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miércoles, 7 de marzo de 2012

ANHELO DESDE LA OSCURIDAD - Capítulo Décimo Segundo:





“Mi alma es suya”

—Bueno…bueno…bueno…¡mira quién llegó! —dijo Jacob Black abriendo los brazos teatralmente y señalándose él mismo luego. Su mirada era de abierto desprecio y traía consigo la promesa de una confrontación.
Y que me jodieran si yo no estaba dispuesto a darle el gusto…Isabella pasó por delante de él para plantarme frente con una frialdad apabullante en sus divinas facciones de alabastro.
Entrecerró los ojos para enfatizar su desagrado por mi presencia en medio del salón de estar de la casa de Carlisle.
—¿Cómo pudiste hacerle eso? —le señaló con un asentimiento— ¿Cómo es posible que te creas un dios para andar dando y quitando vidas? ¡¿Cómo?!
—Bella,déjame…
—¡No!¡No te dejo nada! escúchame bien, Edward Cullen, porque es la única vez que te lo voy a decir. Aléjate de mí... —pareció titubear durante una milésima de segundo luego inhaló con fuerza y habló con determinación—. No te quiero cerca ni siquiera de Forks. Lárgate a New Hampshire y no vuelvas más…o mejor aún, vete aun lugar en donde tu maldad no pueda alcanzar a nadie. Púdrete en tu soledad. La que por cierto tienes bien merecida.
Algo que reconocí como dolor se me clavó en el pecho lacerándome con el látigo de la jodida justicia divina. Si…si…se suponía que estaba recibiendo lo que me merecía por mis acciones pero…mierda…¡dolía demasiado!
—¿Ya terminaste? —le hablé entre dientes.
—Estoy lejos de terminar, pero si sigo; lo más seguro es que pierda el respeto que tienen justo ahora los presentes para conmigo. Saca cuentas.
—¿Y crees que éste te respeta? —le señalé al maldito bastardo con la nariz—. Pues lo único que yo creo, es que vino a camelarte para meterte en su cama.
Jacob Black me siseó en advertencia pero un gruñido animal brotó de mi pecho en lugar de cualquier respuesta y lo hizo retroceder. Sentí una mano que me presionó el pecho. Era Carlisle y trataba de evitar lo inevitable…una confrontación entre ese cabrón y yo.
—Me está buscando… —le dije al que solía ser como un padre para mí pero con lamirada rabiosa sobre el bastardo que había hecho de Lázaro y ahora estaba parado en el medio de la casa de los Cullen.
—Y te quiero encontrar… —me siseó el muy infeliz.
—¡Ya basta! —dijo Isabella al tiempo que se colocaba en medio de él y de mí pero en clara postura de protección a él; lo cual hizo que un fuego me recorriera entero en busca de venganza—. Tú eres la víctima en todo esto…no hace falta que te degrades a ti mismo a su nivel.
Cuando se refirió a mí ni siquiera se volteó a verme y supongo que el aguijonazo dedolor que me atenazó debió ser visto por Black porque me sonrió consatisfacción al oír sus palabras.
—Tienes razón. No vale la pena —la abrazó por la cintura para provocarme pero lo que él ignoraba es que nada podía moverme de mi sitio. No sin antes partirme a la mitad, como sentía que estaba roto en ese momento.
Me erguí en mi sitio y caminé hacia la puerta con el poco orgullo que me quedaba, era preferible eso a tener que arrastrarme una y otra vez. Pero la voz de Isabella me detuvo denuevo.
—Te dejaron esto… — tiró al suelo un blazer de D&G que se parecía muchísimo a uno que tenía en casa. Era negro azulado y recordaba bien que solo lo había usado unas dos veces. Su expresión era de asco al hablar— Dijo que se te había quedado en su casa y que ya no desea ser tu compañera. Esa pobre…
Dijo con voz apesadumbrada. La ira era demasiada para poder siquiera atacar a alguien. Mentiras…le habían dicho mentiras acerca de mí y ella las había creído. Sí, era un bastardo egoísta, y sí, había sido un loco obsesivo y muy amoral por acosar a Bella cuando era humana, pero me estaban acusando de mierdas que no había cometido. Y quizás esta era la primera de muchas que se habían inventado mientras que yo llegaba.
¿En dónde estaría la maldita Tanya?
Agucé mis sentidos pero por más que lo intenté no pude localizarla.
—No importa cuánto la busques, la pobre de Tanya se fue lejos de aquí con un terror inmenso de que fueses en su búsqueda y acabaras con ella —otra vez con lo de pobrecita Tanyapobrecita Tanya…¡arrrg! Isabella me estaba demostrando que era demasiado inocente para su propio bien, la estaban embaucando y ella no se daba cuenta.
