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lunes, 23 de septiembre de 2013

CORAZÓN DE CRISTAL - Capítulo Vigésimo Quinto:


Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Diseño.
 “Obstáculos por superar”

Bella POV:
—¿Por qué tengo que colocarme corbata? —gruñó tironeándose el moño. 
Suspiré cansina y volví a enderezárselo. 
—Porque vas a un lugar que amerita que uses un traje y una corbata, ángel. 
—Pero no me gusta. 
—No siempre podemos hacer lo que nos gusta. Habrá muchas oportunidades en las que el deber está por encima de nuestros deseos. 
Se quedó taciturno por unos instantes. 
—¿En qué piensas? —inquirí curiosa.
—En que no estoy de acuerdo contigo. 
—¿Precisamente en qué, ángel? 
—En que no importa lo que “tenga que hacer”, mi deseo por ti siempre estará por encima. —Nuevamente se había tomado las cosas en sentido literal y en dirección errónea. Sin embargo esta vez me causó un calor agradable en ciertas partes del cuerpo.
Partes que gritaban por ser acariciadas…pero no podían serlo. No ahora. Había una cena a la que Edward tenía que acudir, y esta vez no estaría yo para decirle que hacer.
Se suponía que esto era un desafío para él.
Así como lo era el volver a utilizar esos zapatos que tanto odio hacía ya unos cuantos meses atrás cuando habíamos conocido a Jasper. Tuve que jurarle que le sería más fácil llevarlos si se los colocaba con más frecuencia. Así que desde hacía tres días atrás los estaba “ablandando” para la ocasión. Esa noche en particular se sentía muy cómodo en ellos. Cosa que no pasaba con la mentada corbata. Pero nada es perfecto.
Hablando de cambios…
Dos meses habían pasado desde que salimos con mi amiga Angela y su novio Ben Chenney. Y esa fue la primera de varios encuentros sociales a los que hice que Edward hiciera frente. Precisaba de estas para saber cómo desenvolverse en múltiples situaciones e interacciones con otras personas que no fuésemos sus allegados. Si bien es cierto que no le dejaríamos solo, él necesitaba que le diesen las directrices para poder mejorar en el área de socialización. Sus padres pertenecían un grupo de personas selectas y habían puesto ese ámbito de su vida en pausa debido a la condición de su hijo. O peor aún, solo acudía Carlisle puesto que Esme estaba cuidando de Edward (y de sus antiguas enfermeras) mientras que él solo fortalecía ese sentido de la introspección para con el mundo externo. Lo llenó de inseguridades e incomodidades.
—¿De verdad no irás con nosotros? —preguntó con esa mirada de cachorrillo que me desbarataba.
Terminé de ayudarle a colocarse el saco de su traje sobre sus hombros y le sacudí los hombros de este.
—No, ángel.
—Pero, Bella…
—Edward, —le tomé el rostro entre mis manos para mirarle directo a la cara. —Esta cena es para tu padre y su familia. No es correcto que yo acuda, además recuerda que hemos hablado de esto un sinfín de veces desde hace una semana que él recibió la invitación. Esto contribuirá al desarrollo de tus habilidades sociales.
Comencé mi decenso por las escaleras para irme y él me siguió detrás.
—Pero no me siento a gusto con las personas desconocidas.
—Lo sé. —admití con suficiencia a la vez que me colocaba mi parca gris.
—¿Entonces por qué me envías para allá? —refunfuñó con rabia.
Me giré hacia él después de abrir la puerta de la casa, aunque tuve que cerrarla de inmediato porque Gannicus se quería escapar. Me agaché y lo cogí entre mis brazos y la pequeña bola de pelos revoltosa me daba lametazos para coaccionarme.
Lo miré con falsa seriedad.
—No vas a salir de casa. Está lloviendo y esta última semana te hemos tenido que bañar tres veces de lo asqueroso que te has puesto.
Lo coloqué en el suelo. Él me miró, se rascó la orejita y me ignoró tajantemente. Como diciendo <<Me iré por la puerta trasera y listo. No más drama>>. Su colita se batía a medida que caminaba de forma chistosa hacia la parte posterior de la casa.
Me encogí de hombros y volví a mirar a Edward a los ojos. Él no había desviado su atención en ningún momento. Seguía mirándome como si le estuviese pidiendo algo más allá de sus fuerzas.
—Ángel, tú quieres ser independiente ¿Cierto? —asintió. —Entonces toma esto como parte de ese proceso. Todo ser humano, sea niño o adulto, debe enfrentar diferentes tipos de desafíos. Has superado muchos y este será igual que esos. Lo sé.
Sus ojos gritaban porque cediera, pero no debía hacerlo. Era por su propio bien.
—¿Por qué confías tanto en mí, Bella?
