“Mi Ángel”
—¡Bella!
—exclamó Alice alarmada al verme bajo el umbral de la entrada— ¡Pasa, por Dios!
Te estás empapando.
«Muy tarde» Pensé para mis adentros.
Llevaba
puesto un delicado suéter que en realidad de nada servía contra la lluvia
torrencial que estaba azotando a la ciudad de Forks en ese momento. «¡Como de costumbre!». Mis zapatillas
deportivas y mis jeans ya estaban empapados también. En fin, ya era un desastre
andante de agua. Lo impresionante de eso es que había ocurrido en el pequeño
trayecto de mi camioneta a la entrada. Claro que habría que sumarle los diez
segundos que me tomé para respirar y darme ánimos internamente.
Entré
en la casa y pude sentir en como la calidez me envolvió de inmediato. Además,
había un exquisito olor que impregnaba todo el piso inferior de la casa: pollo
asado con hierbas. Quizá tendría compañía más tarde, y yo había venido par el
mal tercio.
Me giré hacia
Alice con expresión de disculpa.
—Si estás
esperando a alguien…
Ella me
adentró aún más en aquel espacio de madera y colores fríos en las paredes. Ayudó
a quitarme el suéter que chororreaba agua por doquier, al igual que mi cabello.
Su sonrisa genuina me insufló aliento; aquella me recordaba cómo había sido
nuestra relación antes de que todo ese tormentoso día se llevara a cabo. Quizá,
a diferencia de lo que yo creía, ella no estaba molesta conmigo por renunciar.
—Bella, ¿Acaso
crees que voy a dejar que andes por quién sabe dónde, cuando tú me abriste las
puertas de tu casa en el momento que más necesitaba de alguien? Sabes
bien que no lo permitiré, y ¡Además!... Esta es tu casa —hizo énfasis como si de una niña pequeña se tratase.
—Pero yo no
te la ofrecí para venir a incordiarte luego…
—A
ver…pensemos: La casa tiene tres habitaciones, nosotras somos solo dos.
Así que ¡Explícame el modo en que vas a molestarme! Porque sinceramente yo no
lo veo por ningún lado —en sus ojos brilló la ternura que le era tan
característica. Su sonrisa de niña hizo que se me llenaran los ojos de lágrimas.
Sentía que últimamente no hacía nada más que llorar. ¡Patético! —. Somos
amigas, Bella. Y sé por lo que estás pasando, permíteme ayudarte como tú lo has
hecho conmigo. Si, sé que no son las mismas circunstancias, pero aun así para
eso estamos.
Me haló hacia
ella y no pude contener más el llanto. Las lágrimas se resbalan con una calidez
contraria a la temperatura que tenía mi rostro en ese momento, ya que éste
parecía una panela de hielo al estar expuesto al vendaval. Me aferré a sus
hombros como si fuesen mi bote salvavidas. Desahogué todo lo que en el día no
había podido hacer con Paul; porque obviamente era un extraño. Buena gente, sí,
pero un extraño al fin y al cabo. Él no entendería que la misma persona que me
había roto el corazón, era la misma persona inocente que de alguna manera u
otra me había hecho sentir viva. Pues antes de él, todo me daba exactamente lo
mismo. Las satisfacciones eran buenas pero carecían de profundidad. Pero todo
eso había cambiado al conocerlo, cuando me perdí en esos ojos azul grisáceos
que me invitaban a querer conocer y sacar a flote ese ángel que tenía aquel
muchacho autista tan encerrado en sí mismo.
Alice en
cambio, podría comprender mi situación mucho mejor. Ella había visto bastante
en los tres casi cuatro meses que llevaba trabajando con la familia Cullen,
desde lo magnífico de los avances hasta lo terrible de la arritmia de Edward y
posterior a eso, mi partida.
«¡Mierda, había hecho tantas cosas
mal!»
—Metí la
pata…—sollocé en medio de balbuceos llorosos sacando las palabras que tenía
rondando en mi mente desde hacía un buen rato. — la metí hasta el fondo.
Su mano subió
y bajó por mi espalda dándome consuelo; importándole muy poco si estaba tan
mojada como un trapeador.
—Shhh. Ya
luego hablaremos de eso. Mejor sube y toma una ducha caliente mientras yo te
consigo algo de ropa y meto la tuya a la lavadora.
Cuando subía
en dirección al baño y ella iba a la cocina, me giré para preguntarle por lo
más importante en toda esta intrincada ecuación:
—¿Él sabe que
me fui? —Alice asintió con un aire de triste comprensión — ¿Y cómo lo tomó?
—¿Cómo crees
que iba a tomar que la persona que lo hacía reír y que pasaba cada momento del
día con él, se haya alejado de su lado?
Sabía que no
lo decía con segundas intenciones pero esos no evitó que la culpa y el dolor me
laceraran el pecho. Tenía vacío inmenso allí acompañado de un inseparable
dolor.
Derrotada,
terminé de subir las escaleras.
*.*.*.*.*
Alice había
dispuesto en la mesa dos tazas de chocolate humeante con un platito de galletas
para cada una. Por dentro recé para que no fuesen las mentadas de canela, pero
no tuve suerte. Sí lo eran. Tomé asiento
y ella también frente a mí. La miré con agradecimiento no solo por la ropa que
me había conseguido, sino por el gran gesto de haberme recibido en una casa en
la cual no pensaba volver a estar dentro de un buen tiempo. Ironías de la vida.
—Y bien…
¿Dónde estuviste todo el día? —tomó un sorbo de su chocolate tras haberlo
soplado bastante.
—Pues… manejé
sin rumbo fijo hasta llegar a La Push. Ahí estuve todo el día —aún no
había bebido nada, pero aprovechaba la temperatura de la taza para calentarme
los dedos que sobresalían de una sudadera; que obviamente no era de Alice. Su
tamaño extra grande me lo indicaba.
—¿Y por qué
allí? —sin dudas se encontraba intrigada, si es que aquella ceja levantada era
un buen indicativo. Me encogí de hombros.
—Ni idea.
Supongo que cuando me dio el arranque escapista no pensé hacia donde iba y las
ruedas decidieron por mí.
—¿Qué hiciste
todo el día en La Push? No sabía que tenías conocidos por allá. —luego
bebió un sorbo de su tasa mientras me veía con algo de curiosidad y
escepticismo.
