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domingo, 19 de diciembre de 2010

Anhelo desde la Oscuridad - Quinto Capítulo:








“Visitas y hechos desagradables"

  • -      Buenas tardes, señor. ¿Puedo ayudarle en algo? – preguntó la joven con nerviosismo.
 Sabía que me había visto incluso antes de que entrase en la tienda, y la muy inocente pensaba que era el hombre más hermoso que habían visto sus ojos.
  • -      Claro que sí, señorita. – le respondo con educación. – Quiero ver la cama más grande, hermosa y resistente que tenga.
A la pobre casi se le salen los ojos de las cuencas cuando dije lo último.
  • -      Venga por acá. – me dijo indicando un largo con pasillo con una variedad de modelos de lechos, pero ninguno era de mi agrado, ni los blancos laqueados, ni los de grandes copetes que parecían haber sido robados de un castillo europeo. - …Y finalmente tenemos el modelo “Angel´s Paradise”. Una cama tamaño king size, elaborada en su totalidad en hierro forjado, pintada a mano por el artesano que elabora todas nuestras piezas. Además esta posee un dosel del cual penden cortinas realizadas en organza cristal blanca, que le otorga un toque de romanticismo al lecho.
Sonreí complacido ante la majestuosidad del objeto que tenía en frente, era perfecto como Ella. Como mi Bella.
  • -      Y hasta el nombre es perfecto…- pensé en voz alta.
La chica morena, delgada y con lentes me miró tímida y curiosa a la vez.
  • -      “Angel´s Paradise”…- le aclaré sacándola de su ensimismamiento.
  • -      Eh…si es…nuestra pieza más costosa hasta los momentos. – dijo medio aturdida todavía.
  • -      La quiero. Es perfecta y se ve resistente. Y principalmente eso es lo que busco. – sonreí para mis adentros imaginando a mi musa tendida en ella con ese babydoll que yo había substraído de sus cosas hace tiempo atrás, porque no quería que ella usara eso con alguien más que conmigo. Aunque tampoco dejaría que se acostase con nadie.
Jamás. 
Tendrían que matarme primero.
Isabella Marie Swan tenía dueño, y ese era yo, Edward Anthony Cullen y a quien no le gustara pues, tenía dos opciones. O me servía de alimento o simplemente lo asesinaba. Así de fácil. Nada se interpondría entre lo que yo he deseado más que a nada. Ella.
La ingenua joven que tenía en frente estaba sonrojada debido a mi comentario y trataba de ahogar una sonrisa. 
  • -      Le podemos ofrecer una gama extensa de artículos para la decoración de su alcoba, señor.
  • -      Me parece bien. ¿Tienes de esas almohadas de todos tamaños que tanto les gustan a las mujeres?
Ella río por lo bajo.
  • -      Sí. Tenemos los “cojines” – enfatizó – perfectos para su opción de compra. ¿con qué forma los busca? ¿cuadrados, rectangulares, cilíndricos?.
  • -      Me da igual, siempre  y cuando se vean bien. Todo debe verse espectacular.
Ella asintió en silencio y sacó una libreta para anotar lo que le había pedido hasta ahora.
  • -      ¿Es usted recién casado o va a casarse? – preguntó dubitativa-
Debí haber puesto una sonrisa malvada porque sentí como se acongojaba frente a mí la pobre chica. Así que intenté sonreír con displicencia.
  • -      Muy pronto. Es que ella aun no lo sabe.
  • -      Ah. Se va a proponer. Que tierno. – siguió anotando en su libretita. - ¿y está seguro que ella le dirá que si? Porque está haciendo un gasto…- por sus facciones me dejaba en claro que le iba a dejar un buen pellizco de mis finanzas a esta tienda. Pero eso no me preocupaba en lo más mínimo.
<<No tiene más opciones…>>
  • -      Sí. Estoy seguro de que dirá que sí.
  • -      Entonces, felicitaciones. Les deseo lo mejor.
  • -      Gracias…Ehh? – dije haciéndole señas como para indicarle que no conocía su nombre.
  • -      Angela Webber, señor.
  • -      Bien. Muchas gracias, Angela.
Nos dirigimos a caja y me dejé unos cuantos miles de dólares allí. Luego saqué mi billetera y le di una generosa propina a la chica que tan bien me había tratado. Casi se pone a llorar cuando se dio cuenta de cuánto era pero me hice el desentendido y salí de allí con mi orden de comprar que llegaría al día siguiente a mi casa.






