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viernes, 29 de abril de 2011

Corazón de Cristal - Sexto Capítulo:



“GUARDIÁN”

Dormí como no lo había hecho en quién sabe cuánto tiempo. Notaba mis músculos relajados por todo mi cuerpo que se encontraba distendido en el amplio colchón de la cama de Edward.
Él, tenía la expresión de la calma en su rostro, como si al fin estuviese en un lugar en el que se encontrase seguro. Y para ser sinceros, no solo él podría sentir lo mismo.
Si bien era cierto que yo era quien cuidaba de él, de su salud mental e incluso de su cuerpo; pero era Edward quién resguardaba mi corazón de cualquier daño. Desde que lo había conocido había eclipsado la pena que me había abatido más que nada en la vida. La pérdida de mis padres. Primero fue Reneé, hacía seis años atrás, quien murió de leucemia y luego de dos años Charlie la siguió con un cáncer en la próstata.
Como enfermera, estaba acostumbrada a ver la muerte como una fase más de la vida, aunque mi especialidad eran los pacientes de Autismo; así concebía yo aquel concepto. Pero este se cayó el día en que Charlie me dijera la frase que me marcaría el resto de mi vida, haciéndome sentir prácticamente nada y al mismo tiempo la mas prescindible del mundo. “Ya no tengo a más nadie por quien vivir. Y me alegra poder volver a reunirme con mi Reneé. Lo demás ya no importa”.
Si. “Yo no importaba”. Esas malditas palabras fueron como un fantasma que me asediaba día tras día, momento tras momento cuando me encontraba sin nada que hacer. Me torturaba por las noches en mis pesadillas, cuando veía a todo el mundo caminar en una dirección contraria a la que yo iba, y pasar por mi lado como si yo fuese…nada…una simple ilusión o algo parecido.
Todo eso quedó atrapado en un baúl cuando Edward apareció y me supe la causante de sus mejoras. Él era como la enfermedad y la cura a la misma vez. Mi vulnerabilidad y mi fortaleza.
Me levanté de a poco y me dirigí a mi habitación, cuando crucé el umbral de la recámara que se me había asignado en la mansión de los Cullen pude ver el reloj despertador que marcaba las siete y media de la mañana. Tomé una ducha de agua caliente; porque el día había amanecido particularmente frío; luego me cambié el vestido que había usado para ir a mi cita con Emmett por un par de vaqueros, una remera blanca con cuello en V y una mullida chaqueta color azul cobalto a juego con los tenis que me coloqué.
Pasé el secador por mi cabello solo para eliminar el exceso de agua y luego regresé al cuarto de Edward. Ya casi era hora de despertarlo, pensé.
Luego recordé que era domingo y lo dejé yacer dormido en paz; además se veía sobrecogedoramente hermoso entre las mantas.
Bajé a la cocina por algo cítrico para inyectarme una dosis de vitamina c pero como nada era perfecto me topé con Claire y su ejército de resentimiento contra mí.
Me miró de arriba abajo como si lo que viese fuese un poco menos que el polvo en una encimera y se giró para seguir haciendo el omelette que había estado revolviendo en el momento en el que entré.
- ¿Cómo amaneció la escala posiciones, disfrazada de enfermera y heroína del año? - decidí ignorarla y tomar el vaso y el jugo para salir pitando de allí antes de que respondiera de manera brusca a su toxicidad.
Busqué en los gabinetes y luego en la nevera lo que estaba precisando. Una buena cantidad de coctel de frutas para activarme.
- Oh. Si ahora somos hasta incapaces de responder. – la sonrisa implícita en su tono de voz se apagó al decir – Debe ser que el nuevo señorito Cullen ya la “ascendió” de posición.
Me detuve en la entrada de la cocina con la mano en la superficie de cristal que sostenía mi chute de vitaminas por la mañana, apreté los dientes con fuerza no queriendo demostrar lo molesta que estaba por su comentario; pero me fue imposible no responderle.