—Es porque no
los tenía, pero ahora sí —le medio sonreí—. Conocí a un chico llamado Paul
bastante simpático. Me cayó muy bien, aunque no se puede decir lo mismo de sus
amistades. La cordialidad no es el fuerte de muchas mujeres de la Reserva.
Alice me
escuchaba con expresión reticente.
—¿Sería
porque era un bastardo ligón?
—No. En
ningún momento ligó conmigo, pero tanto la mejor amiga como la madrina de su ex
novia si lo creyeron así. Hubieses visto la manera en que me miraron cuando nos
topamos en un restaurant hecho bajo una especie de choza. —no pude reprimir una
sonrisa al recordar la expresión de rabia súbita cuando me defendí de su
ataque.
—¿Y eso te da
risa?
—No, lo que
me causa gracia es que tuve que poner a la venenosa madrina en su lugar. Mira,
Alice, antes de que pienses mal te digo que Paul está recién salido de una
larga relación, aunque no por su propio gusto. Su novia lo dejó porque en vez
de buscarse una lucrativa carrera en el mundo de la contabilidad o la
administración, se decantó por la enfermería. Esa es la versión corta y precisa.
—¡Qué
cabrona!
Finalmente
tomé un pequeño sorbo del chocolate hasta que la temperatura subió tanto que
casi me quema los labios.
—Pues ya ves,
ninguno de los dos andábamos de ánimos para andar en plan de ligue. Así que le
ofrecí unos libros de enfermería. Los cuales por cierto, tengo en el ático.
—señalé hacia arriba con un asentimiento.
—Ummm ¿Y qué
piensas hacer ahora, Bella? ¿Dejarás a Edward definitivamente? o ¿Qué? —se le
notaba preocupada. Alice, tanto como me quería a mí, quería a Edward. Pero, es
que ¿Quién no lo haría? Cuando él iba por la casa repartiendo sus dosis de
“sinceridad literal” que hacían enternecer y reír a partes iguales.
—Pues… la
verdad es que yo… pensé que… bueno, yo creo que... No, no creo…
—Bella —me
tomo suavemente por el hombro—. Si necesitas pensar mejor las cosas.
—No, ¡No!
—dije quitando su mano con sutileza.
—¿Cómo? —me
pregunto totalmente confundida.
—Dije que no
lo debo pensar. Voy a ir a la casa de los Cullen y hablar con Edward.
Seguramente ni Esme ni el señor Carlisle van a querer verme, pero al menos voy
a hacer el intento de explicarle a mi ángel… digo a Edward, lo que en realidad
pasó.
Una risita
infantil y cómplice se le escapó a Alice en ese momento, pero fui incapaz de
deducir si se estaba burlando de mi arrebato de valentía. Antes de seguir deduciendo
nada, ella me interceptó.
—Amo cada vez
que le dices, ángel —y volvió a reírse de nuevo. Yo solo entrecerré los ojos
con rabia.
—No te burles
de mí. Es una manera en la que siempre me he comunicado con Edward, además…
—¡Bella
relájate! No te estoy atacando —extendió su mano a través de la mesa; lo cual
no podía suponerle demasiado esfuerzo al ser una pequeña superficie redonda de
madera que escasamente podía albergar a cuatro comensales. Los que por cierto
debían de incomodarse cuando sus rodillas se tropezaran cada tanto; tomó la mía
con un gesto tierno—. Siempre me ha parecido hermoso que lo llames así. Al fin
y al cabo, Edward es un ángel. Alguna especie de ángel mortalmente directo y
comedor compulsivo de galletas, pero al fin y al cabo, ángel. No te avergüences
de llamarlo así en frente de mí, soy tu amiga y deberías tener la confianza
suficiente como para sentirte cómoda conmigo. Total, no hay nadie en la casa de
los Cullen que no te haya escuchado llamarlo así por lo menos cinco veces.
Me tiré sobre
mis brazos cuando me sentí abrumada ¿En
serio era tan evidente con respecto a Edward? Escuché las carcajadas de
Alice como respuesta a mis pensamientos no vocalizados. Pero ni falta hizo.
—No es
gracioso, Alice —le regañé medio en broma—. Todos debieron de burlarse de mis cursilerías,
y yo ni cuenta me daba.
—Eso es
porque nadie se burlaba de ti, Bella. Deja el drama.
De pronto
ella se acomodó en su asiento y enderezó su espalda. Esa repentina seriedad me
indicó que venía a continuación una parte de la conversación no muy agradable.
—Bells ¿Qué
fue lo que en realidad pasó? ¿Por qué te fuiste de repente si Edward era…?
—¿Todo para
mí? —complete aquella frase con toda la naturalidad y fluidez del mundo. Porque
eso era él. Todo mi universo.
—Bueno, sí.
¿Qué pasó? —solté un suspiro derrotista.
—Fue todo,
Alice. Fue la arritmia de Edward, su negación a dejarme curarle, su último
desplante…
De pronto mi
amiga me miraba como si me fuese crecer otra cabeza en el cuello.
—¿Último
desplante? No sé de qué hablas. Aunque para todos era obvio que pasaba algo
puesto que él no te dejaba atenderlo para nada. ¿A qué se debió?
«¡Oh, mierda!»
—Edward y yo…
—carraspeé algo, solo algo muy incómoda— hicimos el amor —y allí estaba yo; una
mujer de casi veintitrés años de edad, sonrojada como una adolescente, tan solo
por el hecho de reconocer ante una amiga que había tenido relaciones.
Definitivamente mis actitudes del día ya parecían estar rayando en el
patetismo.
Se le
desorbitaron los ojos y su expresión quedó mortalmente seria. No sabía que
podría estarle pasando por la mente. Quizá ella comenzaba a pensar que era una
pervertida que se estaba aprovechando de la inocencia de su paciente autista
para sacar cualquier tipo de provecho. Cualquier otro lo podría pensar. Quizá
si yo no fuese la que estuviese parada en medio del ojo del huracán, a lo mejor
sospecharía lo mismo. Finalmente dio un trago a su ahora tibio chocolate, abrió
la boca y la volvió a cerrar al no poder expresar con claridad o tal vez
delicadeza, lo que estaba pensando.
—Pregunta
directamente, Al. Prefiero que me lo digas directamente a mí, antes de que
saques conclusiones que quizá no sean del todo acertadas.
—Es que... ¿Cómo…?
¿Él puede…?