La veía y la veía como se despojaba de sus ropas lentamente. Tal vez lo haría así por cansancio pero a mí me parecía tan sensual e incitador que apenas y podía contenerme de ir a tomarla para mí de una vez por todas.
Pero sabía que aún no era el momento adecuado. No esa noche.
Isabella se desprendía con serenidad de cada pieza que estorbaba en su infame y perfecta figura. Su chaqueta, su blusa, sus pantalones ejecutivos y luego con un poco más de rapidez de su brassier.
Me dejó ver una vez como sus hermosos y torneados pechos quedaban suspendidos en el aire y se mecían al ritmo de su respiración. Luego su panty de seda terminó en el suelo de la habitación para darme un corto vistazo de donde yacía el paraíso que yo tanto anhelaba: su intimidad.
Me relamo los labios con ansiedad viendo cómo se va a la ducha y disfruto de escuchar cada uno de los movimientos y roces que realiza en esa habitación. Y aunque no podía ver nada, mi imaginación trabajaba a mil por hora debido a mi muy desarrollado sentido del oído.

Y así pasan mis noches. Yo viéndola y deleitándome en su belleza angelical. Deseando con todas mis fuerzas encontrar una maldita señal que me diga que ya es el momento oportuno y que puedo proceder con tranquilidad.
Y mis días…suelen ser monótonos. Encerrado en la casa. No importaba si el día era lluvioso o solo nublado, ya que Bella era sumamente intuitiva, sentía cuando la seguía al trabajo y no se quedaba tranquila hasta que no entraba al edificio.
No quería ponerla en sobre aviso, aunque me preguntaba cual sería su reacción si nos encontrábamos cara a cara.




  • -      ¿Qué le sirvo? – preguntó una señora mayor y regordeta con un uniforme de color rosa vieja. Con lentes casi en la punta de su nariz, en su mano sostenía una libreta y un lápiz.
  • -      Solo un café. – le respondí de manera seca.
No era que planease tomar esa porquería humana pero debía aparentar estar consumiendo algo para no parecer un criminal a punto de hacer alguna movida.
La noche anterior había escuchado a Isabella decir que iba a pasar por café antes de irse a la oficina porque tenía mucho trabajo que hacer con Jacob Black.
Ese infame. Parecía un jodido poste de luz. Estaba en todos lados aunque no lo necesitasen. Era odioso. Debía darme prisa a buscar una movida que me permitiese deshacerme de él rápidamente sino podría estropearme todo lo que estaba construyendo, y por dios santo que no lo iba a permitir.
A las siete y cincuenta atravesó la puerta mi musa ataviada con uno de sus sosos trajes en color gris plomo. Se dirigió a la mesa que tenía en frente y tomó asiento. Estaba revisando unos papeles dentro de una de sus carpetas, luego suspiró como exasperada, levantó su vista y juro por todos los santos que mi mundo se vino abajo.
Sus pupilas se dilataron y una tímida sonrisa tiró de sus comisuras. Un delicado rubor adornó sus mejillas cremosas y en su mirar había algo más que simple fascinación… ¿Pero qué era?
Odiaba no poder leer su mente, eso definitivamente sería una ventaja.
Percibí de pronto un chispazo de determinación y luego tomó sus cosas para acercarse hasta mi mesa.
¿Suena muy idiota si digo que casi temblaba de ansiedad?


