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miércoles, 10 de agosto de 2011

EL AFFAIR DE LA MARQUESA - Primer Capítulo:


 
“REMORDIMIENTOS”



Tras tres años de ausencia Edward había vuelto; pero ya no como el joven pobre, hijo del capataz. Sino como un reputado y acaudalado abogado.
Pero sobre todo aquello, volvía como un simple hombre enamorado, deshecho y arrepentido.
- Usted dirá, “Caballero de Acero”. ¿A qué debo vuestra “prestigiosa visita” después de tanto, tanto tiempo? – el sarcasmo brotaba a raudales de la boca de bella; pero sus ojos no podían disfrazar la pena existente en su alma.
Edward se posicionó frente al escritorio en el que estaba sentada. Su mirada y postura eran las de un pobre hombre suplicante.
- Bella, os ruego. No me tratéis de esa manera tan…
- ¿Tan qué, señor Cullen? ¿Tan qué? – enfatizó entre molesta y herida - ¿Qué pretendéis después de tanto tiempo de ausencia? ¡Os fuisteis sin darme tan siquiera una razón! Vuestra actitud me demostró que solo queríais tomar mi castidad; y tonta fui yo al dárosla. – de pronto su mirada cambió a un sombrío entendimiento. Abrió la boca con asombro - ¡Ah! Acabo de entender que es lo que habéis venido buscando. “Una noche de cama”. ¿Acaso no hay buenas amantes en Londres? Realmente lo dudo. Sé incluso, que allá están las mejores cortesanas ¿O es que ninguna es de vuestro gusto? Porque sinceramente no creo que sea un problema financiero, ya que hasta el modesto Salisbury han llegado las noticias sobre su ascenso en sociedad y el crecimiento de vuestras finanzas.
Edward yacía estupefacto de asombro ¿Cómo podía hablarle con tal dureza? ¿Había sustituido su amor por odio durante este tiempo?
No. No podía ser verdad. Se negaba a creer que él hubiese cimentado de una joven inocente, a un monstruo.
Pero frente a él tenía a una mujer herida y él se sabía responsable de esto. No podía ignorar la realidad que había creado sus acciones erróneas. Isabela traslúcidamente le transmitía sus sentimientos de odio, y no era para menos él merecía que ella lo odiase, pero no iba a tirar lo toalla hasta que ella supiera la verdad, bella tendría que saber por qué los había dejado sin mas.
- Sé muy bien que mi manera de actuar no fue la más honorable. Y también sé que todos estos años habéis pensado que no he sido más que un vil bellaco; de cierta manera tenéis razón; pero os imploro que por lo menos me permitáis explicar mi versión de los hechos.
Ella se acomodó en su asiento y le dirigió una mirada fría que le heló hasta los huesos. Le hizo una seña con desdén para que procediera antes de hablar.
- Soy toda oídos, señor Cullen.
Él cerró los ojos por un breve instante mientras que la punzada de dolor dimitía de a poco. Pensaba rigurosamente en como hablarle, como transmitirle todo aquello sin que alguna palabra mal juzgada saliera de su boca.
- Decidme, Edward. Por favor. No soporto estos formalismos fríos. No con vuestra persona.
- Lo siento mucho, señor Cullen, pero yo os trataré con el debido respeto que vuestra profesión demanda. Y os agradecería que hicierais lo mismo conmigo. – agregó ella como si hablase de negocios con un extraño.
Él la miró algo turbado e incrédulo.
- ¿Queréis que… que os llame…Marquesa? – no pudo evitar que su tono fuese dubitativo. Ella solía odiar marcar de esa manera tan tajante la posición social entre ambos.
Quizás el tiempo y el dolor habían matado el amor que alguna vez ella sintió por él…
Isabella asintió. – Al fin y al cabo eso soy ¿no es cierto? La Marquesa de Salisbury” – completó con petulancia.
Edward permaneció estático durante un buen rato. Por fuera ella seguía siendo “su Bella”; pero por dentro…algo había cambiado. Y lo único por lo que él imploraba, era que aun existiera una oportunidad de deshacer el daño infligido.
- Marquesa, yo…
De pronto en la puerta sonaron los impactos de unos nudillos interrumpiendo el curso de las palabras de Edward.
Entonces Carlisle hizo acto de presencia en la sala, no sin antes abismarse al ver a su hijo.
Su primera reacción fue de alegría, pero luego esta fue empañada por una abierta decepción.
- Edward. – dijo en tono serio a modo de saludo. Hizo una leve inclinación de cabeza. Más por mera cortesía que por respeto.
- Padre, yo… - y entonces Carlisle levantó una mano para hacerlo callar sin siquiera volverlo a ver.
- ¿Me mandasteis a buscar, Bella? ¿Algo malo…– rodo los ojos en la dirección en donde se hallaba Edward–..ocurre?
Ella negó con la cabeza.
- Tranquilo, Carlisle. Solo quería hablaros sobre ciertos aspectos en el manejo del palacio, y de pronto llegó vuestro hijo… – apretó el puente de su respingada nariz y cerró los ojos. – Pero sinceramente no estoy de ánimos para esto. Si me disculpáis… - exclamó poniéndose en pie.
Edward permaneció de pie en el mismo sitio en donde se encontraba, dándole vueltas a su elegante sombrero de copa. Pretendía de una forma disimulada drenar la presión que sentía sobre él en ese momento.
Bella se detuvo en el umbral de la puerta pero no se volvió hacia los ocupantes que restaban en el estudio.
- Mandaré a prepararos una habitación, señor Cullen. Espero que al menos permanezca unos días aquí…a favor de vuestra madre que os adora. – y finalmente concluyó. – Buenas tardes, caballeros.