Sonreí y le acaricié la mejilla.
—Porque desde que te conozco siempre quise volverme tu fortaleza. Mi confianza y mi amor es todo lo que puedo darte, ángel. Es todo lo que te he dado.
Me acurruqué en su pecho y le di un beso corto pero tierno antes de irme. Cerré la puerta y a los tres segundos escuché unos ladridos adorables y uñitas rasguñando la madera. Edward miraba por los vidrios que flanqueaban a esta y este me miraba con tanto pesar en su rostro que estuve a punto de declinar en mi decisión, pero me aferré a esa determinación que me decía que estaba haciendo lo correcto y que no siempre estábamos conformes con ello. A corto plazo.
Me monté en mi camioneta vieja y me fui dejando a una figura triste tras de mí. Pero me reconforté pensando que todo era por un bien mayor. Era necesario.
Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.
Sesenta días es un período más que suficiente para que muchos cambios se comenzaran a trabajar, como pequeñas chispas que poco a poco iban creando un fuego más y más grande. Como por ejemplo, la relación de Emmett y Rosalie era mucho menos tirante que al principio. Desconocía lo que ese par había podido hablar o hacer para entenderse mejor. No era como si de un momento para otro se habían vuelto una pareja de enamorados ni nada por el estilo, pero si se podía observar como confraternizaban entre ellos de una manera más natural.
Rosalie trataba de disimular lo más posible su amor por él, pero esas cosas no se pasan desapercibidas. Al menos para nosotras las mujeres. Así que mientras ella seguía impartiendo sus clases de piano con Edward, también aprovechaba para planificar la decoración del cuarto de su bebé en crecimiento. Alice y Esme estaban más que dispuestas a ayudarla, yo permanecía un poco alejada puesto que entre nosotras había esa energía enrarecidas de chicas que se habían visto envueltas en un triángulo amoroso sin quererlo. No nos llevábamos mal; en lo absoluto, pero tampoco éramos como Al o la señora Cullen. Hablando de esta última, el ser abuela la tenía resplandeciente. No bien había terminado con mi casa y ya se había puesto a hacer bocetos de cuartos repletos de peluches antialérgicos y juguetes hule.
Alice aprobó sus finales y Jasper le regaló un fin de semana en pareja para Hawaii. Ella llegó bronceada y preciosa…él no tanto. Parecía un camarón cocido y estaba insolado ¡Pobre Jazz! Pero se notaba que el viaje había valido la pena, pues ambos se veían más fuerte en su relación. Esto iba para larrrgo.
Hablando de regalos, los Cullen decidieron que Alice merecía una ayuda extra en sus quehaceres, así que solo los ayudaba en la cocina y de la limpieza se encargaba en trío fabuloso que iban cada viernes a limpiar el Santuario Cullen. Al menos así le decían, Jason, Ian y Bryan. El trío del Brillo, así se auto denominaban. Todos eran gay y alegres. Habían hecho buenas migas con todos allí. Incluso con Gannicus o “Pequeño Desastre Endemoniado” según ellos. Con Carlisle, Emmett y Edward eran muy respetuosos y formales, con Alice, Rosalie y yo, eran las amigas arpías con las cuales no parábamos de reír. Aunque prometieron prenderle fuego a mi colección de tennis.
Hablando de Em…
Compartía lo que podía de su tiempo con Charlotte. En mi fuero interno creía que de alguna manera trataba de entender a lo que en un futuro cercano iba a enfrentar. A Jasper no le agradaba demasiado la idea, pero tras la intervención de Alice dejó de mirar a Em como si quisiera robarle algo. Suponía que para Jasper, ver a su hermana embarazada en una situación tan irregular no era fácil dada su naturaleza sobre protectora.
A pesar de eso, un momento memorable fue cuando Charlotte le mostró a un muy viril Emmett, como era que peinaba a sus muñecas.
Yo daba por sentado que si alguna de las admiradoras del heredero Cullen lo hubiesen visto con unas colitas a modo de mata de coco por toda la cabeza, se acabaría con su afamada reputación de playboy. Aunque a Charly le parecía de lo más adorable y se lo hizo saber.
—Charly, me estás tirando del cabello. —que quejaba Em y con cada tirón daba un respingo. —¡Ouch!
—Shhhh, Memet. No seas quejica. Tienes que ser macho.
Él estalló en carcajadas.
—¿Sabes lo que es ser macho, Charly?
—Nop.
—¿Entonces?
—Lo vi en una película. ¡Silencio! —dejó salir su lengüita de lado mientras tiraba del cabello que anteriormente ella había enredado; no sabía si a propósito; con un cepillo con cerdas duras que le prestaba Esme. Sí, la madre de ese pobre hombre se prestaba a las torturas que esa pequeña hada de cuatro años le infligía a su muy fornido hijo.