  • -      Disculpe. – y su voz sonó como música porque jamás la había escuchado tan de cerca. - ¿Nos conocemos de algún lado?
Le sonreí con sorpresa, sabía que me podía sentir pero estaba casi seguro de que no me había visto jamás. Que yo supiera.
  • -      Lo dudo. – dije finalmente – Jamás habría olvidado una mujer tan hermosa.
El rubor de sus mejillas se incrementó hasta lo imposible y de repente tuve que contenerme con todas mis fuerzas para no saltar encima de ella en medio de esa cafetería atestada de gente.
  • -      Disculpe usted, señor. – dijo avergonzada – Es que su rostro me pareció familiar. Con permiso.
<<No te vas a ir…>>
  • -      ¿No gustas tomar un café conmigo? Noté que acababas de llegar. Un simple malentendido puede terminar en una posible amistad. – dije con mi sonrisa torcida colgada en mi cara.
Ella aceptó sin mucho titubeo lo que me pareció genial, cual niño con chupete apenas podía disimular mi alegría y fascinación frente a la diosa que tenía delante de mí.
  • -      Supongo que tiene razón. Un placer. Mi nombre es Bella.
  • -      ¿Bella? Extraño nombre. ¿Eres italiana? – le increpé. A mí no podía mentirme.
  • -      En realidad me llamo Isabella. Es solo…la costumbre. La gente me llama Bella. Y sinceramente yo así lo prefiero.
  • -      Ah. Está bien. Entonces…es un placer conocerte, Bella. – experimenté un placer casi orgásmico al poder decir su nombre frente a ella, y luego poder rozar su mano tan tersa y suave como la seda más fina. – Soy Edward.
<<Tu futuro dueño, compañero, amante y creador…>>
  • -      El placer es mío, Edward. – asintió y luego demasiado pronto alejó su mano temblorosa de la mía.
No quise decirle el apellido que aun portaba, puesto que podía dejar en evidencia que había tenido un lazo con Carlisle; que ahora era su jefe; y si ella era lo suficientemente curiosa podía empezar a investigar. No quería que eso ocurriese.
  • -      Vas al trabajo por lo que puedo ver. –comenté mientras señalaba las carpetas que había puesto en una silla contigua a ella.
Asintió.
  • -      Soy la gerente general de “Cullen´s Publicity Office”. Es el edificio que está aquí al lado…
  • -      Lo sé. – la interrumpí – Gran organización. Felicitaciones, debes ser una mujer muy talentosa. Tengo entendido que allí solo aceptan a personal de primera calidad. – más que tener entendido, conocía muy bien a Carlisle. Él era demasiado perfeccionista incapaz de dejar pasar nada por alto.
Bella debía de ser muy buena en su oficio, aunque por lo que yo había constatado, sabía que sí.
  • -      Oh. Gracias. – dijo ella desviando la mirada.
  • -      Aquí está su café. – la mesera me colocó la taza en la mesa.
  • -      ¿Qué vas a querer, Bella?
  • -      Dos cappuccinos. Por favor. Uno para tomar aquí y otro para llevar.
La furia me recorrió hasta último de los huesos. Sabía muy bien para quien era ese segundo café. Lástima que no se me ocurrió comprar un poco de cianuro de camino hacia acá.
  • -      ¿Dos? – le pregunté entre dientes.
  • -      Si. El otro es para un compañero de trabajo. Le prometí llevarle un café puesto que hoy tenemos un día bastante atareado. – comentó como si no fuese gran cosa.
Apreté un puño por debajo de la mesa intentando controlar el acceso de furia.
  • -      Ya. ¿Es tu pareja?
  • -      ¡No! – se apresuró a contestar y yo reprimí una carcajada – Es solo un compañero de trabajo. Parte de mi equipo de trabajo.
  • -      Oh, me tranquiliza.
  • -      ¿Por…qué? – sus nervios estaban a flor de piel y yo disfrutaba de hacerla poner en ese estado. Era mi presa.
  • -      Porque creo que puedo seguir invitándole capuccinos a la beldad que tengo en frente. ¿O me he tornado demasiado atrevido?
Ahora fue ella quien sonrió pícara antes de responder.
  • -      Te has tornado atrevido, pero aún así puedes seguir invitándome a tomar café.. – en ese momento hizo un gesto tan involuntario como sensual, mordiéndose sus labios con cierto aire de vergüenza.
Mi deleite no le pasó desapercibido y se sonrojó de nuevo, pero muy poco me importó que se percatara de que mirada descaradamente a sus carnosa boca. Esos labios habían sido creados para fundirse con los míos y para ser mordidos por mí.
La sola idea me causaba problemas de autocontrol.
  • -      Tome. – le dijo la descortés mujer a Bella, entregándole su pedido.
Ella le dio un sorbo a su bebida caliente y por un segundo sentí unos celos enfermizos por ese insignificante objeto. El infame podía rozar sus labios sin ningún problema mientras yo solo debía conformarme con desearlos. ¡Maldición!