—Yo no soy su compañero…
—¡Oh por Dios! Ella dijo que dirías eso.
—¡Porque es la verdad!
—¡No lo es! ¿Cómo puedes ser tan bajo? Eres capaz de pisar a tu propia compañera.
—¿Si es mi compañera hasta ahora, en donde estuvo los meses que estuve contigo?
—Escondida por ti…
Solté una carcajada siniestra y exasperada.
—Claro,Isabella. Y la tenía en una cantera picando piedras con niños abducidos del Congo,los cuales también tengo esclavizados. —caminé hacia la puerta sin importarme una mierda lo que dejaba tras de mí. Solo me importaba que dejaba a quien se había convertido en el centro de mi maldita existencia ¿Pero de que mierdas me valía tenerla a mi lado si no me quería? ¿De rehén? A pesar de recordar con claridad que me había valido un bledo si quería estar conmigo en antaño, en ese momento si importó. No la quería a mi lado como una esclava sexual, la necesitaba como la compañera que yo esperaba que fuese para mí.
El corazón casi muerto se constriñó de dolor, y a pesar de eso me giré solo lo necesario para verla a los ojos.
—Solo mira si encima del bolsillo interno están bordadas la E y la C. Así distinguirás si es mía o no esa mierda.
Me despedí de la señora Esme con un asentimiento mientras ella me veía con melancolía en la mirada. Me negué rotundamente a seguirla viendo, lo último que necesitaba era conmiserarme de mí mismo en ese preciso instante.
Sabía que Jacob estaba pensando con nerviosismo si ella creería eso y lo que ella pensaba al respecto…
Bueno…no podía saberlo…y la verdad era que tampoco quería. Ya daba igual, nuestros caminos habían sido separados.
Por ella. Por él. Y por el mismísimo universo.
Una de las particularidades de la inmortalidad es que te aburrías con suma facilidad de estar en un mismo sitio haciendo absolutamente nada. Pero en ese momento ese principio no se aplicó a mí, que llevaba más de hora y media tirado en el mullido sofá tapizado en piel de durazno color verde botella de Jasper. Tenía las piernas cruzadas encima de la mesa de centro pero estaba lejos de estar cómodo y no era que el jodido mueble o la posición me molestaran en en algo; en lo absoluto…—se notaba que mi socio se había gastado una buena pasta comprando algo que parecía más una cama que un sofá— lo que en realidad me impedía estar a gusto era lo mismo que evitaba que el alivio del aburrimiento me embargara.
Ver las facciones de Isabella al mirarme con repulsión, decepción y frialdad; era algo para lo que definitivamente no me había preparado a encarar. Había pensado estúpidamente que podría arreglar las cosas con un simple lo siento. Pero claro, ni siquiera había dicho eso, me había limitado a soltarle mi mierda de Oh– mira – cuán – malo – soy, y luego a follar a tope.
Si…excelente manera de retomar una relación.
—¿Ya vas a salir de tu ensimismamiento o llamo al director de The Walking Dead para que aproveche la cara que tienes ahora? – bromeó Jasper sentándose frente a mí en una cómoda tapizada como el sofá.
—Si no fuese tu casa de seguro ya te hubiese mandado a la mierda.
—Pero lo estás.
—¿Y por qué crees que no te he pateado todavía?
Él sonrió pero yo no pude seguirle los pasos. No cuando Bella estaba a menos de quince kilómetros de distancia de mí creyendo cualquier cantidad de mentiras que le estuviese diciendo el bastardo –inmortal – gracias – a – mí de Jacob Black. Él cual obviamente estaba confabulado con Tanya para tocarme las pelotas y quizás hacer que le arranque la jodida cabeza de ese cuello suyo.
Muy tentador.
—Sé lo que estás pensando y eso no te va a ayudar en nada.
—¿No era yo el que leía las mentes? —agregué con sarcasmo mientras me estrujaba elcabello.
Negó.
—Puedo percibir la maldad que emana de ti, y sé que cuando te da por “imaginarte” esas cosas no terminan siendo una guerra de globos con agua simplemente. ¿Qué planeas? —no era una mera pregunta sino orden explícita.
—No planeaba. Solo imaginaba lo dulce que sería acabar con “el resucitado”.
—Reconozco que él no me agrada mucho. Bueno…en realidad no me agrada en lo absoluto; pero no creo que asesinarlo sea la solución a tus problemas. De hecho, solo los empeoraría. Bella te haría responsable automáticamente después de que desapareciera. Noooo —dijo negando insistentemente con su cabeza— no me mires así; sabes que tengo razón en lo que te estoy diciendo.