- Tal vez te contestaría si tuviese algo coherente a que hacerlo. Ah…¿pero que vas a saber tú de eso? Si lo único de lo que estás pendiente es de cada movimiento que doy. Hazte un favor, trata de educarte un poco y deja que yo haga mi vida como quiera. Si por el día soy una enfermera y por la noche una zorra eso no es de tu incumbencia. Lo que sí lo es, son los deberes de esta casa y el tratar de mantenerte tan lejos como puedas de Edward. Aún recuerdo lo que dijiste de él y tengo unas ganas reprimidas de dejarte calva con mis propias manos. Ahora…si me disculpas. – me giré sobre mis talones dejándola con una expresión del tipo Voy – a – Matar – a esta – Perra – en Cuanto – Pueda.
Caminé con aparente tranquilidad hasta que encontré el comienzo de las escaleras de caracol. Subí estas quizá con demasiada fuerza; al entrar a mi habitación reprimí las ganas de dar un portazo para no darle el gusto de verme afectada y tomé una almohada para gritar en ella.
¿Cómo se atrevía a decirme “perra” así sin más?
Pero lo que en realidad me molestó fue el sentimiento de culpa de nuevo que me abrasaba el pecho. Me hacía sentir como si la noche anterior hubiese estado traicionando a Edward en sus narices, solo porque él no podía defenderse. ¡Se suponía que era yo quien debía ampararlo de todo!
Descargué mi frustración en la almohada hasta que me ardió la garganta. Cuando la temperatura fría del cuarto me golpeó en la cara me percaté de dos cosas. La primera, no había prendido la calefacción en la habitación y la segunda, estaba llorando de impotencia.
Pasados unos minutos logré calmarme, tomé mi jugo que había mal puesto en la mesita de cama y sorbí cortos tragos mientras veía el temporal por la ventana.
Afuera no llovía pero la mañana eras gris y estaba arropada de una neblina espesa que no permitía ver más allá de cinco metros del patio trasero.
Vi las florecillas del jardín y recordé el día en que Edward tocó mi cara con sus manos llenas de lodo, rememoré el estremecimiento y esa presión en el pecho que me decía que me estaba enamorando cada vez más de alguien que no sabía si podría sentir lo mismo por mí.
Sabía que Edward me quería, eso era innegable. Me necesitaba, o quizás solo de mis cuidados, pero lo que me inquietaba era saber si después de lograr recuperarse; porque sabía que lo haría tarde o temprano; podría verme más que como su amiga y enfermera. Necesitaba saber si alguna vez él podría verme como una mujer y desearme como tal.
Sí, quizás era retorcido de mi parte y hasta un poco egoísta pero, ¿Quién ha dicho que el amor no puede ser un poco egoísta?...Solo sabía que deseaba estar con él cada momento y con cada segundo que pasaba, algo además de mi cariño por él crecía.
El deseo irracional de acariciarlo era casi tortuoso, pero lo peor de todo era sentir esa electricidad entre los dos y no poder cruzar los límites para rozar al menos sus labios y experimentar por un instante aunque fuera lo que era la gloria celestial de sus caricias.
Seguí sentada en mi cama cavilando por largo rato, tratando de pensar que sería de mí de ahora en adelante a sabiendas de mis sentimientos poco profesionales por mi paciente.
*******
- Te estaba buscando, Bella. – dijo Emmett al encontrarnos en la puerta de mi habitación.
Estaba vestido con un pantalón y suéter deportivo de color gris claro. Parecía que iba a hacer ejercicio. No creí que fuese a quedarse así con la temperatura que tenía aquella mañana.
Le sonreí con displicencia y le respondí con una broma.
- No tengo ánimos de dirigirme al gimnasio. Aquí entre nos; el mal tiempo me pone perezosa. – él me respondió con una sonrisa deslumbrante en la cara.
- No venía a pedirte que entrenaras conmigo. Aunque ahora que lo mencionas sería una excelente compañía en aquella solitaria sala de maquinas de abajo. – traté de disimular mi vergüenza pero el sonrojo de mis mejillas me delató. El rió al ver mi reacción – Tranquila, yo no muerdo.
Me aclaré la garganta y luego hablé desviando la incómoda dirección que había tomado la conversación.
- ¿Para qué venías a buscarme, Emmett?
- Quería saber cómo siguió, Edward. Yo pretendía pasar por su habitación para saber de su estado, pero me recosté en la cama lo que yo suponía que sería un segundo, y esta mañana me desperté tal cual como estaba vestido anoche. – parecía sinceramente avergonzado, deduje por su tono de voz.