Y así, desapareció de su vista.
Edward se sentó en una de las butacas frente al escritorio, por primera vez desde que había llegado a la casa de la marquesa.
Estaba decepcionado; no solo no había podido disculparse y contar su versión de los hechos, sino que tampoco había podido decirle cuanto la seguía amando y por cuánto tiempo había anhelado verle de nuevo. Quizás de esa manera ella podría perdonarlo.
- Explicadme algo, Edward Anthony. – dijo Carlisle con rabia contenida en su voz; mientras caminaba de lado a lado en la estancia con las manos en la espalda y la mirada ausente. - ¿Cómo se puede ser tan descarado en la vida para deshonrar a una casta doncella y luego dejarla abandonada a su suerte? Si no habéis venido a pedir perdón; entonces no sé qué hacéis aquí.
El joven se sintió ofendido y aún más dolido de lo que ya estaba. Su padre. Su propio padre le dirigía aquellas palabras injustas sin saber a cuantos demonios había tenido que hacer cara en Londres.
Y solo.
Siempre solo.
- Padre, comprendo vuestra molestia…- Edward se puso de pie y lo encaró. Fue aún más duro de lo que creyó posible enfrentar la mirada condenadora del hombre a quién más amaba. - …pero vuestras palabras son injustas…
- ¡¿Injustas?! ¿Injustas, Edward Cullen? ¿Vais a negarme en mi cara que la deshonrasteis? ¡La pobre Isabella estaba muerta en vida! – bramó Carlisle apretando los puños a los costados de su cuerpo.
- ¡Yo la amé! – gritó iracundo. Y aunque luchó con todas su fuerzas, las lágrimas brotaron de sus ojos. Se las limpió de un manotazo; pero estas seguían escapando de las cuencas de sus ojos. - ¡No hice tal barbaridad de la cual me acusáis, padre! Y me vais a disculpar, pero si alguien no sabe lo que es sentirse muerto en vida es usted. Porque así estuve yo todos estos años.
Dejó de verlo y se desplomó de nuevo en la butaca.
- Sé muy bien que no fui la hembra que ustedes tanto quisieron; por lo que entiendo el cariño que le profesáis a Bella, pero nadie; ni siquiera ella; sabe lo que pasó. Aún así os tranquilizo. Sí, he venido a disculparme pero no por deshonrarla, sino por dejarla, por pensar ilusamente que tendría un mejor futuro junto a otro. – entonces guardó silencio y bajó la mirada al suelo. – Pensé que si alguien sabía lo que era renunciar a todo por amor era usted, padre. Pero al parecer me he equivocado.
Escuchó los pasos de Carlisle aproximándose a él y sintió su mano en el hombro. – Hijo, yo…- obviamente estaba avergonzado o conmovido. Quizá ambos. Pero Edward no estaba de ánimos para conceder perdones, esos tiempos ya habían pasado. Ahora era el momento para recuperar lo que en algún momento fue de él.
Se levantó de su asiento al mismo tiempo que rechazaba su tacto.
- Ya no importa nada, padre. Solo vine por Isabella, lo hecho…hecho está. No espero ninguna disculpa de vuestra parte, ni siquiera una palabra de aliento. Eso me hubiese gustado hace tres años atrás mientras estuve en Londres. En ese entonces sí que necesité de ellas pero nunca las recibí puesto que habíais sacado vuestras propias conjeturas. Gracias a Dios mi madre continuó en contacto conmigo. Ahora si me disculpa…voy a verla. Con su permiso.
Dicho esto se retiró del despacho.
********
Bella se encerró en su habitación, y tendiéndose en su cama, se echó a llorar amargamente.
Como hacía justamente tres años que no lo había hecho. Desde el instante en que había descubierto que Edward la había dejado a su suerte y con la posibilidad de la deshonra social al haberse llevado su inocencia.
Dio rienda suelta a su pena con su cara contra la almohada y la empapó de lágrimas. Pasó un largo rato así, hasta que sintió que algo caliente se escurría entre sus muslos.
Corrió al baño y se despojó de las bombachas y medias que ya estaban empapadas.
Era sangre.
Su periodo había venido de golpe y lo peor del caso es que bajaba de manera exorbitante. Isabella se asustó puesto que nunca había pasado por aquello.
Tomó unas gruesas toallas de algodón egipcio y se la colocó entre las piernas. Se dirigió a las puertas de su alcoba y llamó a gritos a su doncella Leah; la cual acudió corriendo a ver lo que ocurría con su ama.
Al encontrase frente a ella se abismó de ver la cantidad de fluídos que manaban de su interior.
Algo malo estaba pasando.
********
Esme estaba en el vivero, regando las plantas que tantos años llevaban en aquel palacio y de las cuales ella disfrutaba cuidar. Sus favoritas eran las rosas blancas. Eran como la materialización de la pureza mezclada con la elegancia que le confería su belleza natural.
Como era de suponerse, ella no podía encargarse de todas la plantas que estaban en dicho espacio debido al tamaño de semejante estancia y a la gran variedad de especies que había allí.
A Lady Reneé le apasionaban dichos seres vivos. Incluso más que su propia hija, la pobre Bella. Hubiese sido la mejor de las madres de haberse tomado al menos la mitad del tiempo que le dedicaba a la colección de ejemplares exóticos o comunes, pero ciertamente todos hermosos.
Por eso…estar en aquella estancia recubierta de roble y vidrios tenía un sabor agridulce. Aquella mujer nunca valoró lo que tuvo. Lo que ella hubiese querido tener alguna vez.
Una hija…