¡Carajo!Odiaba tener que dar mi brazo a torcer.
—No sé qué hacer. No tengo ni puta idea de qué hacer después de despegar mi trasero de este sofá —reconocí—. Si abro la boca para decir algo no hago más que cagarla con Isabella. ¿En qué momento me volví tan pusilánime?
Me atrapé la cabeza con las manos… ¿Qué iba a hacer con esta existencia tan…miserable? ¿Esto iba a doler para siempre? ¿Si me sacaba el corazón pasaría definitivamente al “País de los acostados”?
—Te seré mortalmente sincero, aún a expensas de que me quieras arrancar la cabeza del cuello o que me despidas. ¡La has cagado, macho! Has estado tan encerrado en ti mismo y en lo que deseas que cuando encontraste a esa persona que pudo haberte hecho sentir vivo, decidiste ir a por ella como un cazador, en vez de cómo un conquistador…No, no suspires con cansancio, porque apenas comienzo.Debiste haberte acercado a ella como lo haría cualquiera y ganártela, a lo mejor y ella misma hubiese tomado la decisión de que la transformaras, pero bueno… a lo hecho, pecho. Lo que sí es difícil de perdonarte es tu manera de dirigirte a ella, Bella no es un puente de escape de tu soledad; ella bien podría ser quien la elimine de tu existencia si hicieses las cosas bien.
—No sabes lo que he hablado con ella —me había golpeado bajo con eso. Estaba dándome en la torre con ese discurso de Te– has – comportado – como – una – basura, y le estaba funcionando a la perfección. Antes, los remordimientos revoloteaban a mí alrededor pero no lograban traspasarme, pero ahora; después de haber conocido y haber estado con Isabella; me aplastaban cada tanto y con más fuerza con cada embestida. Sabía que debía cambiar mi narcisismo si quería recuperarla, pero oírlo de alguien que me conocía bien, era casi demasiado duro como para tolerarlo sin más.
—¡No hace falta! ¿Acaso le has pedido perdón por lo que le dijiste cuando se escapó de tu casa?
—No.
—¿Por transformarla en contra de su voluntad?
—No
—¿Y por tratarla como un objeto?
—Tampoco.
Colocó una sonrisa de tipo cabrón sabelotodo que me irritó más. Aun así tuve que aguantarla. Jasper no me estaba diciendo más que la verdad.
—¿Y tú punto es…?
Miró hacia el techo con exasperación.
—Edward,¡uno más uno son dos! ¡Tienes que recuperarla! Pero hasta ahora no has hecho nada bien. Comienza a mostrar humildad en vez de soberbia cuando te acerques a ella, dale espacio por unos días para que se calme y luego intentas dar un paso a la vez. Conquístala de a poco.
Me enderecé en el mueble y posé los codos en las rodillas.
—¿Te has hecho un experto en mujeres mientras trabajabas para mí a distancia?
—Puede ser —de pronto una imagen pasó por su mente y lo supe todo.
—¡Estás saliendo con Alice! La recién adoptada por Carlisle —agregué con una sonrisa de estupefacción.
—No es nueva, tienen más de diez años con él —objetó y no pareció que le gustase que estuviese conteniendo la risa—. ¡No te burles!
—¡No lo hago! —levanté las manos en muestra de inocencia— Me río solo porque me parece extraño verte paseando por las calles de Port Angeles con ella. Solo les falta el helado de cucurucho para completar la escena cursi.
No me extrañó en absoluto ver que un cojín volaba en dirección a mi cara.
—¡Sal de mi mente! —se tomó un segundo para respirar con tranquilidad y me miró más sosegado—. Estábamos hablando de ti.
Asentí.
—Y por primera vez en mi jodida vida te haré caso. Ya no tengo nada que perder.
Resulta que después de todo yo no era el único sorprendido con mi nueva actitud.
—¿Qué haces aquí?
—¿Puedo pasar?
Asentí receloso y dejé pasar a Carlisle a la casa de Jasper quien en aquel momento nose encontraba allí. Había salido de cacería con Alice, a pesar de que afuera caía una lluvia torrencial. De hecho, el cabello de Carlisle estaba goteando por su frente y su ropa estaba un tanto húmeda.
—Toma asiento —le señalé el sofá.
—Estoy húmedo.
—El mueble no es mío —bromeé—. En realidad no creo que a mi socio le moleste. Es solo un poco de agua.
Me hizo caso y al momento los dos estábamos sentados uno frente a otro como Hale y yo habíamos estado hacía tres días atrás.
—Tú dirás… —comencé— ¿Qué te trae por acá?
Se puso tenso en su sitio y su mirada se volvió cauta al instante.
—¿Te molesta que haya venido?
—No,pero si me extraña —solté sin más ni más.