Ya comenzaba
a exasperarme al sentirme sobrepasada por toda la mierda de ese condenado día,
que ya estaba siendo demasiado largo para mi gusto.
—¿Él puede
qué, Alice? ¿Tener erecciones? ¿Tener relaciones sexuales? Claro que sí. Por
algo te digo que “hicimos el amor”, no que lo violé. O algo por el estilo.
—dije adelantando aclaraciones. Cualquiera podría pensar lo peor de mí, incluso
alguien sin malas intensiones como Alice.
Quizá la
agresividad en mis palabras era innecesaria, pero ya estaba harta de darle
vueltas a las cosas una y otra vez sin poder conseguirle una salida levemente
satisfactoria. Lamentablemente, Alice pagó los platos rotos.
—Lo siento,
Bella. No quise darte a entender que pensaba eso de ti. Jamás creería eso porque
he visto la devoción y la vehemencia que has puesto en la recuperación de
Edward desde que llegué a la casa de los Cullen. Y sospecho que fue igual antes
de que lo hiciera. La cosa es que… me tomó totalmente desprevenida el hecho de
que me dijeses que él y tú mantenían relaciones.
—No, Alice.
Me entiendes mal. Edward y yo no “mantenemos relaciones”. Solamente pasó una
vez, y luego él leyó no sé qué mierda en internet acerca del autismo y los
métodos anticonceptivos que lo llevaron a pensar que le había hecho usar un
condón para no traer un niño “enfermo como él” al mundo… —no pude
evitarlo. En esa parte simplemente las lágrimas se me agolparon en la garganta
e hicieron que mi voz desde ese momento en adelante sonase ronca. — Por eso no
planeaba estar con él aquella noche, después de que te ayudamos a mudar aquí.
Sabía que él no estaba listo para eso. No habíamos conversado sobre todo lo que
implica que una pareja llegue hasta ese nivel. Pero te juro, Alice, que en
ningún momento pensé que tener un hijo de Edward fuese una maldición ni mucho menos.
Simplemente… no pensé. Sí, eso lo describe bastante bien. Soy una inconsciente
de mierda que no pensó en las consecuencias que podía traerle a Edward un
momento de debilidad por mi parte.
Me tapé la
cara y dejé que las lágrimas siguieran resbalándose por mis mejillas. ¿Cómo era
que algo tan bello había salido tan rematadamente mal? Sí, sabía que había
cometido un error pero no había derecho a que la vida me pateara tan duro solo
por dejar que el corazón tuviese —durante un momento— la voz cantante en mi
comportamiento en vez de la razón. Entonces me descubrí pensando que tal vez mi
racha de buena suerte ya había pasado, y que haber cuidado a Edward había sido
más de lo había merecido hasta entonces. Quizá más adelante sería capaz de
agradecer ese tiempo que se me permitió pasar a su lado. Que había sido para aprender
a sentir de nuevo. Y que tal vez, cuando ya hubiese superado todo eso, podría
aparecer un hombre con el cual podría pasar el resto de mi vida siendo amada y…
¡Mierda, que deprimente era! Mi mente se revelaba en contra de mis propios
pensamientos diciéndome que no dejaría ir el recuerdo de Edward demasiado
lejos. Jamás. Y que a cualquier lado al que fuese y sin importar con quien
estuviese, el fantasma de su presencia sería algo con lo que tendría que lidiar
hasta el último de mis días. Al fin y al cabo estaba enamorada, no
encaprichada.
«¡Ah, qué suerte tan…!»
—¿Bella, me
estás escuchando?
—Lo siento,
no. ¿Qué decías?
—Que dejes de
flagelarte por eso. Un error lo comete cualquiera, Bells. Somos humanos.
Animales de sangre caliente que a veces incurren en meteduras de pata que a
veces pueden parecer monumentales. Sin embargo, no creo que esto se trate de
uno de esos casos. Si no me equivoco es cuestión de un malentendido. Creo que
si te hubieses quedado en la casa y obligado a Edward a escucharte, no habríamos
llegado a éstos niveles. Pero todo tiene arreglo.
—¿Tú crees?
Porque ahorita debo ser persona “Non
Grata” en la casa Cullen.
Al meneó la
cabeza de lado a lado y se aferró a una de mis manos con la misma ternura que
había hecho hacía un momento. Internamente agradecía contar con una amiga que
pudiese comprender toda la situación y que además de eso, me insuflara ánimos
para resolver un problema en el que me estaba ahogando.
—La señora
Esme está dolida. Pero tienes que entenderla, para ella es tan duro como para
ti. Piensa que debe de sentirse abandonada aparte de decepcionada. No es fácil
tener un hijo autista; y eso tú lo sabes mejor que yo misma. Así que es
imposible que se tome bien tu partida cuando te consideraba casi parte de la
familia.
Me estrujé el
cabello mojado con frustración. En todo aquel revoltijo de mal día no había
pensado ni por un momento en Esme; quien había sido abandonada demasiadas veces
a su suerte con Edward, por quienes se suponían que debían ser sus manos
derechas. Debía anotar las palabras egoísta y desconsiderada en
mi lista de virtudes (Sí, es
sarcasmo.) últimamente desarrolladas hasta niveles estratosféricos.
Y eso sin
tomar en cuenta lo que Carlisle debía de estar pensando en ese momento de mí. ¡Oh, diablos! Ahora sí que estaría
difícil que me dejaran entrar en esa casa tan siquiera a pedir disculpas.
—¿Qué fue eso
que te dijo Edward para que decidieras irte después de todo? —de golpe me salí
de mi profundo alelamiento.
Me dolía
furiosamente el pecho cada vez que recordaba esas palabras. Que quizá ni él
mismo sabía lo mucho que podían herir a alguien, pero que por eso no dejaban de
ser mortales cuando eran asestadas con fuerza en tu rostro.
—Me dijo que
no lo tocara. Que no soportaba que lo tocara.
—¡Wow! —sus
ojos se llenaron de comprensión y desvió la vista de mí. Enroscando ambas manos
en su taza y tomando un trago del chocolate de nuevo. El mío ya debía de estar
frío así que no me apetecía tomármelo. Sin embargo, tan rápido como el
entendimiento se coló en sus facciones, un gesto de determinación se apoderó de
ella— ¿Sabes? Sé que él dijo eso por algo en específico y no por lo que tú
pudiste creer en ese momento. Es cierto que esas palabras son muy fuertes, pero
recuerda que Edward es mortalmente directo, quizá soltó lo primero que le vino
a esa cabecita de él sin pensar en que estaba haciendo daño. Definitivamente
debes hablar con él.