- No tienes nada de qué preocuparte. Edward es…más fuerte de lo que ustedes creen. Pero también es muy inteligente. Comprende cuando alguien está preocupado por él y coopera lo más que puede; si es que quiere claro está; y lo máximo que sus recursos le permiten.
Él suspiró con alivio ante mis palabras luego clavó una mirada que me hizo sentir seriamente cohibida.
- No sé como hicieron para vivir estos años sin tu ayuda, Bella. Eres una bendición para nosotros.
Intimidada bajé la mirada y caminé hacia un lado como si buscase una vía de escape en caso de que la situación pudiese tornarse aun más incómoda.
- No creo que sean merecidas sus palabras. Solo hago mi trabajo, no es ningún favor. Además como te dije, yo también me veo afectada positivamente por la presencia de tu hermano. Así que si hablamos de bendiciones él debería ser contado entre ellas.
Bueeeeeeeeno. De todas las reacciones que creí que fuese posible encontrar en la cara del profesionalísimo; y según su madre el playboy Emmett Cullen, el de la máscara de rabia disimulada, no era una de ellas.
- ¿Lo quieres mucho, Bella? – preguntó entrecerrando los ojos. Cosa que no me hizo sentir mejor.
Pero aún así le respondí sinceramente.
- Si, le quiero mucho. Bastante para ser sinceros. Pero eso es normal cuando se conoce una persona como Edward. Ahora voy a su habitación, debe estar por despertarse y necesita que los asistan con eso. Con tu permiso.
- Propio. – asintió Emmett encaminándose al piso de abajo mientras que yo seguía de largo para encontrar el cuarto de Edward.
Al abrir la puerta con cuidado noté la cama desordenada, con las cobijas revueltas pero sin mi ángel en ella. Me preocupó el no verlo ahí por lo que dirigí mi vista a cada rincón de la habitación para ver si se había caído en cualquier parte.
Nada. No estaba en ningún lado.
Fui hasta el baño que tenía la puerta cerrada y escuché desde afuera un ruido rítmico que me era conocido y extraño a la vez.
Conocido, porque sabía que lo ocasionaba.
Y extraño, porque jamás durante todos los meses que había estado al cuidado de Edward, lo había sorprendido en semejante iniciativa.
Bueno…hasta anoche que me había tocado por voluntad propia y además había hablado. Poco pero me había hablado. Y eso para mí era mucho.
Al abrir la puerta él siguió con sus labores de cepillado dental como si no hubiese nadie más allí con él. Su expresión me recordó a un niño pequeño que se está aprendiendo a lavar los dientes. Sus movimientos eran torpes pero concienzudos.
Con sorpresa y algo de orgullo me acerqué a él y tomé la mano con la cual se estaba aseando. La bajé extrayendo de esa manera el objeto de su boca.
Lo volteé hacia mí y pude regodearme en el brillo de su mirada al encontrarse con la mía.
- ¿Qué te parece si te ayudo con eso, ángel? – susurré regalándole una sonrisa.
Tomé el tubo de Colgate que estaba metida en una taza de plata y le coloqué un poco al cepillo dental, luego lo metí debajo del chorro por un segundo para luego proceder a lavarle los dientes a mi paciente favorito.
Él frunció el ceño al momento en que la pasta tocó su lengua, yo reí ante su expresión.
- No pretenderías cepillarte solo con agua. ¿Verdad, ángel? Estabas haciéndolo fabulosamente solo que olvidaste colocarle esto. Si no, no estarás haciendo nada. – seguimos en esa rutina durante un ratito más hasta que estuve segura de haber dejado todo limpio.
Preparé el agua de la bañera un poco más caliente que de costumbre por el frío que hacía afuera. Luego lo ayudé a desvestir y un momento “incómodo” llegó para acabar con la paz que hasta ese momento habíamos tenido.
Cuando de rodillas me puse en frente de él para deshacerme de su última pieza de ropa interior rocé sin querer el miembro que yacía entre los muslos de Edward.
Jadeé ante mi acción accidental y volví mi vista hacia arriba para verle la cara. Su expresión estaba consternada como si hubiese recibido un corrientazo o algo así. Sonrojada como nunca y avergonzada de mi torpeza extrema me levanté a trompicones del piso y lo tomé de las manos para guiarlo hasta el jacuzzi.