—¡Oh!Está bien.
Silencio.
Parecía que cada encuentro con Carlisle iba a estar incompleto sin un poco de ese jodido silencio que te hace voltear al techo a ver si encuentras manchas o pelusas que contar mientras que el otro saca algún punto de conversación.
—¿Cómo has estado? —me preguntó finalmente.
—Existiendo.Sí, eso lo define bien.
—Echas de menos a Isabella ¿cierto? —¡Joder! ¿Es que acaso era un maldito libro abierto o sería que mis pensamientos eran como una pantalla en mi frente y no lo había notado?
Asentí,no tenía sentido negarlo, además ¿no intentaba acaso ser un Nuevo Edward y esas mierdas llenas de bondad? Bueno…tendría que ser un paso a la vez, por lo visto.
—¿Y por qué no has ido a verla?
—No sé si te percataste de que la última vez que nos vimos me dio expresas órdenes que me alejase de ella y hasta de Forks.
—¿Le piensas hacer caso a rajatabla?
—Oh,no. Pero le estoy dando tiempo a que se tranquilice un poco. Tal vez luego poder hablar con ella…
—Mientras que Jacob te la gana.
Hay momentos en la vida en la que sientes que un simple comentario te golpeaba en la cara como un puñetazo, pero en ese instante parecía como si tuviese al jodido Pacquiao* dándome en las tripas una y otra vez.
—No me la va ganar nadie —sentencié entre dientes, más para mí que para él. Luego lo vi con confusión—. Pero ¿a ti que más te da? ¿No me dijiste acaso que no obligarías a Bella a volver conmigo? ¿Qué pretendes ahora?
Carlisle en su acostumbrado temple elegante me dirigió una mirada conciliadora antes de decir algo.
—No pretendo nada, Edward y claro que te dije que no la obligaría a hacer algo que no quiere. Aún lo mantengo, pero veo que ambos sienten algo por el otro, aunque se empeñen en negarlo —enfatizó la última parte y abrió un poco los ojos al decirla.
—Quizás.
—¿Quizás? ¿Te parece a ti que “quizás” estuviste a punto de arrancarle la cabeza a Jacob hace tres días atrás? ¿O que “quizás” te dolió que ella se hubiese puesto de parte de Tanya y de él? —apreté mis puños con fuerza y eso no le pasó desapercibido— ¿Ves? Sientes algo por ella, no lo puedes negar. E Isabella…
—Bella—le corregí.
—Bueno,Bella…ella se quedó cetrina luego de que te fuiste. Su mirada era más triste incluso que cuando la conocí.
Me apreté el puente de la nariz con frustración. “…más triste incluso que cuando la conocí”… ¿Acaso iba a pasar mi vida jodiéndole la existencia a Isabella? Parecía haber sido creado para hacerle daño aunque no fuese a posta. ¡¡¡Mierda!!!
Sentí su mano estrechándome el hombro, Carlisle se había colocado a mi lado y me miraba de aquella forma paternal tan suya que te hacía desear no haber permanecido tantos años lejos de él.
—Deja que te ayude, hijo. Nada me gustaría más que verlos juntos…aunque quizá si haya algo —lo miré expectante—. Vuelve a casa, Edward… —me tendió su mano en gesto no solo de paz sino de un millón de cosas más que me daban terror, no porque fuesen difíciles de afrontar, sino porque sería devastador perderlas— Cincuenta años después sigo esperando a mi hijo perdido.
Me coloqué en pie y lo miré a la cara con profundidad…y le tendí la mano a mi padre.
—¡Hola!—me dijo Alice al abrirme la puerta de la casa de Carlisle, ni siquiera necesité tocar pues ella me abrió antes. Curioso don, pensé.
—Hola—estaba extrañado de verla con una sonrisa tan amplia como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo atrás y fuésemos buenos amigos. La verdad, me resultaba un tanto escalofriante.
Su cabello negro azabache estaba cortado en puntas levantadas a los costados de su rostro, confiriéndole un aire de duendecillo travieso. No podía medir más de un metro cincuenta de altura y llevaba un vestido tribal y unas sandalias a juego con cuentas turquesas y doradas. A pesar de ser un tanto aterradora su actitud de chica – feliz, podía entender porque Jasper estaba tan embelesado con ella; era sumamente hermosa, cosa que no era de extrañar en los de nuestra especie.
—Vienes a ver a Bella —aseveró—. Pero ella no está, salió con Rosalie y Esme a comprar unas cosas para la casa. Entra.
—¿Y tú por qué no las acompañaste? —pregunté cuando ya estaba instalado en el salón de estar.
—Porque sabía que vendrías y alguien tendría que abrirte la puerta —y ahí estaba esa sonrisa de autosuficiencia de nuevo.