Le sonreí y
me puse en pie para llevar la taza al fregador. Cuando estaba secándola fue que
reparé en el jean, la camiseta y el sencillo maquillaje que usaba Alice en ese
momento.
—¡Oh Dios, te
estoy importunando! Viene Jasper ¿Cierto? —asintió muy sonriente.
—Sí, viene
dentro de un rato, pero no me importunas. Puedes quedarte a cenar pollo asado
con hierbas.
—No, gracias.
Prefiero irme a la cama de una vez. Estoy agotada.
Asintió sin
replicar de nuevo. Y se puso en pie de
inmediato.
—Ven, te
ayudaré a preparar la cama.
Subimos y a
pesar de que ella insistió en que tomara la recámara principal, me negué
rotundamente. A final de cuentas lo único especial que tenía esa habitación era
un cuarto de baño privado, ya que las demás tenían también camas
matrimoniales.
Después de
buscar unas cuantas almohadas en el armario de la habitación, unas sábanas y un
edredón grueso, ambas nos pusimos a vestir el colchón.
—¿Sabes una
cosa? Yo creo que quizás deberías esperar unos días para ir hacia la mansión
Cullen —me quedé parada con expresión que sugería que me estaba gastando alguna
suerte de broma o algo. Pero su semblante pensativo y sereno me decía que no lo
estaba. — Si, Bella. Tómate unos días de descanso. ¿Hace cuánto no haces algo que tenga
totalmente que ver contigo y nada con Edward?
Habían pasado
meses desde de la última vez. De hecho bastante. En realidad, había hecho eso
cuando fui con mi amiga Ángela de compras hacía ya ni siquiera cuanto tiempo. Le
había prometido que saldría con ella cada domingo; que era el día que me
correspondía librar; pero al final de cuentas me había enfocado tanto en mi
ángel que habían pasado semanas antes de recordar aquella más falsa promesa. ¡Era una catástrofe de persona en ese
preciso momento!
—Bastante, de
hecho —fue mi única respuesta.
—Pues ahí
está el problema.
—¿Ah? Alice,
te juro que a veces me cuesta entenderte a la primera. ¿De qué problema hablas?
—De que toda
tu existencia gira en torno a Edward —enumeró lo que decía con los dedos—. Lo
que él necesita, lo que él quiere, lo que a él le conviene, lo que a él le
gusta o le disgusta, en fin ¡Todo! Bells, comprendo que deseas darle lo mejor
pero has puesto tu vida en pausa solo por él. Sabes que eso no es saludable ¿Cierto?
Meneé la
cabeza de lado a lado atónita. Tenía razón, hacía mucho que no me dedicaba a mí
misma. Si bien nunca había sido muy coqueta, siempre había estado al pendiente
de cómo debía verme. Nunca salía sin un maquillaje natural; lo suficiente para
disimular las ojeras que suelen ser un tanto habituales para las enfermeras y
también para tapar esas pecas que salpicaban mi nariz y mis mejillas. Poco,
pero lo hacían. Además me encantaba rizarme y colocarme máscara de pestañas,
las hacía lucir kilométricas, mientras que mis comunes ojos chocolates se veían
un poco más llamativos. Mi melena del mismo color de mis ojos, iba siempre
cepillada ya que ni era rizada ni lisa, solo un ondulado irregular que yo
prefería arreglar a golpe de secadora. En resumidas cuentas, me había olvidado
por completo de mi feminidad y me había echado al olvido por solo avocarme a mi
ángel. Sabía que lo amaba, y con locura- Pero aquello no justificaba poner de
lado algo que debía ser mi prioridad, como lo era mi imagen personal. Porque si
yo no me quería a mí misma ¿Cómo me querrían los demás?
—Tienes toda
la razón —admití—. He dejado de hacer demasiadas cosas.
Alice asintió
satisfecha.
—Sabía que podía
contar con tu sentido común. ¿Sabes que haremos mañana? Iremos al pueblo a
tomar el desayuno en la cafetería, luego partiremos derechito a Port Angeles y
allí compraremos. Así sea unos manteles para la mesa, pero compraremos algo.
Luego iremos al cine y finalmente cenaremos. Tendremos un día solo para
nosotras. ¿Te apetece?
—Sí, y luego
¿Qué?
—Luego te
acomodarás aquí y descansarás, porque que tienes casi ocho meses trabajando sin
parar. Tomarte unos días para ti, no agravará demasiado las cosas. Después,
cuando acomodes la situación con Edward; porque sé que lo harán; espero que
tanto tú como el “ángel” aprendan a independizarse el uno del otro —mi cara
debió haber sido de horror ya que ella se apresuró a explicar lo que decía—.
Cuando digo “independizarse” me refiero a que él aprenda a lidiar con que tú
puedas permanecer lejos de él por un día o varios, dependiendo de lo que debas
hacer. Y tú, que recuerdes lo que era hacer cosas que no lo involucren a él.
¿Comprendes lo que te digo?
Asentí y en
ese leve instante en que sus palabras calaron en mi cabeza, una sensación de
pánico se coló bajo mi piel.
—O sea que tú
crees conveniente, si aún puedo recuperar mi empleo…
—Cuando lo
recuperes.
—Cuando
recupere mi empleo, no debería regresar a vivir allí ¿No es cierto?
Asintió con
la cabeza y una expresión en su mirar de cautela se coló, como si esperase que
yo montara una escena de histeria porque ella simplemente me mostraba un
escenario distinto al que estaba acostumbrada. Cosa que obviamente no haría.
—Sería lo
mejor, Bella. Aquí tienes tu casa. Ya traes tus cosas en la camioneta, las
cuales por cierto deben de estar empapadas, pero en fin. Acomódate aquí. Este
es tu espacio y más importante aún: necesitas darle espacio a él. Tienes que
dejarle ser todo lo independiente que quiera y necesite ser. Tarde o temprano
tenías que dejarle seguir su camino por sus propios pasos sin que tú tuvieses
que marcárselos. Además, no creo que él lo soportara demasiado.
Ambas reímos
mientras recordábamos los arrebatos de rabia que le daban cuando hacíamos algo
por él. Decía que lo tratábamos como a un bebé.