Desde la primera noche en que la vi el deseo de besarla me consume por completo, y aunque soy mucho más fuerte de lo que cualquiera de estos insignificantes humanos hayan conocido, o de que mi musa haya visto…debo controlarme. Así mi premio será mejor. 
La mesera se retiró.
  • -      ¿Está bueno? – dice para regresar a la conversación.
  • -      Está delicioso. – corrigió ella. – En su punto. – de pronto vio su reloj y se alarmó. - ¡Oh Dios! Apenas y tengo diez minutos para tomarme esto.
<<¡No! Ha sido demasiado poco. Aún no me lleno de ti>> pero que tontería. Jamás tendría suficiente de ella. 
  • -      Bien. Pues disfrutemos de esos escasos momentos que te restan.
Ella evadió su mirada de la mía. No entendía por qué hacía eso si lo único que yo quería era desvestirle el alma; y muchas cosas más; y ella se empeñaba en mantenerse como un misterio latente para mí. Esa mujer había nacido para desconcertarme.
Hablamos de unas menudencias más y luego accedió a que la acompañase hasta la puerta de su trabajo.
Caminamos en una amena charla de sus labores; cosa que yo conocía a la perfección por todo lo que la había espiado hasta ahora; y lo mucho que le agradaba su trabajo.
  • -      Muchas gracias por acompañarme; Edward. Fue un placer conocerte. – dijo retorciendo los dedos que encerraban el vaso de café. Esperé que al muy maldito de Jacob le diera al menos indigestión la porquería esa.
  • -      El placer fue mío, Bella. Supongo que si no es mucha molestia tolerarme, podríamos salir de manera menos…espontánea. – casi me río de mi propio sarcasmo.
  • -      Eso sería genial. En serio. Toma…- dijo abriendo el bolso que guindada de su brazo. Revolvió y revolvió entre el millón de mierdas que tenía en la cartera para hallar una tarjetita. – esta es mi tarjeta de presentación. Ahí tienes mi teléfono para cuando quieras ubicarme.
  • -      Me temo que podría querer tenerte siempre ubicada. – dije con una lasciva sonrisa torcida.
Ella sonrió avergonzada y deliciosamente sonrojada.
  • -      Adiós, Edward.
Y entró en su edificio mientras yo reía sin parar al ver la insignificante cartulina entre mis dedos. Era como la autorización para hiciese más de cerca de que ya llevaba haciendo previamente. Manteniéndola al alcance de mi mano.
Era sublime sentirme tan victorioso.