Ella adoraba a su Edward, pero siempre soñó con tener una hembra al igual que su esposo. Durante años había experimentado un sentimiento de culpa al sentirse de esa manera. Pero cuando nació Isabella ella entendió que debía estar más que feliz con su único hijo, pues el destino le había dado una hija a la cual criar y amar para tapar el déficit de cariño que tenía la madre natural para con la niña.
Dios. Ahora la ausencia de Edward la mataba; quizá este era su castigo por no haber valorado al principio lo que Dios le había dado. Reprimió las ganas de darle rienda suelta a sus lágrimas.
- ¿Madre? – sonó el susurro de la voz de Edward a sus espaldas, se espabilo tratando de recuperar la postura y sintiendo una presión inmensa de alegría en su pecho.
Se giró de inmediato y se echó en los brazos de su hijo. Lo había extrañado demasiado, y además sabía que él había pasado por muchas situaciones difíciles, aunque desconocía cuales habían sido. Por mucho que intentó persuadirlo por medio de las cartas que le enviaba, él jamás dio su brazo a torcer manteniendo su silencio.
Las lágrimas que antes pudo controlar, se volvieron insostenibles en aquel momento.
- No lloréis, madre. No tenéis porqué hacerlo. Yo estoy muy bien. – ella percibió la falsedad de la última frase, pero era notable que quería tranquilizarla. – He cumplido con todo lo que vosotros habéis querido de mí.
Ella se secó las lágrimas con el fino pañuelo de bordados sobrios que Edward había tendido frente a ella.
- No, cariño. No habéis cumplido con lo que más hemos deseado para vos…que seáis feliz. Nosotros no queríamos para vos una gran fortuna si esta venía con desdicha, solo pretendíamos que tuvieses un mejor futuro que el que vuestro padre y yo hemos tenido. Más me temo que erramos en la manera en que procedimos, no sois feliz y eso me consume cada día.
Él le dirigió una sonrisa carente de alegría pero repleta de esperanza.
- No os disculpéis, madre. Estoy en deuda con vosotros por todo lo que hicieron por mí, las desdichas que he podido pasar han hecho de mí un hombre más fuerte lo cual me ha ayudado enormemente en mi carrera. Me dio una nueva y real perspectiva sobre como debo proceder en ciertas situaciones. Y con respecto a mi felicidad, puedo deciros que vine por ella. Vosotros sois muy importante para mí, pero para estar completo necesito a Isabella. He regresado para recuperarla.
Un nuevo sentimiento de culpa se apoderó de Esme en cuanto Edward pronunció aquellas palabras.
- Nunca debí haberos dicho lo que os dije aquella mañana. Quizás…- parpadeó numerosas veces tratando de sostener el llanto, pero volvió a perder – Quizás ahora fuésemos felices. No creo soportar esta situación durante más tiempo…
Edward se aproximó a Esme de nuevo y le estrechó entre sus ahora muy fornidos brazos. No porque antes fuese precisamente un debilucho, sino que ahora sus brazos se habían transformado en unas prensas fuertes, más no estrambóticas.
Esme sintió cuando su hijo olisqueó su cabello y luego suspiró.
- Os confesaré algo, madre. Cada vez que percibo vuestro aroma me siento en casa; me siento a salvo. Ese sutil perfume vuestro de rosas y caramelo me trasporta a casa. Me parece una eternidad desde que no disfrutaba de esa sensación tan cálida. – su voz ronca transmitía nostalgia.
Y eso fue lo que le dio la fuerza suficiente para pronunciar el voto que siguió a continuación:
- Aún si Isabella no os perdona, yo no volveré a dejaros solo, hijo mío. – su mano acunó su rostro que de pronto se mostró sorprendido.
Ya iba siendo hora de que resarciera sus errores de madre. Aunque eso significara apartarse de alguien a quien amaba como si fuese su propia hija.
¿Lo acompañaría? ¿Su madre le estaba diciendo que estaba dispuesta a separarse de Bella por él? Debía de haber escuchado mal. Pero deseaba por todo lo sagrado que lo que había oído fuese correcto.
Las facciones hermosas de Esme; lo había concebido bastante joven por lo cual aunque ahora fuese una mujer madura, seguía viéndose lozana; fueron transformadas en muecas de remordimiento y tristeza. E incluso un poco de vergüenza.
- Claro. Solo si vos lo deseáis así. No voy a imponeros que presentéis ante la sociedad de Londres a una simple ama de llaves como vuestra madre.
El pecho se le encogió. Las lágrimas le escocieron en las cuencas de los ojos.
Tomó el mentón de ella con tanta ternura… como si fuese cristal delicado y costoso; levantó su rostro hacia él y habló.
- Soy yo quien no soy digno de llamaros madre. – Ella abrió la boca para replicar pero él no la dejó colocándole el dedo índice en sus comisuras – Cuando estuve destrozado, solo vos estuvisteis para mí. – se estremeció ante el recuerdo de esa negra época, que se seguía extendiendo hasta aquellos días. – Cuando el recuerdo de Bella me aniquilaba y me ahogaba, tu cariño y compasión fueron mi bote salvavidas. Fuisteis quién me mantuvo con vida.
Le besó la frente sellando su declaración.
- ¿Nunca sabré con certeza lo que os ocurrió en Londres, hijo mío? – le susurró suplicante al oído.
Negó con la cabeza.
- Ya nada de eso importa, madre. Ahora estoy aquí, a salvo y contigo.
Le acarició la espalda de manera tranquilizadora.
- Y si Dios quiere pronto estaréis con Bella.
- Eso espero, mamá. Eso espero.