—¡Listo! —gritó mientras daba saltitos por la mullida alfombra de la sala de estar. Esme, Edward y yo estábamos allí. La primera sentada en el sofá. Edward y yo al piano, él trataba de enseñarme sobre notas y acordes, pero a diferencia de él; yo carecía por completo de un oído musical.
Edward levantó su mirada del precioso instrumento que estaba bajo sus dedos.
—Luces extraño, hermano. —le dijo mi ángel y yo me tragué una risa.
Esto sería un choque de titanes entre Charlotte y Edward. Como cada vez que se veían.
La pequeña indignada se enfrentó a mi ángel desde la distancia, colocó sus manitas en sus caderas; incluso en la que mantenía el cepillo de cabello de Esme; y lo increpó.
—Claro que no. Se ve guapo. Guapo como Lilly.
—Pero Emmett no es una muñeca.
—¡Es como un Ken gigante! —se acercó a su obra de arte y lo tomó de la cara con esas pequeñas manitas pequeñas y lo vio a los ojos con una expresión encantada. —Mi Memet se ve adorable.
Edward resopló dispuesto a dar batalla pero le toqué el brazo y le susurré al oído que ella era una nena. Que le dejara ganar en esta oportunidad y ya luego le tocaría a él. Mi ángel no entendió lo que ella “ganaba”.
Hablando de oportunidades…Carlisle y yo habíamos visto al menos una docena de lugares para la fundación, pero ninguno terminaba de gustarnos a ninguno. O no se adecuaban a lo que la fundación demandaría o simplemente no había química con estos.
Mientras evaluábamos los espacios de un potencial galpón, me comentó:
—¿Sabes, Isabella? —me giré hacia él para prestarle mi completa atención. —He pensado que en una era como esta, donde la informática rige muchos aspectos de nuestra vida, deberíamos darles herramientas a estos jóvenes para que las utilicen a su favor.
—¿Algo así como una herramienta de estimulación? —asintió. —Me parece muy bien. Podríamos buscar…
—Si me permites… —Carlisle hasta interrumpiendo era todo un caballero. —Hablaré con el mismo cliente con el que adquirí los celulares que les di. Sé que con él podremos lograr un buen acuerdo por lo que necesitemos.
Asentí emocionada ante las posibilidades que abrían ante el futuro. No solo para mí profesionalmente, sino para todos los chicos que podríamos ayudar en aquel plan que ya comenzaba a andar.
El señor Cullen era una de aquellas personas que podían sorprenderte con su personalidad ambivalente. Él tenía la capacidad de ser el padre abnegado y amoroso y a los cinco minutos convertirse en un abogado frío como el hielo y resolver entuertos sin tocarse el pecho en busca de cualquier sentimiento. De alguna manera le admiraba esa capacidad de mandar a paseo a quien se lo merecía sin remordimientos; cualidad básica para ser un abogado exitoso.
Eso sí, cuando se trataba sobre quién llevaba las riendas de la casa, muy poco podía hacer este hombre de mediana edad frente a su pequeña y cálida esposa cuando se ponía en plan “Señora de la Casa”. Como pasó una tarde cuando todos estábamos reunidos en la cocina tomando té y galletas a media tarde; cuando de pronto escuchamos un estruendo y vimos aparecer a Gannicus con las patas todas embarradas de tierra húmeda.
Esme y Edward siguieron el rastro de patitas marrones que los llevó hasta la zona del “siniestro”. Uno con más curiosidad que preocupación y la otra…bueno;  resumamos que la pobre iba con cara de resignación.
—Alguien va a necesitar una limpieza profunda. —dije mientras me ponía en pie y agarraba al infame cachorro para darle una ducha mientras que pasaban los aires de guerra.
—Hablando de limpieza…—comentó Esme con un engañoso tono de indiferencia. —Debes ir a limpiar lo que “hizo tu consentido” en el patio trasero. —miraba a Carlisle de manera que no cupiese duda de a quien se estaba refiriendo. —Tú querías un perro grande y poderoso…ahora limpie lo que Gannicus hace con toda esa fuerza.
Al pobre Carlisle le tocó que salir al comedor con una escoba y una pala para recoger el desastre de tierra que el cachorro había dejado al tumbar una de las macetas de las esquinas.
Casi me ahogo con el té al ver a semejante adonis cargado con implementos de limpieza y peleando con el lobito por todo el camino.
 Y no fui la única. En fin…
Otro de los cambios significativos en estos dos meses se reflejaba en mi casa. Tanto en lo exterior como en su interior.