Cuando estuvo dentro coloqué un poco de jabón líquido y prendí los diferentes chorros de agua para que impactaran en su cuerpo. No me sentía en los cabales necesarios para deslizar una pastilla de jabón por esa piel suave e incorrupta.
<> - la voz de mi conciencia empezó a atacarme y sin poder evitarlo tuve que Salir un momento de la sala de baño para sentarme afuera en una chaise longe que había a los pies de la cama de Edward.
Mi respiración era irregular y las manos me temblaban. Sabía que había sido un accidente pero no podía dejar de sentirme culpable al no poder frenar el deseo voraz que me impelía a cruzar la estancia, ir al baño y tocar cada esquina que tuviese el cuerpo de mi ángel. Entonces recordé la expresión de él y eso bastó para desinflar cualquier bomba que se estuviese creando en mi interior.
A Edward le había incomodado mi toque.
Se suponía que siendo él la imagen de la inocencia y la pureza era de esperarse tal reacción, pero no por ello dejaba de dolerme. Volví a sentirme como no me había vuelto a sentir desde hacía meses atrás…como nadie. Como alguien que es prescindible y quizás un poco desagradable.
Una lágrima se escapó de mi ojo, pero no dejé que saliera una más. Me recordé que yo allí tenía una misión y si habían nacido sentimientos allí eran solo de mi parte. Él simplemente no podía sentir amor por una mujer porque no conocía de eso. Así que más firme que nunca volví a la sala y tomé las riendas de lo que me tocaba.
Atender a Edward como mi paciente. Solo como mi paciente.
*******
Durante ese día traté a Edward lo más profesional que me fue posible, encargándome de sus comidas, de su cuidado y supervisión. Era domingo por lo que no tenía porqué someterlo a terapia. Ya tenía suficiente con cinco días a la semana durante muchas horas.
Esa magia y electricidad que solía correr entre los dos no se hizo presente, no hubo más palabras de su parte, ni siquiera brillo en su mirada y no hubo sonrisas de mi parte. Solo una relación enfermera – paciente como debía haber sido desde el principio. No era culpa de él que me hubiese tomado atribuciones que no me correspondían.
Ayudé a un Edward muy gris a acostarse. Lo arropé hasta el cuello, coloqué el CD de clásicos de Claude Debussy para luego despedirme de él con un seco:
- Buenas noches, Edward. Descansa. Mañana tenemos que hacer.
Con el corazón comprimido me fui a mi habitación. Eran apenas las nueve y media de la noche y yo me sentía agotada. Había pasado todo el día peleando con la Bella Enamorada que quería volver para hacerme creer que Edward en algún momento despertaría de su letargo mental para encontrarse conmigo en un campo florido y así finalmente seríamos felices.
<> - me autoconvencí. Tomé una larga pero nada relajante ducha y luego me metí entre las sábanas. Prendí la lámpara de la mesa de noche y tomé un libro al azar del grupo que tenía en la mesa de noche. Y qué casualidad que fuese nada más y nada menos que El Alquimista de Paulo Coelho.
Lo dejé caer al piso. De verdad que esa noche no estaba de humor para esas cosas del tipo Cumple – tus – sueños – a pesar – de todo.
¡Bah! Ya no tenía sueños. Ni siquiera esperanzas. Lo único me había dado un remanso inconmensurable de paz se había espantado de mí esa mañana haciéndome sentir como una basura de persona. Como una aberrada.
Me retorcí entre las cobijas y me dejé caer de lado sobre mi torre de almohadas. Estaba deshecha.
Ahogada entre mis cavilaciones me abracé a estas buscando un consuelo que no llegaría y así me adormilé.
******
Me sobresalté al escuchar la cerradura de mi habitación pugnando por abrirse. Me senté de golpe y la cabeza me dio vueltas.
Parpadeando con fuerza para tratar de liberarme del mareo y los puntos negros que se formaron en mi vista traté de hacer frente a lo que se trataba de aproximar a mí.
De reojo vi el reloj que anunciaba las dos y media de la madrugada. Desde que había llegado a esa casa nadie había entrado a mi cuarto a esas horas, ni siquiera por una emergencia por lo cual me preocupé, si era un ladrón ¿Con qué le haría frente? Solo tenía el libro que había dejado caer al suelo como posible arma y estaba más que segura que si llevaba un arma me dejaría fría en el colchón antes de que me diera tiempo de pegárselo entre las cejas a mi posible atacante.