—¿Y a ti que más te da si me quedo fuera de casa esperándola?
Se encogió de hombros.
—No lo sé, pero debo averiguarlo. Te vi en mi futuro y tengo que saber qué papel juegas en él. Aunque al ver lo que pasa con Bella puedo hacerme una idea.
Sonreí de lado.
—¿Siempre vas por la vida de listilla?
Asintió.
—Es parte de mi encanto.
—No me parece encantador en absoluto.
—Ahora quizás no, pero más adelante sé que sí.
Me carcajeé con ganas.
—Eres una engreída.
—No.Solo soy una vidente, nada más y nada menos —y eso sí que lo dijo con poca modestia. Y no pude hacer otra cosa más que reírme. Viéndolo de esa manera, su sonrisa dejó de parecer escalofriante y comenzó a ser cálida y familiar.
Si…el viejo Edward “oscuro” Cullen estaba siendo pateado una y otra vez y no siempre era de la manera desagradable.
—No creo que ese florero vaya a verse bien en el mueble de la sala de estar. Me parece demasiado simple en comparación de los otros dos que están allí —acotó la rubia odiosa mientras entraban Esme y Bella detrás de ella con unas bolsas grandes cargadas de quien sabe cuántas cosas.
—Ese es el punto, Rose —agregó Esme con esa dulce voz suya que irradiaba calidez—. No va a opacar a ninguno de los otros, solo los complementará. En caso de que no luzca bien, le buscaremos otro sitio. ¿Tú qué opinas, Bella?
—¿Eh? Disculpen no presté atención a lo que decían —caminé hacia la entrada del salón y la vi.
Estaba tan hermosa como siempre con aquellos simples vaqueros en tono gris, unas botas planas de cuero negro a juego con su abrigo y bufanda. Su cabello color chocolate caía en gloriosas ondas enmarcando sus facciones estilizadas.
—Hola—me atreví a decirle.
—¿Qué haces aquí? —me cortó de inmediato, a pesar de que sus ojos habían mostrado una breve chispa de emoción al encontrarse con los míos, pero había pasado tan rápido que llegué a dudar incluso de si había sucedido—. Creo haber sido muy clara cuando te dije…
—Que no me acercara a ti bla bla bla…no lo he olvidado aún.
—Pues no lo parece.
—¿Podemos hablar en privado? —miré a sus dos acompañantes— con su permiso, señoras. Claro está.
Esme asintió y empujó a Rosalie que no dejaba de mirarme como si le debiera cincuenta mil dólares.
—Muy bien…ya estamos solos. Tú dirás —dijo con fingida frialdad.
—¿No me invitas a sentarme?
—¿No lo estabas ya?
—Sí,pero esperaba que tomaras asiento conmigo. Es solo cuestión de cortesía —le dije a modo de broma.
Aunque no pareció hacerle mucha gracia, accedió a sentarse conmigo en el gran sofá,claro está que ella estaba en una punta y yo en otra, pero no hice el más mínimo intento de acercarme. Se supone que había venido a hablar y solucionar las cosas.
—Bueno…—no sabía comenzar. Habían demasiadas cosas por las cuales le había fallado que ya ni podía recordarlas todas— Primero que nada...debo pedirte disculpas.
—¿Tú?¡Ja!
—Sí,yo. Edward Cullen ¿o es que esperabas que viniera Jacob Black a decirte lo mucho que yo me arrepentía de cómo me había comportado? —si bueno…supongo que eso de “cambios conductuales positivos” debían darse paso a paso. Ya saben lo que dicen de lo difícil que es deshacerse de los viejos hábitos.
Automáticamente Isabella se irguió en posición desafiante. Odié que lo hiciera por ese…maldito.
—¿Porqué tienes que meter a Jacob en todo esto? Él solo ha sido amable conmigo…
—¡Ja! Amable. Eso es algo que solo tú le crees ¿de dónde demonios crees que le sale esa amabilidad suya? ¡Quiere acostarse contigo! – le espeté con asco y celos mordaces. El solo hecho de imaginarla en brazos de otro era más de lo que mis escasas ganas de ser “una ser decente y renovado” podían resistir. Casi automáticamente me daban ganas de desmembrarlo y prenderle fuego y esta vez asegurarme de que quedara muerto y bien muerto, para evitarnos futuros espectáculos del tipo: Oh – me – morí – pero – he –vuelto.
Pero no era que lo odiara o no…cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.
—No todos son como tú, Edward —contraatacó.
—Cierto,yo no me hago pasar por un niño bueno solo para que me tengas lástima y me prestes un poco de atención. Ni siquiera cuando desconocías lo que era.
Sequedó en silencio al saber que era cierto lo que decía.