Pensé que ya nada podría asombrarme cuando se trataba de las extravagancias de los Cullen cuando decidían ayudar a alguien. Pero me equivoqué totalmente cuando constaté hasta el punto en que había llegado su “agradecimiento” para conmigo. Sabía que solo estaba cumpliendo con lo que en un principio me comprometí con Esme Cullen; aunque mi relación más allá de lo profesional con su hijo fue algo que nadie tenía esperado, pero he de reconocer que lo deseé con toda mi alma y ahora estaba feliz ante lo que se nos venía.
Alice como yo nos sorprendimos cuando encontramos un pequeño jardín con florecillas silvestres adornando los  costados de un corto camino adoquinado que precedía la entrada.
Una hermosa puerta de seguridad nos daba la bienvenida, el viejo timbre regular fue reemplazado por uno con visor integrado. Dentro, una sala de estar decorada con un pequeño pero cómodo modular en color aguamarina se adecuaba al espacio haciendo lucir la sala de estar como un lugar mucho más extenso de lo que era. Una televisión de plasma reposaba sobre un precioso y moderno mueble que hacía las veces de biblioteca también. Mi viejos amigos y compañeros de noches solitarias descansaban unos al lado de otro de manera armoniosa entre las diferentes divisiones en las que se les alternaba con sencillos floreros que complementaban el ambiente tipo zen que se apreciaba allí. Las paredes grises pálidos denotaban relax e impelían a sentarse en ese espacio a pasar el mayor tiempo posible.
La cocina fue otra grata sorpresa. Adiós a los azulejos envejecidos de frutas. Hola al granito, madera y chapilla. Todo en un precioso espacioso en tonalidades de azul cielo, blanco y cromo. La mesa de madera había desaparecido para dar lugar a un islote que ahorraba espacio y confería comodidad a la hora de utilizar las estufas. Ahora en lugar de tener una simple cocina, habían seis quemadores y un grill empotrados y dos hornos también empotrados en otra pared. El ángel volvió loca a Alice insistiéndole que les estrenara con galletas de canela. Pasando al comedor estaba a juego con los colores de la sala de estar más la vieja óvalo de madera desapareció y en su lugar una mesa de marrón oscuro y ocho puestos apareció en el medio del espacio. Otro aparador con algunos libros y fotografías amenizaban el ambiente. En algunas estábamos mi ángel y yo, en otras estaba con Alice, en fin…unos tesoros sentimentales en blanco y negro que ahora tenían un puesto preferencial en mi renovada casa.
Los baños tenían luces integradas en los innovadores diseños de drywall y estas se podían regular para crear un ambiente más relajado. Donde antes había duchas ahora había preciosas bañeras minimalistas pero con ese aire contemporáneo que no rompía el esquema de la decoración general. Alice se había puesto en complot con la señora Esme para devolverme la habitación principal, la cual fue ambientada en tonos blanco, gris y turquesa. Nueva cama, nuevo escritorio y nuevo closet. Todo pensado en una manera más funcional. También noté que la cama era más grande que la anterior y no pude evitar que mis mejillas se sonrojasen con el pensamiento de que tal vez Esme no solo se hubiese tomado la molestia de cambiarla por mi comodidad únicamente.
Amé el hecho que la habitación de Alice fuese la expresión perfecta de ella pero en decoración. Todo muy vivo y energizante. Con paredes de color hueso, mi amiga prefirió que el contraste lo hiciera la decoración en color mandarina. El closet de esa habitación también había sido agrandado, pero no me sorprendió ya que la mayoría de la casa había sumado unos cuantos centímetros en sus diferentes espacios.
La noche en que me fue enseñada la nueva casa; sí. A mí, puesto que Alice siempre estuvo al tanto de todo con Esme; habían planeado una cena en ese lugar. Solo los Cullen, Alice, Jasper y su retoño, Rose me sorprendió al estar allí también. De una manera extraña y un tanto bizarra todo estaba “entre familia”. Cuando todo terminó, los hombres limpiaron. Sí, todos. Hasta a Edward le tocó que arreglar los platos y vasos. Se tardó un poco haciendo que la vajilla cuadrada estuviese correctamente colocada y que los vasos y copas se vieran alineados a la perfección.
Edward y Charlotte estrenaron el blue ray viendo Transformers en compañía de Emmett o “Memet” como le decía la pequeña, Jazz y Carlisle. Por supuesto que hubo pelea por decidir quién era el mejor entre Optimus Prime y Megatron, pero no esperé los resultados.
Al terminar el debate se fueron todos, incluso Alice acompañó a Jasper y Charly a su casa. Nos dejaron a Edward y a mí solos allí, cosa que agradecí inmensamente. Teníamos varias semanas sin tener nada de intimidad al estar yo ocupada entre la planificación de la fundación y él aprovechando al máximo el tiempo que Rose le podría conceder, puesto que en cierto punto ella tendría que hacer una pausa importante por su embarazo y parto.