La puerta chirrió por lo bajo. Jadeé de miedo… ¿quién…?- fue lo único que pude pronunciar antes de quedarme pasmada
Edward entró en mi cuarto trastabillando en la oscuridad, tanteé hasta encontrar el interruptor de la mesa de noche y poder conseguir un poco de claridad para él, ya que desde el ángulo en que estaba mi cama podía ver su sombra debido a la escasa luz proveniente del patio pero él no vería absolutamente nada.
- ¿Qué…qué estás haciendo aquí? – me precipité hacia afuera tomando mi bata de salto de cama para encontrarlo a mitad de camino.
Cuando estuvimos frente a frente le repetí la pregunta:
- ¿Qué haces aquí?
Él se encogió ante lo frío de mi interrogatorio, vi la tristeza expuesta en ellos, era sobrecogedora. Me estaba partiendo en varios pedazos, o al menos así se sentía. De pronto recordé lo que había pasado en la mañana y volví a mi actitud netamente profesional, lo que se podría traducir en modo frío y sin sentimientos.
- No deberías estar aquí, Edward. Vuelve a la cama. – ni se movió – Edward, por favor…no me hagas esto más difícil. – me desmoroné.
Las lágrimas me brotaban a raudales, saberte durante años prescindible para luego creer que habías encontrado a la persona de tu vida y luego enterarte que no eras deseada…era simplemente demasiado.
Lloré delante frente a él pero con la mirada baja, no me atrevía a ver que expresión tenía su cara. No me sentía valiente como para hacer eso. Además trataba de evitarle cualquier sobresalto que pudiera originarle una crisis y ya que estábamos puestos a imaginar escenarios caóticos, tampoco tendría una respuesta que ofrecerle a la señora Esme o al señor Cullen; si es que ya hubiese llegado del despacho; cuando llegasen y vieran a su hijo en mi habitación en medio de la madrugada.
Nefasto. Eso sería magníficamente nefasto.
Me recompuse apenas conseguí un poco de aire en mis pulmones, limpié con mis palmas los rastros de llanto de mi cara que me sequé en los lados de la bata que tenía por encima y luego lo encaré.
Edward lloraba. En silencio y sin desviar la mirada de mí viéndome como si tuviese miedo de algo. Sin poder resistir a mis instintos protectores, esos que solo él sabía cómo activar; tomé su rostro entre mis manos y junté nuestras frentes. Su pena se volvió sonora, incluso logré escuchar sus jadeos.
- Te hice daño de nuevo ¿cierto? – como si fuese lo más natural del mundo enterré mis dedos en su cabello – No tengo palabra. Anoche te dije algo y hoy actúo muy distinto a lo que te prometí.
Volvió a jadear y pude saborear su aliento en mi boca. Mi vientre rugió con necesidad y mis labios me picaban de deseo.
- ¿Qué quieres de mí, Edward? Esta mañana te aterraste de mí y ahora me buscas. Me vas a volver loca. Ya no sé qué hacer contigo.
Su próximo movimiento no lo vi venir. Tal cual como hacía él tomó mi rostro entre sus manos con una fuerza que me tomó por sorpresa.
- Miedo. Bella… - musitó con dificultad.
Me estremecí ante sus palabras. Por primera vez podía decirme o al menos tratar de hacerme entender sus temores.
- ¿De qué tienes miedo, ángel?
Sentí su cuerpo temblar y tras un largo silencio dijo:
- No te alejes…por favor.
Y allí entre lágrimas, temblores, jadeos y escasas palabras me di cuenta de quien velaba por quien. Como sabía hasta ese momento yo lo cuidaba a él, pero luego me dí cuenta de que Edward era realmente mi guardián.
Yo custodiaba su cuerpo y su mente, él custodiaba mi alma y corazón.
Entonces entendí que para él yo nunca podría ser nadie, al contrario era yo la que podía hacerlo sentir como eso.
Y por tal motivo me odié a mí misma de nuevo.
Bueno, mis niñas. Estoy ansiosa…está comenzando la nueva etapa de la relación de Edward y Bella y quiero saber su opinión de cómo estoy llevando ese tema del deseo conjuntamente con la enfermedad de él. Espero no estar siendo ofensiva, por el contrario he tratado esto con el mayor tacto del que he sido capaz.
En serio necesito sus opiniones.
Besos.

