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Espero que tu estancia en mi blog sea placentera, Mis Fanfics están protagonizados por personajes de Stephenie Meyer, pero las historias me pertenecen a mí. Advertenciaa: Rated: +M (+18)

Corazón De Cristal

"-Pareces un ángel ¿te lo habían dicho? Quizá lo eres y nosotros no somos capaces de comprenderlo." -Isabella Swan.

Tirano

"Un hombre que no tenía la palabra DEBILIDAD en su vocabulario...y una mujer sencilla y sensible que demostrará que hasta el más insensible y frío es capaz de caer por amor"

Anhelo Desde La Oscuridad

"Serás mía por toda la eternidad..Lo quieras o nó" -Edward Cullen.

Sin Alternativas

"Solo una mirada bastó para dar un vuelco a mi vida." -Rachel Black.

El Primer Amanacer

Te amé más allá de la razón. Te entregué todo: mi niñez, mi cuerpo y alma; incluso mi voluntad. Pero ya no más. No pienso seguir viviendo de tus migajas. Aunque te ame con todas mis fuerza; me voy para siempre.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Tirano - Tercer Capítulo:


“Rencor y Lujuria

Juntas largas como el infierno. Deberían prohibirlas en algún estatuto de la condenada Ley del trabajo o algo así. Para resumir una anécdota que se puede tornar bastante aburrida; les cuento que estaba encerrada desde hacía casi dos horas en una sala de reuniones con la directiva de Le Mademoiselle y por supuesto, con Edward Cullen a mi lado. Quizás era eso lo que me tenía asfixiada. Bueno, lo admito. Definitivamente era eso lo que me tenía con una sensación apabullante de claustrofobia, mi piel quemaba como el demonio, eran horribles las sensaciones que me hacía pasar estando solo a mi lado, y además anéxenle a la ya de por sí muy incómoda situación, incluyendo un tema que era inundado por una bola de comentarios aburridos y absurdos sobre lo que debería hacerse para recaudar fondos a un orfanato de la ciudad.
¿Qué clase de gente propone realizar un baile de gala para eso? ¿Acaso llevarán a los niños para que se diviertan allí? Ja! No lo creo. Conocía a tres cuartos de los presentes y eran unos encopetados de mierda que muy seguramente si se les acercara un huérfano en la calle con mucho repudio le daría unos 5 dólares y lo mandaría a pasear para que no los molestara más. Hasta allí llegaba lo que muchos de ellos consideraban que era el altruismo.
Para serles sincera, la zorra ausente de Tanya Denali hacía falta allí. El departamento de publicidad estaba dando lástima con cada propuesta que hacían. Casi sentía pena por Carlisle y por Edward que debían escoger entre esas ofertas estúpidas y aburridas que estaban exponiendo. Para mí, lo que se estaba presentando se podía clasificar en dos tipos de opciones: las malas y las mediocres. Me estaba costando decidir cuál de las dos era peor que la otra.
Tras una agónica media hora más, tuve que soportar las babosadas que seguían exponiendo allí, mientras que en mi mente lo único que pasaba eran las ganas de agarrar a Edward por el cuello y estrangularlo. ¿Cómo se podía ser tan cabrón en la vida y estar tan tranquilo al lado de la persona que habías jodido? Había que ser de piedra y él ya tenía más que demostrado sus talentos en ese tema en particular.
Recogí mis notas, la agenda de mi jefe, los bolígrafos, la blackberry y me puse en pie para hacer como los ejecutivos de la alta gerencia; o sea; irme pitando de allí antes de que a algún loco se le ocurriera otra “fabulosa idea” y me jodiera la hora de almuerzo. Bueno…supongo que igual lo hicieron…
Edward me tomó del brazo y me haló hacia él cuando nadie podía verlo y yo tratando de evitar un escándalo aún más vergonzoso que del que ya había dado el día anterior, le permití que me agarrase pero me acerqué a él y le susurré:
-       Le ordeno que me suelte de una vez antes de que pierda la compostura delante de los eje…
-       ¡Edward! ¡Señorita Swan! ¿pueden venir un momento? – Carlisle seguía sentado a la cabeza de la larga mesa con un montón de papeles frente a él.
Su hijo me soltó de ipsofacto, no sin antes dedicarme una taladrante mirada que me prometía un mal rato luego de que se librase de lo que fuera que se nos viniera ahora encima.