De pronto escucharon una carrera frenética que precedió la llegada de una muy agitada Leah. Derrapó un poco en frente de ellos.
- ¡Señora Esme! – al darse cuenta de su presencia le dedicó un torpe y rápida reverencia - ¡Señora Esme! – luego volvió a clavar su desesperada vista en su madre.
Esta se dirigió a la doncella con suma preocupación.
- ¿Por qué entráis de esta manera tan alarmista, Leah? ¿Qué ha ocurrido?
- ¡La señorita Isabella…! ¡El ama le necesita urgentemente! – parecía que temía decir algo de lo que le ocurría a su amada en decoro por ser él. Pero Edward carecía de paciencia para lidiar con las reservas de la criada en una situación como aquella.
- ¡Decid de una condenada vez lo que le ocurre a la marquesa! – bramó él.
Amas lo miraron con asombro pero al final Leah se aclaró la garganta y decidió hacer lo que mejor le convenía, que era decirle la verdad.
- Ella está sangrando…no como lo haría normalmente una mujer, sino como si tuviese algo malo…
Eso fue lo último que Edward alcanzó a escuchar antes de echarse a correr con destino a la casa.
Bien, chicas. Me disculparán estos días de circunspección pero creo que los necesitaba. En fin aquí les presento mi nueva historia. Dedicaría este capítulo a quién se lo prometí pero después de leerlo y releerlo considero que ella no está en condiciones de leer situaciones como las que presento aquí debido a lo que ha vivido últimamente…y como le prometí esta historia a ella, no le dedicaré un capítulo a alguien más, hasta que ella no esté en condiciones de conocer una historia en la cual ella me influenció y hasta me inspiró a escribir.
Hasta pronto, mis niñas.