14 comentarios:

  1. Hay hermana... que te puedo decir.. LO AMO CON TODA MI ALMAAA... me hiciste llorar, mucho, demaciadoo!... eres mala!! :(
    pero TE AMO TANTOOOO!!!... eres un angel caido del cielo!!! *_*
    besoos hermanitaa, aah una peticion... podrias acer los capis... 8 veces mas largoos? xD... TE AMOOOO =D

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  2. Por fin! hace tiempo que esperaba esta historia! Me encanta! y no te preocupes, aunque en realidad no tengo muchos conocimientos sobre la enfermedad, no me parece para nada ofensiva. segui asi porfa! saludos!

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  3. hola!! mi primer comentario:)
    oh dios!! estoy feliz, me hiciste llorar demasiado por la emocion, te doy las gracias de verdad por este hermoso y maravilloso capitulo que desde el primer capitulo ame la historia.
    en verdad no tengo palabras para explicar lo que siento solo que eres maravillosa, me encanta como va historia y se que lo haras de maravilla, te deseo lo mejor
    surte... besos ;)

    esperare paciente el proximo, que se lo haras genial

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  4. En verdad que este capítulo es hermoso. Lograste robarme varios suspiros mientras leía.

    El tema del autismo es dificil, ain embargo no tienes nada de qué preocuparte, eres sensible y fácil mente percibimos el respeto que guardas al tema, dudo mucho que alguien pueda sentirse agredido ante tan buen manejo que haces.

    Los pacientes autistas generan mucha frustración mientras se encuentran en proceso de curación (o rehabilitación) según el caso, lo cual justifica que cualquier avance que se perciba en un paciente sea celebrado con algarabía.

    No te preocupes tanto por cómo vas a justificar la recuperación de Edward, el amor puede obrar milagros, así Edward puede alejarse un poquito de lo que dicta el promedio de pacientes,

    Eres una gran escritora y confío plenamente en que hallarás la manera de darle un finalfeliz a esta historia.