Así que
resignada pero no derrotada asentí y le di un abrazo suave pero sentido.
—Gracias por
todo. Has sido como mi cable a tierra en todo esto. Sé que he cometido varios
errores durante este tiempo y que hoy, a pesar de que ha sido un día de mierda,
he podido darme cuenta de donde estoy fallando. Y mucho de eso te lo debo a ti.
Todavía tengo bastante en qué pensar, sobre todo para saber cómo voy a hacer
las cosas. Sin embargo, me has ayudado más de lo que creí posible. A veces
siento que no merezco las amigas que tengo, soy una olvidadiza de primera. Mira
a Angela y ahora a ti.
Respondió a
mi abrazo con fuerza y luego me soltó.
—Eres una
buena amiga, Bella. Despistada también eres, pero sé que esa amiga tuya al
igual que yo, sabe lo mucho que significaba para ti ayudar a Edward. Así que
cuando hables con ella entenderá tu “abandono”.
—Suficiente. —le
dije con el poco de energía que me quedaba— Ahora baja y aprovecha la noche con
Jasper al máximo. Él es muy buen chico.
—No le
importa lo que soy… —dijo ella con timidez y con las mejillas tiñéndosele de un
hermoso rosa.
—¡Espera!
¿Qué significa eso? ¿Acaso eres menos que él?
—Bella, él es
todo un abogado hecho y derecho y yo, por ahora solo soy una chica de servicio
y estudiante universitaria. No me engaño pensando que no venimos de mundos muy
distintos.
—Pero sobre
todo eso, eres una de las mejores personas que conozco. Y eso amiga, no todo el
mundo lo tiene aunque sea un profesional y exitoso —entonces fingí cierta
reticencia y timidez—. Aunque si debo pedirte un favor.
—Dime. Soy
toda oídos.
—No griten
mucho esta noche. Estoy demasiado agotada para lidiar con eso.
—¡Bella!
—exclamo en un grito con las mejillas ahora teñidas de rojo carmesí.
No me extrañé
cuando una almohada salió volando en dirección a mi cara. Luego de ese ataque
sorpresivo ella se disponía a salir del cuarto cuando recordé de pronto algo.
—Por cierto,
Alice. Aunque te quiero y te debo mucho, no le vuelvas a decir a Edward
“ángel”. O Jasper tendrá que acostumbrarse a salir con una mujer calva de por
vida.
Ambas
estallamos en carcajadas, y aunque lo decía en broma había una parte de mi
cerebro que decía: No te rías mucho,
Isabella. Sabes que lo harías. Estás así de loca.
Me sorprendí
riéndome de mí misma en ese instante.
*.*.*.*.*
Si Jasper vino, ni me enteré. Si gritó o no gritó con Alice
en la habitación de al lado, tampoco. Lo único que recordaba después de que
Alice se hubiese largado, era que había pensado en como solucionaría las cosas:
sería frontal y directa en todos los sentidos. Y seguiría el consejo de Al,
haría de Edward y de mí dos personas independientes de nosotros mismos. Eso
sería una especie de prueba de fuego. Lo que en realidad pasaría si lograba que
él me perdonase al explicarle mis razones y mis errores. Pasadas mis
cavilaciones, quede profundamente dormida por unas bien merecidas nueves horas.
Al despertar
tome una ducha revitalizante con agua tibia y un shampoo con olor a mar y coco,
bajé a la cocina para ver si había quedado algo del chocolate de la noche
anterior, porque ahora sí que se me antojaba.
—¡Buenos
días! —dijo una Alice resplandeciente recostada del viejo empotrado de la
cocina tomando una taza de algo caliente.
—Bueno días.
¿Eso qué tomas es chocolate? Porque si es así yo quiero. Y además tengo un
hambre atroz.
—Quedamos en
irnos a desayunar en el cafetín del pueblo y de allí nos iríamos a Port
Angeles. Así que toma una taza y agarra el chocolate que te dejé en la cacerola.
Debemos aprovechar el día. —comentó mientras colocaba la taza en el lavaplatos
con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Por qué tan
feliz? —dije antes de tomarme. Me supo a gloria, aunque al principio me quemó
un poco.
—Jasper me
pidió anoche que fuese su novia oficialmente. Habíamos salido un par de veces,
pero no fue hasta anoche que hablamos de tener una relación seria. Si las cosas
van bien entre nosotros, dijo que en unos tres meses me presentará a su familia.
—sus manos repasaban y repasaban con la esponja de fregar a la taza que casi
desaparecía bajo la bola de espuma que estaba creando distraída en un burbuja
de felicidad.
—Pues me
alegro por ti. En serio. Espero que les vaya de lo mejor de ahora en adelante.
Ahora celebremos con un buen desayuno cargado de calorías, antes de dar unos
buenos tarjetazos. —comenté empezando a sentir emoción en lo que parecía mucho
tiempo.
*.*.*.*.*
Lo bueno de Port Angeles era que podías encontrar un poco de
todo en él. Mucho más que el pueblecito de Forks, pero mucho menos que en
Seattle; así que Alice y yo emprendimos nuestro viaje ridículamente corto hasta
allí en mi vieja camioneta y cuando llegamos al lugar nos dispusimos a recorrer
las calles. Hicimos las compras de comida, puesto que ahora seríamos compañeras
de casa, también adquirimos una vajilla de seis puestos; cosa que me pareció
casi ridícula pues nuestra única mesa; que era la de la cocina; era solo de
cuatro comensales. Alice encontró unas tazas que combinaban a la perfección con
la vajilla y también aprovechó unas rebajas en cubertería para reemplazar los
que estaban en casa. Que si bien no estaban en mal estado, si que estaban
incompletos. Luego fuimos a por unas cuantas camisetas, uno que otro par de
tennis para mí y unas zapatillas para ella. Y para finalizar fuimos a una
discotienda.
Nada más al
entrar noté que sonaba Elvis Presley en los altavoces.
—No sé tú,
pero este no me parece un buen momento para escuchar Can´t help falling in love with you —le comenté en un
susurro cuando pasamos.
Ella sonrió
radiante, como había pasado toda la mañana y parte de la tarde.
—A mí me
gusta escuchar al Rey.
—Si, a mí
también. El problema viene cuando una está despechada por las esquinas.
—Bella,
podrás estar todo lo despechada que quieras, pero no andas en ninguna esquina,
así que deja el dramatismo. —me guiñó un ojo y comenzamos a revisar.