Edward seguía un poco renuente con respecto a su futuro sobrino, pero comprendía que era un niño inocente y me había prometido que lo intentaría cuando lo viese. No me aseguraba nada antes y eso me hizo reír.
El patio trasero de la casa tenía el césped recortado perfectamente, una preciosa parrillera a gas y lo más importante y hermoso, tenía un mullido columpio para dos bajo un techo amachimbrado.
Cuando terminé de despedir a todos, llevé de la mano a mi ángel hasta ese lugar. Ambos nos apretujamos dándonos calor el uno con el otro, pues mis viejos y raídos edredones habían desaparecido.
La neblina poco a poco fue descendiendo frente a nosotros confiriendo al bosque delantero de un aire etéreo.
—Teníamos mucho tiempo sin poder estar así. Ya lo extrañaba. —musitó sobre mi coronilla. Me apretujé entre sus brazos y asentí aprovechando para acariciar su pecho con mi mejilla.
—Demasiado.
—Pero ahora ya no estarás más conmigo, ni en mi habitación o en mi cama.
Su voz sonaba tan triste. Tan despechada. Pero no podía salvarle por siempre de lo que podría ser doloroso, en general eso suele contribuir a la formación de una persona y ahora Edward debería lidiar con algunas de ellas. Además, no es como si fuésemos a dejarnos, solo era el espacio que habíamos acordado tener al retomar nuestra relación.
—Ángel, hablas como si yo fuese desaparecer. —me giré para verlo a los ojos mientras intentaba quitarle hierro al asunto con una medio broma – medio en serio. —¿Una vida sin ti? ¿Eso es posible?
Él se encogió de hombros y se rehusó a mirarme.
—Técnicamente es posible para ambos, solo que yo no quiero volver a atravesar por esa miseria. No de nuevo.
Acaricié su mejilla con el dorso de mi índice deleitándome en su suavidad.
—¿Miseria, ángel? ¿Conoces lo que significa esa palabra?
—He leído mucho, Bella. Y entendí que cuando uno de los protagonistas de esos libros no está con la persona que ama se siente “miserable” porque la palabra tristeza no basta para definirlo. —pocas palabras y certero en lo que quiere decir. No tomó mi broma como tal, sino como un simple comentario.
Lo tomé de la mano y la apreté contra mí.nos quedamos en silencio durante un rato largo sin saber muy bien qué decirnos. Yo no sabía que decirle sin que pudiese sonar rudo o desconsiderado para con su manera de ver las cosas, así que opté por esperar a que él tuviese algo más que decirme.
El vaivén del columpio no rompía con la tensión impuesta entre ambos pero al menos nos daba algo que hacer mientras lo balanceábamos con suavidad.
—¿Sabes una cosa? He pensado mucho sobre nosotros. —rompió aquel silencio espectral con una frase que me intrigó bastante.
—¿Acerca de qué, ángel?
—Yo no quiero que en la fundación me miren como un niño. Quiero que me vean como un hombre.
Me tomó con la guardia baja eso. En ningún momento había considerado que él pudiese verse vulnerable ante los demás de esa manera. Me enderecé en el asiento para poder enfrentarme ante esa situación, sin embargo aún no encontraba las palabras. Me reproché a mí misma por haber pasado por alto un detalle como ese. Había dado por sentado que para Edward sería beneficioso en todos los sentidos que se viera involucrado en lo concerniente a la fundación en la que su padre y yo trabajábamos con afán, más se me olvidó hacer la pregunta más importante <<¿Edward, tú qué piensas?>>
Oh,Dios. Hablando de sentirse mala persona…
—Es mi culpa todo este embrollo. —mesé mis cabellos y atraje las piernas a mi cuerpo para abrazarlas. —He estado tan metida en todo esto que nunca te pregunté si querías…
Se adelantó hacia mí y me interrumpió.
—Yo te quiero ayudar, Bella. Quiero compartirlo todo contigo y quiero que compartas todo conmigo, pero lo que no quiero es que nos vean como la enfermera y su paciente. Quiero que seamos tú y yo frente a todos.
El alivio se filtró en mí e incluso sonreí cuando comprendí lo que quería decirme.
—Oh, Edward...¡me asustaste! —admití.
—¿Por qué? —preguntó confundido.
—Creí por un momento que no estabas de acuerdo con que llevara a cabo lo de la fundación…
—Yo no dije eso.
—Lo sé, ángel. Ahora lo sé.
Me acerqué de nuevo a él y dejé que sus brazos se agarraran a mi cintura. Recosté mi cabeza en su hombro y exhalé.