Caminamos hacia él, quien nos veía a ambos con el ceño fruncido.
-       ¿Pasa algo?
Con delicadeza me deshice del agarre de Edward para que su padre no se diera cuenta de la tensión que había en ese momento.
-       Nada, señor Cullen. – dije mientras me acercaba al lugar en donde él estaba sentado. – Le decía al vicepresidente que si no me necesitaba para más nada, me iré a almorzar ¿me necesita usted para algo en específico?
“Que diga que no…que diga que no…”
Cerró de golpe la carpeta llena de papeles, la colocó en su maletín de cuero italiano de color marrón oscuro. Me sonrió con displicencia y se puso en pie.
-       ¿Almorzará con alguien, Isabella?
Noté la repentina aprehensión que se apoderó de Edward, y aunque me hubiese gustado darle en las narices con un buen: “Sí, por supuesto. De hecho no lo puedo dejar esperándome por tanto tiempo”, no podía hacerlo, se me daba fatal el mentir, así que correría el riesgo de quedar en total ridículo delante de ese engreído que tenía por jefe.
Negué con la cabeza, sin hablar.
-       Pues la invito a almorzar. Y a ti también, Edward. – se encaminó hacia la salida y nosotros lo seguimos sin vernos a la cara. – Hablaremos de lo tediosa e infructífera que fue esta reunión.
Sin poderlo contener se me escapó una risita imprudente, Carlisle se viró para verme y disminuyó su ritmo para adecuarse al mío y poder prestarme atención.
-       ¿Puedo interpretar esa risa como un asentimiento a lo que dije, señorita Swan?
-       Delo por hecho.
-       Me alegro. Por un momento pensé que era el único con ganas de tirarme por la ventana de la sala de conferencias.
Volví a reírme pero esta vez sin tapujo alguno y me acompañaba la risa de aquel atractivo y poderoso rubio que caminaba a la par conmigo.
El Mercedes CLK 500 en un reluciente color negro, nos esperaba en toda la puerta principal del edificio administrativo de Le Mademoiselle. Me extrañó que en vez de tener un práctico auto de cuatro puertas, este opulento sedán tuviera solo dos; pero me convencí internamente que justo allí estaba la respuesta a mi pregunta. El carro era un lujo.
-       ¿Qué le gustaría comer, Isabella? – me preguntó Carlisle sacándome de mi ensimismamiento. Gracias a Dios que en cuanto entramos al auto fue él quien optó por sentarse a mi lado y no Edward, que por supuesto optó por el lugar del copiloto, en vista de que nosotros ocupábamos el asiento trasero.
Me encogí de hombros, desinteresada por ese detalle.
-       Escojan ustedes, señor Cullen. Soy poco quisquillosa en ese sentido. Lo mismo pueden ser unas Big Tasty*, como unos sushi rolls tempurizados*. Mientras que no hayan mariscos o anchoas en el menú; todo estará más que bien. – le comenté con naturalidad.
Él me miró como si lo hubiese sorprendido con mi opinión.
-       Vaya. Esto es completamente inesperado. Creí que escucharía el típico discurso sobre alimentos con puntos o el régimen de Atkins*. Es usted una caja de pandora, señorita Swan. Y es muy agradable descubrirlo.
-       Sería mejor describirme como la pesadilla de la comida sana y una total vergüenza para los expertos gourmet. Pero gracias por el cumplido. – bromeé y pareció que mi triste prospecto de chiste le causó gracia al padre de mi jefe directo; el cuál por cierto estaba haciendo una imitación fabulosa de “Cómo convertirse en una momia”.
No opinaba, no miraba y no se movía y muchos menos se reía. Ahora que estaba al tanto de lo tensa que era su relación con Carlisle, podía observar  como permanecía rígido siempre que estaba en su presencia; como si esperase ser corregido por algún fallo en público. Casi sentía pena por él; pero la palabra clave de esa oración era el “Casi”, y lo decía debido a que cuando me descubría sintiendo compasión por él, recordaba con dolorosa claridad cómo me había tratado después de haber tenido sexo en mi departamento. Y para completar la lista de “las cagadas más resaltantes de Edward Cullen”, tenemos la escenita con la zorra pelirroja de Tanya Denali en su propia oficina.
