvo fantastico este capitulo .... :)

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