—Edward, cuando yo te tengo ante mí solo eres el hombre que amo, no un autista del que me enamoré. No eres diferente a mí… —encontré una mano suya con una mía y la puse al frente de ambos. —pero eres sin lugar a dudas lo más valioso que haya tenido alguna vez. Así que te prometo que cuando se hable de Edward Cullen, se referirán al excelente pianista que es o al guapo hombre que tengo por novio. Quizá unas cuantas querrán conseguir que las veas como ahora me ves a mí…
—¡Nunca! —se iba a retirar para afianzar sus palabras pero no se lo permití.
—…Pero aunque me muera de celos, yo sabré que tú eres mío nada más. Como yo tuya; así que no te preocupes, ángel. No consentiré que nadie te haga sentir incómodo.
Me acerqué hasta su boca y lo besé con firmeza para insuflarle aún más confianza de la que pudieron haberlo hecho mis palabras. Al poco tiempo me encontré en su regazo, con los brazos en torno a su cuello y jadeando complacida por las atenciones que ahora gozaba en mi clavícula. Halé su cabello con suavidad y vi en esos dos pozos grises azules, me embebí de ellos y volví a ese lugar tentador que conformaban esos labios entreabiertos. Su lengua reclamó a la mía sin ninguna timidez de su parte.
Sus manos se apropiaron de mi trasero para atraerme contra su erección y conseguir algo de divina y tortuosa fricción.
—Bella… —el vaho de nuestra respiración se atravesaba entre nuestros rostros juntos solo por nuestras frentes.
—¿Sí, ángel?
—Pasemos. Tengo mucho frío.
Me reí sonoramente y lo besé una última vez antes de ponerme en pie y agarrar su mano para adentrarnos en la casa. Aseguré la puerta trasera y luego seguimos nuestro camino hasta mi alcoba. Todo el tiempo vi por el rabillo a Edward tironearse el pantalón a la altura de la ingle porque le estaba molestando. Disimulé la gracia que eso me causaba.
Fue él quien cerró al pasar tras de mí.
—¿Quieres colocarte una camiseta? Tengo algunas grandes para dormir por si la quieres. Pero no tengo nada para debajo. —señalé su entrepierna despierta con picardía.
Él pasó hacia el baño sintiéndose como en su casa.
—La camiseta está bien. Los pantalones no importan.
—¿Por qué no?
—Porque no me van a durar mucho. —admitió con esa naturaleza que a mí se me antojaba más como un descaro que como otra cosa. Y por toda la corte celestial que eso era como fuego en las venas para mí.
Diez minutos después él salió del baño en una inmensa camiseta deslavada del estado de Louisiana que ya no podía recordar quién me había regalado y sus bóxers negros. En una mano traía toda su ropa cuidadosamente doblada y la colocó en la silla del escritorio.
Mi ropa estaba agrupada en el futón que reposaba a los pies de la cama. Mucho hice con estirarla en vez de dejarla tirada a su suerte en el suelo.
Lo esperé en la cama solo en mi conjunto de ropa interior color verde esmeralda que resaltaba muchísimo contra mi piel. El edredón estaba a mis pies y mi razón afuera del cuarto. Allí solo tenía un deseo que me estaba entre los muslos y el culpable lo tenía en frente mirándome de de aquella manera  que solo yo podía comprender. Él era la pureza y el pecado juntos. O sería más correcto decir “mi pecado”?
La tela crujió un poco cuando él se colocó a mi lado. Estiró su mano y con una suavidad deliciosa delineó los bordes de mi rostro ovalado. Sus ojos nunca se apartaron de los míos.
—Nunca podrás entender cómo te ves para mí, Bella. Sé que no tengo mucho con qué comparar pero dudo mucho que haya algo más precioso en el mundo. Para mí es así. —sus palabras me cortaron la respiración y terminaron de derrumbar las débiles defensas que rodeaban a mi autocontrol.
Me lancé contra sus labios y su cuerpo. A horcajadas sobre él deslicé las manos sin ningún preámbulo hasta su bóxer. Acaricié su protuberancia entre mis dedos y gemí al sentirlo latir entre mis dedos deseoso de poseerme.
Acaricié su pecho por debajo de la camiseta y su pene sor debajo del fino algodón de Calnvin Klein. ¡Al diablo con esperas y sutilezas! Tenía demasiado tiempo sin tenerlo así y lo necesitaba con urgencia. Ya luego habría más oportunidades en la noche para ir lento y saborear la dulzura de la espera.
—¡Bella! —arqueó su cuerpo sobre mi cama y entonces si pensé que el cuarto lucía perfecto con él en medio del colchón y sus labios entreabiertos.