Así que en resumen: prefería que me utilizaran como tapete en un acto con elefantes circenses, antes de dejar que Edward viese en mi expresión algo que no fuese frialdad.
Punto final.
Carlisle le dio órdenes a Embry; su chofer personal; para que nos llevase a Koi Sushi & Bar. Su restaurant favorito de comida japonesa.
Llegamos, nos sentamos (Carlisle en la punta y tanto su hijo como yo lo hicimos a cada uno de sus flancos. Quedando así frente a frente) y ordenamos.
El elegantísimo señor Cullen cerró el menú dándose por vencido frente a su indecisión. Le entregó la carta al mesero y me señaló con un suntuoso movimiento de mano.
-       Pediré lo mismo lo mismo que la señorita. Unos sushi rolls de salmón tempurizados con salsa de bananas. Y unos shots de sake no estarían nada mal mientras que esperamos la comida. – el joven asintió y se largó sin decir nada más que “Como usted guste, señor Cullen”.
No me extrañó que lo reconociera porque ¿Quién diablos que viviese en “La ciudad que nunca duerme” no conocía al poderoso magnate Cullen? Las mujeres se volvían descaradas en su presencia. Y los hombres; incluidos muchos envidiosos y oportunistas; lo adulaban constantemente por sus continuos logros.
El mesero llegó con tres pequeños vasitos de porcelana japonesa negra en los cuales venía el sake.
-       ¡Por un almuerzo liberador en la buena compañía de la señorita Swan!
La cara de Edward fue de automática amargura, sin embargo chocó su tacita con las nuestras mientras susurró entre dientes:
-       Salud, por eso.
Después de sentir el exquisito sabor del dulce vino de arroz bajando por mi garganta dejé el resto del shot en la mesa y luego comenzó la conversación que se había estado postergando.
-       Bien. – dijo Carlisle a lo que se tomó su sake. Luego juntó sus manos en señal de reflexión y miró a su hijo. – Dime tu opinión acerca de las propuestas del departamento de publicidad.
Para disgusto mío me hipnotizó el natural movimiento que hizo al tocarse el cabello castaño dorado y revolvérselo antes de contestarle.
-       La verdad es que fueron planteamientos bastantes decepcionantes. Primero que nada ¿Qué demonios fue eso de Un Baile de Gala? ¡Por dios! Esos niños necesitan alimento, educación y atención médica; no una bola de aristócratas vestidos de Channel y Donna Karan, presumiendo de cuanto aporta cada quien. – su comentario me llenó de orgullo, pero decidí fruncir los labios para no dejar escapar una sonrisa delatora.
Para sorpresa mía su padre no parecía conforme con su respuesta, pero decidió mirarme a mí en vez de exigirle algo más que lo hiciese quedar como un intolerante. No me agradó para nada ese gesto, sin embargo lo disimulé bastante bien.
-       ¿Qué opina usted, Isabella? – normalmente odiaba como sonaba mi nombre; y en ese momento en específico, lo aborrecí. En solo una boca había sonado celestial y yo trataba con todas mis fuerzas no pensar en ella.
-       Concuerdo totalmente con lo que el señor Edward acaba de decir. Si hay que hacer una actividad para recaudar fondos para los niños ¿Por qué eventos que esos niños disfruten y que a la vez generen ingresos?
-       ¿Cómo por ejemplo…?
-       ...Un día de feria. Se podría visitar el orfanato y conocer su espacio físico y si tiene un patio extenso; como normalmente hay en esos lugares; podríamos alquilar las atracciones y colocarlas allí para no alquilar un terreno. Colocar máquinas de algodón de azúcar, de hot dogs, helados y todo lo que sea necesario. Obviamente tendríamos que invitar a los mismos que se habían contemplado en para el baile de gala, pero de esta manera los huérfanos podrían disfrutar de esta actividad. – cuando terminé de opinar me percaté de que ambos me miraban como si me hubiese crecido otra cabeza. Me puse nerviosa y agregué: - Claro, que yo no soy experta en publicidad y esto solo fue lo primero que se me pasó por la cabeza…
-       ¡Y me parece genial! – me interrumpió Carlisle. Me quedé perpleja y eso no le pasó desapercibido. Me sonrió con naturalidad. – Hablo en serio, señorita Swan. Si esto fue lo que propuso sin pensarlo demasiado, me encantará ver lo que sale de su cabeza con mucho detenimiento…