Mientras que
yo me decantaba por una melancólica Adele y una romántica Christina Perry, ella
tomaba CDs de Lady Gaga y Kesha. Incluso vi que tomó el último de Katy Perry y
lo ojeó un poco antes de decidirse a comprarlo. Tomé una compilación de éxitos
de Los Beatles y cuando estaba a punto de irme a pagar escuché una melodía que
me hizo estremecer al recordarme muchos momentos de un solo sopetón…
Angel
¿May I hold you tight?
Never
kissed an angel
Let
me me kiss one tonight…
La melodía
era suave, romántica y hasta algo cursi, pero aún así era condenadamente
perfecta, porque expresaba lo que en muchas oportunidades había pensado y lo
que deseaba hacer apenas lo tuviese en frente de mí…
Angel,
make my wish come true
Let
me be in heaven
Here
on earth to you.
Me dirigí a
la caja, y mire al dependiente que era un muchacho de unos dieciocho años como
mucho, con el pelo rapado, camisa a cuadros y vaqueros, me miró y me sonrió con
amabilidad.
—¿Desea algo
más?
—La verdad es
que sí. Quiero ese CD que está sonando ahora.
—Ese es una
recopilación de clásicos de Elvis. Ya se lo consigo. —se salió tras la máquina registradora y trajo
lo que yo quería justo detrás de mí—. Este es.
Sacó la
cuenta y salimos de allí.
—¿Un regalo
para el an…?
—Alice ¿Recuerdas
mi amenaza de anoche? Pues era en serio. No me importaría dejarte calva en lo
absoluto. Él único que lo sentiría sería el pobre Jasper que tendrá una novia
pelona. —bromeé mientras nos subíamos a la camioneta. Ella se carcajeó con
desparpajo mientras se colocaba el cinturón— ¿Qué nos queda por hacer ahora en
la agenda?
—Almorzar.
Estoy que me desmayo del hambre y además siento que mataría por un buen postre
—agregó en un gesto exagerado de desesperación.
—Bien…ya
somos dos, querida.
*.*.*.*.*
Mientras
Alice subía todas nuestras compras de ropa y zapatos yo descargaba las bolsas
que contenían dentro de sus cajas, la vajilla nueva y la cubertería. Fue entonces
cuando escuché el motor de un auto acercarse.
Me giré
sorprendida cuando reconocí el gruñido suave del Mercedes de Carlisle, quien se
estacionó justo detrás de mí. Yo me quedé sosteniendo la caja entre las manos y
a pesar de que pesaba un poco no pude moverme del sitio.
—Buenas
tardes, señorita Isabella. —dijo mortalmente serio.
—Buenas
tardes, señor Cullen. ¿Gusta pasar?
Asintió.
—Gracias.
—dijo cortésmente, más aún así en vez de entrar y sentarse tomó una de las
cajas que tenía en el suelo y me sostuvo la puerta para que yo entrara.
—No hacía
falta que hiciera eso, señor Carlisle. Muchas gracias.
—Tonterías.
Está que no puede con esa caja que lleva entre las manos. Nada me cuesta
hacerle un favor. —sus palabras me hubiesen tranquilizado más si una sonrisa
las acompañara. Pero ese no fue el caso. Por el contrario se limitó a dejar las
cajas de la cubertería y las tazas encima de una de las poltronas de la sala y
tomó asiento en el sofá. —. Terminará haciéndose daño en la columna sin ninguna
necesidad cargando cosas tan pesadas, señorita Swan. Termine de hacer lo que
necesite, yo acá le espero para hablar.
No pude
evitar tragar grueso mientras iba hacia la cocina. Si él estaba aquí para
decirme que me alejara de su hijo, se iba a armar un buen debate pues yo no lo
aceptaría de muy buena gana. Quizás fuese una descarada al pensar eso luego de
que fuese yo la que se había largado corriendo de su casa, pero eso no me impediría
en lo absoluto luchar por lo que quería. Mejor ser considerada una
desvergonzada a una sumisa dispuesta a ser vapuleada. Así que descargué el peso
en el tope de la cocina y volví hacia la sala dispuesta a enfrentarme a lo que
fuese que me dijese el padre de la persona a quien más amaba en todo el
condenado mundo.
—No vine a
pelear, señorita Swan, si es eso lo que cree, su pose desafiante puede dejarla
a un lado.
Me dejó de
una pieza en medio del pequeño salón. Me sentí un poco ridícula también.
—¿Ah no?
¿Entonces a qué vino si no es a reprocharme por mi partida?
Él medio
sonrió, me indicó que tomase asiento frente a él y luego me miró con algo que
reconocí como astucia. Lo que no debía sorprenderme pues estaba ante uno de los
abogados más renombrados no solo de la ciudad sino del estado completo de
Washington.
—No vine para
nada de eso. En realidad vengo a recordarle algo —lo miré sin comprender nada,
a lo cual él sonrió—. Verá… cierta señorita me hizo comprender un día de una
forma frontal y sin demasiadas vueltas que estaba tratando de llenar vacíos con
mi adicción al trabajo. Todo eso a causa de no saber cómo sobrellevar la
condición autista de mi hijo. Ahora, después de darme cuenta que esa
joven era capaz de enfrentarse a cualquiera por defenderlo a él, incluso a mí
mismo, vengo a hacer lo mismo con ella. A recordarle que una persona le está
esperando, echado en un peculiar mueble en forma de gota que pende del techo; y
que no ha dejado de mirar por la ventana de su cuarto en espera de que
acontezca algo. No sé usted, señorita Swan pero yo no deseo ver a Edward
aguardando por usted durante mucho tiempo. No sé qué repercusiones pueda traer
en su contra y sobre todo, no quiero seguirlo viendo tan alicaído. Es como
sufrir su dolor en mi propia piel. —Esa mirada de zorro en su cara me decía
muchas cosas: Sí, estoy manipulándote. Y no, no siento ningún remordimiento por
ello. También sé que lo sabes, y cuento con ello. Te estoy devolviendo la baza
de hace un tiempo atrás, y me encanta.