Acaricié su miembro mientras maniobraba lo suficiente para bajárselos hasta las rodillas. Cuando estaba cerca de venirse le solté más comencé a acariciar mi pelvis aún vestida contra su piel desnuda. El calor que me traspasó me exacerbó los sentidos con lujuria y los movimientos en círculo no se hicieron esperar. Me deshice del brassier sin dejar de mirarlo a los ojos, no sé que me había poseído. Probablemente mis hormonas están en modus Afrodita y de allí mi descaro.
Me incliné hasta su cara para poner los pechos a su disposición. Los acarició como si hubiese pasado una larga temporada sin ellos y los chupó con hambre. No duré demasiado allí.
Me incorporé de nuevo y volví a encontrar nuestras miradas antes de alzarme lo suficiente para correr mi tanga de lado y comenzar mi descenso sobre su más que listo miembro. Me quedé sin aliento cuando lo sentí del todo por fin en mi interior. Este era un lugar único para nosotros, donde el sexo se transformaba en mucho más que carnes hambrientas. Era el sitio en donde podía tomar de Edward y él de mí todo aquello que no estábamos dispuestos a compartir con nadie más.
Edward me sorprendió al moverse y colocarse sobre mí. No fue un movimiento rápido pero me tomó por sorpresa que tomase de esa manera las riendas y lo disfruté al máximo.
Enganché mis piernas a su cintura y recibí todo la potencia de sus embestidas. Me aferré a su nuca con ambos manos intercambiando miradas intensas de posesión con Edward. Sí, en esos momentos era Edward no mi ángel. Ya que en ese momento no podíamos estar más lejos de lo que muchos consideraban “pureza” pero que nos maldijeran a ambos si eso no se sentía absurdamente celestial.
Su cara se clavó en mi cuello y sus acometidas se hicieron más cortas pero intensas. El aire nos escaseaba a los dos pero en ese momento no podía importarnos menos. Encajé mis talones en sus muslos cuando el orgasmo se disparó en mí. Me atravesó de palmo a palmo y dejó mi cuerpo laxo sobre el colchón mientras que Edward terminaba de drenarse en mí rugiendo en su propio éxtasis.
Él aún respiraba de manera entrecortada cuando le dije: —Ese es mi hombre…y es solo mío.
Su sonrisa me deslumbró aun en la penumbra de la habitación.
Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.
Alice colocó sobre el islote dos tazas repletas humeante chocolate yo la esperaba con los wraps de pollo que había hecho mientras ella preparaba la bebida.
—¿Qué hora es? —preguntó mientras tomaba asiento frente a mí.
Miré el que estaba en una de las paredes.
—Las nueve menos veinte.
—¿No te ha escrito, Edward? —musitó mientras masticaba.
—Nop. —negué con la cabeza. —No le agrada mucho mandar mensajes de texto. De hecho, los que suele enviar son los de audio. Es flojo para escribir. —me reí recordando su cara malhumorada cuando le obligué a aprender a enviar textos y whatsapps.
—Y tú que lo consientes.
—Hey hey hey, señorita moral. No me hagas que traiga a colación a cierta niña de cuatro años que amenaza con acabar con las reservas de chocolate de esta casa y la del Santuario Cullen. —ambas nos carcajeamos en esta oportunidad.
—Charlotte es algo… —dijo ella con la mirada perdida entre algún punto de la pared y mi cabeza. —No lo sé. Nunca deja de asombrarme. Esperaba que me costase mucho llegar hasta ella pues “la niña de los ojos” de su papá. Ya me había preparado mentalmente para demostrarle que no le quería robar a su papá, pero no fue así.
—Por supuesto que no… —le di un mordisco a mi cena y me vi muy tentada a darle un sorbo al chocolate, pero me gustaban mis labios justo como estaban. Muchas gracias. —ya que Charly nos considera a todos de su propiedad. Hasta al pobre Gannicus. Uno de estos días se le quedarán los ojos saltones de tanto que lo aprieta.
—¡Ja! Pues sí. Debe de estar desesperado en la casa. es su primera noche solo, pobrecillo.
Me reí de su cara. Lo decía como si al cachorrito lo hubiesen dejado encerrado en un espacio de tres metros cuadrados y a oscuras.
—¿Por qué no quisiste ir a la cena? El señor Carlisle me dijo que te había invitado.
Asentí. —Así es.
—¿Por qué no fuiste? ¿Tan siquiera se lo dijiste a Edward?
—No lo digas en ese tono, Alice. —le recriminé con suavidad. —No me hagas sentir como si lo lancé a los lobos solos. No fui porque él necesita saber moverse en diferentes situaciones sin tenerme a mí pegada a su espalda diciéndole que hacer.
Se ruborizó y volvió a su comida.
—Lo siento. No quise sonar como si te estuviese recriminando, pero es que no me lo imagino solo allí… —entonces la corté.