Estaba en mi casa puesto que eran las tres de la tarde. Esperaba una serie de papeles referentes a mis últimas inversiones en la bolsa, las mandaría mi socio y amigo inmortal, Jasper Whitlock. Tal vez amigo es una palabra exagerada, pero en términos generales diríamos que sí…era mi amigo.
En fin, el hecho es que a esas horas esperaba por su encomienda mientras tocaba el piano animadamente. En la noche llamaría a Isabella y le pediría una cita para salir a cenar con ella.
Eso me causaba risa, iba a pedirle “permiso” para verla; cuando por las noches me metía en su casa y revisaba cada una de sus cosas por el simple deseo de hacerlo. Me sentía con derecho de hacerlo. Porque era su dueño; solo era cuestión de tiempo que ella se enterase de eso. Y ya no faltaba mucho.
Abrí la puerta, inmerso en mis retorcidas cavilaciones y la sonrisa que tenía en mi boca se disolvió en la misma para suplantarla con una mueca de desagrado.
  • -      ¿Tanya? ¿Qué diablos estás haciendo aquí? ¿Cómo me encontraste?
La muy tarada me veía como si tuviese una visión bendita o una mierda así en frente de ella.
  • -      No sabes cuánto te busqué, amor mío.
  • -      Eres una demente. – le espeté con desprecio – Yo jamás he sido ni seré “tu amor”. No seas ridícula. Sabes bien que esas cursilerías me dan jaqueca. Al igual que tú. Así que responde.
  • -      No te diré como llegué aquí. Eso sería echar de cabeza a mis informantes, y no voy a dejar que los masacres. – dijo con autosuficiencia.
Sentí unas ganas inmensas de golpearla, pero por más vampira que fuese aún seguía siendo una dama y le debía al menos respeto por eso. Pero que no me sacar mucho de mis casillas porque pasaría por alto ese detalle.
  • -      Pues claro que lo haría. ¿Para qué viniste?
  • -      A verte. Te extrañaba, hace más de veinticinco años que no sabía nada de ti. Y hasta mi cama te extraña. – dijo mientras intentaba acariciar mi pecho, pero la esquivé hábilmente. - ¿Qué pasa, Ed? ¿Acaso no extrañaste mis caricias?
  • -      ¿Acaso veinticinco años lejos de ti no te responden esa pregunta? – dejé que el sarcasmo fluyera libre por mis gestos y mi boca.
Su rostro primero se contrajo de dolor y luego se enfurruñó.
  • -      Nadie te querrá como yo. – aun seguía en el umbral de mi puerta, no la quería adentro de de mi morada ni por un instante siquiera.
  • -      ¡A dios gracias por eso! – dije alzando los brazos teatralmente al cielo y dejándolos caer – Porque con una vampira acosadora y psicótica me basta. Los inmortales desequilibrados como tú no deberían andar libres.
  • -      ¡Eres un grosero! – vi su mano aproximarse a mi mejilla pero yo fui más rápido que ella.
  • -      Soy sincero y siempre lo he sido contigo, por lo cual no me explico que haces aquí
  • -      Vine a verte.
  • -      Eso ya lo dijiste y puedo constatarlo con mis propios ojos. No soy idiota.
Se acercó con movimientos sinuosos haciendo un intento por seducirme, pero no me encendió absolutamente nada. Ella no tenía nada de lo que yo quería.
  • -      Vamos, Ed. No seas aguafiestas. ¿Hace cuanto que no tienes una buena sesión de cama? recuerda lo mucho que nos divertíamos…
  • -      Eso era cuando yo tenía gustos bastante mediocres con respecto al placer. Lárgate, Tanya.
Entornó sus ojos con desprecio.
  • -      Algún día no muy lejano te tragarás tus palabras, Edward Cullen. Y me rogarás para que te acepte, entonces seré yo quien te desprecie tan malamente como tú me lo has venido haciendo…
  • -      Y todavía no aprendes. Además sabes muy bien que jamás me despreciarías, pero no estoy tan desquiciado como para volver a cometer el error de tener algo contigo. Tendría que haberme alimentado de alguien seriamente drogado. Quizás al borde de la muerte por tanta heroína. No. Ni siquiera así.
Y me reí por su cara de desprecio. Tanya jamás había podido entender lo que significaba un “Terminamos”. Así que había que ser un poco firmes con ella con respecto a ese tema.
Dicho todo lo que habíamos despotricado en el marco de la entrada, mi desagradable visitante se perdió de mi vista.
Agradecí que lo hiciera con rapidez luego cerré la puerta para luego dirigirme al piano de nuevo y esperar a se hiciese la hora de visitar a Bella; pero esta vez a mi manera.
O sea, sin su autorización previa. Mi estilo predilecto. 