-       No…no lo entiendo, señor. – le dije escéptica.
-       Ni yo tampoco, papá. Explícate.
Y justo en ese momento llegó la comida, ansiosos por saber los detalles que estaba a punto de darnos Carlisle; tanto Edward como yo nos quedamos sin ver a otra parte que no fuese a él. Cuando nos dejaron los meseros, el presidente de Le Mademoiselle tomó la palabra de nuevo:
-Te voy a ofrecer una oportunidad única, Isabella. – parpadeo…parpadeo…
- Sí. Como bien sabes, la jefa del departamento de publicidad, Tanya Denali nos tuvo que dejar por motivos personales…- “…y yo cada noche lloro sobre mi almohada esa pérdida…” - …y la verdad es que no tenía ningún candidato idóneo visualizado para ese puesto. Ya sé que tú no estás especializada en eso, pero me gustará averiguar cómo te desempeñas en este proyecto y si te va bien el puesto es tuyo. Si te va mal, vuelves a ser una asistente personal; más no puedo prometerte que seas la de Edward de nuevo. Por supuesto, te pagaré esos días, como directora creativa.
Silencio…un gran silencio se extendió en la mesa y solo fue roto cuando un muy indignado Edward abrió su boca.
-       ¿Me estás dejando sin asistente? ¡Por Dios, padre! Me dijiste que me querías encargar este proyecto y piensas que no necesito alguien que me ayude a organizarme…?
Su padre lo palmeó en el hombro instándolo a tranquilizarse…
-       Calma, Edward. No te pienso dejar sin ayudante. A penas lleguemos a la oficina, te buscaré una excelente asistente; eso si, la señorita Swan acepta mi propuesta.
¿Conocen esas miradas que dicen “Acepta o estás despedida, pero actúa como si me estuvieses agradecida”? Bueno. Carlisle me dirigió una de esas…y yo caí como imbécil…Pero Edward estaba con las mejillas rojas de la impotencia y en su mirada azulgrisácea la rabia le rayaba los ojos de manera acongojante.
-       ¡¿Si?! ¿Cómo más o menos, a quién? Porque Isabella es la única que me sabe llevar la agenda. Está al tanto de mis reuniones y lo más importante… - se me subió el estómago a la garganta y de repente se me antojó desmayarme sobre el plato de sushi. - …Ella conoce la manera en que me gusta que me hagan las cosas. ¿Por qué demonios me la vas a quitar?  
La sonrisa que le dio Carlisle se me antojó más descarada que tranquilizadora.
-       No te la voy a quitar, no seas infantil. Trabajará contigo de una manera diferente. – se acercó un poco a él y le susurró – Y ya deja el drama, que estás empezando a llamar la atención y haciendo una escenita. – y mientras que su padre me miraba de nuevo, él se quedaba impotente en su sitio sin poder replicar a semejante comentario. - ¿Qué me dice? Tenga en cuenta que no tengo tiempo de sobra para esperar su respuesta. Necesito que este proyecto se empiece a ejecutar esta misma tarde, y si tengo a alguien con las ideas claras como parece tenerlas usted, sería más fácil llevar las cosas a feliz término.
Mi mente se negaba a trabajar a su ritmo habitual pero al parecer a mi lengua no le ocurría lo mismo.
-       Sí. – dije para mi propia sorpresa. – Acepto.
-       ¡Fabuloso!. Ahora comamos, que nos espera mucho trabajo por delante.
Antes de bajar la mirada al plato, Edward me dedicó un buen instante de “No puedo creer que me hayas hecho esto” y vislumbre lo que no creían mis ojos, fue desepcion mezclada con tristesa o algo mas deprimente, eso lo deseche inmediatamente, él era Edward Cullen,, quien me trato peor que la basura, no podría estar triste por mi eso simplemente era imposible. Y despues de todo ya era muy tarde para arrepentimientos. Trabajaría con él, pero no para él. Asi las cosas incluso estarían mucho mejor para mi.
      El resto del almuerzo se paso entre comentarios mayormente por parte de Carlisle sobre cómo podríamos promocionar los próximos eventos, Edward se ensimismo, no sacaba la mirada de su plato a su bebida y en ocasiones miraba al vacio. Yo intente ignorar esa incómoda situación y me limite a escuchar a mi jefe y asentir en todo lo que decía.