Puede que me
estuviese armando una novela en mi cabeza, pero la verdad era que ese lee
atisbo de sonrisa en el rostro de Carlisle era el típico gesto que esperarías
en una sala de negociaciones o en un juzgado. Aún así, la emoción se me agolpó
en la garganta, mi ángel había estado esperando por mí. Tras varios tragos
gruesos de saliva, finalmente pude hablar:
—Mi idea
jamás fue hacerle daño a Edward, señor Cullen. Por el contrario, todo lo que
quiero para él es lo mejor. Sé que no he hecho las cosas bien últimamente, pero
le juro quería enfrentar todo eso.
—No esperaba
menos de la mujer que me hizo entender que estaba siendo un mal padre.
—¡Nunca le
dije tal cosa! —rebatí.
Su abierta
sonrisa despreocupada me tomó totalmente por sorpresa. Esperaba de él cualquier
cosa, incluso una demanda por incumplimiento de contrato, pero no. Allí estaba
Carlisle Cullen, sentado en la sala de mi casa; y ahora de Alice también;
riéndose de mi horror.
—No hizo
falta que lo dijeras. A buen entendedor, pocas palabras, señorita Swan —su
semblante se volvió sumamente serio cuando volvió a hablar—. Confío en que
sabrá arreglar las cosas, al fin y al cabo es una mujer muy lista. Solo me
queda decirle una cosa más… —se puso en pie y caminó hacia la puerta pero en
ningún momento dejó de mirarme a los ojos con fijeza— Usted comprendió cuando
cometimos errores, ahora nosotros comprendemos porqué usted cometió los suyos;
puesto que nadie ha dicho que sea fácil enamorarse. Por eso le pido que
recapacite en su decisión de renuncia. Y no se lo pido como su antiguo jefe,
sino como el padre cuyo joven usted le devolvió.
Pasados
varios minutos aun seguía mirando la puerta por la que había salido el gran patriarca
Cullen y que momentos antes me había pedido que volviera a su hijo.
Como si
hubiese otro lugar en el que prefiriese estar que a su lado.
*.*.*.*.*
Alice POV:
—Hola, me
alegro que sigas despierto. No estaba segura de que me atendieras a estas horas.
—dije en medio de susurros para no molestar a Bella que ya dormía desde hacía
unas dos horas y medias atrás.
—Sí, es
bastante tarde pero no podía dormir. ¿Cómo has estado?
—Supongo que
mejor que tú —pasó un rato en silencio— ¿Edward, sigues ahí?
—Sí.
—¿Y por qué
no me hablas?
—Porque no me
habías preguntado más nada. —una respuesta típica de él. Sonreí para mis
adentros.
—Tienes
razón.
—Lo sé. —dijo
con tanta convicción que me costó horrores no soltar una carcajada escandalosa.
—Si sabes
tanto, sabiondo ¿Por qué no tratas de adivinar a quién tengo ahora conmigo?
—¿Cómo puedo
saber quién está contigo si yo no estoy allí?
Perdí la
batalla contra la risa.
—¡Eres un
sabelotodo! Bueno, te lo diré. Bella está conmigo.
Pude escuchar
como dejaba escapar una bocanada de aire con fuerza. En mi interior, recé para
que no le diese una crisis nerviosa porque no sabría cómo solucionarla. Y mucho
menos desde un simple teléfono.
—¿Có…Cómo
está ella? ¿Pregunta por…? Yo…
—Edward, ella
te echa mucho de menos. Está muy triste desde que se fue de tu casa.
—Pero me
dejó…yo sé que fui muy grosero, pero Bella se fue… —le interrumpí antes de que
siguieras con su divagaciones.
—Ed,
escúchame. Ambos deben hablar, y mucho ¿Crees que podrás escucharla? Tiene
cosas muy importantes que decirte.
—¿Cómo qué?
—Eso no te lo
puedo decir yo, pero me gustaría que la escucharas. ¿Lo harás?
—Sí. Lo haré,
Alice. —su tono no dejó lugar a dudas de que hablaba más que en serio.
—¿Me lo
prometes?
—Te lo prometo.
—Buen chico.
Te mereces un buen tarro de galletas de canela por ser tan bueno. —intenté
premiarlo.
—No soy un
perro, Alice. —se quejó, haciéndome reír.
—No. No lo
eres, Ed. Disculpa.
—Está bien.
—admitió. —Pero igual quiero mi tarro de galletas.
Puse los ojos
en blancos. Era una versión dulce por fuera, pero por dentro a veces llevaba a
un dictador.
—Y te las
prepararé, te lo prometo. Apenas hables con ella.
No sé cómo
pudo haber tomado eso puesto que un silencio se apoderó del teléfono, solo podía
escuchar su respiración acompasada.
—Edward, voy
a irme a la cama ¿Está bien? Tú deberías hacer lo mismo. Nos vemos dentro de
unas horas. Que des…
—¿Alice? —por
fin habló.
—¿Dime?
—¿Le podrías
decir a Bella que aunque fui grosero con ella, la quiero?
Una ola de
ternura me sobrepasó. Edward era complicado en muchas cosas, pero demasiado
fácil quererlo cuando soltaba cosas como esa.
—Cla… claro
que puedo, Ed. Pero creo que sería mucho mejor que se lo dijeras tú en persona.
—le sugerí por lo bajito.
—Claro.
Tienes razón. —estuvo un breve instante en silencio y volvió a hablar. —Y oye,
Alice…
—¿Si?
—Dale un beso
por mí ¡Pero no la despiertes! A lo mejor así sueña conmigo. —su tono de voz se
volvió más triste de lo que me había parecido antes.
Y hasta que no
prometí hacerlo, él se negó a colgar. Quizá a lo mejor se quedaría un poco más
al lado del teléfono esperando por si volvía a sonar. Pensé en ello mucho más
de lo que esperaba cuando traté de dormirme un buen rato después.
Subí a la
habitación de mi amiga y le di un suave beso en la mejilla, cuidando de no
despertarla para que no pensara que me estaba poniendo un poco rara con ella. Pero finalmente había
fracasado en el pedido de Ed. La había despertado.
—Un ángel te
lo ha enviado. —se paró de golpe, pero ya yo iba saliendo de la habitación—. Y
por cierto, ya luego me podrás dejar calva —le guiñé un ojo y salí de allí con
una sonrisa de satisfacción.
*.*.*.*.*
Cuatro días después…
—No sé si sea
buena idea ¿No deberíamos haber llamado antes? —decía Emmett quien iba al
volante.
—Por favor…
¿Quién mejor que yo para saber si está o no está? ¿Cierto, Edward? ¿Edward?