Esa noche me llevé una desagradable sorpresa al ver a Jacob entrando al departamento de Isabella. Ese bastardo trataba de pasar con ella cada momento, la llamaba con frecuencia y ahora la visitaba, eso no lo iba a permitir. Ese lugar no era un motel para que entrase y saliese cualquiera, a pesar de que ella no lo llevaba para  acostarse con él, no dejaría que la viesen andando con él y que la gente pensase que estaban saliendo. ¡Ella era mía! ¡Mía y de nadie más!
Nadie sabía las noches oscuras que había pasado hasta que la encontré. Estaba sumido en una existencia sin valor que trascurría entre hacer negocios y aprender oficios solo por el hecho de pasar la eternidad de la manera más entretenida. Ella era mi luz en la penumbra, y mi posesión más preciada, que aunque aun no tenía en mi poder me pertenecía porque así lo decidí.
Cada curva, cada cabello, cada suspiro y cada respiro debían ser para mí y únicamente para mí. Su humanidad me sería entregada, o a efectos prácticos yo la tomaría. Así como su intimidad, se esencia de mujer.

Como siempre solo revisan papeles y notas. Bells le entrega una serie de órdenes y tres carpetas gruesas llenas de pendientes, luego lo acompaña a la puerta para despedirlo.
Me tranquiliza eso… ¡Hasta que el muy hijo de perra la coge por el brazo y la besa! Ella como puede lo aleja y por su postura se ve que no estaba nada cómoda.
¡Oh mierda! ¡Estás muerto, bastardo!
Solo necesitaba un pequeño pretexto para lo que estaba pensando en hacerle, y él muy imbécil me lo dio. Ya aprendería lo que era meterse con una mujer ajena.
Espero más enervado que de costumbre a que el tipo salga de una condenada vez del edificio y cuando iba cerca de donde estaba yo, salté con sigilo y lo seguí a través de la oscuridad de la noche, esperé a que nos aproximásemos a un callejón oscuro para atacarlo.
Y así hice…
Lo llevé casi arrastras con la boca tapada y las manos inmovilizadas hasta las orillas del río Androscoggin. Al lado de donde había una vieja fábrica de papel, ahora convertida en fábrica de cerveza.
Era una zona desolada a esas horas de la noche.
Cuando llegamos lo solté con rudeza hacia el suelo, él me miró con miedo y rabia, se puso en pie tan rápido como pudo mientras que yo me paraba frente a él con una sonrisa abiertamente malévola.
Ya casi saboreaba su esencia en mi boca, no era que oliese muy bien, pero no dejaría de alimentarme de él, succionaría sus fuerzas y vida por atreverse a profanar la santidad de los labios sin mácula de mi amada y protegida. Labios que eran solo míos.
  • -      ¿Qué demonios te pasa? ¿Quién eres tú? – me gritaba con pánico en el fondo de su voz.
Reí por lo bajo antes de contestarle.
  • -      ¿Quién soy? ¿No quisieras mejor saber…lo que soy? – tragó grueso y sus pensamientos se volvieron una maraña de imágenes recordando a su familia, sus padres muertos, sus hermanas, y por último en beso con Isabella.
Eso volvió a encender la llama que me corroía y me acerqué dos pasos hacia él. Este retrocedió cuatro.
  • -      Soy tu peor pesadilla y lo que me pasa se llama “Isabella Swan”.
  • -      No entiendo.
Rodé los ojos.
  • -      Aparte eres idiota. – luego me aparecí en su cara tomándolo de la camisa con rudeza haciendo crujir los tejidos bajo mi agarre, el cobardica tenía los latidos a mil por horas – Ella es “mi mujer” y tú acaba de besarla. Razón suficiente como para quererte muerto. Además ya he visto que la sigues constantemente
Un brillo de ira salió a flote en su mirar.
  • -      Bella no tiene dueño. – me gruñó
  • -      ¡Claro que lo tiene y se llama Edward Cullen! ¡Y lo tienes en frente, imbécil! Estaba harto de verte merodeándola pero esto se acaba esta noche ¿Me has entendido?
Mi respiración estaba agitada por lo molesto que estaba, quería matarlo, hacerlo sufrir y deshacerme de ese maldito estorbo en el cual Jacob Black se había convertido.
  • -      ¿Y por eso me vas matar? No eres más que un simple cobarde. Te sientes amenazado por mí. Sabes que le gusto.
  • -      ¡Hijo de puta! – lo golpeé en la boca mandándolo al suelo de nuevo pero esta vez con la mandíbula casi fracturada. – Entiende bien esto. Tú no me llegas ni a la mugre de los zapatos, y  jamás me sentiría amenazado por ti pero no por eso dejaré que te beses con mi mujer…
  • -      ¡Ella no es tuya! – gritó el tipejo tirándoselas de valiente.
  • -       ¡Sí que lo es! Yo pasé decenas de años esperando por alguien como ella y no permitiré que un simple un humano me la quiera arrebatar. Tu existencia no ha sido tan oscura como la mía, así que no la mereces.
  • -      Pero yo la quiero…
  • -      ¿Y eso debe de importarme un bledo? Porque en realidad no me importa. Mira Jacob Black… – abrió los ojos desmesuradamente cuando me escuchó decir su nombre – los vampiros somos seres fríos. Así es nuestra naturaleza, así que no creas que siento piedad alguna por tus sentimientos. Solo me importan los míos. Y estos me piden a Isabella Swan por encima de todo, incluso de mí mismo.
  • -      ¿Y que pasa con lo que ella siente?
  • -      Tampoco me importa. Ella será mía lo quiera o no. Tendrá una eternidad para hacerse a la idea de eso.
  • -      ¡No eres más que un maldito infeliz! – me espetó con asco.
  • -      Lo sé. Por eso la quiero, para cambiar eso.
Dicho esto lo tomé de la camisa y acerqué su cabeza a mi boca y clavé sus dientes en su garganta ignorando sus gritos. 
Dejé que su mugrosa esencia se deslizara en mí y me diera sus fuerzas. Poco a poco sus alaridos se fueron desvaneciendo y sus latidos apagando. Cuando apenas le quedaba un hilo de vida incapaz de que se recuperase me aparté de él.
Limpié los restos de él de mi boca y lo dejé en el suelo como la basura que era. 
Y antes de irme le di una mirada.
  • -      Hasta nunca, Jacob Black. Consolaré a Bella por tu lamentable pérdida.