    Que estés bien y gracias por compartir tu arte con nosotras.

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  5. Yo creo que nadie podría llevar mejor una historia tan especial como esta que no fueras vos, porque la verdad me parece que es increíble la cantidad de sentimientos con que vienen cargados los capítulos.
    Hace mucho que esperaba una nueva actualización de esta historia y he de decirte que la espera valió la pena con creces porque se puede ver en este capitulo un enorme progreso por parte de el y una gran lucha interna por parte de ella.
    Espero que actualices pronto esta historia.
    Cuidate mucho y nos leemos siempre...
    http://miangelpersonal.blogspot.com/

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  6. OH MARIE ESTA HISTORIA ME ATRAPO DESDE EL PRINCIPIO Y ME TIENE CON EL CORAZON EN LA MANO. ES MUY DULCE. ME DAN GANAS DE LLORAR DE FELICIDAD Y TRISTEZA EN CADA CAPITULO. RESPONDIENDO A TU PREGUNTA CREO QUE ESTAS MANEJANDO MUY BIEN EL TEMA.... HACES QUE EDWARD SE VEA TAN INDEFENSO Y ESO ES LO QUE CAUTIVA Y ATRAE COMO UN PODEROSO IMAN. YA QUIERO LEER EL SIGUIENTE... SE BESARAN? AYY DIOS OJALA QUE SI... HE ESPERADO TANTO ESE MOMENTO....Y OJALA QUE LA CONDICION DE EDWARD MEJORE.. ESTOY SEGURA DE QUE LO HARÁ EL ES FUERTE Y BELLA LO AYUDARA....

    GRACIAS MARIE POR ESCRIBIR ESTE CAPI. POR ESTA HISTORIA QUE NOS ENSEÑA QUE TODOS PODEMOS AMAR, QUE NO IMPORTA LA CONDICION.

    XOXO
    Tati

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  7. Amiga increibe este capitulo.. fue maravilloso.. su recuperacion va avanzando gracias al amor y cuidado que le proporciona bella.. de verdad vas por muy buen camino.. pero xfa no tardes tanto en actualizar.. que uno le va perdiendo el hilo a la historia.. pero igual esta maravillosa. Felicidades belly bells.

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  8. holaaa, fue hermoso este capi, lo amoo, la verdad es q es un poco complicado la relacion de los 2, estar dividido entre lo q se siente y entre lo q diran los demas, besosss

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  9. Hola encanto me gusto mucho el capitulo y la verdad no estas siendo ofensiva al contrario nos estas demostrando que personas con esa enfermedad tambien pueden sentir igual que una persona normal ....Sigue asi hermosa...Besos...

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  10. estoy deacuerdo con Lzzy tenes q hacer capis o o 20 veces mas largaos... bueno del capi: estubo genial y si hay por alli lectores q no les guste (lo cual dudo) q se aguanten.. tu delicadeza se remarca notablemente...Bells puede desear a Edward pero no se esta llendo al filo de la navaja, ni esta forzandolo a q su proximidad sea demasiada.
    en todo caso se nota, a pesar del autismo, q Edward esta algo confundido por las sansaciones y bueno su cuerpo es el unhombre y ellos reaccionan a los roces mas si son en zonas tan intimas... como sea... a mi particularmente me fascinó no c al resto pero la forma en q manejas esta historia es impecable... ansiosisima por el siguiente y mucha fuerza!!
    Ale!! de Peru
    ._.

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  11. Tambien estoy de acuerdo con Lizzy... otra vez ja ja ja.

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  12. Estaba vagando por blogger y vi la actulizacion del fic. Me gusto tanto que lo lei desde el primer cap.
    Por favoor no te tardes en subir, me enamore de esta historia de verdad, es tan diferente a las demas.
    Te mando un besote y actualiza pronto!

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  13. Hermoso capitulo, lo amé, es muy genial!!!

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  14. Hermoso capitulo, lo amé, es muy genial!!!

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