*****
Más tarde cuando entré a la oficina de Edward, lo encontré detrás de su escritorio revisando sus emails; no parecía estar de mejor humor que en el almuerzo. De hecho, me daba la impresión de que sus dedos iban a partir las pobres teclas si seguían bajo las manos de ese hombre iracundo.
-       Con permiso. – dije desde la entrada. Le tendí la carpeta que llevaba en la mano, para que se diera cuenta que lo interrumpía por motivos de trabajo. – Acabo de recibir esto desde presidencia.
-       ¿Qué es? – me miraba y hablaba de forma indiferente y fría.
-       Un memo en el cual su padre nos informa acerca de cuando quiere que hagamos el evento del orfanato. Además, nos exige que lo visitemos mañana temprano para hacer el reconocimiento de las instalaciones y las necesidades reales de lo que amerita nuestro apoyo.
Clavó su mirada en la computadora sin ningún miramiento. Y yo harta y sin ganas de soportarle un desplante más, le planté cara:
-       ¿No puedes colaborar con este proyecto, Edward Cullen? ¿O es que me consideras tan poca cosa, como para no querer trabajar de buen modo conmigo? ¿Te cuesta tanto ser un poco profesional?
Se levantó indignado de su puesto y le dio la vuelta al escritorio, camino a la entrada y paso el cerrojo de la puerta, en ese instante mi pulso se acelero al mil, y me comencé a sentir claustrofóbica nuevamente, el solo volteo y se acerco para enfrentarme cara a cara.
-       Sabes muy bien lo que me pasa y no tiene nada que ver con que te crea poca cosa. Sé que tienes el concepto de que soy una escoria…una paria como hombre y sinceramente ahora no estoy de humor como para defenderme. – su aliento me golpeaba en la cara haciendo que cada hormona de mi cuerpo se despertase al llamado de la lujuria que aquel hombre encendía en mí. ¡Maldito fuera! – Lo que si te diré es que me hastié de que me traten como algo desechable y obviamente mi padre y tú supieron hacerlo muy bien en el restaurant hace unas horas.
-       No seas necio…
-       ¡No soy necio! Sabías muy bien como es la relación que llevo con él y aún así aceptaste como si nada. ¡Me dejaste en completo ridículo, por Dios!
Encolerizada por su comentario, di un paso atrás para pensar con más claridad y poder mirarle a los ojos cuando le gritara:
-       ¿Alguna vez podrás ver más allá de tus narices? ¿Crees que el mundo gira en torno a tus jodidos problemas? – chasqueé los dedos en su cara - ¡Reacciona! Hay un mundo ahí afuera que tiene una serie de problemas más graves que los tuyos y hasta los míos. – le dí de mala gana la carpeta y seguí con mi descarga verbal… - Enfócate en lo que realmente nos importa, Cullen. Y deja de crucificarte por una puta vez en la vida; así le harás un favor a la humanidad o por lo menos a los que hemos sido pisados por ti. El papel de redentor te lo robó otro hace dos mil años.
Caminé hacia la entrada con toda la majestuosidad que me permitía el haberlo dejado pálido con mi comentario.
Pero de pronto me vi atrapada de frente a la puerta con un fuerte cuerpo pegado a mis espaldas y que se restregaba impúdicamente contra mí. Sus manos apresaron  mis muñecas con fuerza y me pegaron los brazos contra la suave madera negra de la puerta de su oficina.