—Es verdad que oculté muchas cosas y ese fue mi error, pero yo no te mentí. Puedes acusarme de ser un amoral, un bastardo, un egoísta con trastorno obsesivo compulsivo narcisista y además un tanto sociópata, pero todo lo he hecho por ti. Mal, pero por ti; sé que no es motivo de redención pero si hay algo en lo que nunca mentí era en que te quería a mi lado. Eso es lo más cierto que he dicho hasta ahora. Y que he sentido también.
El silencio se desplegó entre nosotros haciendo volar una estática invisible pero que si era palpable. Tenía la sensación de que en cualquier momento alguno de los dos sucumbiríamos al deseo de saltar sobre el otro y arrancarnos las ropas para marcar con nuestras esencias el territorio a conquistar. Ella era como mi tierra prometida, un oasis casi etéreo con figura de mujer.
De pronto Isabella se lanzó a correr pero fui más rápido que ella y tranqué la puerta de la estancia para que no escapara; y como sabía que esa endeble puerta no sería suficiente para detenerla; me coloqué en frente la sujeté de los brazos y la acerqué a mi cuerpo que respondió con un corrientazo feroz a su cercanía.
—¿Adónde ibas?
—Le..lejos d…de…ti —titubeó.
—¿Por qué? —musité contra sus labios en un casi – beso provocador.
—Tú m…me…
—¿Te qué? ¿Te descontrolo? ¿Te hago arder de deseo? ¿Sientes impulsos indecentes cuando estás cerca de mí? —ella abrió su boca para recibir mi beso pero solo le lamí el labio inferior—¿Por eso huyes de mí?
Tomé como respuesta el hecho de que se ondeara contra mi ahora muy notable erección la cual quedó situada justo entre su deliciosa v.
No perdí más tiempo y nos lancé contra el suelo, no es como si pudiese lastimarla pero de igual manera yo quedé abajo durante el breve momento que duró el impacto y luego me subí sobre ella y le abrí la ropa con rapidez, tenía urgencia de ella pero aun no olvidaba cuando la había dejado sin pantalones y posteriormente ella a mí; así que esta vez tomé previsiones y aunque le saqué las prendas con rapidez cuidé de no romperlas. Una que otra costura se quejó, pero quedaron al menos unidas.
—Venía a …hablar contigo… —jadeé— Por dios. Que sí…
—No…blasfemes. Es pecado… —susurró ella con voz ronca.
—¿Y qué es un pecado más cuando ya estoy condenado? Tú eres mi perdición.
Mordí su cuello arrancándole un jadeo y coloqué mi mano en su centro sin mucha delicadeza, acaricié su clítoris como si en ello se me fuese la vida, aunque la única que se fue era Bella entre jadeos y gemidos. ¿Qué había gente afuera y nos podían escuchar? No nos pudo importar menos, no era la primera vez que habrán oído a una pareja entregarse, y si nos escuchaba el maldito renacido –entre – las – tinieblas y la demente novia – de – chucky, mucho mejor. Para que de una maldita vez por todas entendieran lo que nunca iban a tener.
Después de regalarle unos cuantos orgasmos con mis muy generosos dedos mi necesidad bramó pidiendo su turno y me deslicé en ella, con suma facilidad como la de un sommelier* cuando reconoce a un buen vino y uno de baja calidad. Estaba tan húmeda…tan preparada para mí. Su intimidad era solo mía y sí que estaba dispuesto a disfrutarla.
La embestí con rudeza una y otra vez hasta acercarla al borde, luego disminuí la cadencia y retrasé su orgasmo, cosa que me valió un buen rasguño en la espalda,pero no importó. La giré bajo de mí colocándole de cara al suelo y volví a entrar en ella de un solo movimiento. De nuevo retomé la fiereza y hasta halé su cabello para atrapar sus labios mientras la penetraba con posesividad.
El choque de nuestras caderas y sexos sonaban se una manera seca, continua y exquisita que dejaba bien claro que en ese momento se estaban apareando más que una mujer y un hombre, una hembra y un macho ávidos de pasión. Sentí la inflamación de mi sexo que predecía la llegada del clímax así como los continuos espasmos de los músculos internos de Bella que se preparaban para explotar. Así que metí la mano entre sus muslos y estimulé su centro a la misma velocidad con la que embestía contra ella.
Ambos llegamos a un plano no corpóreo que solo se alcanza cuando dos almas comulgaban en la mejor de las uniones. En ese momento empecé a creer que si poseía aún mi alma, esta le pertenecía a ella y podía hacer con ella lo que quisiera.
Por un momento deseé que hiciera cualquier cosa menos romperla, no estaba seguro de poder existir en un mundo donde no estuviese con Isabella Marie Swan. Eso sería sencillamente intolerable…imposible.