No sabía si
me ignoraba deliberadamente al estar mirando por la ventana debido al
nerviosismo, o si estaba teniendo uno de sus episodios de ensimismamiento, pero
no quise presionarlo más. Bastante tenía con haber pasado varios días sin
verla.
Cuando
llegamos a la casa, Emmett se estacionó tras la camioneta de Isabella. Me
siguieron los dos. Saqué las llaves de mi pequeña cartera y cuando abrí la
puerta, me encontré con un joven de tez morena sentado en el sofá de la sala.
Supe que los muchachos lo habían visto porque cada uno se situó a mis costados.
Bella apareció entonces con una caja que le impedía vernos. Se la colocó en el
puesto al lado del chico que supuse sería el fulano…
—Aquí están,
Paul.
—Bella, deja
que te ayude. —dijo él levantándose de forma solícita.
Entonces todo
pasó demasiado rápido: Bella vio hacia la puerta, Paul la vio a ella y a
nosotros, Emmett tomó a su hermano del antebrazo de manera preventiva y Edward
veía a Bella y no parecía nada feliz.
—¡¿Y quién es
él?! —preguntó Edward. El cual podría ser muy inocente, pero que en ese momento
tenía muy poco de ángel.
¡¡¡Dos meses!!! Dios, cuanto lamento haberlas hecho
esperar tanto. Pero, para quienes han experimentado como son los procesos de
las tesis, saben que no son nada fácil y en absoluto predecibles. Muchas
gracias a todas aquellas que se tomaron la molestia de mandarme palabras de
ánimo tanto en mi blog The Moon´s Secrets como en mi cuenta de Fanfiction.
Les pido disculpas por no contestarles sus reviews
anteriores, pero el tiempo no me lo permitía. Así que de ahora en adelante ya
podré permitírmelo y les pido que por favor que si me hacen alguna pregunta
desde un perfil anónimo en FF, déjenme un email al cual responderles.
Hasta
la próxima, que les prometo… no tardará tanto en llegar.
Oficialmente
¡¡¡¡HE VUELTO!!!!
Les
quiere…
*Marie K Matthew*
Te mato degolló si me haces no los hagas sufrir 77'
ResponderEliminarTe quiere Evelyn Gómez ^^
Aw esta preciosoo *-* no habia reaccionado en tantas cosaaas... Tienes una mente increible!! Me encanto pero PORQUE LO DEJASTE ASI? T_T dioos te comprendo... Aunqe no lo he pasado personalmente lo de la tesis pero actualizarias mas pronto esta vez? :3 te quiero (:
ResponderEliminarLizza (:
Omg hasta cuando va a dejar de sufrir Edward espero que me sorprenda y no se tome las cosas muy mal y crea que Bella esta con ese Paul no me gusta ver sufrir a Edward de esa manera no se si estoy mal pero Bella en estos momentos no es mi persona favorita en espera del siguiente capitulo
ResponderEliminarsaludos y abrazos desde México
me encantan tus fics y este esta belicismo y fuera de lo común manejas muy bien lo relacionado a el autismo, sigue así que tu musa siempre te acompañe. besos desde Venezuela.
ResponderEliminarSARGENTA GISELE REPORTÁNDOSE:
ResponderEliminarmi dios marie... casi me muero de la impresión... me encanto el capitulo, y ya te voy diciendo que me gustaría ver esa independizacion de ed/be me gustaría ver como se desarrolla y principalmente como lo toma edward...
me hubiese gustado ver la cara de edward cuando vio a paul jajajaja pobre mi ángel, vaya a saber uno que habrá pensado...
bueno nena ame el capi y espero por todo el amor del mundo que vuelvas a publicar pronto!!!! necesito la reaccion de edward...
atte: Sargenta Gisele
me encanto y comprendo eso de las tesis cuando el novio de mi hermana hizo la suya lo hizo ver su suerte. esperemos que ya no sufra tanto edward y por fin ya esten otravez juntos besos
ResponderEliminarHola nena espero que todo valla genial con tus estudios y valla si que vale la pena esperar por cada capitulo de tus historias ,me traen fascinadas y nos dejas con ganas de masssssssssss...Y por fissss no hagas sufrir tanto a nuestro angel.....Besos y abrazos...Cuidate...
ResponderEliminarWuowww un angel celoso??? Marie gracias por el capi, espero que tu tesis salga muy bien!!! Gracias por el esfuerzo de regalarnos tus palabras mientras estas ocupada con algo tan importante.
ResponderEliminarMe gusto mucho el capi y espero que puedas actualizar pronto ya que quiero saber como va a seguir esto, presiento que va a ser un poco entretenido, besotes!!!
aaaaaaaahhhhhhhhh quedó emocionante!!!
ResponderEliminarme encantó el capitulo.
Te entiendo con lo de la tesis... yo empiezo oficialmente con la mia... uff pero bueno... dejaré mi trauma para otro dia... me super encantó el capitulo
aaaaaaaahhhhhhhhh quedó emocionante!!!
ResponderEliminarme encantó el capitulo.
Te entiendo con lo de la tesis... yo empiezo oficialmente con la mia... uff pero bueno... dejaré mi trauma para otro dia... me super encantó el capitulo
oh... Dios que va a pasar ahora???? yo lo quiero saber ahora.... Amo a Ed jejej
ResponderEliminarHola nena me alegra que estes devuelta y espero que todo te haya salido bien con respecto a tu tesis, como siempre el capitulo muy bueno, te mando un abrazo, tu amiga Pili (caroline en Fase).
ResponderEliminarCarajooo!! cómo nos dejas así? semejante intriga la que nos has dejado, bonita.
ResponderEliminarDefinitivamente la espera valió la pena, que pasará con Eddie... cómo lo tomará todo.. ashhh ya quiero el siguiente, pero igual tómate tu tiempo...como dije anteriormente la espera vale.
Bueno chica, sin más que decir...
Sayonara y saluditos desde Colombia
Por fin Marie..no sabes como me alegro en saber que has vuelto, extrañaba tus historias principalmente esta y logico a ti tambien nos haces mucha falta..espero que tu proseso de tesis fue todo una maravilla y que lograste lo deseado a mas que viniendo de ti tengo la certesa que asi fue..
ResponderEliminargracias por mas este precioso capi..gracias
espero pronto el proximo..
besos..tqm
actualizaaaa porfavorrrrrrrrrrrr
ResponderEliminar