Entonces me fui de allí con el regocijo de haberme deshecho de un pobre intento de rival.


Por fin!!! Bien chicas un poco más tarde lo creí pero bueh…espero que les guste. Sigo agradecida por los comentarios que me dejan y les digo que no me canso de leerlos, así que déjenme por lo menos un ¡bien hecho! O algo así…porque eso me motiva a seguir en esto.
Un mega besote para todas…


5 comentarios:

  1. Hola Marie ya te seguì hasta aquì, tu casa. Creo que mejor voy a acudir aquì a leer este fic que me encanta. La verdad me gusta mucho tu forma de escribir y la direcciòn que le has dado ha este fic me gusta, un Edward algo oscuro. Como te dije en un comentario anterior estoy intrigada por ver la reaciòn de Bella a este Edward oscuro y egoìsta. Pero no matò a Jacob o sì. Aunque no me molestarìa la verdad, no soy muy fan de Jacob.
    Sigue escribiendo que lo haces muy bien. Saludos y besos.

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  2. :O!!! Que malo!!! pero me encanta!!! es super, no se como llamarlo... excitante'?? ya forma en como se trastorna al verla con otro, bueno claro que no lo soluciona de la mejor forma, pero siento que no será a si de fuerte cuando este con Bella... aunque ,,, toca esperar...
    Me encanta!!

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  3. Sonara raro... pero nunca estube TAN PERO TAN PERO TAAAAAN feiz por un final de capi!!! dime qe si lo mato!!! DIMELOO!!! xD... vamos Jake me cae mas o menos... me da ekiz su existencia xD... Hermana te adoroo!!! y adoro este fic!!! besoos y no te dejare un simple "¡bien hecho!" por que te mereces mas qe eso!!!:.. te adoro!!!

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  4. EXCELENTE CAPITULOS!! me habia atrazado, pero ya los lei los dos q me faltaban!!! espero proximo.
    pobre jacob, pero es el sueño de todas las team edward jajaj!
    besos y abrazos!!

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  5. CREO Q STE es el capi mas largo hasta ahora y me superrecontraemociona
    ahhh
    definitivamente espectacular!!!
    gracias
    besotes

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