Palabras desconocidas:
Pacquiao: También conocido como Manny «Pac-Man» Pacquiao, es un boxeador profesional, actor, cantante y político filipino.
Sommelier:Experto catador de vinos.
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Joderrrrrrrrrr,cuanto se tardó “El Malote” Jamás en la vida un capítulo me había costado tanto. He borrado y vuelto a escribir no sé cuantas veces…pero en fin, esto fue lo que salió de esta loca cabecita y sinceramente espero que les guste.
Y cómo no sería yo, si no les dijera esta frase:
PERDÓN POR LA TARDANZA!!!!
Gracias a tod@s por su apoyo, no solo a las lectoras sino a todas las páginas de Fanfiction que me están permitiendo publicitarme, apoyándome e incluso haciéndome fan arts…gracias a tod@s.
Nos leemos pronto...
Marie K. Matthew


7 comentarios:

  1. Gracias, después de tanto tiempo,que te puedo decir, sencillamente espectacular,amo este fic,los otros me gustan,este se robo mi corazón,besos Emma

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  2. jajajaja me encanto y gracias nena por estar de vuelta y en verdad valio la pena esperar....Besos sigue asi..

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  3. holaaa..
    que encantador capitulo, espero que por fin Bella disminuya su rancor y deje q Edward se explique con ella y que queden junto es logico..pero algo me dice q Jacob y Tania no van a dejar pasar y van a meter su picos..espero que no pero bueno..
    besos y felicidades por el dia de la mujer...

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  4. Como siempre, te merecer mil coments! me gusta este Edward perveramente arrepentido, es como bipolar jajajaj lo unico que pienso de aquí es ¡¡¿Por qué no se murió Jacob?!! es taan insoportable y solamente estorba. Besos, chaito.

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  5. Chica el capí estuvo excelente, lo adoré!!! De verdad te quedo grandioso. Me encanta que él desee cambiar por ella. Espero de ahora en adelante haga las cosas bien para que sean muy felices y no hayan más problemas. Ansiosisima por el próximo capí!!! Saludos!!!! El capí estuvo super!!! Deseo estes disfrutando al máximo el weeken

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  6. Uff... espero que las cosas entre estos dos se arreglen!!!

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  7. Jajajaja lo ameeee me encanto este capitulo ( todos ) lo ame marie ya no dejes con las ganas muchas veces jajajaja XD :D atte evelyn ;)

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