10 comentarios:

  1. ♥.♥ woow verdad que esta tan exitantee el affair de la marqueza...ya quiero el proximo cap...que tendra bella :( me preocupa no le puede pasar nada y me imagino cosas terribles T_T
    amii espero que me des rapido el prox cap ♥ lo espero lo esperoooo ♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥♥

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  2. Hola linda te quedo genial ,fascinante me encanto y dios que susto con isabella que tendra esperamos no sea nada grave....Besos linda,cuidate,gracias por publicar...

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  3. Buen comienzo de fic, sabia que seria grandioso cuando decidieras hacerlo
    Pero pobre Edward, no lo dejaron que contara su versión de los hechos que hizo hace 3 años :( y pobre de Bella también, ese sangrado anormal, ¿que sera?

    Espero descubrirlo pronto, ¡besos!

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  4. Twilightmaniaca que emoción encontrarte por acá!!! y pues si..esa gente mala que trata mal a Edward..ajajaja ya veremos como se desarrolla la historia. Besos, cielo.

    Rochii, no necesito que me presiones con un fic más..uya me acosas como con tres...ajajaja mentira amii, te adoro.

    Nydia...yo no tengo palabras para usted, siempre estás aquí y lees cada actualización y también me dejas comment *-* no sabes lo mucho que me emociona eso. Cada review me da aliento..y no mientop con eso. Un besote (y no me des las gracias por publicar porque eso es mi obligación) Besotes.

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  5. una historia muy prometedora!! por favor actualizala pronto

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  6. Siempre quise saber como siguia está historia. Gracias

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  7. Cuando el próximo capítuloCuando el próximo capítulo

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  8. Bueno Caro..estoy trabajando en la actualización de mis otras historias...pero creeme que pronto.. ;) Besos...

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  9. Gracias lo estoy esperandoGracias lo estoy esperando

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  10. no se cuando publicaste pero tengo que decirrte Wow! muy bueno quede con la boca abierta, Bella tan dura con él. y linchenme si les da la gana, pero asi se hace Bella, duro que sufra por hdp! y como buena diva, llora en silencio... me preocupa que tiene Bella??? pojala no sea grave... mmmm sera un embarazo despues de tres años de castidas hahahahhah .... Mariee siemplemente hermosoo

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