-       Me tienes jodidamente harto con tus desplantes de hoy. De ayer…¿quieres destrozarme? Bien, pero lo haremos de la manera correcta.
Jadeé.
-       ¿Y cuál es…esa?
-       A mi manera…
Y dicho esto me volteó con presteza contra su cuerpo y devoró mis labios con toda la violencia que le dio la reverenda gana. Dando tumbos por la estancia fuimos a dar al sofá de cuero negro que tenía en una de las esquinas y me sentó sobre su regazo de un tirón y sin aviso previo apretó mis pechos entre sus dedos sin delicadeza alguna. Me aferré a sus hombros buscando estabilidad mientras que las sensaciones embargaban cada recoveco de mi anatomía. Bastardo, sabía cómo encenderme… como más nadie lo había logrado hasta entonces…
Una de sus manos se coló entre mis pliegues sobresaltándome, ¿Cuándo había desabrochado mis pantalones? No me pudo importar menos. Me entregué a sus rudas y demandantes caricias mientras le comía la boca. Con mis labios deseaba castigarlo; por eso lo mordí con fuerza en el labio inferior, cosa que lo encendió aun más. Colocó su otra mano en mi nuca y me apresó en su beso mientras que los círculos que trazaba en mi clítoris me llevaban al inminente borde.
Se rió contra mí pero sin alejarse demasiado, las comisuras de ambos se rozaban cuando habló.
-       Debes odiar que tu cuerpo me demande tanto cuando tu mente quiere alejarte huyendo de mí. Pero me deseas y eso es malditamente más fuerte que tú enojo…o que el mío.  
Gruñí por su desagradable comentario, pero él lo tomó como un cumplido y sus dedos se adentraron en mi centro con codicia. Entonces lo tomé con fuerza de los cabellos y me encorvé encima de él. Dentro luchaba contra su dominio…y contra el orgasmo que se estaba formando en mi área pélvica.
Quise huir, pero él repentino éxtasis fue mi único escape…
Gemí contra él y reboté una y otra vez contra su mano que no paró de moverse hasta extraerme un último aliento. Se movió rápido para desabrocharse la bragueta y dejó al desnudo su sexo brillante y empalmado. Era hipnotizante ver como se ondeaba debajo de mí. Recordé como me había poseído en mi departamento y…hasta allí llegó la ola de placer.
Me levanté de su regazó como alma que ve al diablo y lo miré con desdén mientras me pasaba los dedos entre las ondas de mi cabello. Me abroché el pantalón con torpeza y me encaminé hacia la puerta, justo allí me volteé y le dije algo que aún por ser cruel no dejaba de ser cierto:
-       No importa cuánto te desee, Edward Cullen. Ni tampoco lo que eres capaz de despertar en mi cuerpo; porque siempre voy a recordar que detrás de tus caricias no hay más nada. Es solo sexo puro y sin trasfondo. Y puedes tener seguro como el infierno que no pienso servirte como juguete de desahogo. Hasta mañana en la mañana, vicepresidente.
-       ¿A dónde crees que vas?…-y me sujeto por la cintura.
-       Que le quede claro, esto no se volverá a repetir. Entre usted y yo solo hay una relación netamente profesional, y que le quede más claro todavía, nunca olvidare lo que me hizo, así que deje de hacer el ridículo y suélteme de una vez, vuelva a su miserable vida mientras yo trato de salir adelante con la mía.
Dicho eso solté su agarre y me largué de su oficina dando un portazo y con una humedad que se estaba tornando fría. Como mis encuentros con él…