—No está solo. Sus padres están con él y también su hermano. Ellos se ocuparán de cualquier eventualidad y si no, me llamarán seguro. Además, Edward me comentó la otra noche que no quería que lo viesen como un niño. Así que ahí está, demostrando en una cena con unos clientes de su padre cuán hombre e independiente es. —sonreí con una dulzura que rayaba en lo cursi, pero no me importó. —Yo confío en él. A lo sumo puede que salga con alguna de sus frases de listillo.
Ambas sonreímos y seguimos nuestra cena hablando de los acontecimientos del día.
En ese momento el sonido del celular de Alice irrumpió en la paz relativa de nuestra comida…
—Es Jasper. —dijo con su sonrisa atontada. —Hola, amor ¿Cómo es…? —sus ojos se precipitaron a mí con alarma pero con la mano me indicó que esperara. —¿Cuándo fue eso? —más sonidos amortiguados pero no podía entender nada. Me estaba desesperando. —¡Dios mío! Le diré a Bella y nos veremos allí en cuanto podamos. Avísame si necesitas algo.
No había terminado de hablar cuando ya estaba en pie colocándome un grueso abrigo.
—¿Quién? —pregunté escuetamente. Me daba terror preguntar el “qué”.
Ella estrechó su teléfono con pesar.
—Es Rosalie. Está sangrando.
Ambas arrancamos en mi Chevy sin siquiera recoger los platos.
Lo único que podía pensar era en lo terrible que se iba a sentir Emmett si perdía a ese bebé.
No era momentos de pérdidas. No ahora.

Este separador es propiedad de THE MOON'S SECRETS. derechos a Summit Entertamient y The twilight saga: Breaking Dawn Part 1 por el Dise&ntilde;o.

Bueno, chicas…como se pueden dar cuenta. Esto no es un final.
No pude.
Después de leer su comentarios. Toooodos, tanto los buenos como los malos no pude dejar de pensar en que nada me daba el derecho de quitarles una historia que han seguido durante tres años y medios. Sí, es mi sueño sacar esta historia en libro; y lo haré; pero como me dijo una de ustedes; muy sabia por cierto; el darles la historia terminada no pelea con el registro de derechos.
Así que lamento profundamente que tantas esperaran este capítulo con tristeza y espero profundamente que sigan las últimas entregas de Corazón de Cristal con ese cariño que me han venido demostrando hasta ahora y del que estoy más que clara que no soy merecedora.
Gracias por hacerme entender; muchas sin quererlo siquiera; que estaba en un error, pero esta persona que está detrás de estas letras está lejos de ser perfecta. Constantemente cometo errores pero no temo corregirlos cuando debo.
A las que las preocupa el hecho de la edición les digo que A MI TAMBIÉN!!! Tengo tanto que hacer y poco para hacerlo; pero ya estoy visitando expertos en autismo y aun faltan unos cuantos más. Estoy documentándome para poder darles un libro lo más realista posible. Ustedes se lo merecen.
La historia también dará unos cuantos giros pero como ustedes comprenderán que no llevar un fic a libro sin acomodarle mucho de sus entuertos. Asi que…el proceso demanda tiempo pero estoy más que dispuesta a seguirles dando a mi ángel hasta el final (de esta etapa de la historia). Su lealtad se lo merece. Eso y mucho más.
A las que ya no me siguen pues sepan que les agradezco el tiempo que invirtieron en esta historia y lamento profundamente no haber estado a la altura de lo que querían.
A todas…UN ABRAZO ENORME Y EL ÁNGEL SIGUE!!!!
Un besote.






3 comentarios:

  1. Hermosa...tu calidad humana te convierte en una chica incomparable...gracias por la increible historia que estas llevando a cabo y te felicito por los logros que haz adquirido conforme a ella....es bellisima tu capacidad de imaginacio..que hasta me sorprende...espero continues con ella...besos y abrazos desde colombia y no olvides esto..."los pasos que damos nos llevan hacia rutas salvajes.....pero sigue caminando que tobavia hay mucho por recorer"...Dios te bendiga
    att: Luz Adriana Osorio Toro

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  2. me encanto esta historia.... Cuando actualizas??? :(

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  3. Ufff mil años sin pasarme por aquí. Me encanta la evolución que está teniendo Ed, jajaja las cosas con las que sale, me fascina!!! Espero que puedas lograr tu sueño de volverlo un libro, me acuerdo que en alguna oportunidad dijiste que una vez terminaras las historia la ibas a retirar del blog, eso sigue en pie??? porque me daría mucha tristeza no tener al ángel a mano para leerlo cuando me de nostalgia de esta historia. En fin, gracias por terminarla, al menos voy a saber en que queda todo. Besotes!!!!

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