******

A la mañana siguiente un Edward poco conversador pasó recogiéndome en la puerta de mi edificio a las ocho en punto. Ambos conversábamos de manera automática sin tratar de vernos demasiado  a los ojos. Quizás el temor de lo que despertaban nuestras miradas no solo lo sentía yo. Le comenté que el día anterior había hecho unas llamadas anunciando nuestra visita al orfanato de San Gabriel´s Children a primera hora y que su nuevo encargado, el joven Mike Newton parecía una persona muy afable con la cual tratar. A todo esto él respondía con monosílabos….si...no…hmm…
Las puertas del lugar eran de un metal carcomido por el óxido y que parecía tan nueva como un telégrafo. Dos jóvenes, de unos quince años más o menos, nos abrieron y nos saludaron alegres con las manos. Atravesamos unos extensos jardines que estaban en muy mal estado, hasta llegar a una inmensa casona que por su fachada parecía gritar: ¡Necesito una remodelación urgente!
Los pequeños correteaban por todas partes mientras que Newton nos esperaba a las afueras de la vieja edificación.
-       Buenos días. – nos dijo entusiasmado. Su sonrisa me pareció genuina y se la devolví gustosa. Estrechamos nuestras manos en un cordial saludo. – Usted debe ser la señorita Isabella Swan.
Asentí.
-       Un placer conocerlo, señor Newton. Y a la institución que maneja.
Apenado se sonrojó.
-       Como ve es una casona humilde con muchos niños y condiciones precarias para todo. Hace poco recibí el nombramiento como director de esta institución y casi de inmediato comencé a buscar apoyo de las empresas. Gracias al cielo que al menos una contestó.  – luego miró a Edward y le extendió la mano educadamente como lo había hecho conmigo. – Es un placer conocerlo, señor Cullen. La señorita Swan me habló de usted.- se rió nervioso - …Y media prensa cosmopolita de New York también.
Edward fue muy cortés y se movió como el empresario exitoso que era, encantando a todo el que lo conociese…por fuera.
-       El placer es mío, señor Newton. Y para la empresa Le Mademoiselle es también un honor que nos dejen colaborar con estas instituciones que tanta ayuda ameritan.
Asintió y con la mano izquierda nos hizo una invitación a seguirlo.
-       Les daré un recorrido por las instalaciones y luego pasaremos a mi oficina para hablar acerca de la actividad de la que me platicó ayer, señorita.
Media hora y muchos metros de jardines deteriorados después, llegamos a la oficina del director y tomamos asiento. Nos sirvieron amablemente unos cafés que dejaban mucho que desear por su carencia de sabor. Pero en un lugar en el que se está cayendo hasta el texturizado del techo, no podías esperar conseguir un expreso italiano. Además de que sería una clara muestra de corrupción.
Unos golpes de nudillos nos sacaron del ritmo de la conversación y todos volteamos hacia quien quiera que estuviese afuera.
Una joven pequeña y delgadita entró con una pequeña envuelta en una manta rosa pálida tejida. De su hombro colgaba un bolso color amarillo crema con tres pollitos bordados en el bolsillo delantero. Mike se colocó en pie apenas la chica atravesó el umbral y nosotros lo seguimos. La mirada de ambos fue de profundo pesar.
-       La acaban de dejar en la puerta, Mike. Se bajó una mujer joven y la abandonó en la puerta. Alex y Sam la vieron y me llamaron de inmediato. – supuse que serían los mismos chicos que nos habían recibido – Tendrá uno o dos meses como mucho.
Me acerqué a ella superada por la curiosidad.
-       ¿Puedo? – ella asintió y levanté la cobijita que tapaba su rostro. El aire se me escapó de los pulmones. La oficina me dio vueltas y el piso se tambaleó a mis pies; todo eso en el instante en que unos redondos y sonrojados cachetitos se develaron. Pero no fue eso lo que me había pasmado. Sino reconocer en esos pequeños ojos azules grisáceos y aquella boquita en forma de corazón las facciones de Edward.
-       ¿Qué pasa? – preguntó mi ex jefe cuando volteé a mirarlo con chocante asombro.
Sin pensarlo demasiado le contesté:
-       Mejor ven a ver tú que es lo que pasa.
Cuando él cruzó el espacio en dos zancadas y miró a la bebé que agitaba sus puñitos al aire y emitía tiernos gorgoritos; se quedó de piedra.
Y entonces supe que había visto lo mismo que yo. Unas facciones demasiado familiares para ser ignoradas. Tan familiares…que parecían que fuesen de su…hija.


*Big Tasty: Hamburguesa de Mcdonals.
*Sushi Rolls Tempurizados: Rollos de salmón crudo envueltos con arroz y algas. Cubiertos por una técnica que los asiáticos llaman Tempura; que consiste en pequeños bocados recubiertos con una mezcla de huevo y harina que posteriormente se fríen en aceite sumamente caliente.
*Dieta de Atkins: un régimen alimenticio que propone la pérdida de peso por medio de la ingesta de altas cantidades de proteínas y escasos carbohidratos.



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